InicioInfoCómo funciona una campaña electoral
En el Perú, un lugar común entre los protagonistas que forman la opinión pública es que las campañas electorales deben ser propositivas. Lo que el pueblo quiere, dicen en medios de prensa, oenegés, universidades y sectores religiosos, son propuestas. Propuestas que, por supuesto, solucionen los problemas que el electorado entiende como apremiantes. De ahí que no nos cansemos de escuchar a los líderes de opinión exigir a los candidatos planes de gobierno y, más aún, concreciones de cómo se hará esto o aquello. El problema con esta forma de enfocar la oferta electoral y el servicio público está en creer que lo que le interesa al director de un diario o al rector de una universidad, más allá de lo que su función le exige, es lo mismo que lo que le interesa a Juan Pérez y a María Pariona. Pero, en efecto, no lo es. Las campañas electorales son, antes que cualquier cosa, un gran espectáculo. Siempre lo han sido, en realidad. Y hoy más que nunca, siendo nuestra era precisamente la del espectáculo. Y la ley de oro de todo espectáculo es no aburrir. Por eso es que, por si no lo han notado, las campañas de propuestas no ganan jamás elecciones en el Perú. Las propuestas, los planes, los proyectos, los cálculos y las cifras simplemente aburren. Aburren en una clase universitaria, con mayor razón aburren en una campaña electoral. Y nadie que quiera divertirse perdona el aburrimiento. ¿Quiere el público divertirse en una campaña electoral? Sí, sí quiere. ¿Por qué? Porque una campaña electoral es una fiesta, una excepción en la vida diaria de cualquiera, porque lo saca de la monotonía. ¿Cómo se divierte el público? Pues, a costa de los candidatos. En efecto, como las campañas electorales no son un espectáculo de propuestas, solo pueden serlo de candidatos. De este modo, lo que la opinión pública evalúa antes que cualquier cosa es la performance de un candidato. Cómo se desenvuelve, cómo reacciona ante los ataques de los rivales, cómo sale de las trampas que le ponen, cómo capta el sentir de la mayoría y lo hace suyo con expresiones simples que lo identifican con esta; en fin, cómo se mueve en el escenario de un pugilato sublimado como es y será siempre una campaña electoral. Por eso es que los que no pegan, no ganan. En el Perú, al menos, la gente no quiere ver “estadistas”, quiere ver luchadores. ¿Cuál fue el último “estadista” que ganó una elección en el Perú? Belaunde, en 1980. Después, todos los que siguieron el libreto de campaña del “estadista” perdieron. Los estadistas aburren a las mayorías, los luchadores las divierten. Es cierto que hay que tener mesura. Todo exceso cansa y, por lo tanto, aburre. Pero cuando un grupo de élite invoca a los candidatos a deponer la hostilidad y “concentrarse en las propuestas” no hay que hacerle mucho caso. Juan Pérez y María Pariona no retendrán ni una sola y solo recordarán que en vez de divertirlos, los aburrieron. Luego, no votarán por ti. Fuente: HostinGob.pe
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