El fascismo
El fascismo se distingue del bonapartismo en varios aspectos y por eso hay que estudiarlo separada y específicamente. El bonapartismo se basa exclusivamente en el aparato del estado. En cambio, el fascismo, descansa en una primera etapa, en un movimiento de masas, es decir, cuenta con apoyo social. Expliquemos esto. El fascismo sólo se puede dar en períodos revolucionarios, en períodos de grandes crisis sociales, cuando no es posible ningún arreglo pacífico entre las clases, cuando la salida no puede ser otra que o fascismo o socialismo. O lo que es lo mismo o victoria de la reacción o victoria de la revolución.
La burguesía, en estos períodos, juega a dos bandas. Por un lado, mantiene la apariencia democrática -parlamento, partidos, etc- y por otro, apuesta cada vez más por el fascismo. En un período revolucionario la clase trabajadora tiene muchas oportunidades para tomar una y otra vez el poder, destruir el estado burgués y transformar la sociedad. Si no lo hace -debido fundamentalmente a que la mayoría de los trabajadores siguen todavía a direcciones reformistas y no se ha construido un partido revolucionario de masas- las masas de la pequeña burguesía y el lumpenproletariado después de poner su confianza en el campo obrero y ser una y otra vez decepcionadas se pasan al campo contrario, al de la reacción burguesa.
La burguesía atrae a estas masas con una demagogia cuasi revolucionaria y las organiza paramilitarmente. Por ejemplo, el partido nazi alemán no sólo hizo propaganda contra los judíos, si no también contra los banqueros y el capital financiero. Distinguían entre el capitalista “bueno” que dirige su negocio y el capitalista usurero o prestamista que saca beneficio del negocio de los demás. Aunque los judíos no llegaban a representar ni un 1% de la clase dominante alemana, algunos de los banqueros más conocidos eran judíos, por lo que era fácil identificar al usurero con el judío.
Por otro lado, millones de alemanes estaban en paro, al mismo tiempo que el impago de los créditos y préstamos bancarios hacía que muchos pequeños comerciantes, tenderos, funcionarios, etc fueran cada día a la ruina. De esta manera los nazis con su demagogia racista atraían a sectores sociales que habían perdido la esperanza en que el proletariado organizado pudiera ofrecer una salida.
Esos sectores eran organizados paramilitarmente y realizaban acciones violentas contra militantes obreros, sedes de sindicatos, atacaban mítines etc. Esto es otra particularidad de los movimientos fascistas. En Alemania las SA y en Italia los Fascio di Combatimento dirigieron sus ataques contra los partidos y sindicatos obreros, por muy reformistas que fueran sus líderes. Muchos pequeño burgueses, lúmpenes y obreros que son enrolados en los destacamentos de combate fascistas creen honradamente que están llevando a cabo una revolución, creen que van a acabar con el sistema... La realidad es que están defendiendo los intereses de la clase dominante y del sistema.
Cuando el partido fascista adquiere una fuerza de masas, la burguesía liquida a los demás partidos burgueses y concentra todo su apoyo en el partido fascista, con objeto de facilitar su llegada al gobierno. Pero esta es la última fase en su estrategia de toma del poder. Antes de esto, los fascistas intentan dominar la calle fomentando el terror con sus acciones -palizas, intentos de asesinato, atentados, etc-. En un principio, estas acciones tienen un carácter individual y van dirigidas contra revolucionarios, minorías étnicas, gays, indigentes, etc. Más adelante conforme avance el proceso sus ataques van dirigidos hacia las organizaciones obreras, sus sedes y actividades.
Una vez que el partido fascista alcanza el poder, el proletariado es duramente reprimido. Sus organizaciones desaparecen y son perseguidas y no sólo sus líderes, si no cualquier militante es objeto de detención, tortura y asesinato. Los capitalistas se deciden por la opción fascista cuando la supervivencia del capitalismo entra en contradicción con la existencia de un movimiento obrero organizado.
El fascismo tiene corta duración. Cuando la burguesía ha aplastado al movimiento obrero y no necesita mantener un movimiento de masas fascista, el régimen evoluciona hacia una dictadura policiaco-militar normal. En esta fase, la clase dominante se puede encontrar con el problema de una posible rebelión de los elementos que cautivó con su demagogia cuasi revolucionaria. Por ejemplo, la burguesía alemana tuvo que liquidar físicamente a los cuadros de mando de las SA, muchos de los cuáles procedían del movimiento obrero y que pretendían apartar a Hitler del poder y expropiar a los capitalistas, en lo que llamaron la “segunda revolución”. Estos elementos desclasados fueron barridos por el régimen nazi en la famosa “noche de los cuchillos largos”.
Como vemos, el fascismo es un modelo de dominio muy peculiar, que se distingue perfectamente de una dictadura bonapartista, aunque también conserve rasgos comunes.
Resumiendo:
1) el fascismo es un régimen de dominación del gran capital que surge siempre en períodos revolucionarios y como consecuencia de la incapacidad de la clase obrera de tomar el poder y transformar la sociedad.
2) El fascismo se basa en un movimiento de masas organizado paramilitarmente formado por las masas desesperadas de la pequeña burguesía, elementos desclasados de la clase obrera y lúmpenes.
3) Este movimiento surge en torno al partido fascista que utiliza a estos elementos captados entre la pequeña burguesía y la clase obrera como fuerza de choque en su estrategia de toma del poder político.
4) Dicha estrategia pasa por diferentes fases hasta que el partido fascista adquiere una dimensión de masas. Entonces, la clase capitalista apuesta decididamente por el fascismo liquidando al resto de partidos burgueses.
5) Cuando las organizaciones obreras han sido destruidas y el peligro ha pasado, los capitalistas purgan el partido fascista de elementos “revolucionarios” para permitir la evolución del régimen hacia una dictadura bonapartista basada en el estado.
Esta es la teoría marxista del fascismo expuesta de la forma más sencilla y resumida posible. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esto.
Otras explicaciones del fenómeno fascista:
- La teoría socialdemócrata del fascismo afirma que existen sectores de la clase dominante interesados en derrotar el fascismo. Ponen por ejemplo, el enfrentamiento entre el capitalismo alemán y inglés durante la 2ª Guerra Mundial o el repudio de algunos importantes magnates alemanes hacia el nazismo. Todo ello para llegar a la conclusión de que no se puede luchar contra el fascismo con métodos violentos o extralegales. El estado -los jueces, la policía, etc- son los que tienen que enfrentarse a los fascistas, no los trabajadores. El movimiento obrero debe unirse a los sectores progresistas de la clase dominante para combatir desde la legalidad al fascismo. La expresión política de esta unión es el Frente Popular, coalición entre partidos obreros y burgueses. Este planteamiento clásico de la socialdemocracia fue asumido por el estalinismo a partir de 1935 en el VII Congreso de la Internacional Comunista que aprobó la política de Frentes Populares.
- La teoría estalinista del fascismo originariamente era bien distinta. No diferenciaba entre los fascistas y los socialdemócratas a los que llamaba "socialfascistas". Esto hacía imposible cualquier unidad de acción entre los obreros socialdemócratas y los estalinistas frente a los fascistas. Esta política era conocida como la política del "tercer período" que comenzó con el crak del '29 y que según los estalinistas iba a ser la crisis final del capitalismo. En ese período los socialdemócratas como habían demostrado otras veces iban a ser los salvadores del capitalismo como ocurriera en la revolución alemana de 1919 donde Rosa Luxemburgo y los dirigentes espartaquistas fueron asesinados por las tropas al mando del Gobierno socialdemócrata alemán. Los estalinistas llamaban a su táctica frente único por abajo, es decir, un frente de los trabajadores sin interferencias burguesas, lo cual es correcto, pero sin participación de la dirección socialdemócrata, lo que en la práctica impedía cualquier unidad de acción. El resultado de esta política fue que, por ejemplo, ante el peligro nazi, el PC alemán abrazó una política ultraizquierdista y sectaria que impidió por un lado, ganar a la base socialdemócrata y por otro lado, dividió el movimiento obrero, facilitando la llegada al poder de Hitler.
primera parte {
Más políticas fascistas:
Se suele usar y abusar de la expresión “fascismo” sin muchas veces detenerse a indagar en su significado. El eje central del sistema fascista consiste en dejar que la gente registre la propiedad a su nombre o los accionistas a nombre de sociedades pero el gobierno dispone del flujo de fondos. En realidad es ya un tanto antigua la idea de la empresa estatal (aunque se sigue utilizando con entusiasmo en algunos lares) puesto que la política fascista le permite al aparato estatal echar mano de los fondos de los particulares sin transferir títulos. Este procedimiento es más torvo y menos sincero que el comunismo: este último sistema implica que el gobierno usa y dispone directamente de todo, lo cual resulta más abierto y claro que el disimulo de la hipocresía fascista.
Puede aparecer como algo alejado de la realidad la adopción del fascismo pero en verdad es el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Por ejemplo, la educación en muchos países obedece a la línea fascista ya que los colegios privados lo son solo para decidir el color del edificio o los tipos de uniformes pero los programas educativos y textos son determinados o pautados por los ministerios de educación y similares. En otros términos son privados de independencia.
He recordado otras veces lo que me ocurrió en una oportunidad cuando le discutí a un taxista la propiedad de su vehículo. Le pregunté quien decidía la tarifa que podía cobrar, la pintura de su automóvil, horarios de trabajo etc. a lo que me respondió “el intendente”, por tanto, concluí: "ese funcionario es el verdadero dueño y no usted".
Hoy en nuestro país se acaba de resucitar el tristemente célebre Consejo Económico y Social. El Poder Ejecutivo acaba de ordenar su implementación, en primera instancia con la CGT (Confederación General del Trabajo) y la UIA (Unión Industrial Argentina). Se ha anunciado la intención de incorporar otras entidades gremiales al efecto de que sea una “mesa intersectorial” que pueda “pactar políticas sobre salarios, valor del dólar, la tasa de interés y otras variables macroeconómicas” de lo contrario se ha dicho que “el Consejo solo servirá para la foto”.
He aquí una figura netamente fascista que se inventó en la época de Mussolini donde las corporaciones eran las realmente representativas con la idea de sustituir, por una parte, la esencia parlamentaria y, por otra, el proceso de mercado en una sociedad abierta. Los fascistas no conciben el funcionamiento de instituciones republicanas en un contexto libre. Concentran poder en el Ejecutivo tareas que competen al Legislativo y apuntan a sustituir aquellos mecanismos por “la puja sectorial” en una mesa de reuniones ubicada en la cúspide del poder. Consideran que todo el cúmulo de información, por su naturaleza dispersa y fraccionada que se coordina a través de millones de arreglos contractuales, debe reemplazarse por las órdenes de capitanes prebendarios de la industria y dirigentes sindicales regidos por legislación calcada de la Carta de Lavoro de Mussolini.
Por todo esto es que el manifiesto fascista establecido en Verona el 14 de noviembre de 1943 sostenía en su punto onceavo que todo lo que “afecta los intereses de la comunidad entra en la esfera de la acción del Estado” lo cual, en el punto siguiente, es confiado a las corporaciones gremiales para su administración bajo la coordinación del aparato estatal. Concluye el manifiesto de referencia en el punto decimoséptimo respecto a los desobedientes y rebeldes que: “los mercados negros y los especuladores, como los traidores, deben juzgarse”. La matonería, la amenaza y el chantaje están siempre presentes en las mentes fascistas para lograr la sumisión y doblegar a los díscolos.
También, tal como lo hizo el fascismo italiano, la Argentina se está incorporando a pasos agigantados las características de un régimen feudal pero sin el contrato con los feudatarios o vasallos y, por el momento, sin el derecho de pernada: los funcionarios actúan como mandantes no como mandatarios y rodeados de barones feudales que deben su prosperidad al gobernante del momento que da y quita a su antojo. El embrollo fiscal no permite la adecuada movilidad social y la deuda estatal y el gasto público significan un peso enorme para las generaciones presentes y futuras, mientras que la seguridad, la justicia y la división horizontal de poderes brillan por su ausencia.
En 1933 el Duce dijo que “No hay duda de que, dada la crisis del general del capitalismo, las soluciones corporativas se impondrán en todas partes” y en 1926 había proclamado que “Hemos sepultado al viejo Estado democrático y liberal [...] A ese viejo Estado que enterramos con funerales de tercera, lo hemos substituido por el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que une y disciplina, que armoniza y guía los intereses” (“El espíritu de la revolución fascista”, Mar del Plata, Ediciones Informes, 1973).
Es hora de repensar en los albores de nuestra historia en cuanto al sentido de los múltiples esfuerzos y la sangre derramada para independizarnos de la metrópoli debido a las regimentaciones y prohibiciones que nos imponían y retomar el camino de nuestra organización nacional que tantas satisfacciones ofreció a esta tierra que atraía a “todos los hombres de buena voluntad”. Pensemos un poco en el significado de “las rotas cadenas” y de la “libertad” para que no se convierta en un canto hueco y vacío de contenido mientras se imponen cadenas más pesadas y mayores restricciones a nuestras libertades.
{segunda parte
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Casa del Fascio Di Reggio Calabria,
Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 fueron el escaparate del nazismo, siguiendo la estética neoclásica coincidente con el ideal de belleza aria, paradójicamente intercambiable con el contemporáneo realismo socialista por el que apostaba la Unión Soviética, cuyas autoridades también repudiaban el inicial vanguardismo de la Revolución. Algunas filmaciones de los juegos se deben a Leni Riefenstahl, que también dirigió la filmación del congreso nazi de Nüremberg de 1934, de impresionantes concentraciones y discursos, con el expresivo título de El triunfo de la voluntad.
Fábrica de cañones Krupp durante la Primera Guerra Mundial. La remilitarización de Alemania impulsada por Hitler en contra de las limitaciones del pacto de Versalles fue muy favorable a los intereses de la gran industria.
EUR (Q.XXXII o barrio 32 de Roma), diseñado para acoger la Exposición Universal de Roma prevista para 1942 cuyas siglas lleva. No llegó a celebrarse por causa de la guerra, pero el EUR sigue acogiendo numerosos edificios de un estilo que puede identificarse como racionalismo italiano, y restos de iconografía e inscripciones fascistas, entre las que destaca el Palazzo della civiltà del Lavoro, conocido como Colosseo quadrato ('Coliseo cuadrado'), construido entre 1938 y 1942.
El fasces romano era el emblema del Partito Nacionale Fascista. En este emblema, sobre la bandera y con las siglas.
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