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Lo bueno, lo malo y lo peor de la escuela primaria de antes




Uuuuh, la primaria de antes! Digamos que dentro de lo que son hoy los distintos niveles de escolaridad, la primaria es lo que menos cambió.

En la secundaria, en cambio, ya uno se encuentra directamente con otro mundo, impensado cuando uno era pendejo. Pero aún así, la primaria también muestra diferencias. Hay cosas que ya no rigen más, porque así se dispuso formalmente o por simple desuso.


De primero a séptimo pasaban estas cosas:

"Formar" con criterio militar: Un tema muy singular era el de "formar" para entrar al aula. Solía haber una especie de inspección bastante milica por parte de algunas maestras o del director, que por lo visto estaban tan al pedo que se ponían a controlar si realmente estábamos ordenados de menor a mayor altura, y si encontraban una alteración de esa línea, movían a los alumnos como quien acomoda bolas en el inicio de una partida de pool, de modo que quedáramos todos, al fin, perfectitos. También miraban, con la ayuda de las líneas de las baldosas, que la fila fuera recta y no tuviera chanfles. Esa gente parecía tener el sueño de trabajar en un cuartel.

"Tomar distancia": Al momento de formar, una consigna infaltable era "tomar distancia". Entonces, cada uno de nosotros debía extender el brazo, hasta tocar el hombro del pibe que teníamos delante. Eso indicaba la distancia a la que debíamos estar de él. ¿Algún maestro "arrepentido" nos podría explicar para qué mierda servía esa pelotudez? Porque había docentes tan nabos que hasta que no veían a tooooodos separados por la mágica distancia no te hacían entrar al aula.

Los dos timbres: Algo todavía más inexplicable que lo anterior. Al cierre de cada recreo, había dos timbres. El segundo era para volver a las aulas. ¿Y el primero? El primero era... para quedarse quieto. Sí, en el primer timbre uno tenía que quedarse parado como si hubieran congelado el tiempo, en el lugar en el que el timbre te encontrara.

Eso era una cagada cuando uno estaba jugando a la pelota y estaba justo frente al arco contrario (marcado con dos cascotes, la pelota hecha con un sachet de leche o con una media y relleno de papel). Obvio que el arquero se hacía el re-obediente, se quedaba quieto, te dejaba hacer el gol y después te lo impugnaba. O directamente el muy guacho gritaba en el silencio de tanto cuerpo paralizado: "¡Maestra, acá el Néstor sigue moviéndose!", y te comías flor de puteada.

Pero lo patético era que el "cuerpo docente" soltaba a sus integrantes más feroces a caminar unos minutos entre todos nosotros, quietos como boludos, para verificar que nadie se moviera antes del segundo timbre. Sólo por joder, el desafío era caminar pese a todo, cada vez que las maestras nos daban la espalda. Entonces la pelotuda, por ahí, se daba vuelta y te decía: "¡Usted estaba más atrás!", como si te hubiera descubierto descuartizando a una monja. ¡Gente grande, carajo!

La Dirección: Todavía hoy "ir a la Dirección" tiene lo suyo. Pero en aquel tiempo, que te mandaran a la oficina del director o directora por una cagada que te habías mandado era como si te mandaran a Siberia en pleno régimen socialista soviético. En mi escuela teníamos, encima, a un tipo que disfrutaba de su cuota pedorra de poder. Su estrategia era simple: te hablaba bajito, onda "así que jodiendo en la clase en lugar de estudiar", y después explotaba con un grito que casi invariablemente era "¡mándese a mudar papanata y deje de portarse como un bobeta o lo voy a rajar de la escuela!". Por supuesto que entre los pibes la broma habitual, cuando alguno hacía una boludez, era imitar la voz del tipo y decirnos: "¿¿Pero qué hace usted, papanata bobeta??".

La represión de la Seño: Así como hoy se añora la calidad de la educación de décadas atrás en las escuelas públicas, algo que para nada se extraña es el ejercicio abusivo de la autoridad que hacían algunas maestras. En ciertos casos, las tipas no tenían ningún empacho en calzarte un buen tongo, enchufarte un reglazo o tirarte con el borrador del pizarrón, como solía hacer una loca en la 116 de Villa del Carmen. Ojalá la señora Dora esté leyendo esto: chúpeme bien la pija, seño Dora.

Las notas: A diferencia del psicologismo nabo de hoy, en aquel momento las cosas eran por su nombre. Si eras un burro, te sacabas un insuficiente, y listo. Tus viejos te reputeaban, y te tenías que poner las pilas. Si no, te cosían el orto a patadas o te cortaban la hora de ver los dibujitos en la tele. Resultado: estudiabas. Hoy el insuficiente no existe más. Está "el EP", que significa "En Proceso de Construcción de las Competencias Establecidas". ¿No es una joda?

O sea, tu hijo llega con siete EP's en la libreta, ¿vos qué hacés? Lo recagás a pedo, pero él muy bien te puede decir: "Papá, no dramatices ni proyectes tu ansiedad y tus fracasos en mí. Simplemente estoy en proceso de construcción de las competencias establecidas". ¿Cómo pudimos volvernos tan pelotudos?

Las rifas: En aquella escuela de antes, las rifas escolares generaban más expectativa que la final de un Mundial, y eso que casi siempre sorteaban algún muñeco porongoso, la famosa "canasta familiar" (en la cual la mitad de los productos estaban vencidos) y muuuy de vez en cuando una pelota. En mi escuela, de cada 10 sorteos, ocho eran ganados por la hija de una maestra. Qué culo.

Los actos: En esto tampoco hay grandes cambios. Las maestras de hoy, en los actos, siguen hablando como las de cuarenta años atrás, con ese tonito que no sé de dónde sacaron, entre dramático y radioteatrero, donde todo suena taaaan trucho y sin sentimiento. Además, aplican el concepto de "participación de los niños" con un criterio súper corto, porque en general sólo obligan a los pibes a leer lo que ellas escribieron. Así, los nenes se encuentran con que tienen que reproducir textos que ni entienden ni sienten propios. Resultado: un bodrio sin fin.

La cantina: Era de las mejores cosas de la escuela. Con una moneda podías optar entre un helado, un alfajor (que entonces era mucho más grande que los alfajores tipo llavero de hoy), una factura, unas galletitas y/o una gaseosa. Eso sí, monopolio estatal: si las maestras te veían comprándole al heladero que estaba esperando en la vereda, te cagaban a pedos. ¿Y el fomento a la iniciativa privada que genera empleos, eheh?


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Esta es la pagina. www.angaunoticias.com.ar

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