Reciclaje de pilas
PONTE LAS PILAS
Con pasos tímidos, México comienza para tratar de poner freno a la contaminación generada por el desecho de baterías. No hay sistemas de acopio ni suficiente capacidad técnica para reciclarlas. Hay iniciativas en este sentido en marcha, pero organizaciones ambientalistas creen que el esfuerzo es todavía poco.
A diario arrojamos como desperdicios
residuos de níquel, cadmio, plomo, mercurio y litio. Con ellos contaminamos aire y agua, y afectamos la salud pública. Eso ocurre con las toneladas de pilas que tiramos a la basura sin que haya un proceso efectivo de reciclaje, proceso que también representa un negocio, es decir, mediante la recuperación de metales.
Un estudio de José Castro Díaz y María Luz Díaz Arias, del Instituto Nacional de Ecología, señala que entre 1960 y 2003 se desecharon en México unas 635 mil toneladas de baterías, las cuales contenían grandes cantidades de contaminantes, como dióxido de manganeso, mercurio, níquel, cadmio y compuestos de litio, casi una tercera parte del volumen total de estos desechos. En ese lapso habrían sido liberadas más de 189 mil toneladas de tóxicos.
Hay países donde el reciclaje de estos materiales es cuestión de Estado. En España, por ejemplo, desde hace años existen campañas en las escuelas en las que se insta a los alumnos a llevar las pilas usadas para su acopio. En Madrid y en otras ciudades hay recipientes especiales en las calles y el gobierno es socio de empresas que se dedican a reciclar las baterías. Por ejemplo, Pilagest ganó por licitación la recolección en Cataluña. Recibió apoyos públicos para la edificación de la planta de reciclaje, mientras los empresarios pusieron capital y la tecnología.
En el mundo sólo hay seis plantas recicladoras de pilas recargables, en Estados Unidos, Japón, Alemania, Suecia y dos en Francia.
¿Dónde está el negocio?
Las empresas que reciben residuos tóxicos cobran por hacerlo entre 1.5 y dos dólares por kilogramo. Una idea del volumen de material la tiene.
Exide -multinacional tecnológica estadunidense con presencia en 89 países, que cotiza en el índice Nasdaq- cuya división GNB se encarga de reciclar las pilas, 50 millones al año.
Del níquel, uno de los principales componentes contaminantes, se obtiene níquel electrodo, que se vende a unos 200 pesos por kilo. Otros metales que se aprovechan son plata, cadmio y mercurio. Este último, pese a que los precios han caído, se utiliza en instrumental como termómetros y manómetros que siguen teniendo demanda, por encima de los aparatos digitales, y cuestan hasta 10 veces más, según señaló a La Jornada en la Economía Alejandro Merín, director de Química Wymer.
En México apenas comenzó a funcionar un plan piloto de tratamiento de las pilas de desecho en Cuautitlán Izcalli, estado de México, que ha puesto centros recolectores en las calles con el lema "Ponte las pilas". Las baterías serán enviadas a Estados Unidos para su reciclaje. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha promovido convenios con Radio Shack y Motorola, que en sus locales tendrán centros de acopio y también las enviarán a Estados Unidos o a Japón para reciclarlas, aunque en el caso de Motorola se trata de pilas de teléfonos celulares, mucho menos tóxicas que las convencionales.
Pero el acopio es apenas el primer paso en el proceso; no garantiza lo que se hará con las pilas que, cuando se exponen al aire libre, se rompe el contenedor de los componentes contaminantes y es cuando éstos son desprendidos al aire, tierra y agua con perniciosos efectos sobre la salud.
Tanto desechamos que también dejamos de lado a las empresas mexicanas. Merín explicó que instaló la tecnología para reciclaje sin fundición porque ésta envía a la atmósfera buena parte de los contaminantes, mediante hidrometalurgia, que permite obtener níquel, mercurio y cadmio. "En México tenemos cadmio, pero no níquel y los costos de los metales son menores cuando se obtienen por reciclaje que si se los extrae o importa." Tuvo que pasar por innumerables trámites administrativos
hasta lograr los permisos y poder instalar la planta piloto que puede reciclar hasta 50 kilos por hora. Le falta, nada más y nada menos, que las instituciones oficiales hagan campañas para que se reúnan las pilas y no se depositen en la basura.
Prueba de que este reciclaje es negocio es que, como explicó Alfonso Flores, director de Residuos Tóxicos de la Semarnat, los inversionistas mexicanos y estadunidenses planean abrir este año una planta en el centro del país para la recuperación de níquel, cadmio y mercurio. Según Flores, la Ley para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, aprobada a principios de 2004, "permitió agilizar los trámites para crear centros de acopio sin que haya tantas barreras administrativas"
PONTE LAS PILAS
Con pasos tímidos, México comienza para tratar de poner freno a la contaminación generada por el desecho de baterías. No hay sistemas de acopio ni suficiente capacidad técnica para reciclarlas. Hay iniciativas en este sentido en marcha, pero organizaciones ambientalistas creen que el esfuerzo es todavía poco.
A diario arrojamos como desperdicios
residuos de níquel, cadmio, plomo, mercurio y litio. Con ellos contaminamos aire y agua, y afectamos la salud pública. Eso ocurre con las toneladas de pilas que tiramos a la basura sin que haya un proceso efectivo de reciclaje, proceso que también representa un negocio, es decir, mediante la recuperación de metales.
Un estudio de José Castro Díaz y María Luz Díaz Arias, del Instituto Nacional de Ecología, señala que entre 1960 y 2003 se desecharon en México unas 635 mil toneladas de baterías, las cuales contenían grandes cantidades de contaminantes, como dióxido de manganeso, mercurio, níquel, cadmio y compuestos de litio, casi una tercera parte del volumen total de estos desechos. En ese lapso habrían sido liberadas más de 189 mil toneladas de tóxicos.
Hay países donde el reciclaje de estos materiales es cuestión de Estado. En España, por ejemplo, desde hace años existen campañas en las escuelas en las que se insta a los alumnos a llevar las pilas usadas para su acopio. En Madrid y en otras ciudades hay recipientes especiales en las calles y el gobierno es socio de empresas que se dedican a reciclar las baterías. Por ejemplo, Pilagest ganó por licitación la recolección en Cataluña. Recibió apoyos públicos para la edificación de la planta de reciclaje, mientras los empresarios pusieron capital y la tecnología.
En el mundo sólo hay seis plantas recicladoras de pilas recargables, en Estados Unidos, Japón, Alemania, Suecia y dos en Francia.
¿Dónde está el negocio?
Las empresas que reciben residuos tóxicos cobran por hacerlo entre 1.5 y dos dólares por kilogramo. Una idea del volumen de material la tiene.
Exide -multinacional tecnológica estadunidense con presencia en 89 países, que cotiza en el índice Nasdaq- cuya división GNB se encarga de reciclar las pilas, 50 millones al año.
Del níquel, uno de los principales componentes contaminantes, se obtiene níquel electrodo, que se vende a unos 200 pesos por kilo. Otros metales que se aprovechan son plata, cadmio y mercurio. Este último, pese a que los precios han caído, se utiliza en instrumental como termómetros y manómetros que siguen teniendo demanda, por encima de los aparatos digitales, y cuestan hasta 10 veces más, según señaló a La Jornada en la Economía Alejandro Merín, director de Química Wymer.
En México apenas comenzó a funcionar un plan piloto de tratamiento de las pilas de desecho en Cuautitlán Izcalli, estado de México, que ha puesto centros recolectores en las calles con el lema "Ponte las pilas". Las baterías serán enviadas a Estados Unidos para su reciclaje. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha promovido convenios con Radio Shack y Motorola, que en sus locales tendrán centros de acopio y también las enviarán a Estados Unidos o a Japón para reciclarlas, aunque en el caso de Motorola se trata de pilas de teléfonos celulares, mucho menos tóxicas que las convencionales.
Pero el acopio es apenas el primer paso en el proceso; no garantiza lo que se hará con las pilas que, cuando se exponen al aire libre, se rompe el contenedor de los componentes contaminantes y es cuando éstos son desprendidos al aire, tierra y agua con perniciosos efectos sobre la salud.
Tanto desechamos que también dejamos de lado a las empresas mexicanas. Merín explicó que instaló la tecnología para reciclaje sin fundición porque ésta envía a la atmósfera buena parte de los contaminantes, mediante hidrometalurgia, que permite obtener níquel, mercurio y cadmio. "En México tenemos cadmio, pero no níquel y los costos de los metales son menores cuando se obtienen por reciclaje que si se los extrae o importa." Tuvo que pasar por innumerables trámites administrativos
hasta lograr los permisos y poder instalar la planta piloto que puede reciclar hasta 50 kilos por hora. Le falta, nada más y nada menos, que las instituciones oficiales hagan campañas para que se reúnan las pilas y no se depositen en la basura.
Prueba de que este reciclaje es negocio es que, como explicó Alfonso Flores, director de Residuos Tóxicos de la Semarnat, los inversionistas mexicanos y estadunidenses planean abrir este año una planta en el centro del país para la recuperación de níquel, cadmio y mercurio. Según Flores, la Ley para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, aprobada a principios de 2004, "permitió agilizar los trámites para crear centros de acopio sin que haya tantas barreras administrativas"