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Lola Mora y su pasión por la minería

Info1/23/2010


Taringueros:
Estoy leyendo el libro “Los antiguos mineros” (Ensayos para una historia de la Minería de Hispanoamérica), de Ricardo N. Alonso. En este volumen, el autor reunió ensayos breves sobre distintos aspectos de la minería y de la metalurgia, en especial de la región andina y del Noroeste Argentino. Alonso es un prestigioso geólogo salteño contemporáneo que ha rescatado aspectos de la vida y la obra de hombres y mujeres sabios, creencias y mitos del mundo de los socavones. En esta entrega, he seleccionado un breve texto acerca de la mayor escultora de la historia de las Bellas Artes que ha dado el país: la salteña-tucumana Lola Mora (Dolores Mora de la Vega, 1866-1936). He visto en distintos posts de Taringa, un variado enfoque de la vida y la obra de Lola Mora, así que para saber más acerca de ella, no tienen más que buscar aquí en casa. El texto que elegí se llama “Lola Mora y su pasión por la minería”. Alonso.
Lola Mora fue una de las mujeres más increíbles que dio la República Argentina. Ampliamente conocida por sus bellísimas esculturas, es sin embargo casi desconocida por sus emprendimientos petroleros y mineros en última etapa de su vida.




Lola Mora trabajando el mármol


Dolores Mora Vega nació el 17 de noviembre de 1866 en la provincia de Salta, más exactamente en la finca El Dátil, en la localidad de El Tala, pero fue bautizada en la parroquia de San Joaquín de Trancas en la provincia de Tucumán. Esto dio pie a que salteños y tucumanos reclamen para sí la cuna de la eximia escultora. Como dato anecdótico cabe consignar que fue su padrino de bautismo, el Dr. Nicolás Avellaneda, dilecto tucumano que posteriormente se convertiría en presidente de la República Argentina.

Lola Mora fue una mujer que no cuajó en los moldes de su época, tanto por la brillantez de su intelecto como por sus ideas de avanzada. Parte de su carrera artística la desarrolló con éxito en Italia, donde su estudio de Roma era frecuentado por la nobleza e incluso por la propia reina Margarita. Sus numerosos biógrafos y los abundantes libros y artículos sobre su obra, nos eximen de mayores comentarios. De todas maneras, las estatuas y esculturas alegóricas que embellecen muchos parques y paseos del país hablan por sí mismos de la fuerza y personalidad de su autora.

Ahora bien, los últimos años de su vida los dedicó a una actividad extremadamente opuesta al fino arte de la creación artística: cambió el martillo y el cincel por la pala y el pico, y partió a las montañas salteñas a buscar minas. Para ese entonces tenía 60 años, además de fortuna y razón que desaparecerían a causa de su aventura minera. Esta es la faceta poco conocida de Lola Mora, que ha sido abordada en un interesante y bien documentado libro del historiador Milenko J. Jurcich (UNSa 1991, y Fundación Capacitar 2005) y también por el investigador tucumano Rubén I. Fernández (1992).

Lola Mora estaba convencida de la riqueza del subsuelo salteño y estaba dispuesta a explorar, explotar y comercializar petróleo y metales nobles. El petróleo pensaba obtenerlo de una fuente indirecta, tal son los esquistos bituminosos, y para ello publicó un folleto titulado "Combustibles: problema resuelto". Los esquistos bituminosos son capas rocosas negras muy ricas en materia orgánica, que pueden considerarse como una especie de petróleo fósil. Son valorados a escala mundial como una reserva para el futuro, ya que pueden destilarse para obtener petróleo.

Lola Mora se interesó en depósitos bituminosos que afloran en Rosario de la Frontera , en capas de la Formación Yacoraite de 65 millones de años de antigüedad. En 1973, el fallecido geólogo metanense Eduardo Carbajal y quién escribe, exploramos las quebradas de Cueva del Negro y Las Bateas, donde se encuentran restos de los socavones de explotación y de los rudimentarios hornos que fabricara Lola Mora en su afán de extraerle petróleo a los antiquísimos esquistos. También encaró la minería, buscando minas de oro en la quebrada del Toro y en la Puna.

La férrea dama, convencida de los recursos del subsuelo salteño, exploró metales preciosos aguas arriba de la quebrada del Toro, donde llegó con sus herramientas, su perro Bimbo (ovejero de raza) y tres peones de Rosario de Lerma (Nicanor, Julián y Miguel). Más tarde se internó en la desértica Puna donde pidió cateos en la localidad de Cobres. Allí, ella sospechaba que podía encontrarse algo importante ya que esas minas habían sido explotadas por los indígenas y luego por los conquistadores.

El tiempo le dio la razón, puesto que una década atrás las perforaciones de Fabricaciones Militares, alumbraron un importante depósito metálico, del tipo SEDEX (exhalativo sedimentario), cuyas reservas se estiman en varios millones de toneladas y su precio en varios millones de dólares. Hoy se conoce el lugar como La Colorada , pero su historia registra explotaciones por parte de los indígenas, luego los lncas y finalmente los españoles. Allí se encontraron abundantes testimonios de la minería prehispánica como los maray de molienda o las huayras u hornos de fundición.

Pidió además concesiones por azufre en el volcán Quevar. Es interesante destacar que en la Puna y en la cosmovisión minera andina, la mujer (y los curas), tiene un lugar prohibido en el mundo de los socavones. Cada vez que alguna mujer o un cura entró en una mina y hubo un accidente, la culpa recayó sobre ellos. De allí es que resulta llamativo que Lola Mora haya tomado el desafío como mujer de hacerse minera afrontando también en ello el reto de la época. Constituye un ejemplo de mujer pionera en la minería nacional y en ese sentido figura en una placa en la esquina de las calles España y Zuviría (Salta). La placa se puso allí porque en ese lugar funcionó el Hotel Plaza donde vivió durante la década de 1930.

En una carta al poeta Arrieta, Lola escribió unas palabras memorables: "¿Sabía Ud. que he dejado el arte? Pero no la naturaleza. Asómbrese, me ocupo de petróleo, de minas de oro, de esquistos, aquí en las montañas de Salta. He estudiado el asunto con seriedad, Trabajo mucho, con esperanzas y alegrías; a pesar de la indiferencia criminal de nuestros gobiernos para la explotación de las riquezas del suelo. He perfeccionado un procedimiento para extraer y elaborar aceites lubricantes de los esquistos bituminosos. No todo ha de ser poesía, aunque Ud. no sospecha la poesía que yo hallo en todo esto. Siento en mi laboratorio, entre mis aceites minerales, la misma emoción que sentía en mi taller de escultora...".

La visionaria e ilustre escultora murió en la absoluta pobreza en Buenos Aires en 1936. Lamentablemente para la historiografía, unas sobrinas suyas quemaron todos sus papeles.
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