
Era un viaje de prácticas de geología de campo, y ese día en particular había sido muy pesado, cubrimos una sección de 35 kilómetros y estábamos cansados, pero no lo suficiente como para no querer sentarnos alrededor de una fogata y disfrutar de unos tragos, haciendo lo de siempre. Sentados en la oscuridad, alejados de la civilización, disfrutando de una noche iluminada por la luna llena y un cielo magnífico poblado de estrellas. Todos hablábamos, reíamos, bebíamos y todas esas cosas que haces cuando eres joven.
Cuando mejor lo pasábamos, Beatriz, mi mejor amiga empezó a llorar mientras gritaba que en el fondo en la oscuridad justo en el talud de la playa, había alguien que vestía de negro y estaba tan pálido (o al menos eso vio) que parecía un muerto. Todos comenzamos a reírnos y le dijimos que dejara de beber. Ella insistió.
Javier y Sergio se ofrecieron a acompañarla hasta el sitio para que se convenciera de que allí no había nada ni nadie. Al final fuimos todos. Llegamos, miramos por todas partes y, como habíamos pensado, no había nada; mejor dicho, nadie.
A Beatriz se le pasó el susto. Volvimos a crear el ambiente que teníamos, cuando Minerva se levantó de un salto y gritando señalaba en la misma dirección en la que Beatriz había visto al hombre de negro, ya no hubo burlas, solo me atreví a decirle que estaba sugestionada, todos mirábamos al lugar que señalaba y no vimos nada, pero ya nadie se ofreció a ir a verificar, sugerí que cambiáramos a las muchachas de lugar, y así se hizo, Beatriz y Minerva ocuparon los lugares de Sergio y Javier, poco a poco se fue recuperando el ambiente de relajación cuando Javier en medio de una broma que le hacía a Minerva palideció y señalando a nuestras espaldas le dijo a Sergio que mirara al fondo, abriendo la boca lentamente dirigió su mirada al fondo y poniéndose de pie y muy pálido se sujeto a Javier. El miedo nos invadió a todos los demás que no nos atrevíamos a voltear, haciendo un gran esfuerzo comencé a girar para ver hacía el sitio y fue cuando alcance a ver a un hombre vestido con un traje negro extremadamente pálido que lentamente avanzaba hacía nosotros, un rostro indescriptiblemente macabro y lo más aterrorizante esa mirada que a pesar de la oscuridad parecía emanar vileza. Alcance oír los gritos de Minerva "corran, corran"; y solo pude vencer mi entumecimiento cuando Beatriz me empujo al pasar corriendo junto a mi, mis piernas pesaban toneladas, y corrimos alejándonos del lugar, después en silencio caminamos toda la noche sin detenernos hasta que amaneció, nadie quería hablar sobre el asunto, temblábamos y nunca mas se volvió a tocar el tema.
Se que habíamos bebido, y también se que cuando se bebe se puede llegar a ver cosas que en realidad no están pasando pero en este caso lo vimos cinco personas. No volvimos a aquel sitio nunca mas.