La araña de espalda roja (Latrodectus hasselti) es una araña australiana perteneciente al mismo género que la viuda negra. La hembra puede llegar al centímetro de largo, mientras los machos no suelen superar los tres o cuatro milímetros. A pesar de su pequeño tamaño, es una de las arañas más peligrosas de Australia.
Dado que varios machos de L. hasselti compiten por ganarse los favores de una hembra, ésta se ha vuelto muy exigente y sólo accede a aparearse con el macho que hace el cortejo durante más tiempo. La duración del cortejo permite a la hembra evaluar la calidad de su pretendiente.
Para que un macho pueda aparearse con éxito, tiene que realizar un largo cortejo (entre tres horas y media y cinco horas) que se desarrolla en tres fases. En la primera fase, que dura al menos unos 100 minutos, el macho se mantiene alejado de la hembra y se limita a hacer vibrar su tela de araña. La duración de esta fase depende de la presencia de otros machos competidores y puede variar desde los 30 minutos si hay competencia hasta los 150 minutos si no hay competencia. Cuanto más dure esta fase, más garantías tiene el macho de fecundar a la hembra sin que ésta lo devore de buenas a primeras. Transcurrido ese tiempo, el macho se acerca a la hembra por su abdomen, iniciando la segunda fase del cortejo, basada en una combinación de vibraciones sobre el abdomen de la hembra y sobre la tela. En la tercera fase, el macho permanece en el abdomen de la hembra y trata de aparearse con ella.
Un apareamiento normalmente comprende dos copulaciones en las que el macho deposita un paquete de esperma con sus pedipalpos en cada uno de los dos reservorios espermáticos (espermatecas) de la hembra. Esta suele devorar la parte dorsal posterior del abdomen del macho durante la primera copulación y si éste sobrevive, puede realizar una segunda copulación. Los que logran transferir su esperma a los dos reservorios se aseguran el 100% de la paternidad de su descendencia, mientras los machos que lo hacen una sola vez, tan sólo tienen un 50% de probabilidades de transmitir sus genes a la descendencia.
Si un macho «impaciente» abrevia la primera fase del cortejo y trata de aparearse con la hembra rápidamente, puede ser devorado en el intento o, si tiene suerte, logrará copular una vez antes de que la hembra lo mate.
Por el contrario, otro machos más pequeños (intrusos) optan por la emboscada aprovechándose del esfuerzo ajeno. Permanecen al acecho hasta que un macho ha terminado la primera fase del cortejo para «colarse» y subirse al abdomen de la hembra. Lo más curioso de todo es que la hembra, que no puede identificar quién ha sido su verdadero cortejador, deja que el intruso se aparee con ella normalmente. Como la receptividad de la hembra aumenta con la duración del cortejo, esto es aprovechado por los machos inferiores de forma que eluden la competición directa con rivales de mayor nivel.

Dado que varios machos de L. hasselti compiten por ganarse los favores de una hembra, ésta se ha vuelto muy exigente y sólo accede a aparearse con el macho que hace el cortejo durante más tiempo. La duración del cortejo permite a la hembra evaluar la calidad de su pretendiente.
Para que un macho pueda aparearse con éxito, tiene que realizar un largo cortejo (entre tres horas y media y cinco horas) que se desarrolla en tres fases. En la primera fase, que dura al menos unos 100 minutos, el macho se mantiene alejado de la hembra y se limita a hacer vibrar su tela de araña. La duración de esta fase depende de la presencia de otros machos competidores y puede variar desde los 30 minutos si hay competencia hasta los 150 minutos si no hay competencia. Cuanto más dure esta fase, más garantías tiene el macho de fecundar a la hembra sin que ésta lo devore de buenas a primeras. Transcurrido ese tiempo, el macho se acerca a la hembra por su abdomen, iniciando la segunda fase del cortejo, basada en una combinación de vibraciones sobre el abdomen de la hembra y sobre la tela. En la tercera fase, el macho permanece en el abdomen de la hembra y trata de aparearse con ella.
Un apareamiento normalmente comprende dos copulaciones en las que el macho deposita un paquete de esperma con sus pedipalpos en cada uno de los dos reservorios espermáticos (espermatecas) de la hembra. Esta suele devorar la parte dorsal posterior del abdomen del macho durante la primera copulación y si éste sobrevive, puede realizar una segunda copulación. Los que logran transferir su esperma a los dos reservorios se aseguran el 100% de la paternidad de su descendencia, mientras los machos que lo hacen una sola vez, tan sólo tienen un 50% de probabilidades de transmitir sus genes a la descendencia.
Si un macho «impaciente» abrevia la primera fase del cortejo y trata de aparearse con la hembra rápidamente, puede ser devorado en el intento o, si tiene suerte, logrará copular una vez antes de que la hembra lo mate.
Por el contrario, otro machos más pequeños (intrusos) optan por la emboscada aprovechándose del esfuerzo ajeno. Permanecen al acecho hasta que un macho ha terminado la primera fase del cortejo para «colarse» y subirse al abdomen de la hembra. Lo más curioso de todo es que la hembra, que no puede identificar quién ha sido su verdadero cortejador, deja que el intruso se aparee con ella normalmente. Como la receptividad de la hembra aumenta con la duración del cortejo, esto es aprovechado por los machos inferiores de forma que eluden la competición directa con rivales de mayor nivel.