El semen previene la calvicie
El descubrimiento se ha publicado simultáneamente en las revistas Science & Welfare, Oxford Medicine Quarterly y Muy interesante: la ingesta de esperma humano no sólo fortalece las raíces del pelo, previniendo su caída, sino que en grandes cantidades —hablamos ya de una dosis (10 mililitros, lo que se conoce como una huevada) con cada comida— puede regenerar el cabello perdido. Sin duda, una gran noticia para la estética masculina y un nuevo paso evolutivo del hombre del siglo XXI, que obliga al caduco macho ibérico, proclive a la alopecia, a tragarse su orgullo.
Debemos el hallazgo a un compatriota: el doctor Ginés Policarpo, de Sabiñánigo. La historia no carece de enjundia: nuestro héroe se hallaba en pleno ayuntamiento carnal con su noviadetodalavida cuando pícaramente le sugirió eyacular en su rostro, añadiendo el típico pretexto de que el esperma es bueno para el cutis, a lo que ella replicó: «Ah, ¿sí? ¿Y desde cuándo eres tú dermatólogo?» Aquella salida ofendió a Ginés, que ni corto ni perezoso se matriculó en medicina en la Universidad de Sobrarbe, y en ocho añitos se sacó la carrera, el MIR y la residencia en un laboratorio clínico, donde estuvo experimentando los efectos del esperma en conejos, sólo para rebatir a su amada. Los resultados, desgraciadamente, no le dieron la razón. Pero Ginés es ante todo un científico honesto («somos apenas espermatozoos aventurándonos en el oscuro útero del conocimiento», dice) y es el primero en aceptar que, aunque su descubrimiento despoja al género humano del pretexto para satisfacer una fantasía sexual común, soluciona un problema quizá más acuciante del género masculino.
Tomen nota: 30 mililitros a la semana para preservar y fortalecer el cabello. 50 mililitros para repoblar las entradas y la coronilla. 70 mililitros para convertirse en Sansón. Si se olvidan, no se preocupen: sus novias o esposas se lo recordarán gustosamente.
Fuente[url/]
El descubrimiento se ha publicado simultáneamente en las revistas Science & Welfare, Oxford Medicine Quarterly y Muy interesante: la ingesta de esperma humano no sólo fortalece las raíces del pelo, previniendo su caída, sino que en grandes cantidades —hablamos ya de una dosis (10 mililitros, lo que se conoce como una huevada) con cada comida— puede regenerar el cabello perdido. Sin duda, una gran noticia para la estética masculina y un nuevo paso evolutivo del hombre del siglo XXI, que obliga al caduco macho ibérico, proclive a la alopecia, a tragarse su orgullo.
Debemos el hallazgo a un compatriota: el doctor Ginés Policarpo, de Sabiñánigo. La historia no carece de enjundia: nuestro héroe se hallaba en pleno ayuntamiento carnal con su noviadetodalavida cuando pícaramente le sugirió eyacular en su rostro, añadiendo el típico pretexto de que el esperma es bueno para el cutis, a lo que ella replicó: «Ah, ¿sí? ¿Y desde cuándo eres tú dermatólogo?» Aquella salida ofendió a Ginés, que ni corto ni perezoso se matriculó en medicina en la Universidad de Sobrarbe, y en ocho añitos se sacó la carrera, el MIR y la residencia en un laboratorio clínico, donde estuvo experimentando los efectos del esperma en conejos, sólo para rebatir a su amada. Los resultados, desgraciadamente, no le dieron la razón. Pero Ginés es ante todo un científico honesto («somos apenas espermatozoos aventurándonos en el oscuro útero del conocimiento», dice) y es el primero en aceptar que, aunque su descubrimiento despoja al género humano del pretexto para satisfacer una fantasía sexual común, soluciona un problema quizá más acuciante del género masculino.
Tomen nota: 30 mililitros a la semana para preservar y fortalecer el cabello. 50 mililitros para repoblar las entradas y la coronilla. 70 mililitros para convertirse en Sansón. Si se olvidan, no se preocupen: sus novias o esposas se lo recordarán gustosamente.
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