"Un aparataje de seguridad tan seguro que incluso les previene de ver la realidad", dice Ramón Lobo en su crónica "El frente huele a cinco estrellas", publicada hoy en el diario español El País.
El vestíbulo de este hotel de lujo tiene mármoles beige, ocre y blanco. Allí no se pueden hacer fotos, ni tampoco en la entrada llena de mojones anti coche-bomba y expertos que registran todo. Los guardias de seguridad están armados con unos Kalásnnikov.
La mayoría de los empleados del edificio de 177 habitaciones son ismaelíes, chiíes de la secta nazarí, que gobierna un Aga Khan desde 1818. El dueño del establecimiento se llama Kari al Husain.
En la recepción se puede ver una gran cantidad de diplomáticos, quienes disertan -café por medio- con periodistas en lugares como la sala Char Chata.
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