También conocidas como Erinias o Euménides, las Furias nacieron de la Noche, (aunque también se cuenta que surgieron cuando Cronos cortó los testículos a su padre Urano y la sangre del dios cayó sobre la Gea, la madre tierra), y vigilaban la puerta hacia el mundo inferior, castigando a aquellos cuyos crímenes no habían sido expiados en el mundo de los mortales. Trataban así de restablecer el orden perdido. En ocasiones también subían a la superficie y allí perseguían a aquellos que pretendían salir impunes de algún delito.
Las Furias, que en sus orígenes contaban con un número incierto, terminaron siendo tan sólo tres. Sus nombres eran Tisifone, Alecto y Megera y tenían cabeza de perro, alas de vampiro y, en vez de cabellos, serpientes. Para cumplir su misión llevaban consigo látigos de cuero y temibles anillos de bronce.
Tisifone era la encargada de castigar a los osaban traspasar los límites de la buena conducta y era conocida como la Furia Vengadora. Megera se encargaba de hacer nacer el odio, la discordia, entre los mortales. Alecto los perseguía sin descanso hasta conseguir que murieran de locura o que fueran incapaces de volver a cometer un crimen semejante.
Cuentan que cuando Orestes acudió desesperado ante Apolo para conocer el nombre del asesino de su padre, el rey Agamenon , el oráculo le reveló que había sido su propia madre, Climenestra, esposa del rey, la autora de tal delito. Orestes, fuera de si, puso fin a la vida de su madre. Entonces entró la Furia Alecto en escena, atormentado al desgraciado príncipe Orestes por el crimen que había cometido.
Orestes acudió de nuevo a la ayuda de los dioses, siendo esta vez Atenea la elegida, para rogar el fin de su condena. Atenea, la diosa guerrera, consiguió convencer a Alecto de que el hijo de Agamenón ya había pagado con suficiente dolor sus actos y fue perdonado. Ahora bien, Orestes había de traer desde la ciudad de Taúride una estatua que hubiera sido consagrada a Artemisa, hermana de Apolo y diosa de la caza.
Desde este momento, las Furias pasan a llamarse Euménides y a ser consideradas como benevolentes, aunque, eso si, siguieron persiguiendo a los criminales.
Estas deidades horripilantes y temibles eran las hijas de Aqueronte y de la Noche. Se las confunden con las Erinias y las Euménides, de quienes es imposible separarlas. Son tres, Alecto (incesante en la ira), Tisífone (la vengadora del asesinato) y Megara (la de los celos).
Su misión era cumplir, contra los hombres, las sentencias vengadoras de los dioses. Ellas vivían en el averno, ascendiendo a la tierra sólo para castigar a los malvados. Como diosas, fueron justas, pero crueles a la vez. Implacables en su misión de castigar todas las ofensas contra la sociedad humana, tal como el perjurio, las violaciones de los ritos de hospitalidad y sobre todo, los asesinatos de sangre familiar.
Las furias, en secreto, eran capaces de ternura, de protección y de amor , pero como justicieras permanecerían inclementes y crueles.
Al final las Furias, como mujeres al fin, fueron transformadas en Euménide, diosas protectoras de los suplicantes.