ESTAMOS CON USTEDES HERMANOS JAPONESES , ESPERAMOS QUE LOGREN SALIR DE ESTO Y Q LES AYUDEN LOS GOBIERNOS DE OTROS PAIESE PARA SEGUIR ADELENTA ___ ESTAMOS CON USTEDES
Los japoneses tardarán en olvidar el 11 de marzo del 2011.
A pesar de los avances de la ciencia, que intenta predecir los terremotos, y de los ultramodernos aparatos, que escudriñan el fondo del mar y la corteza terrestre para detectarlos, la naturaleza ha vuelto a sorprender al hombre con una nueva catástrofe. Japón fue sacudido ayer por un sismo y sus costas arrasadas luego por un tsunami, cuyos efectos devastadores tardarán en conocerse de manera precisa y detallada.
Se sabe, eso sí, que el epicentro está localizado en un punto submarino a 345 kilómetros de Tokio, y que la causa fue un desplazamiento de las placas terrestres a 22 kilómetros bajo la superficie del Océano Pacífico. Shigeo Takahashi, experto del Instituto de Investigaciones Portuarias, de Japón, lo calificó como "un tsunami de los que solo se ven una vez cada siglo". Tiene razón. Era impresionante.
Por ahora se habla de miles de muertos y de daños casi irreparables en muchos puntos de la costa oriental japonesa, de manera particular en la región cuya principal ciudad, Sendái, quedó gravemente afectada por el fenómeno geológico. En las primeras horas posteriores al temblor se habían recuperado 377 cadáveres, pero es de temer que la cifra suba mucho más, pues las olas se tragaron varios barcos y colapsaron numerosas viviendas. El Gobierno hablaba ayer de un número "extremadamente alto" de muertos.
Se trata del peor terremoto de la historia japonesa y uno de los más fuertes del último siglo. Con un registro de 8,9 en la escala Richter de 10, supera incluso al que el año pasado asoló a Chile, cuya magnitud fue de 8,8. Es, sin embargo, inferior al de 9,1, que conmovió a Sumatra hace siete años y dejó 200.000 muertos. Esperamos que también sea menor en el saldo de víctimas. De todos modos, el impacto ha sido extraordinario: olas que viajaban a la velocidad de un jet -800 kilómetros por hora- alcanzaron lugares tan lejanos como Rusia, Hawái, Indonesia, Australia y la costa pacífica de Suramérica y Norteamérica. Por fortuna, en ninguno de estos lugares se proyectaron en forma amenazante las ondas del tsunami -que en el litoral nipón alcanzaron hasta cinco metros-, lo que permitió cancelar la alarma por maremoto que se regó por medio mundo.
Para Japón, en cambio, ha sido devastador. Aparte de los multimillonarios daños en aeropuertos (dos de ellos quedaron anegados bajo un metro de agua), edificios, puertos, ríos, carreteras, líneas férreas y tendidos eléctricos del noreste, el sismo afecta a Tokio y a otros lugares del país. Fueron cancelados 711 vuelos domésticos e internacionales, lo que dejó a más de 23.000 pasajeros en tierra; Tokio cerró las puertas del metro; las comunicaciones telefónicas se alteraron en toda la isla; miles de personas pasaron la noche en oficinas o caminaron largas horas hasta sus casas; los bancos tomaron medidas de urgencia para garantizar sus servicios; bomberos, hospitales, equipos de socorristas, ayudas navales y máquinas de remoción de escombros se dieron a la tarea de rescatar y auxiliar a las víctimas.
Los especialistas dirán si este y otros sismos de alta magnitud que han sobrecogido el mundo tienen que ver de alguna manera con el maltrato del hombre a la naturaleza, como ocurre con la renovada intensidad de las lluvias, los veranos calcinantes, los inviernos prematuros y los huracanes furiosos. No sobra recalcar que esta catastrófica situación se presenta en uno de los países del mundo con mayor conciencia sobre los riesgos tectónicos y con mejores recursos para aminorar sus daños. Los edificios antisísmicos evitaron una tragedia mayor, y el cierre instantáneo de 19 compuertas marinas de Tokio contrarrestó parte de la fuerza de las olas. Con todo, los japoneses tardarán en olvidar el 11 de marzo del 2011.





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