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Por la razon o la fuerza [su significado]

Info4/4/2011





POR LA RAZON O LA FUERZA


...SU SIGNIFICADO










Al poseer un sentido semejante, el lema «Por la razón o la fuerza» se considera una versión en español del lema en latín «aut consiliis aut ense» que está vinculado a los orígenes del Estado de Derecho.


La frase «aut consiliis aut ense» se remonta a la Antigua Roma y es expresión del clásico dualismo saber-poder consilium-auxilium; "consejo"-"auxilio, que es posible encontrar en el pensamiento platónico, y que fue desarrollado en la Europa medieval. De ese dualismo, a su vez, es expresión el símbolo más conocido de la justicia: la balanza (que es expresión de la razón y el Derecho) y la espada (que representa el poder y la fuerza).


Dicho lema latino fue incluido en el Primer Escudo Nacional, creado en 1812, en el período histórico nacional denominado Patria Vieja. Este llevaba una inscripción que decía en la parte superior "Post tenebras lux" -"Después de las tinieblas, la luz"- y, en la parte inferior, "'Aut consilio aut ense" -"O por consejo o por espada"-. El historiador Sergio Villalobos explica que la intención de los "patriotas" era significar que Chile avanzaba en su propia identidad autonomista, o independentista, mediante la razón o el ejercicio de la fuerza si fuese necesario.


Con los años, la leyenda latina fue reemplaza por la actual «Por la razón o la fuerza», siendo utilizada en monedas chilenas desde 1818. Así por ejemplo, monedas de plata acuñadas entre 1837 y 1852 (1/2, 1, 2 y 8 reales) llevaron la frase «Por la razón y la fuerza» y monedas de oro acuñadas entre 1818 y 1834 (1, 2, 4 y 8 escudos) la versión «Por la razón, o la fuerza». Por sus orígenes, el significado del lema no está vinculado a un carácter belicista, sino que pretende establecer la primacía de la razón en la vida colectiva (el Derecho), no obstante, si esta es violentada (se violenta el Derecho), puede restablecerse mediante el uso de la fuerza.


El actual Escudo Nacional de Chile data de 1834, pero en su diseño original, realizado por artista británico Carlos Wood Tailor, no tenía incluido lema alguno. Sin embargo, en diversas versiones sí fue incorporado el lema «Por la razón o la fuerza». Por otro lado, en 1854 se dispuso que el escudo nacional que lleva la bandera presidencial tendría la misma leyenda. Sólo en 1920 se oficializó la inclusión en el escudo nacional del lema «Por la razón o la fuerza» por un decreto del Ministerio de Guerra y Marina (Decreto N° 2.271 publicado el 8 de septiembre de 1920). En diciembre de 1967, un decreto supremo del presidente Eduardo Frei Montalva ratificó la oficialización antes mencionada (Decreto Supremo Nº 1534 del Ministerio del Interior de Chile, publicado el 12 de diciembre de 1967).


A comienzos del gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar, se generó un debate originado por algunos parlamentarios de la Concertación que pretendían cambiar la divisa a «Por la fuerza de la razón», pues consideraban que el nuevo lema era "menos belicoso" que el tradicional. Aquella propuesta estuvo varios meses en el tapete de la discusión, pero la moción no prosperó por no tener quórum en el Congreso. En 2004 el senador Nelson Ávila (PRSD) presentó un proyecto de ley con el fin de efectuar tal cambio, que aún se encuentra en tramitación ante el Congreso Nacional.








El escudo de armas de un país –más aún cuando incluye un lema– transmite el mensaje de identidad nacional que sus clases gobernantes desean proyectar al resto del mundo y en especial a los países vecinos.


El escudo de la República de Chile es un excelente ejemplo de esta afirmación. Formalizado en 1834 durante el gobierno de José Joaquín Prieto, dicho escudo se compone de un campo cortado por la mitad, de colores azul y rojo, en los que se inscribe una estrella de plata. Sobre él aparece un plumaje tricolor azul, blanco y rojo. Flanquean el campo un huemul a la derecha y un cóndor a la izquierda, adornados cada uno de estos animales con una corona naval de oro.


La decodificación del mensaje que las clases dominantes de Chile envían a los países próximos debe iniciarse estudiando los animales que sirven de soporte en su escudo.
En cuanto al cóndor –descrito por el presidente Prieto como “el ave más fuerte, animosa y corpulenta que puebla nuestros aires”– no debe perderse de vista su característica fundamental como ave de rapiña. El cóndor sólo puede vivir empleando la violencia para atacar a otros animales y arrebatar las cosas ajenas, valiéndose para ello de su poder corporal.


El huemul –“el cuadrúpedo más raro y singular de nuestras sierras” según Prieto– se caracteriza por tener orejas bastante crecidas que le permiten amplificar su capacidad de escucha en el medio andino en que se desenvuelve. Más aún, el propio José Joaquín Prieto explicó que su presencia en el escudo también se justificaba porque de su piel “notable por su elasticidad y resistencia hacen nuestros valientes naturales sus coseletes y botas de guerra”.


Cóndor y huemul aparecen en el escudo con sendas coronas navales, en representación del poder marítimo que debería mantener Chile en el Pacífico, para “afianzar sólidamente su independencia”.


El recado transmitido por el escudo chileno no es accidental y se refuerza cuando se considera su intimidatorio lema: “Por la razón o la fuerza”. En pocas palabras: cualquiera sea la decisión internacional a la que lleguen las clases gobernantes del país del sur, ésta debe llevarse a efecto por “la razón” de la manipulación diplomática o por la fuerza de la violencia.


Puede resumirse la descripción de los cuatro componentes del escudo del vecino del sur: un ave de rapiña que vive de atacar a otros y del arrebato empleando la violencia; otro animal cuya piel es recurso para el equipamiento militar de los “valientes naturales”; coronas navales que recuerdan la necesidad de mantener la primacía marítima en el Pacífico, y el diáfano colofón del “por la razón o la fuerza”.


Tal el prepotente mensaje que, orgullosamente, irradia la República de Chile a sus vecinos. Los peruanos de 1879 sufrieron en carne propia su falta de entendimiento de las señales enviadas por el escudo de armas del país del sur.


Desafortunadamente para Perú y Bolivia, las clases dominantes chilenas sí saben leer e interpretar los escudos nacionales de armas. En el primer caso encontraron en nuestro escudo–ayer y hoy– una cornucopia derramando monedas de oro, el árbol de la quina y una huidiza vicuña que sería presa fácil del ave de rapiña chilena. De manera similar, auscultaron el escudo boliviano y se alegraron de tropezar con el Cerro Rico de Potosí y la Casa de la Moneda, el sol naciente, y la alpaca, el árbol del pan, y un haz de trigo. El análisis de las riquezas de ambos países y la constatación de sus debilidades nacionales desataron en la oligarquía chilena la ambición por apoderarse de la enorme riqueza del salitre localizada en el departamento peruano de Tarapacá y en el desierto boliviano de Atacama.


A lo largo de años, con el objetivo definido de conquista territorial, la plutocracia de Chile hizo uso de sus oídos de huemul y se informó sobre las condiciones políticas, militares y económicas de Perú y Bolivia. Paralelamente, el cóndor del sur se preparó para la rapiña del asalto, adquiriendo blindados y modernizando sus fuerzas armadas. Encontrados los pretextos necesarios –un risible impuesto de diez centavos de peso aplicado por Bolivia a la explotación del salitre y un tratado defensivo entre este país y el Perú– las clases dominantes chilenas desataron la invasión genocida de ambos países y consumaron el arrebato territorial de Perú y Bolivia.


La rapiña chilena queda perennizada a la perfección en una estampilla de correos del Perú de la época de la Guerra del Salitre. Aparece en ella la representación de nuestro país y –de manera sobreimpuesta– el sello del cóndor invasor que arrasó la patria, asesinando a decenas de miles de sus habitantes, arrasando y saqueando el patrimonio nacional. En el caso de Bolivia, debe añadirse que el Chile de hoy vive en gran parte de la riqueza extraída de minas como Chuquicamata y Escondida, ubicadas en el territorio boliviano arrebatado en 1879.



Ayer y hoy los escudos de armas de las naciones transmiten mensajes. Corresponde a los pueblos –y no a los políticos– saberlos interpretar. La historia enseña que de los dirigentes de la república peruana sólo podemos esperar la traición. Así sucedió entre 1879 y 1884, cuando gobernaron el general del ejército chileno Mariano Ignacio Prado y Miguel Iglesias, rastrero colaboracionista que en acuerdo con las fuerzas invasoras, y armado por ellas, combatió contra los guerrilleros de Cáceres. Así ocurrió también con Leguía, el vendepatria que entregó Arica. Y así sucede hoy con García Pérez, felón que ha traspasado medio Perú a las clases dominantes del país que en 1879 nos vejó sin miramiento alguno.



















Nuestros nombres, valientes soldados,
que han sido de Chile el sostén,
nuestros pechos los llevan grabados;
los sabrán nuestros hijos también.
Sean ellos el grito de muerte
que lancemos marchando a lidiar,
y sonando en la boca del fuerte
hagan siempre al tirano temblar.

Estrofa himno nacional de Chile






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