Tema internacional:
La Nación informa: ¡guarda que se enojó Obama!
Ojo que Obama se enojó, informan hoy los voceros locales de la Embajada y del Departamento de Estado norteamericanos: La Nación y Joaquín Morales Solá. Y muy enojado, al parecer, porque ni Bush llegó a tanto. Es hora de someternos, parecen decirnos.
"Ni George W. Bush había expresado como lo acaba de hacer Barack Obama el grado de tensión que existe entre la Argentina y Washington", asegura el columnista en el texto publicado hoy y titulado "Contradicciones que aumentan la lejania".
Dejando de la lado la gaffe (la tensión, según Morales, existe entre la Argentina , una nación, y Washington, una ciudad, cuando pudo haber usado equivalentes: las capitales Buenos Aires y Washington, o los países Argentina y EE.UU ... Pero no, las equivalencias del columnistas son así: nuestra nación, la Argentina , equivale a duras penas a una ciudad norteamericana: Washington, en este caso); dejando eso de lado, el mencionado diario mitrista deja en claro su posición servil al titular en tapa -otra vez- como si fuera el Washington Post o un paper del Pentágono: "Obama exige al gobierno devolver la carga del avión".
Como se dijo, la columna de Morales Solá va en la misma dirección: toda ella, cada párrafo, es un largo lamento o queja que tiene por finalidad suprimir la sobería argentina , si fuera posible, para someterla a los designios del jefe de Estado de la primera potencia mundial.
¿Cómo puede ser, se pregunta, que "el jefe de la Casa Blanca recibió con honores en Washington a los presidentes de México, Brasil, Colombia, Chile y Perú, pero jamás encontró un hueco en su agenda para atender personalmente a la mandataria argentina "? Su respuesta la trae de "voceros" yanquis: "las características 'imprevisibles' del gobierno de los Kirchner".
¿Qué significa, en el lenguaje de La Nación, Morales Solá y el gobierno norteamericano, ser "previsibles"? Nada más y nada menos que atender con celeridad los designios de la potencia del norte, independientemente de la soberanía, las leyes y los intereses argentinos. Esta última es, en definitiva, la sumisión a la que el diario y su columnista nos conminan.
La Nación informa: ¡guarda que se enojó Obama!
Ojo que Obama se enojó, informan hoy los voceros locales de la Embajada y del Departamento de Estado norteamericanos: La Nación y Joaquín Morales Solá. Y muy enojado, al parecer, porque ni Bush llegó a tanto. Es hora de someternos, parecen decirnos.
"Ni George W. Bush había expresado como lo acaba de hacer Barack Obama el grado de tensión que existe entre la Argentina y Washington", asegura el columnista en el texto publicado hoy y titulado "Contradicciones que aumentan la lejania".
Dejando de la lado la gaffe (la tensión, según Morales, existe entre la Argentina , una nación, y Washington, una ciudad, cuando pudo haber usado equivalentes: las capitales Buenos Aires y Washington, o los países Argentina y EE.UU ... Pero no, las equivalencias del columnistas son así: nuestra nación, la Argentina , equivale a duras penas a una ciudad norteamericana: Washington, en este caso); dejando eso de lado, el mencionado diario mitrista deja en claro su posición servil al titular en tapa -otra vez- como si fuera el Washington Post o un paper del Pentágono: "Obama exige al gobierno devolver la carga del avión".
Como se dijo, la columna de Morales Solá va en la misma dirección: toda ella, cada párrafo, es un largo lamento o queja que tiene por finalidad suprimir la sobería argentina , si fuera posible, para someterla a los designios del jefe de Estado de la primera potencia mundial.
¿Cómo puede ser, se pregunta, que "el jefe de la Casa Blanca recibió con honores en Washington a los presidentes de México, Brasil, Colombia, Chile y Perú, pero jamás encontró un hueco en su agenda para atender personalmente a la mandataria argentina "? Su respuesta la trae de "voceros" yanquis: "las características 'imprevisibles' del gobierno de los Kirchner".
¿Qué significa, en el lenguaje de La Nación, Morales Solá y el gobierno norteamericano, ser "previsibles"? Nada más y nada menos que atender con celeridad los designios de la potencia del norte, independientemente de la soberanía, las leyes y los intereses argentinos. Esta última es, en definitiva, la sumisión a la que el diario y su columnista nos conminan.