El 24 de marzo de 1976 representa la expresión más acabada del terrorismo de Estado. La violación sistemática de los Derechos Humanos por parte de quienes funcionaron como el brazo armado de los grandes grupos económicos, los cuales al no poder imponerse en las urnas acudieron a la fuerza para lograr instaurar las políticas que favorecieran a sus intereses. El programa neoliberal de Martínez de Hoz, llevado a su máxima expresión en la década de 1990, no hubiera sido posible sin la brutal represión que se ejerció sobre el campo popular.
El golpe significó el inicio de un período de siete años terribles que le tocaron vivir al país, donde 30 mil compañeros fueron torturados y desaparecidos por luchar por una Argentina más justa. Pensar en el 24 de marzo es recordar la existencia de centros clandestinos de detención, el robo de bebés nacidos en cautiverio, los vuelos de la muerte… Una etapa de nuestra historia donde el horror fue protagonista. Pero esta fecha nos recuerda también la heroica resistencia del campo popular, que nunca claudicó ni se rindió ante al terror que infundían los que controlaban ilegalmente el aparato represivo del Estado, que más que nunca se utilizó para el aniquilamiento del pueblo. Representa a Madres y Abuelas, quienes iniciaron hace más de 30 años un camino de búsqueda de la verdad y reclamo de justicia ante los crímenes aberrantes que cometía la dictadura.
Es casi imposible no recordar el histórico enjuiciamiento a los altos mandos militares, que empezó en 1983 con la vuelta de la democracia y que culminó en 1985 con las condenas a cadena perpetua de Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, los integrantes de la Junta Militar. La sensación de que por fin se hacía justicia se vio fuertemente debilitada cuando dos años después se dictaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que impidieron la apertura de nuevas causas y el procesamiento de mandos inferiores de las Fuerzas Armadas. Pero sería 1991 el año donde se viviera la mayor injusticia, cuando el por entonces presidente, Carlos Menem, firmó los indultos que permitieron que los mayores responsables del terrorismo de Estado salieran en libertad.
El pueblo continuó con su resistencia, su denuncia por las aberraciones cometidas y su búsqueda de justicia, y aun en los escenarios más adversos nunca bajó los brazos. Cada 24 de marzo las calles vieron al pueblo marchar bajo la consigna “Ni olvido ni perdón. Juicio y castigo a los culpables.”
Y es tan grande la fuerza del campo nacional y popular, que a pesar de las persecuciones, las desapariciones, los asesinatos y la represión sufrida a lo largo de tantos años, en 2003 se logró empezar a torcer la historia: el pueblo llegó al gobierno de la mano de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y allí llegaron también la justicia, la reivindicación de los Derechos Humanos y el fin de las políticas orientadas a los intereses de los más poderosos. En este nuevo período se anularon los indultos y se derogaron las leyes de impunidad, mientras que la nueva Corte Suprema de Justicia reafirmaba el carácter imprescriptible de los delitos de lesa humanidad. Esas medidas dieron lugar a la apertura de miles de causas contra represores que actuaron en los ’70: así, año tras año desde 2003 ha crecido el número de juicios y de condenas dictadas. El año 2010 fue récord: hubo 110 fallos contra responsables de esos gravísimos delitos. Se está haciendo justicia, y quedará para siempre en la retina del pueblo la imagen de Néstor Kirchner ordenándole al general Bendini que descuelgue los cuadros de Videla y Bignone en la ESMA.
Los Derechos Humanos constituyen una de las principales políticas llevadas adelante por este proyecto iniciado por Néstor y continuado desde 2007 por Cristina. Este modelo de país viene trabajando por la promoción y la protección de los Derechos Humanos en el presente: mediante la reducción de la pobreza y la indigencia, mediante el crecimiento del empleo, mediante la incorporación de más de 2 millones de personas al sistema previsional, mediante un mayor acceso a la vivienda, a la salud y a la educación, y mediante la Asignación Universal por Hijo, por mencionar algunas medidas concretas que tuvieron fuerte impacto sobre la calidad de vida de la población. También fueron y son reivindicados mediante la sanción de varias leyes que como argentinos y argentinas nos deben llenar de orgullo: la Ley de Protección Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley Nacional de Salud Mental, la Ley de Migraciones y la Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus víctimas. Finalmente, quiero destacar que fue también en este período donde se creó el Plan Nacional contra la Discriminación, mediante el cual el INADI trabaja día a día por un país justo para todos y todas.
El 24 de marzo me genera tristeza pero también esperanza al pensar en todas las organizaciones sociales que lucharon incansablemente en pos de que se hiciera justicia. Me genera satisfacción el hecho de saber que por fin un gobierno estuvo a la altura de la historia y trabajó para que las violaciones a los Derechos Humanos no quedaran impunes. El país circula por un rumbo nuevo, muy distinto al de las últimas décadas, en donde el pueblo es el protagonista. Recordamos con mucho respeto a los compañeros y compañeras desaparecidas, honramos a quienes encarnaron la resistencia y reafirmamos nuestro compromiso de seguir trabajando en la garantía irrestricta de los Derechos Humanos para todos y todas.
*nota publicada en Tiempo Argentino el 24 de marzo de 2011: http://tiempo.elargentino.com/notas/los-derechos-humanos-mas-que-nunca-agenda

El golpe significó el inicio de un período de siete años terribles que le tocaron vivir al país, donde 30 mil compañeros fueron torturados y desaparecidos por luchar por una Argentina más justa. Pensar en el 24 de marzo es recordar la existencia de centros clandestinos de detención, el robo de bebés nacidos en cautiverio, los vuelos de la muerte… Una etapa de nuestra historia donde el horror fue protagonista. Pero esta fecha nos recuerda también la heroica resistencia del campo popular, que nunca claudicó ni se rindió ante al terror que infundían los que controlaban ilegalmente el aparato represivo del Estado, que más que nunca se utilizó para el aniquilamiento del pueblo. Representa a Madres y Abuelas, quienes iniciaron hace más de 30 años un camino de búsqueda de la verdad y reclamo de justicia ante los crímenes aberrantes que cometía la dictadura.
Es casi imposible no recordar el histórico enjuiciamiento a los altos mandos militares, que empezó en 1983 con la vuelta de la democracia y que culminó en 1985 con las condenas a cadena perpetua de Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, los integrantes de la Junta Militar. La sensación de que por fin se hacía justicia se vio fuertemente debilitada cuando dos años después se dictaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que impidieron la apertura de nuevas causas y el procesamiento de mandos inferiores de las Fuerzas Armadas. Pero sería 1991 el año donde se viviera la mayor injusticia, cuando el por entonces presidente, Carlos Menem, firmó los indultos que permitieron que los mayores responsables del terrorismo de Estado salieran en libertad.
El pueblo continuó con su resistencia, su denuncia por las aberraciones cometidas y su búsqueda de justicia, y aun en los escenarios más adversos nunca bajó los brazos. Cada 24 de marzo las calles vieron al pueblo marchar bajo la consigna “Ni olvido ni perdón. Juicio y castigo a los culpables.”
Y es tan grande la fuerza del campo nacional y popular, que a pesar de las persecuciones, las desapariciones, los asesinatos y la represión sufrida a lo largo de tantos años, en 2003 se logró empezar a torcer la historia: el pueblo llegó al gobierno de la mano de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y allí llegaron también la justicia, la reivindicación de los Derechos Humanos y el fin de las políticas orientadas a los intereses de los más poderosos. En este nuevo período se anularon los indultos y se derogaron las leyes de impunidad, mientras que la nueva Corte Suprema de Justicia reafirmaba el carácter imprescriptible de los delitos de lesa humanidad. Esas medidas dieron lugar a la apertura de miles de causas contra represores que actuaron en los ’70: así, año tras año desde 2003 ha crecido el número de juicios y de condenas dictadas. El año 2010 fue récord: hubo 110 fallos contra responsables de esos gravísimos delitos. Se está haciendo justicia, y quedará para siempre en la retina del pueblo la imagen de Néstor Kirchner ordenándole al general Bendini que descuelgue los cuadros de Videla y Bignone en la ESMA.
Los Derechos Humanos constituyen una de las principales políticas llevadas adelante por este proyecto iniciado por Néstor y continuado desde 2007 por Cristina. Este modelo de país viene trabajando por la promoción y la protección de los Derechos Humanos en el presente: mediante la reducción de la pobreza y la indigencia, mediante el crecimiento del empleo, mediante la incorporación de más de 2 millones de personas al sistema previsional, mediante un mayor acceso a la vivienda, a la salud y a la educación, y mediante la Asignación Universal por Hijo, por mencionar algunas medidas concretas que tuvieron fuerte impacto sobre la calidad de vida de la población. También fueron y son reivindicados mediante la sanción de varias leyes que como argentinos y argentinas nos deben llenar de orgullo: la Ley de Protección Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley Nacional de Salud Mental, la Ley de Migraciones y la Ley de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus víctimas. Finalmente, quiero destacar que fue también en este período donde se creó el Plan Nacional contra la Discriminación, mediante el cual el INADI trabaja día a día por un país justo para todos y todas.
El 24 de marzo me genera tristeza pero también esperanza al pensar en todas las organizaciones sociales que lucharon incansablemente en pos de que se hiciera justicia. Me genera satisfacción el hecho de saber que por fin un gobierno estuvo a la altura de la historia y trabajó para que las violaciones a los Derechos Humanos no quedaran impunes. El país circula por un rumbo nuevo, muy distinto al de las últimas décadas, en donde el pueblo es el protagonista. Recordamos con mucho respeto a los compañeros y compañeras desaparecidas, honramos a quienes encarnaron la resistencia y reafirmamos nuestro compromiso de seguir trabajando en la garantía irrestricta de los Derechos Humanos para todos y todas.
*nota publicada en Tiempo Argentino el 24 de marzo de 2011: http://tiempo.elargentino.com/notas/los-derechos-humanos-mas-que-nunca-agenda