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Quien da limosna no da futuro

Info2/21/2011
Quien da limosna no da futuro

Economía & mercado
La frase con que titulo esta columna no es mía por cierto, pero la comparto 100%. Quizás el lector piense que pertenece a algún filósofo "de la derecha" más recalcitrante, o quizás a algunos de sus viejos líderes como Mussolini o Perón. Lamento decepcionarlo, nada de eso, fue el lema con el cual el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio da Silva, hizo campaña para que la gente no diera dinero a quienes pedían en las esquinas, en especial a niños y jóvenes. Es que el ex presidente de Brasil sabe por experiencia propia que el dar dinero a cambio de nada es el peor de los caminos y, en el mejor de los casos, sólo preserva el status quo y, pese a que implantó un plan de asistencia alimentaria, el mismo fue moderado en especie y con diseño razonable.
De los Mussolini sólo podemos esperar el peor de los populismos asistencialistas o la "carta del trabajo", la cual Perón copió a mediados de los 40 y sentó las bases para el poder de las corporaciones que han destruido Argentina. Aquí en Uruguay también tenemos algunas herencias de la época, como la ley de consejos de salarios, década del 40, en la que de manera mucho más moderada, se recogen algunas de aquellas ideas. Una diferencia sustancial en nuestra ley es que no designaba un sindicato ni una patronal oficial y, ya en la práctica, la acción del Estado en general fue ponderada, lo que impidió los excesos. Lamentablemente, en muchas leyes de reciente aprobación se hizo costumbre incluir "comisiones" o "administraciones" donde hay "un representante de la organización de trabajadores y otro de patronos más representativa ...". Al leerlo se me hiela la sangre. Usted se preguntará ¿a qué viene esto? Al giro que está tomando la discusión sobre la redistribución de la riqueza, y la irrupción en la misma de corporaciones, cuando debe ser un tema reservado al sistema político.
SISTEMA TRIBUTARIO. Creo no exagerar si digo que pocas o ninguna vez se han escuchado tantas "ideas" juntas acerca de reforma tributaria como las lanzadas en los últimos 30 días. No es mi propósito detallarlas pero algunas son tan extravagantes como impracticables, otras muy inconvenientes. Como todo el mundo sabe, los sistemas tributarios tienen un fin, recaudar de manera eficiente, por tanto, cualquier "invento" que lo complejiza atenta contra el mismo. También se sabe que deben ser simples, generales y de fácil comprensión, a la vez que no hay nada menos recomendado que incluir normas rebuscadas, exoneraciones dirigidas o andar cambiando el sistema con cada cambio de gobierno, menos aún todos los años. El sistema debe ser estable, porque debe ser predecible y establecer reglas de juego, buenas o malas, pero de largo plazo. De lo contrario la inversión se ve resentida frente a su potencial, ya que nadie arriesga mucho si no sabe que deberá pagar en 5 años. El sistema tributario fue modificado hace menos de 4 años, vuelto a cambiar en aspectos de relevancia el año pasado y ahora se dice que está "todo para discutir". ¡En qué lío nos vamos a meter! Luego de tanto barullo algo va a salir, nadie sabe qué, puede quedar en mero gatopardismo, pero de algo estoy seguro, será más complejo. Vale la pena recordar que el vicepresidente Astori, cuando integraba la fórmula presidencial con Mujica, expresó pública y privadamente a inversores, que todos los cambios en tributación estaban hechos y ninguno más se iba a realizar. Ya llevamos 3 en 10 meses, uno por ley especial, otro vía Presupuesto y un tercero con el Fonasa a los profesionales, una especie de adicional de IRPF con techo.
IVA. Quiero detenerme en la reducción de dos puntos en la tasa básica del IVA y la devolución para los sectores de menores ingresos, a lo que se llamó "impuesto personalizado". Los impuestos personalizados son un impracticable desarrollo teórico, que consiste en cobrar a cada persona un impuesto en función de lo que ella valúa el o los bienes públicos que recibe. Dígame usted cuánto estaría dispuesto a pagar por seguridad, educación, salud, recolección de residuos, etc., y eso le cobramos. El mayor problema es que las personas tienen fuertes incentivos a no revelar sus preferencias de manera correcta, subvaluándolas, y así pagar menos. Por tanto la devolución de una parte de un impuesto nada tiene que ver con la personalización de los mismos y más con una forma de impuesto a la renta.
En ocasión de la discusión sobre el Presupuesto Nacional, escribí una columna donde expresaba que no encontraba el espacio para la prometida reducción del IVA, cuyo costo es 0,8% del PIB, unos US$ 350 millones en 2011, y que la misma no estaba plasmada en las proyecciones. Mirando las cifras del resultado fiscal de 2010 y la proyección de 2011 me encuentro con que este año, sin reducir ningún impuesto, el déficit seguirá más o menos en el mismo nivel, lo que implica que, en otro año de extraordinario crecimiento, y con una economía funcionando a toda máquina nos volveremos a endeudar. Por tanto, salvo que se crezca por encima del 5,5%, o no se ejecute el presupuesto de gastos, no veo ningún espacio para la reducción del IVA en la magnitud planteada sin aumentar el déficit. Ahora bien, si hacemos crecer el déficit habrá que financiarlo. Para ello, en 2011 no hay problema, quizás tampoco en 2012, pero debemos atenernos a sus consecuencias más inmediatas, mayor presión en los precios y, si no hay alteraciones en el escenario internacional, mayor atraso cambiario.
Más allá de la "numerología", el debate me resulta muy interesante por las posiciones que defiende cada actor. Así, los sectores más "radicales" no quieren la reducción del IVA porque no llega a los más pobres. Confieso que estoy perplejo, "el peor de todos los impuestos, el más regresivo", el más denostado, por el que se libraban batallas llegando hasta el vitupero y la sospecha de vaya a saber qué ocultos intereses tenían sus partidarios, resultó no ser tan malo, ya que su estructura de 4 tasas (exonerados, exentas, mínima y básica) hace que los consumos populares estén muy poco gravados (1). Luego viene la idea de devolver el IVA a los sectores menos pudientes mediante la tarjeta del MIDES. Esta tarjeta, 87.000 en total, permite la compra de ciertos productos de la canasta básica y su importe mensual varía según el número de hijos entre $ 500 y $ 1.400 al mes. Este mes se duplicó el importe para unos 15.000 usuarios. Un cálculo sencillo nos diría que la devolución del 100% del IVA en las compras con ella, difícilmente sobrepase los $ 200 en el mejor de los casos, (el doble para los que se duplicó). El reintegro del 100% tendría un costo anual que no sobrepasaría los US$ 12,5 millones. Como además el mecanismo es complejo tengo toda la sensación que, para ser razonables y prácticos, esto termine directamente aumentando el importe por mes para gastar con la tarjeta, o sea en otra transferencia monetaria que apunta al igualitarismo y no a la equidad, como expresé en mi columna anterior. No hay plata para más que eso y su "venta" es fácil, es de las cosas que la gente "ve con agrado", aunque en el fondo sea una limosna que hay que evitar.
Si estoy equivocado y hubiera dinero del grande, sería mucho mejor reformar el IRPF y desgravar el trabajo, eso lo estimula y propende a la mejora de largo plazo.
ESTADÍSTICAS. Las autoridades están empeñadas en mostrar mejoras en los indicadores de pobreza e indigencia y está bien que así sea. El punto es que la mejora en el indicador puede no corresponderse con una en su real situación, para esto el progreso personal debe ser genuino y no sólo a nivel del indicador. Con el método adoptado y habiendo mucho dinero, como lo hay, mucho me temo que sólo se logre una mejora estadística y no en los hechos. Así, aumentando la transferencia monetaria, cuando se mide el nivel de ingreso, éste aumenta y las personas, estadísticamente, "salen de la pobreza", pero en los hechos continúan en ella y muchas veces se hunden aún más. La razón es que el mecanismo es: para seguir recibiendo este poco dinero con el cual sobrevivo no puedo progresar y nadie pasa de 1 a 10 de un momento para el otro. Por tanto, el tránsito implica riesgos ya que se deja de percibir algo seguro y ante un cambio de circunstancias se puede perder todo, de donde la búsqueda del salto no es algo que personas muy indefensas por carencias básicas de educación y habilidades intenten con frecuencia.
Una aclaración final, no estoy en contra de las transferencias focalizadas desde el Estado a las personas, pero éstas deben tener medida y razón, además de un programa armónico detrás. El problema es cuando se llevan al extremo y las personas terminan dependiendo casi exclusivamente de ellas para sobrevivir.
(1) De hecho si, como se debe, se analiza en su totalidad la imposición indirecta (aranceles, IMESI e IVA) se deduce que no es "regresiva".



ISAAC ALFIE

El PAis de Uruguay
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