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¿Es sano el aire que respiramos?

Info2/14/2011
Vivir entre malos humos: Claves de la contaminación urbana
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La semana negra que han sufrido Madrid y Barcelona por los altos niveles de polución ha hecho saltar las alarmas y ha reavivado la polémica



Los niveles de contaminación que padecen nuestras principales ciudades están empezando a resultar difícilmente soportables. Y la situación se agrava cuando, como ocurrió la semana pasada, se suceden varios días anticiclónicos, con escasas lluvias y poco viento. Aparecen entonces las famosas "boinas", las grandes urbes como Madrid o Barcelona se vuelven irrespirables, las alertas se disparan y resurge la polémica...

Hasta que un poco de agua (como la anunciada a partir de este domingo para la capital de España, por ejemplo) apacigua la situación y el tema queda aparcado de nuevo. La contaminación atmosférica provoca actualmente unas 370.000 muertes prematuras en la UE, 16.000 en España, según datos de la Comisión Europea. Sin embargo, hincarle el diente a una de las principales causas del problema, el imparable incremento del tráfico rodado en las ciudades, no parece fácil.

En una sociedad en la que el coche se ha vuelto intocable, las poco electoralistas apuestas por otros medios de transporte más ecológicos (bicicleta, vehículos eléctricos), o por restringir o encarecer la circulación, siguen lejos de la agenda real de los grandes ayuntamientos. Y la crisis, con el consiguiente miedo a aumentar cualquier tipo de impuesto o a dañar al comercio, no alienta precisamente las iniciativas más osadas.

Los ciudadanos, por su parte, tampoco están por la labor: Según señala el estudio Ciudadanía y conciencia medioambiental en España, publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2010, sólo el 10% de los españoles se muestra dispuesto a usar menos el automóvil por cuestiones ambientales, frente al 17% de media de la UE. ¿En qué consiste exactamente la polución que envenena nuestros cielos? ¿Cuáles son sus efectos para la salud? ¿Qué dice la Ley? ¿Cómo ha sido la controversia, política y medioambiental, creada por la situación crítica de estos días? ¿Qué soluciones se proponen, y qué medidas han adoptado ya otras ciudades europeas? Estas son las claves de un fenómeno propio de las sociedades urbanas e industrializadas al que, sin embargo, no habría por qué resignarse.

¿Qué es la contaminación del aire? El aire que compone la atmósfera, la capa que envuelve la Tierra, está formado por una veintena de gases en proporciones constantes. Cuando, debido fundamentalmente a la actividad del hombre, se alteran las proporciones naturales de esos gases o se detectan sustancias ajenas a las de la propia composición atmosférica, se contamina y degrada la calidad del aire, en ocasiones, en niveles superiores a lo tolerable para la salud. La Ley de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera, en vigor desde el 16 de noviembre de 2007, define la contaminación del aire como "la presencia en la atmósfera de materias, sustancias o formas de energía que impliquen molestia grave, riesgo o daño para la seguridad o la salud de las personas, el medio ambiente y demás bienes de cualquier naturaleza".

¿Qué la provoca? Los principales mecanismos de contaminación atmosférica son los procesos industriales que implican combustión, tanto en industrias como en automóviles y calefacciones residenciales, y que generan dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, entre otros contaminantes.

¿Qué efecto tiene sobre la salud? En España, la contaminación del aire causa 16.000 muertes anuales prematuras (370.000 en toda la Unión Europea), según datos de la Comisión Europea sobre Medio Ambiente. Otro informe, el del II Observatorio DKV Salud y Medio Ambiente 2010, realizado por la Fundación Ecológica y Desarrollo (ECODES) y DKV Seguros, señala que unas 300.000 personas podrían fallecer en Europa cada año a causa de la contaminación atmosférica. Los médicos indican que para las personas sanas, sin ningún síntoma respiratorio, las concentraciones excesivas de elementos contaminantes en el aire no representan un riesgo inmediato, aunque sí pueden tener efectos a largo plazo. Sin embargo, las personas que sufren alergias, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) u otras enfermedades respiratorias, así como niños y ancianos, son grupos especialmente sensibles. Según la directiva de la UE al respecto, las partículas contaminantes emitidas por la industria, el tráfico y la calefacción doméstica contribuyen a desarrollar problemas de asma, deficiencias cardiovasculares, cáncer de pulmón y muertes prematuras. La misma UE señala que el ciudadano europeo pierde de media ocho meses de esperanza de vida como consecuencia de la presencia en el aire de partículas tóxicas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de dos millones de personas mueren al año por la contaminación del aire (datos de 2006). Para la ONG Ecologistas en Acción, los episodios graves de contaminación que se mantienen durante varios días pueden aumentar la mortalidad hasta en un 5%.

¿A cuántos afecta? Teniendo como referencia las limitaciones establecidas por la UE, 16 millones de españoles respiran aire contaminado. Esta cifra se elevaría a 37 millones si se aplican los parámetros de la OMS. El último informe del Observatorio de la Sostenibilidad (OSE), publicado en febrero de 2008 con datos de 2005, señala que las ciudades con más de 500.000 habitantes rebasaron sistemáticamente ese año los límites de contaminantes. Trece ciudades españolas, encabezadas por Alcorcón, Madrid, Getafe, Barcelona y Valencia, presentaron concentraciones medias anuales de NO2 superiores a las fijadas para 2010, y el 75,7% incumplía el límite diario en partículas en suspensión. España, donde tres de cada cuatro ciudadanos respiran aire contaminado, dedica 16.839 millones de euros a afrontar los costes sanitarios derivados de la contaminación atmosférica, según el citado informe del OSE.

¿Qué leyes hay al respecto? En general, la Constitución establece en su artículo 45 que "todos tienen derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo". Más concretamente, la mencionada Ley de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera regula desde 2007 las actividades potencialmente contaminadoras y establece máximos para la emisión de gases. A finales del mes pasado, el Gobierno aprobó dos decretos relativos a la normativa sobre contaminación. El primero revisa los límites legales de contaminantes en el aire y las medidas a adoptar para cumplirlos, y el segundo actualiza ?con más de dos años de retraso sobre las previsiones de la Ley? la relación de actividades emisoras de contaminantes a la atmósfera y las medidas de control sobre las mismas.

¿Cuáles son las sustancias contaminantes y cómo están reguladas? La relación de materias contaminantes es muy amplia, pero, por su relevancia y toxicidad, destacan, las siguientes: Partículas en suspensión (PM). Son sustancias sólidas y líquidas, orgánicas e inorgánicas, compuestas por nitratos, sulfatos, amoniaco, carbón, agua, cloruro sódico y polvo de minerales que, o bien se emiten a la atmósfera tras el uso de combustibles en hogares, actividades industriales o motores de combustión, o bien se transforman en el aire debido a reacciones químicas. Según su diámetro, se clasifican en PM10 (diámetro menor de 10µg (microgramos) y PM2,5 (menor de 2,5µg). Las PM2,5 son las más peligrosas, ya que una vez inhaladas, pueden entrar en el flujo sanguíneo y derivar en enfermedades que pueden ser mortales, informa la agencia Efe.

El Decreto de 2002, adaptado a la Directiva de 1999, establece que el valor límite diario de las PM10 será de 50 µg/m3, y que éste no podrá superarse en más de 35 ocasiones al año, mientras que el valor límite anual será de 40µg/m3. Las PM2,5 se incluyen, por primera vez, en la Directiva aprobada por el Consejo de Europa en abril de 2008, que obliga a reducir un 20% para 2020 la exposición a esas partículas en las zonas urbanas con respecto a los niveles de 2010. Monóxido de Carbono (CO). Es un gas incoloro e inodoro, resultado de la combustión incompleta del carbón, la gasolina, la madera, etc. Es altamente tóxico, ya que dificulta la distribución del oxígeno en la sangre.

El Decreto de 2002, adaptado a la Directiva de 2000, establece un valor límite de 10µg/m3 como media de ocho horas máximas en un día. Ozono (O3). De color azulado y olor fuerte, es altamente tóxico y se encuentra como contaminante de la troposfera. El Real Decreto de 2003 fija el nivel en 120µg/m3, una marca que no deberá superarse más de 25 días por año de promedio, en un periodo de 3 años. Dióxido de Nitrógeno (NO2). Es de color rojizo, venenoso y corrosivo. Su principal fuente de emisión procede de la quema de combustibles a altas temperaturas. Es el principal responsable de la "boina" en las ciudades y provoca inflamación en las vías respiratorias. El Real Decreto de 2002 establece el límite en 40µg/m3 de media anual y 200 µg/m3 de media en una hora, que no podrá superarse en más de 18 ocasiones por año. Dióxido de Azufre (SO2). Gas incoloro, se produce por la combustión de carbón y petróleo. Provoca irritación de las vías respiratorias y puede alterar la función pulmonar.

El Decreto de 2002 establece un límite de 359µg/m3; se fija el valor límite diario en 125µg/m3, que no podrá superarse en más de 3 ocasiones por año, y el umbral de alerta en 500µg/m3 durante tres horas consecutivas.
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