InicioInfoPosible escape de Hitler a la Antartida

Posible escape de Hitler a la Antartida

Info12/29/2010
Posible escape de Hitler a Argentina o Antartida
5b415a0a74765006f122f979f487f751
¿UN ESCAPE A LA ANTÁRTIDA?





El famoso Almirante norteamericano Richard Evelyn Byrd, hombre valiente y aventurero, uno de los pioneros en llegar a la Antártica (léase su gran obra Alonespan) declaró en una oportunidad -a propósito de la desaparición de Hitler y algunos otros personajes del Tercer Reich- que el enemigo está entre nosotros y la Antártida.

Byrd equivalía en Estados Unidos a lo que el Capitán Richter en Alemania, al atravesar zonas inexploradas del Continente Helado, y hasta asegurar la presencia de los polémicos oasis con vegetación y aguas termales en medio de los hielos milenarios, de los que nadie ha vuelto a hablar. Miguel Serrano, uno de los primeros civiles en visitar la Antártica (en 1948), ha escrito intensamente sobre estas historias.

El famoso Almirante Doenitz, por su parte, había declarado en 1943 que los submarinos alemanes habían descubierto un paraíso inexpugnable en algún lugar austral del planeta.

La idea de que los alemanes se habrían escondido en bases secretas de la Antártica no es nueva. Fue sumamente difundida al final de la Segunda Guerra, y los aliados enviaron hasta sus propias expediciones intentando confirmar cualquier rumor de esta idea, que suena tan descabellada.




Entre las misiones, la principal fue dirigida por el Almirante Byrd en persona. Se sabe incluso que llegaban con frecuencia a uno de los fiordos australes de Chile, en la zona de Palena y junto a las islas Guaitecas, creyéndose incluso que existiría una compleja base abandonada y perdida en la geografía patagónica pacífica.

Existía abundante material fotográfico evidenciando este hecho, pero ha desaparecido paulatinamente de los medios impresos, aunque algunas referencias se han dado en los archivos del FBI desclasificados por Estados Unidos entre 1998 y 1999.

Esta misma agencia yanki había realizado amplios operativos en los países sudamericanos recibiendo de Chile una extraña información que, hacia los años '60, corría como rumor: algunos jerarcas nazis, como Martin Bormann, se encontrarían en la Antártida, en el caso de Bormann con el nuevo nombre de Juan Keller.

Con el tiempo, la leyenda se olvidó y pasó a formar parte de los tantos mitos de la Segunda Guerra. Imaginar a Hitler escondido en la Antártica era, simplemente, algo demasiado fantástico como para darle crédito histórico, y tienen razón.


Sin embargo, en fechas recientes y gracias a la iniciativa de los grupos aficionados al realismo fantástico, el tema a vuelto a ponerse en boga y se han presentado como pruebas algunos hechos que por casi 60 años permanecieron en la penumbra permanente.

La pregunta resurgió: ¿Es posible, es racionalmente aceptable que Hitler, efectivamente, esté oculto en algún la Antártida?

Las pruebas que los creyentes de esta idea esgrimían contra sus detractores eran débiles: que los alemanes realizaron extraños experimentos de resistencia y hasta animación suspendida en condiciones de frío similares a las del polo (experimentos que sí se realizaron, y no con pobrecitos judíos sometidos a congelación, como ya estarán imaginando algunos) y que la Antártida sigue siendo, hasta ahora, el lugar ideal para esconder una base ultrasecreta sin ser descubierto jamás.

Otros agregan a esto la teoría de que la Tierra es hueca y con entradas en los polos, enormes boquetes dentro de los cuales habrían entrado los miembros de la más selecta aristocracia esotérico-criptopolítica alemana, con Hitler a la cabeza

Como se ve, los argumentos, si bien son válidos, no sólo no comprueban nada, sino que alejan la teoría de cualquier intento por acercarla a un hecho histórico y verificable.

Sin embargo, las cosas cambiaron. Recientes trabajos de muchos autores de historia y literatura han vuelto a reflotar un hecho que había sido prácticamente olvidado por los anales cronológicos de América.

Esto es un hecho real y comprobado, de modo que su falta de difusión no puede ser obra de otra cosa que un intento por llevarlo al olvido.

En 1945, varios meses después de terminada la Guerra, llegaron hasta las costas argentinas de Mar del Plata un par de valiosos y modernísimos submarinos alemanes, capaces de permanecer hasta seis meses sumergidos, y cargados de más hombres de los que necesitaría cualquier misión usual.

Traían una curiosa carga de cigarrillos, a pesar de que ninguno de ellos fumaba (como es tradicional entre los austeros oficiales de este tipo de naves).

Los submarinos llevaban mucho tiempo en el mar, lo que es más extraño aún. La tripulación no tuvo una razón satisfactoria para explicar su presencia en estas aguas australes ni por qué las naves estaban falsamente clasificadas con las series U-530 y U-977, correspondientes en realidad a dos viejos submarinos que en los archivos navales de la Marina Alemana aparecían incluso en reparaciones, de modo que la adulteración era una clara muestra de que se trató de ocultar la desaparición de estas naves.

Los norteamericanos enviaron en tiempo récord una enorme dotación de oficiales que apresaron a los alemanes y se los llevaron a Estados Unidos haciéndolos desaparecer.

Actuaron con tal intriga y rapidez que prácticamente, nadie supo de lo que sucedió. Fue instantáneo. Sin embargo, inmediatamente después comenzaron sus expediciones a la Antártida, siendo la mayor de ellas la del Almirante Byrd, quien volvió convencido de que los jerarcas alemanes que no estaban en Nüremberg, yacían en un secreto refugio antártico.

Sus expediciones principales tuvieron lugar entre 1946 y 1947, y en ellas los americanos utilizaron sus más modernos aparatos de sondeo y rastreo, aviones y buques.

Tal despliegue jamás habría tenido lugar en base a un mero rumor fantasioso.



La noticia que circuló entonces, incluso entre algunos medios de prensa de la época, era que los dos submarinos habrían sido parte de un enorme convoy que salió de Alemania con Hitler y sus principales asesores hasta algún lugar secreto de las tierras australes, el paraíso inexpugnable del Almirante Doenitz.

Las naves, producto de las tormentas en altamar de ese año, se extraviaron y, como es común en las misiones ultrasecretas, por ser parte de la comitiva de compañía, desconocían el lugar al que se dirigían, limitándose a seguir a los guías.

Fue así como, extraviados y rendidos a su mala fortuna, llegaron perdidos hasta Mar del Plata.


CHILE TAMBIÉN INVOLUCRADO


Ese mismo año de 1945 en que llegaban a Mar del Plata los submarinos alemanes, una situación muy extraña tuvo lugar en Talcahuano, puerto situado junto a la ciudad de Concepción, en la VIII Región del Sur de nuestro país. La historia no es demasiado popular entre sus actuales habitantes, pero aun así ya ha tomado ribetes de leyenda.

En Chile se había dado una situación curiosa. El Presidente radical, Juan Antonio Ríos, había declarado muchas veces su desprecio hacia los países aliados y esto valió más alguna mención honrosa de parte de la Alemania Nazi hacia nuestro pueblo chileno.

Incluso había sido expulsado del Partido Radical en 1931 por su apoyo a la dictadura del General Carlos Ibáñez del Campo.

Ríos, casado con una mujer de ascendencia alemana y él mismo muy admirador de los alemanes (a quienes conocía principalmente por la colonización germana en el Sur de Chile), llegó al punto de amenazar a los norteamericanos, a través de su embajador Bowers, con bombardear naves aliadas atracadas en la isla de Chiloé, si Chile era presionado indebidamente a romper relaciones con el Eje.

Sin embargo, mantener la sola neutralidad se convirtió en todo un desafío. Desde el mismo Gobierno hubo una y otra vez funcionarios que intentaron arrastrar a Chile a declararle la guerra a Alemania, imitando a las otras 80 naciones que lo habían hecho ya, la mayoría de ellas simbólicamente.




Tanto el Canciller chileno, don Ernesto Barros Jarpa, como el Embajador en Alemania, Tobías Barros Ortiz, lograron aplacar una y otra vez estas intentonas antigermanas; pero, finalmente, las fuerzas imperialistas triunfaron y Chile terminó en la lista de países que, de malas ganas en este caso, firmaron la declaración de guerra contra la Alemania de Hitler, contra Japón y contra Italia, el día 20 de enero de 1943.

Es curioso que las presiones hayan provenido, por un lado, de un boicot económico de parte de los Estados Unidos, y por otro, de sus archienemigos marxistas internos que amenazaban con producir una agitación social si el presidente no cedía a tales presiones.

Sin embargo, ni Ríos ni su sucesor en el palacio de Gobierno, otro radical, el ilustre Gabriel González Videla, dejaron de lado su adhesión personal al Eje y su admiración por la epopeya nazista.

Chile era, así, uno de los países donde el Estado Mayor alemán consideraba la presencia de suficientes amigos que garantizaran la seguridad de sus hombres en caso de una emergencia.

La Argentina de Juan Domingo Perón también lo hubiese sido en otras condiciones, pero los norteamericanos se habían asegurado un control en dicha nación al final de la guerra, a sabiendas de que podía transformarse en una vía de escape por el Atlántico para los nazis alemanes.

Pues bien, se acercaba el fin del año de 1945 cuando una pequeña flotilla de poderosos submarinos alemanes de escolta, medio extraviados en aguas del Pacífico, llegaron de emergencia al puerto de Talcahuano.

Habían perdido el curso del mismo modo que las naves que llegaron a Mar del Plata, y remontaron rumbo más hacia el Norte, por aguas chilenas, intentando una acción de autosalvamento.

¿Qué era lo que podrían haber escoltado en este lado del mundo?.

A diferencia de lo sucedido en Argentina, las autoridades se arriesgaron a no dar información a los norteamericanos sobre lo sucedido (los radicales de entonces nunca se llevaron bien con Estados Unidos) y todas las evidencias fueron hechas desaparecer.

Los hombres, sus naves y la historia quedaron en el anonimato de un rumor que hoy es leyenda.

¿De dónde venían? ¿Qué hacían en estas aguas? ¿Qué misión de oficiales expertos podría haber tomado la tarea de viajar en forma suicida hacia las aguas antárticas, si no fuera, en efecto, hacia un refugio o campamento inexpugnable?

Han pasado los años. Los episodios de los submarinos alemanes en Mar del Plata y Talcahuano ya son leyendas. La historia de Hitler en la Antártida también lo es... De hecho, el Führer es en sí mismo leyenda.


Datos archivados del Taringa! original
0puntos
575visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

m
mesamarron🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts201
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.