El 9 de octubre de 1967 el Che Guevara dio la última orden, esta vez a su verdugo: "Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre". La balas de la ráfaga de la ametralladora lo atravesaron y se derrumbó de costado mal herido, para ser rematado finalmente por otros disparos.
San Ernesto de la Higuera
En la pequeña ciudad de Vallegrande, cada 9 de octubre se le rinde tributo al legendario revolucionario. Al margen de ofrendas con flores, velas y plegarias, e invocaciones a su espíritu para interceder por ayuda o algún milagro, cada aniversario de su muerte se convierte en una peregrinación de cientos de personas, en su mayoría jóvenes. El periodista boliviano Jorge Suárez, director del periódico "Correo del Sur", en la ciudad de Cochabamba, opinó al respecto: "La figura del Che a nivel popular ha sufrido una curiosa transformación. El pueblo boliviano lo ha incorporado a su panteón político más como un santo que como un revolucionario, pues se lo ve como parte de la mística popular. Creo que el Che trasciende a través de su propia muerte, de su enorme sacrificio y heroísmo, y eso es ya patrimonio del pueblo latinoamericano y en particular del boliviano.
La figura del Che emerge porque en el mundo en que vivimos hay una crisis de ideales, de valores y es como si asistiéramos a la muerte de la utopía".
Los vallegrandinos no hacen sutiles diferencias políticas entre izquierda y derecha por lo que para ellos el guerrillero es antes que nada un " almita milagrosa " dadas las trágicas circunstancias de su muerte.
La cinta Di buen día a papá se muestra respetuosa de aquella cosmovisión en la cual la política es sobrepasada por la mitología en la que el guerrillero se ha convertido con el transcurso de los años en un santo a quien los lugareños acuden con sus ruegos para que sea un intermediario con el numinoso.
En su conciencia mágica no reconocen en él a un luchador social sino a un alma que puede ayudarlos a sobrellevar las penas de la vida cotidiana. Incluso las caravanas de los guevaristas pueden ser consideradas como romerías a un hombre que alcanzó dimensiones sobrehumanas por el misticismo que irradia. Las secuencias sobre el extravío de Angela y la conversión de la Mamisa para poner la foto del "Che " en el altar evidencian este hecho en el que tenemos a un San Ernesto de La Higuera .
Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con veneración del "Santo Che" .
". Por ahora miles de campesinos bolivianos le rezan a San Ernesto de Vallegrande pidiéndola algún milagro o agradeciéndole por una gracia otorgada.
Comentarios con intencion de generar forobardo o agresivos, seran inmediatamente suprimidos
San Ernesto de la Higuera

En la pequeña ciudad de Vallegrande, cada 9 de octubre se le rinde tributo al legendario revolucionario. Al margen de ofrendas con flores, velas y plegarias, e invocaciones a su espíritu para interceder por ayuda o algún milagro, cada aniversario de su muerte se convierte en una peregrinación de cientos de personas, en su mayoría jóvenes. El periodista boliviano Jorge Suárez, director del periódico "Correo del Sur", en la ciudad de Cochabamba, opinó al respecto: "La figura del Che a nivel popular ha sufrido una curiosa transformación. El pueblo boliviano lo ha incorporado a su panteón político más como un santo que como un revolucionario, pues se lo ve como parte de la mística popular. Creo que el Che trasciende a través de su propia muerte, de su enorme sacrificio y heroísmo, y eso es ya patrimonio del pueblo latinoamericano y en particular del boliviano.
La figura del Che emerge porque en el mundo en que vivimos hay una crisis de ideales, de valores y es como si asistiéramos a la muerte de la utopía".
Los vallegrandinos no hacen sutiles diferencias políticas entre izquierda y derecha por lo que para ellos el guerrillero es antes que nada un " almita milagrosa " dadas las trágicas circunstancias de su muerte.
La cinta Di buen día a papá se muestra respetuosa de aquella cosmovisión en la cual la política es sobrepasada por la mitología en la que el guerrillero se ha convertido con el transcurso de los años en un santo a quien los lugareños acuden con sus ruegos para que sea un intermediario con el numinoso.
En su conciencia mágica no reconocen en él a un luchador social sino a un alma que puede ayudarlos a sobrellevar las penas de la vida cotidiana. Incluso las caravanas de los guevaristas pueden ser consideradas como romerías a un hombre que alcanzó dimensiones sobrehumanas por el misticismo que irradia. Las secuencias sobre el extravío de Angela y la conversión de la Mamisa para poner la foto del "Che " en el altar evidencian este hecho en el que tenemos a un San Ernesto de La Higuera .
Pero ahora, los mismos campesinos que no quisieron ayudar al Che vivo, y que incluso dijeron a los militares dónde podían encontrarlo, hablan con veneración del "Santo Che" .
". Por ahora miles de campesinos bolivianos le rezan a San Ernesto de Vallegrande pidiéndola algún milagro o agradeciéndole por una gracia otorgada.
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