Poema mio, opinen porfa 
Me baje del bondi, tarde fresca, soleada, tranquila. De esas tardes que a uno le gustaría estar en casa tomando un mate cocido con galletitas mirando por la ventana de la cocina el patio y pensar que fresquito hace! Por suerte el sol aliviaba bastante, caminaba, siempre con la vista posada en el piso polvoriento más bien de tierra semiverde que hay entre la parada y mi casa. Esa vez las dos cuadras parecieron no terminar más, yo estaba muy concentrado con mi vista fija en el piso para encontrar lo que me preparara el tosco camino. De repente como de sorpresa tropiezo con una pierda. Me asombro, porque no la había visto a pesar de mi mirada clavada audazmente en el suelo, como un pointer mirando su presa. Luego de pensar todo aquello comienzo a patearla, una vez, dos veces, a la tercera de me raspo el zapato, pero no me importaba, yo solo quería seguí pateando aquella piedra que me tenia embobado. Cuarta, quinta, y a la sexta vez… La piedra se traba en un charco llego de barro de la noche anterior que había llovido. Me detengo y miro con tristeza aquella piedra que tanto me divertía. Intento sacarla pero, claro. Termino con mi zapato roto y la piedra estaba llena de barro, que dejo el rastro de por donde yo la había llevado. Y así, hasta llegar a mi casa. Esa piedra fue lo único en lo que pensaba.
Pablo Varone 27/8/2007

Me baje del bondi, tarde fresca, soleada, tranquila. De esas tardes que a uno le gustaría estar en casa tomando un mate cocido con galletitas mirando por la ventana de la cocina el patio y pensar que fresquito hace! Por suerte el sol aliviaba bastante, caminaba, siempre con la vista posada en el piso polvoriento más bien de tierra semiverde que hay entre la parada y mi casa. Esa vez las dos cuadras parecieron no terminar más, yo estaba muy concentrado con mi vista fija en el piso para encontrar lo que me preparara el tosco camino. De repente como de sorpresa tropiezo con una pierda. Me asombro, porque no la había visto a pesar de mi mirada clavada audazmente en el suelo, como un pointer mirando su presa. Luego de pensar todo aquello comienzo a patearla, una vez, dos veces, a la tercera de me raspo el zapato, pero no me importaba, yo solo quería seguí pateando aquella piedra que me tenia embobado. Cuarta, quinta, y a la sexta vez… La piedra se traba en un charco llego de barro de la noche anterior que había llovido. Me detengo y miro con tristeza aquella piedra que tanto me divertía. Intento sacarla pero, claro. Termino con mi zapato roto y la piedra estaba llena de barro, que dejo el rastro de por donde yo la había llevado. Y así, hasta llegar a mi casa. Esa piedra fue lo único en lo que pensaba.
Pablo Varone 27/8/2007