INTRODUCCIÓN
Martín Palermo, con sólo 27 años fue el mayor goleador de Boca y de todo el país en torneos cortos.
Hincha de Estudiantes desde que nació, el club donde empezó a jugar a los 12 años. Ya antes jugaba al fútbol en un equipo de la Liga, For Ever.
Al secundario lo terminó, pero entre las materias que se llevó figuraba “matemáticas”, justo él, que es una máquina de sumar goles.
En el año 1992 con tan sólo 18 años, debutó en primera División, llegando luego de una vertiginosa carrera a convertirse en el delantero de Boca Juniors más eficaz de la década.
En 1997 llegaría a Boca, y con sus goles, el equipo saldría campeón del Apertura ´98, luego de 6 años de sequía. Martín, recuerda, que cuando estaba en Estudiantes, un entrenador le dijo que sólo servía para cortar el pasto.
No soñaba con ser una estrella, nunca lo imaginó ni lo pensó, las cosas fueron pasando.
Llegó a valer 25 millones de dólares pero lo quiso comprar la Lazio, de Italia, por 33 millones de dólares. También lo tenía en vista el Parma, de Italia, decían que era el mejor candidato para suplantar a Crespo.
Para poder ser futbolista, el padre de Martín le puso una condición: “- Si querés jugar al fútbol, jugá, pero primero terminá el secundario”. Promesa que cumpliría mitad de día y mitad de noche.
Fue un jugador que levantaba los brazos, los movía como aspas y erizaba a multitudes que algunos llaman Pueblo de Boca.-
LA FAMILIA
Tanto en su vida privada como en su carrera profesional, el jugador tiene reservado un importante espacio para sus afectos. Su familia de una u otra manera, siempre está presente. Palermo sabe que sus hijos son su gran sostén afectivo. Su ex mujer, Jacqueline, sus hijos, Ryduan (propio), Ayline (de la anterior pareja de Jacqueline ) a la cual quiere como propia.
Su madre es María Juana Escorpino, y su padre Carlos Jorge Palermo. Con Gabriel, su hermano, tiene una muy buena relación.
Su primer contacto con la pelota
-¿ Tu familia te apoyó en las malas?
-Siempre. Y también mis padres. Me llaman, van a la cancha. Incondicionales. Porque en las buenas se te acerca más gente que la que necesitas. Pero cuando estás mal, ahí está la familia.
-¿ Se puede comparar la felicidad de ser bicampeón con Boca, con alguna otra?
Si, soy tan feliz como cuando fui papá. O cuando formé mi familia. Aunque sé que son cosas difíciles de comparar, puedo decir que esta alegría es tremenda.
-¿ Cómo presenciaste el nacimiento de tu hijo?
-No lo hice, pero fui de cambiar pañales y hacer mamaderas.
-¿ Sos un buen padre?
-Si, pero podría serlo mejor. Debería esforzarme un poco más. Pasa que a veces llego cansado del entrenamiento y no comparto el tiempo suficiente con ellos. Pero me divierten, con mi señora siempre nos reímos de las cosas que hacen los chicos.
-Al hacer un gol. ¿ Se te aparecen las caras de tus seres queridos?
- Si, lo que pasa es que siempre están en la cancha. Y cuando hago un gol, los busco y me acuerdo de ellos. Y siempre están presentes.
ESTUDIANTES, SUS INICIOS
En Estudiantes: Jugó 90 partidos y convirtió 34 goles.
Palermo ha salido de las inferiores de Estudiantes, pasó por todas las categorías, desde novena hasta llegar a primera. En declaraciones hechas a la Revista de Estudiantes, Martín cuenta como llegó al club:
En las inferiores de Estudiantes
"Yo de chico seguía los pasos de mi hermano, que era arquero en las inferiores de Estudiantes, y me metí también como arquero en las categorías infantiles del club. Pero mi hermano dejó el fútbol para jugar al vóley, y yo también me fui con él. Hasta que un amigo me invitó a jugar al fútbol en el club For Ever. Y allí jugué con los mellizos Barros Schelotto, con el Gato Sessa, Jhonsson.. Después unos se fueron para Gimnasia y otros para Estudiantes. A mí me había visto Daniel Epeloa, que me trajo a Estudiantes cuando estaba el Bocha Flores como técnico de las inferiores. Y quedé, al principio me costaba, pero después agarré la titularidad y seguí. Salimos campeones en varias divisiones, y con Serfaty éramos siempre los goleadores, desde la novena hasta la quinta. Después salté a la Reserva, donde volví a salir campeón, y goleador del equipo junto a Luis Suarez".
Palermo empezó a sacar chapa de goleador en las diferentes categorías. De esta manera se convirtió en el máximo artillero de cada una de las divisiones. Martín fue integrante de una camada de jugadores -la mayoría nacidos en el año '73- que se cansó de ganar todo en las inferiores.
Pero le costó muchísimo afianzarse en la primera de Estudiantes. Su debut en primera fue el 5 de julio de 1992, cuando sólo tenía 18 años. Fue por la última fecha del Torneo Clausura 1992 y su adversario era San Lorenzo de Almagro, en la cancha de Ferro. El partido terminó empatado y Palermo reemplazó a Freddy Vera al inicio de la segunda etapa.
LA LLEGADA A BOCA. 1997-2000/2004-?)
Luego de disputarse con River la contratación, llegó a Boca en junio de 1997. Comenzó con más dudas que certezas, pero se terminó afianzando y convirtiéndose en ídolo xeneize. Allí fue bicampeón local, campeón de la Copa Libertadores y del Mundo, marcando los dos goles decisivos para quedarse con la Intercontinental.
Martín no entró a Boca con el pie derecho. Su pase tardó más de un mes en concretarse. Estudiantes no quería desprenderse de él, pero finalmente lo hizo por la suma de 4 millones de dólares. En junio de 1997 dejó el club de sus amores para viajar al equipo más grande de Argentina. Boca lo esperaba en medio de una crisis que se reflejaba en los cinco años sin ganar un campeonato. Tardó en adaptarse y los medios de difusión nacionales empezaron a poner en duda su juego. Todo parecía indicar que iba a terminar como otros tantos delanteros que pasan por Boca sin pena ni gloria. Le criticaban que sólo sabía cabecear.
EL PRIMER GOL CON LA AZUL Y ORO
Su primer gol con la camiseta de Boca fue el 30 de septiembre de 1997 en la séptima fecha del torneo Apertura, el rival era Independiente y el arquero Faryd Mondragón. A partir de ese momento Palermo iba a demostrar que no estaba dispuesto a pasar desapercibido por Boca
La gente de Boca dudaba de la capacidad de Palermo. Era criticado por sus actuaciones y porque no cumplía -según ellos- con la función que tenía, que era hacer goles.
EL BAUTISMO A RIVER
En la décima fecha del torneo Apertura 97, Boca tenía que enfrentar a su archirrival. El partido contra River era una prueba de fuego para Martín, y, como siempre, respondió con lo que mejor sabe hacer: goles. River se puso en ventaja con gol de Berti. En el segundo tiempo el “Huevo” Toresani empató el partido. A los 22 minutos Martín consiguió el triunfo. En un corner para Boca, se produjeron muchos forcejeos en el área, y en ese instante, Palermo se elevó más alto que todos los demás y con un cabezazo de pique al suelo decretó el gol. Se sacó la camiseta y bajo la lluvia festejó con todos los hinchas, quizás con un poco de bronca acumulada porque las cosas, hasta ese momento, no le había salido como él esperaba.
EL VERDUGO
En su poco tiempo jugando para Boca, se puede decir que Martín ya tiene de “hijo” a River. Pero esta paternidad tiene su historia. Jugando para Estudiantes ya le hizo varios goles. Para Boca jugó 11 partidos contra las “gallinas” y les convirtió 8 goles. ¡Impresionante!.
Por citar un ejemplo de lo que se está afirmando con seguridad podemos citar un partido en particular, jugado por una de las tantas copas de verano, donde Palermo se despachó con tres goles para la holgada victoria de Boca por 3-0 contra su archirrival. El primero a los 15 minutos de la etapa inicial. Luego de un tiro libre que ejecutó Riquelme desde la izquierda, Palermo entró por la derecha, paró la pelota con el pecho, y con un zurdazo certero venció a Burgos, al cual la pelota le pasó por entre las piernas.
En el segundo tiempo, a los 6 minutos, Palermo recibió otra pelota de Riquelme, y esta vez desde afuera del área despidió un zurdazo ante la salida desesperada de Burgos. A los 27 minutos Palermo le puso el moño a una actuación fantástica. Sobre la izquierda, lejos del arco, tras un saque de Burgos que no pudo dominar Hernán Días, el delantero tomó la pelota, vio al arquero adelantado, patió un zurdazo desde 35 metros aproximadamente que fue camino hacia la red ante el regreso desesperado del guardametas.
LA NOCHE INOLVIDABLE
El 24 de mayo de 2000 quedará guardado en la memoria y en el corazón de todos los hinchas Xeneizes, como uno de los días más gloriosos en la historia del club y particularmente como el día de: Martín Palermo.
Se jugaba la revancha de los cuartos de final de la Copa Libertadores ante River. Boca debía ganar por dos o más goles de ventaja para pasar automáticamente a las semifinales de la Copa (en el encuentro de ida había caído 2 a 1, en el Monumental). Cuando el reloj marcaba 77’ ingresó al campo de juego Martín Palermo, luego de 6 meses de inactividad por la rotura de ligamentos cruzado. En ese momento la Bombonera explotó, menos el sector visitante, que se quedó mudo del miedo que le agarró. La noche no podía ser más perfecta: Apenas ingresó, Riquelme (de penal) puso el partido 2 a 0. Pero eso no era nada a comparación de lo que faltaba venir. A siete minutos del final del encuentro, Palermo recibió la pelota dentro del área rival, giró muy lentamente, ante la mirada atenta de los defensores millonarios, le pegó al balón y lo colocó junto al palo derecho del arquero Bonano...... GOOOOL, 3 a 0 ¡¡¡y a festejar!!! Palermo lloraba de la alegría, la 12 gritaba como nunca, y no era para menos, Boca pasaba a la semifinal de la Copa Libertadores de América y dejaba afuera a River, su eterno rival..
Si para ese entonces, Palermo ya era muy querido por todos los boquenses, esa noche, sin lugar a dudas, se metió definitivamente en el corazón de la Mitad Más Uno.
SIEMPRE A GIMNASIA
Gimnasia y Boca se enfrentaron en la fecha decimosexta del torneo Apertura 97. Los dos equipos peleaban, junto a River el campeonato; el que perdía se olvidaba. Además de estos factores que influían en el partido, se agregaba uno más: era el primer partido de Martín Palermo contra Gimnasia jugando para Boca. Es de público conocimiento que Palermo es hincha fanático de Estudiantes, por lo que la hinchada de Gimnasia lo recibió muy mal. Para exteriorizar aún mas su fanatismo, ese día tenía puesto unos botines rojos con vivos blancos.
El partido era muy trabado y sin goles. Parecía que el mayor favorecido era River, ya que sacaba dos puntos de diferencias a su inmediato perseguidor, Boca. Pero todavía quedaban algunos minutos y Martín los sabe aprovechar.
Luego de un centro desde la derecha y con la tribuna de Gimnasia detrás, Palermo se elevó y con un cabezazo cruzado estableció el 1-0 definitivo. Pero no termina ahí.
Mas allá de lo que el gol significaba para Boca, porque seguía en la lucha por el campeonato, Palermo lo festejó con alma y vida por su pasado Pincha.
Salió desaforado gritando el gol frente a toda la hinchada gimnasista, se dirigió al banco de suplentes de Gimnasia, y le dio la mano a Grigoul, en un gesto de grandeza. Después frente a la platea techada de Gimnasia, se besó los botines albirrojos, lo que provocó la ira de los hinchas locales. El 7 de diciembre de 1997 no fue un día mas en la vida de Martín. La gente de Estudiantes no se olvida de ese gesto. Porque el corazón de Palermo es rojo y blanco.
Palermo se enfrentaba por segunda vez a su rival particular. Esta vez fue nuevamente el jugador imprescindible para poder ganar. Boca ganaba 1-0 con gol de Fabbri. El “Pampa” Sosa se encargó de empatar el partido, todavía en el primer tiempo. En la etapa final, Palermo se enchufó e hizo dos goles. En el primero recogió un rebote dentro del arco y de zurda venció al arquero del “Lobo”, Enzo Noce. El segundo fue un gol típico de él: luego de un centro desde la derecha, se elevó, y con un gran cabezazo introdujo la pelota en el centro del arco. Para sorpresa de todos y para que dejen de criticarlo por sus festejos excéntricos, sólo gritó los goles, aunque en uno hizo como si se hubiese desmayado. De esa manera, Palermo hizo los dos goles para sentenciar la victoria de Boca contra Gimnasia, y él en particular con la hinchada tripera, que lo había insultado todo el tiempo.
LA PRIMERA TEMPORADA
Con el pasar de los partidos y a fuerza de goles se fue ganando la confianza del técnico y de los hinchas. En su primera temporada con la camiseta de Boca convirtió 8 goles.
En el segundo torneo con Boca, Palermo se afianzó junto con su ex-rival Guillermo Barros Schelotto y formaron una dupla temible, quizás la mejor de toda Argentina. Conviritó doce goles, pero no fue el máximo artillero del campeonato. Boca no consiguió ganar el título y el técnico Héctor Veira tuvo que dejar su cargo. Llegó Carlos Bianchi (goleador de Vélez en la época del '70) y Palermo aprendió mucho de él. El nuevo DT le dio toda su confianza, y él respondió con lo que mejor sabe hacer: goles.
1° CICLO CON BIANCHI
En su primer torneo como director técnico de Boca, Carlos Bianchi consiguió el tan ansiado título que hacía ya seis años que los hinchas xeneizes lo estaban buscando. Gran parte de ese campeonato se lo deben a Martín Palermo, que le dio varios puntos con goles importantísimos en los últimos minutos. Se recuerdan dos partidos en especial: el gol del triunfo contra Talleres de Córdoba, en tiempo de descuento (fecha 15º); y los dos goles ante Rosario Central, específicamente el segundo de palomita faltando un minuto para la finalización del encuentro (fecha 16º).
n la fecha número quince del torneo Apertura 1998. Boca buscaba el tan ansiado campeonato. El rival de turno era Talleres. En una tarde lluviosa, el partido comenzó con un gran gol de Guillermo Barros Schelloto. El equipo cordobés empató el partido. De ahí en más se dedicó a defenderse y Boca no encontraba la manera de romper la valla del arquero Cuenca. El tiempo se acababa y el partido parecía que iba a terminar con un empate, con sabor a derrota, con jugadores dirigidos técnicamente por Carlos Bianchi. Pero en los minutos adicionados apareció el gran goleador. Adrián Guillermo robó una pelota y se fue por la derecha. Desbordó y tiró el centro al primer palo. Allí la fue a buscar Palermo y con un toque de zurda, mandó la pelota dentro del arco. De ahí en mas fue un delirio incontrolable. Martín, en medio de la locura, se dirigió al banco de suplentes y abrazó a su técnico. De esta manera, Boca seguía soñando con un campeonato que con el pasar de las fechas se iba convirtiendo en realidad.
... CONTRA CENTRAL
El partido contra Central en Rosario definía el campeonato; con un triunfo, Boca quedaba muy cerca del campeonato. Pero los locales se pusieron en ventaja con un gol de Maceratesi. Palermo se hizo presente en el marcador y estableció el empate de penal en una cancha donde a Boca siempre le fue mal con los tiros desde los doce pasos. Martín demostró su personalidad, tomó la pelota y con un fuerte zurdazo al medio del arco puso la transitoria igualdad. Al minuto, Diego Cagna hizo el segundo gol y colocó a Boca adelante en el marcador. En la parte final, Central llegó nuevamente al empate y parecía que el partido estaba terminado. Aunque en realidad, para Palermo faltaba todavía lo mejor. Serna tiró un centro del lado izquierdo, casi de la mitad de cancha. Era un centro común, esos que son siempre rechazados por los defensores sin ningún problema. Pero Palermo estaba en el área y eso es peligroso. Fue a buscar la pelota y con una hermosa palomita, mandó la pelota a la red. De ahí en más, todo fue como siempre.
No sólo brilló en ese campeonato, sino que también fue el goleador con 20 goles en 19 partidos (en realidad fueron 18 partidos porque hubo uno en el cuál no jugó por estar suspendido). Esa cantidad de goles todavía no fue superada y por su destacada labor dentro de la cancha fue nombrado por los periodistas de todo el continente el Mejor Jugador de América en año 1998.

