Truco, quiero re truco y quiero vale cuatro
Dice Borges en Evaristo Carriego (1930):
Basado en Evaristo Carriego de Borges, un poco cambiado por mí:
"Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán, un as de espadas que será omnipotente como George Bush, caballitos panzones como el pizzero de la vuelta de mi casa. El tallador trata de acomodarse los ases, los siete o los tres, pero sólo le toca dos cuatros y el famoso ancho falso que ayuda a mentir en alguna jugadita. La cosa es fácil de decir y aun de hacer, pero lo mágico y desaforado del juego -el hecho de jugar- despunta en la acción. 40 es el número de los naipes y 1 por 2 por 3 por 4... por 40, el de maneras en que pueden salir. Es una cifra delicadamente puntual en su enormidad, con inmediato predecesor y único sucesor, pero no escrita nunca. Es una remota cifra de vértigo que parece disolver en su muchedumbre a los que barajan.
Así, desde el principio, el central misterio del juego se ve adornado con otro misterio, el de que haya números. Sobre la mesa, desmantelada para que resbalen las cartas, esperan los garbanzos en su montón, aritmetizados también. La trucada se arma; los jugadores, acriollados de golpe, se aligeran del yo habitual. Un yo distinto, un yo casi antepasado y vernáculo, enreda los proyectos del juego. El idioma es otro de golpe. Prohibiciones tiránicas, posibilidades e imposibilidades astutas, gravitan sobre todo decir".
Allí empiezan las mentiras. La astucia. El que no liga nada, pero anda bien en el amor; el que liga siempre. El que te gana de mano en el envido y el que es punta, quien siempre tiene toda la presión.
Cuando jugás con los porotos siempre el pagador trata de hacer una trampita. El guiño, las preciadas cejas levantadas, el besito de la muerte o el labio de derecha a izquierda, son algunas de las señales que uno les hace a sus compañeros.
Gracias a nuestros ante pasados por inventar este hermoso juego que reúne a millones de argentinos. No importa si se corta la luz, siempre estarán presente ese mazo de naipes español. Salvo hasta el día de hoy, ya que día a día todos los taringueros nos reunimos para jugar y disfrutar este juego maravilloso(que problema si se corta la luz y te tratan de tramposo por abandonar-perdón carp4ever-).
El truco, el fútbol, el mate, las mujeres y taringa son pasión de multitudes para todos los argentinos.”









Dice Borges en Evaristo Carriego (1930):
Basado en Evaristo Carriego de Borges, un poco cambiado por mí:
"Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán, un as de espadas que será omnipotente como George Bush, caballitos panzones como el pizzero de la vuelta de mi casa. El tallador trata de acomodarse los ases, los siete o los tres, pero sólo le toca dos cuatros y el famoso ancho falso que ayuda a mentir en alguna jugadita. La cosa es fácil de decir y aun de hacer, pero lo mágico y desaforado del juego -el hecho de jugar- despunta en la acción. 40 es el número de los naipes y 1 por 2 por 3 por 4... por 40, el de maneras en que pueden salir. Es una cifra delicadamente puntual en su enormidad, con inmediato predecesor y único sucesor, pero no escrita nunca. Es una remota cifra de vértigo que parece disolver en su muchedumbre a los que barajan.
Así, desde el principio, el central misterio del juego se ve adornado con otro misterio, el de que haya números. Sobre la mesa, desmantelada para que resbalen las cartas, esperan los garbanzos en su montón, aritmetizados también. La trucada se arma; los jugadores, acriollados de golpe, se aligeran del yo habitual. Un yo distinto, un yo casi antepasado y vernáculo, enreda los proyectos del juego. El idioma es otro de golpe. Prohibiciones tiránicas, posibilidades e imposibilidades astutas, gravitan sobre todo decir".
Allí empiezan las mentiras. La astucia. El que no liga nada, pero anda bien en el amor; el que liga siempre. El que te gana de mano en el envido y el que es punta, quien siempre tiene toda la presión.
Cuando jugás con los porotos siempre el pagador trata de hacer una trampita. El guiño, las preciadas cejas levantadas, el besito de la muerte o el labio de derecha a izquierda, son algunas de las señales que uno les hace a sus compañeros.
Gracias a nuestros ante pasados por inventar este hermoso juego que reúne a millones de argentinos. No importa si se corta la luz, siempre estarán presente ese mazo de naipes español. Salvo hasta el día de hoy, ya que día a día todos los taringueros nos reunimos para jugar y disfrutar este juego maravilloso(que problema si se corta la luz y te tratan de tramposo por abandonar-perdón carp4ever-).
El truco, el fútbol, el mate, las mujeres y taringa son pasión de multitudes para todos los argentinos.”








