El santoral jamás registró a San La Muerte, quién pierde sus orígenes en la cultura guaranítica, sin embargo su culto en el nordeste argentino (provincia de Corrientes, especialmente, y en menor proporción en las de Chaco, Misiones y Formosa) es vivo y permanente, no sólo en el campo, en donde quizás se explicaría con mayor facilidad como la devoción del hombre simple y sin una profunda formación religiosa y cultural, sino entre numerosos integrantes de las denominadas clases cultas de los centro urbanos. El culto es pagano y supersticioso y al parecer satisface las demandas de bienes materiales y espirituales.
La creencia popular sostiene que hace mucho tiempo existía un rey que administraba justicia en forma ejemplar. Cuando murió, Dios lo llamó a su lado para que lo ayude en una difícil tarea. Le dijo que habiendo sido tan justo en sus actos en la Tierra, le encomendaría el cuidado de la vida y la muerte de los humanos. Lo condujo a un lugar del cielo donde le ofreció un trono. Alrededor del mismo se extendían hasta el infinito cantidad innumerables de velas, algunas recién encendidas y otras por apagarse. Dios le dijo que las que estaban por terminar de arder eran de los hombres que debían morir y que él debía bajar a la Tierra para recoger sus almas. Así, por orden divina, se convirtió en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. Así nació San La Muerte, y por tal motivo es que sus devotos se encomiendan a él en la vida para que los proteja en la hora de la muerte.
Las imágenes de San La Muerte son pequeñas. Las más altas alcanzan unos quince centímetros; las más pequeñas, aproximadamente tres o cuatro centímetros. El material comúnmente empleado es la madera, con la que también se hacen otras imágenes de "santos" muy propios: San Són (deformación del Sansón bíblico); Santa Librada (que ayuda en las heridas y fugas); San Pilato (que favorece el hallazgo de cosas perdidas, contribuyendo también San La Muerte a ello) y, además, las de San Baltasar, Santa Lucía, el Niño Dios y Jesús Crucificado. Todas estas deidades populares constituyen la constelación de los "santos de palo", aunque San La Muerte también puede hacerse en plomo o con huesos humanos.
Si el "santo" es personal, se le rezan sus oraciones los días Martes y Viernes, rodeando al esqueletito con velas rojas o de "luto". Cuando es utilizado para el bien, está acompañado de Santa Catalina y algún crucifijo. Si es utilizado para el mal debe estar totalmente de negro y siempre oculto a la vista de extraños, y sólo el "dueño" lo "atiende", ya que de otro modo perdería su fuerza.
En todos los casos la representación es semejante: un esqueleto humano provisto de guadaña, cuya hoja está hecha de metal, generalmente de lata. El mango se apoya sobre una pequeña plataforma situada a la altura de la cadera. La imagen, a su vez, también se asienta en otra plataforma. Salvo la guadaña, que se agrega, el resto está constituido por una sola pieza que el santero trabaja pacientemente. La presentación común de los San La Muerte es de pie, pero también los hay sentados, con las manos apoyadas en el maxilar inferior, y por último otras en cuclillas, también con una o las dos manos apoyadas en el maxilar. Estas dos últimas representaciones corresponden al Señor de la Paciencia.
Los distintos nombres con que es conocido San La Muerte son: Señor de la Buena Muerte (simboliza a Jesucristo); Señor de la Paciencia (simboliza a Jesucristo o a San José); San La Paciencia; Señor La Muerte (simboliza a Jesucristo); San Justo Nuestro Señor de la Muerte; Nuestro Señor de Dios y la Muerte; San Justo; San Esqueleto y Ayucaba, en Paraguay; Señor que lo puede Todo (especialmente en Formosa); San Severo de la Muerte (especialmente en Corrientes y Formosa) y San, simplemente.
San La Muerte toma a sus dueños invulnerables al daño y les da poderes extraordinarios para inclinar a su favor el amor y la fortuna. Estos poderes se acentúan si la imagen está hecha con huesos humanos. Los imagineros que hacen este payé o amuleto, entregan con la imagen las oraciones que la tornan mágica. Uno de los más famosos imagineros fue Ramón González, un hombre analfabeto, de ascendencia árabe, quien a pesar de estar recluido en la cárcel provincial de la ciudad de Corrientes, realizaba imágenes de San La Muerte o Santa Librada para satisfacer los pedidos de la gente.
San La Muerte no es efectivo si no está bendecido por un sacerdote católico. Su culto constituye así un curioso sincretismo religioso-pagano. Es difícil hallar un sacerdote que lo bendiga, por lo que hay entonces dos caminos:
Cuando no hay sacerdote en la zona y no es posible pedirle nada a la imagen, dos personas mayores (y que sean católicas) asumen la responsabilidad y lo bendicen.
Si en la zona hay un templo, conviene llevar la imagen a la misa, y cuando el sacerdote imparte la bendición, tenerlo oculto en la mano para que le alcancen los beneficios de la misma. A partir de allí la imagen es efectiva y peligrosa, y tanto, que quien sabe de alguien que posea un La San Muerte ya bendecido, evita su compañía, sobre todo si tiene alguna situación de disputa, rivalidad amorosa o simple antipatía.
Otra forma consiste en llevar en el hueco de la mano la imagen de San La Muerte y pedir al sacerdote que bendiga una estampita o medallita colocada encima; de esta manera, cuando bendice la medallita o la estampita, queda bendecida la imagen de San La Muerte. Después, su dueño o dueña, lo coloca separado de los otros "santos", a veces en altares especiales, forrados de negro, según es costumbre, siendo creencia que para que "comience a actuar" hay que llevar el amuleto siete viernes seguidos a siete iglesias distintas.
El culto supersticioso de San La Muerte no tiene fecha especial, pero el calendario folclórico reconoce como excepcionales para ello el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos, aunque desde hace tiempo en Resistencia, Chaco, se le rinde culto el 15 de agosto, incluso con misa y procesión.
Señala José Miranda que para solicitarle algún favor especial a San La Muerte, se lo coloca en diversas posiciones y se le reza la oración que se tenga, teniendo en cuenta las siguientes precauciones con la imagen:
Debe estar mirando hacia el lugar donde vive la persona a la que se desea influenciar.
También puede ser ubicado sobre la fotografía de la persona a la que se desea enamorar o influenciar.
Se lo puede poner con la cabeza hacia abajo hasta que cumpla con lo pedido (esto sólo puede hacerse con algunos ejemplares).
Se lo puede enterrar en un lugar del patio de la casa "hasta que cumpla", o frente a la puerta de entrada.
Lo encontramos predominantemente en la Provincia de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa. Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.
El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún Santoral, y no tiene fecha especial de celebración, si bien se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos.
Este culto como el de SAN CEOMO surgieron a posteriori de la expulsión de los jesuitas de sus misiones en el noreste de la Argentina y Paraguay en 1767, de ellos también derivan el Señor de la Paciencia, El Señor de La Columna o San Ceono que crearon los naturales de la zona ya sin la orientación dogmática de la Compañía de Jesús.
Se lo conoce también con los nombres de Señor de la Buena muerte, y Señor La Muerte. El amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido por un sacerdote católico, en una muestra de claro sincretismo.
Estatuilla de San La Muerte esculpida en hueso Acerca de la utilización del amuleto, José Miranda y Juan Pedemonte señalan que para lograr la bendición su dueño lo lleva escondido en la mano mientras le pide al sacerdote que bendiga una estampita, logrando la bendición de ambas cosas.
El paso posterior -agregan- es el de llevar el amuleto durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias. Luego ya se puede utilizar para lograr hacer un "mal" a alguna persona enemiga, a través de oraciones.
http://www.agenciaelvigia.com.ar/sanlamuerte.html
http://www.cuco.com.ar/
La devoción a San La Muerte en Corrientes
Sin lugar a dudas la devoción a San La Muerte posee fuertes raíces populares en Corrientes. De los dos santuarios conocidos (Uno en Mercedes y otro en Empedrado) el que ha llamado mas la atención en estos últimos tiempos ha sido el segundo, ubicado entre los kilómetros 982-983 de la ruta nacional n° 12, a escasos siete kilómetros de la ciudad de Empedrado. Este santuario desde hace unos años a esta parte ha estado creciendo y ganado la confianza de los adeptos merced a su singular historia y también al buen manejo de sus cuidadores, la familia Barrios.
Como nació la leyenda
La historia arranca cuando el abuelo Lorenzo, recorriendo el campo en un obraje en el Chaco hallo un pequeño bulto de trapo conteniendo dos imágenes: una desconocida y a San Antonio. Sin darle mayor importancia este hombre guardo ambos elementos en una caja y lo llevo a su casa. Allí dejo la caja en un baúl y la olvido. Unos años después en circunstancias que este hombre atravesaba momentos difíciles por las noches se oía un incesante golpeteo.
Presa de natural inquietud comenzó a rastrear la fuente del sonido y para su sorpresa dentro del mueble en un rincón olvidado se encontraba la caja, quien inmediatamente de tocada, ceso sus golpes. Sin dar crédito a la evidencia, dejo la misma, pero a la noche siguiente repitió sus golpeteos. El hombre preocupado por este fenómeno finalmente opto por sacar del armario la cajita y colocar ambos santos en su mesita de luz. La esposa de este hombre, profundamente católica, con diligencia construyo un pequeño relicario y coloco dentro ambas imágenes. A las dos horas de efectuada esta acción se les aparece una aborigen que les informó quien era el santo incógnito revelándoles que era San La Muerte. Todo esto sucedió en el obrador en la provincia del Chaco, en una zona muy pobre y olvidada de Dios hará mas de un siglo atrás, cuando los aborígenes y los pobres eran fuertemente explotados y sometidos por los poderosos y la justicia al igual que la policía estaban al servicio de los que tenían dinero.
Manifestaciones de San La Muerte
Desde ese día comenzó la acción tutelar de San La Muerte en esta familia. Al principio, cuando don Lorenzo y su esposa regresaron a Corrientes, mediante la devoción familiar, centrándose el culto de agradecimiento cada 20 de agosto, fecha en que la aparición de la aborigen revelo el carácter del Santo. Poco a poco los vecinos de la familia Barrios fueron acercándose y rogándole al santo por sus vaquitas perdidas.
Cuenta la tradición centenaria de esta familia que según se mostraba la “flor” de la vela (el pabilo y su llama) se sabia inmediatamente si el animal extraviado estaba vivo o muerto, con una certeza casi infalible, Don Lorenzo incluso daba las señas de donde hallar a los animales perdidos en base a esta manifestación del santo para con sus devotos. Muchos campesinos y humildes agricultores salvaron así a sus familias del hambre y cada vez que había devoción se iban acercando y agregando al núcleo fundacional de los devotos. Al mismo tiempo se fueron incorporando las ofrendas al santo, en forma de velas.
A inicios de este siglo XXI los casos atribuidos al santo ya sumaban un grueso corpus de anécdotas que aun no se han recopilado (pero que se piensa hacer en breve) pues el santo siempre fue muy eficaz con los problemas de dinero, salud y amor. Antonio, un integrante de la familia Barrios quien reside en Buenos Aires y suele organizar en agosto a los peregrinos de esa provincia nos refiere “Esto esta para el bien desde siempre, mi abuelito jamas quiso que nada malo se hiciera aquí o que se usara al santo para eso. Aquí la gente viene y hace sus promesas, cada cual sabe que prometer porque aquí no se pide nada, y cuando se les cumple vienen muy felices y agradecen al santo. Piden por la salud, el trabajo y el amor...”
Este detalle no es menor, porque a diferencia de otras devociones a este mismo santo, en Empedrado no se aceptan velas negras, usadas en rituales para hacer daños o maldades. Estan absolutamente prohibidas y en nuestra recorrida en agosto pasado y en estos meses subsiguientes jamas vimos ni uno de estos signos negativos que han marcado una leyenda negra que no siempre es correcta. Antonio nos recalca “Nosotros seguimos la tradición de mi abuelito, un hombre bueno que jamas se presto para el mal, y creemos que el santo tampoco hace o esta para ello”
Los peregrinos agradecen generosamente no solo al santo sino también a sus cuidadores y gracias a eso el santuario crece cada día mas. Ellos no cobran por entrar ni por participar, solo reciben humildemente el aporte que agradecidos promeseros les hacen. Es de destacar que en los espectáculos que se hacen en Agosto u en otros meses, donde los chamameceros, cantantes y bailarines ofrendan su arte gratuitamente a San La Muerte.
La devoción hacia el santo está mas dictaba por el corazón que por los rituales. Salvo una oración específica, para rogarle o agradecerle a San La Muerte, no hay un culto especialmente diseñado ni una liturgia especial. En la pequeña capilla de San La Muerte está, en un relicario esplendoroso de luz y fuerza, el santo: una minúscula figurilla de oro de apenas dos pulgadas de alto realizada en una técnica de bajorrelieve y al lado suyo una medallita también áurea de San Antonio. En la capilla además conviven las Vírgenes de Itatí y otras junto a varios santos que armoniosamente dan su bendición y mensaje ecuménico de paz y amor a los feligreses. Completa la imagen un mural de tres lados que poseen como personajes a aborígenes, en homenaje a la visión de la indígena que ilustró a Don Lorenzo.
Pese a esto la relación con la Iglesia católica es conflictiva. La ortodoxia católica no puede ni desea aceptar que un santo nacido en el seno del pueblo este en sus altares. Antonio, con un dejo de tristeza, nos relata:
“En una época hace no mas de 30 años, llevaba mi abuelito al santito a la Iglesia y se hacia una misa Allí, los dias 20. Le hacían misa pero después de un día para otro se corto esto. Creo con toda humildad que ha sido un error de la Iglesia discriminarnos. NO vemos que puede tener de malo creer en un santo que defiende a los pobres... Tendría que ser aceptada porque no esta para hacer el mal, al contrario. Y te digo mas, mi abuelito cuando hallo al santo no sabia ni hacer la señal y para el final de su larga vida rezaba dos horas a la mañana y dos horas antes de dormir, pidiéndole al santo por todos los que solicitaban socorro de San La Muerte...”
La devoción del Santo de hecho y por lo que hemos constatado, posee una fuerte impronta católica y se hace especial hincapié en los valores cristianos.
¿Quien es San La Muerte?
La tradición mas esotérica y que rara vez ha trascendido las fronteras de la mas estricta intimidad nos hablan de un monje que además ejercía la medicina entre los pobres y los aborigenes, acusado de curandería y brujería fue perseguido en esta provincia de Corrientes y dio con sus huesos en la cárcel. Los poderosos de entonces -haría mas de doscientos cincuenta años a la fecha- se encargaron de que tuviera un proceso injusto y cruel pese a su estado eclesiástico. Como pertenecía probablemente a la orden de los jesuitas o de los franciscanos, la curia de entonces no le presto apoyo y dejo que se le condenara a la prisión mas rigurosa debido a las circunstancias políticas del viejo imperio de los reyes españoles que estaba desplomándose en una lucha interna.
El monje cuyo nombre fue olvidado en las arenas del tiempo, dio con sus huesos en la prisión virreynal, cerrándose la puerta a cal y canto. Por debajo de la puerta se le fue pasando la comida desde el día de su encarcelamiento (un 13 de agosto) y cuando fueron a constatar su estado el 20 de agosto (es decir ocho días después) para darlo al brazo secular para su tormento publico, se hallaron con un espectáculo horripilante: nada quedaban del monje, salvo un desnudo esqueleto que al momento de entrar sus captores a verlo, debido al alboroto que de armo, movió una mano y apunto a su principal inquisidor. Pálido de muerte este hombre fallecería poco después presa de torturados pensamientos. Poco a poco sus perseguidores caerían presa de misteriosas enfermedades que el pueblo llano atribuyo a la justicia divina por la profanación de un hombre bueno.
Pero si bien el nombre del monje ha caído en el olvido, no así su acción caritativa y cristiana entre los parias, los pobres, los aborígenes y los leprosos de su época. Boca a boca a través de los siglos fue relatándose su leyenda de martirio e incomprensión, su acción bienhechora y su amor al prójimo.
Al milagro de su aspecto esquelético se le dio la denominación de San La Muerte. Toda referencia histórica fue eliminada por la Iglesia y los señores de entonces siendo virtualmente imposible hallar documentos que de fe cierta del proceso y encarcelamiento del monje; pero la tradición popular se mantuvo como una memoria oral intocable e imperecedera y el santo ha regresado del olvido, poco a poco y cada día con mas fuerza para dar su mensaje a los desesperados y atribulados de esta provincia atravesada por un feudalismo recalcitrante y por la injusticia hacia los desposeídos desde siempre. No es casual el desprecio y la ignominia a la que se le ha querido atribuir a San La Muerte, a la negativa de la Iglesia a cobijar a sus creyentes y del poder, a ignorarlo mientras se favorecen otros cultos que no les son perniciosos para mantener la mansedumbre y dominio de los sumisos.
San La Muerte tiene su leyenda negra, pero es comprensible, su aspecto aterrador y su vinculación con la cercanía de la muerte, ese temor horrible destino común a todos los mortales. Pero lejos de ser algo maligno o perverso San La Muerte -según sus devotos mas fieles- propicia la vida, ayuda al bien morir (en lo espiritual y físico) y a los perseguidos injustamente a los enfermos del cuerpo y del corazón los cobija en los momentos mas difíciles y duros. Y ellos después regresan para darle las gracias y testimoniar en una prueba de fe que va desde una vela encendida o un cigarrillo en el altar, a las bebidas, los facones y otras demostraciones de devoción que desde su urna de cristal el santo acepta en silencio y con una eterna sonrisa mas enigmática que la de la Gioconda.
FUENTE:
NOTA DEL SUPLEMENTO RADAR:
La creencia popular sostiene que hace mucho tiempo existía un rey que administraba justicia en forma ejemplar. Cuando murió, Dios lo llamó a su lado para que lo ayude en una difícil tarea. Le dijo que habiendo sido tan justo en sus actos en la Tierra, le encomendaría el cuidado de la vida y la muerte de los humanos. Lo condujo a un lugar del cielo donde le ofreció un trono. Alrededor del mismo se extendían hasta el infinito cantidad innumerables de velas, algunas recién encendidas y otras por apagarse. Dios le dijo que las que estaban por terminar de arder eran de los hombres que debían morir y que él debía bajar a la Tierra para recoger sus almas. Así, por orden divina, se convirtió en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. Así nació San La Muerte, y por tal motivo es que sus devotos se encomiendan a él en la vida para que los proteja en la hora de la muerte.
Las imágenes de San La Muerte son pequeñas. Las más altas alcanzan unos quince centímetros; las más pequeñas, aproximadamente tres o cuatro centímetros. El material comúnmente empleado es la madera, con la que también se hacen otras imágenes de "santos" muy propios: San Són (deformación del Sansón bíblico); Santa Librada (que ayuda en las heridas y fugas); San Pilato (que favorece el hallazgo de cosas perdidas, contribuyendo también San La Muerte a ello) y, además, las de San Baltasar, Santa Lucía, el Niño Dios y Jesús Crucificado. Todas estas deidades populares constituyen la constelación de los "santos de palo", aunque San La Muerte también puede hacerse en plomo o con huesos humanos.
Si el "santo" es personal, se le rezan sus oraciones los días Martes y Viernes, rodeando al esqueletito con velas rojas o de "luto". Cuando es utilizado para el bien, está acompañado de Santa Catalina y algún crucifijo. Si es utilizado para el mal debe estar totalmente de negro y siempre oculto a la vista de extraños, y sólo el "dueño" lo "atiende", ya que de otro modo perdería su fuerza.
En todos los casos la representación es semejante: un esqueleto humano provisto de guadaña, cuya hoja está hecha de metal, generalmente de lata. El mango se apoya sobre una pequeña plataforma situada a la altura de la cadera. La imagen, a su vez, también se asienta en otra plataforma. Salvo la guadaña, que se agrega, el resto está constituido por una sola pieza que el santero trabaja pacientemente. La presentación común de los San La Muerte es de pie, pero también los hay sentados, con las manos apoyadas en el maxilar inferior, y por último otras en cuclillas, también con una o las dos manos apoyadas en el maxilar. Estas dos últimas representaciones corresponden al Señor de la Paciencia.
Los distintos nombres con que es conocido San La Muerte son: Señor de la Buena Muerte (simboliza a Jesucristo); Señor de la Paciencia (simboliza a Jesucristo o a San José); San La Paciencia; Señor La Muerte (simboliza a Jesucristo); San Justo Nuestro Señor de la Muerte; Nuestro Señor de Dios y la Muerte; San Justo; San Esqueleto y Ayucaba, en Paraguay; Señor que lo puede Todo (especialmente en Formosa); San Severo de la Muerte (especialmente en Corrientes y Formosa) y San, simplemente.
San La Muerte toma a sus dueños invulnerables al daño y les da poderes extraordinarios para inclinar a su favor el amor y la fortuna. Estos poderes se acentúan si la imagen está hecha con huesos humanos. Los imagineros que hacen este payé o amuleto, entregan con la imagen las oraciones que la tornan mágica. Uno de los más famosos imagineros fue Ramón González, un hombre analfabeto, de ascendencia árabe, quien a pesar de estar recluido en la cárcel provincial de la ciudad de Corrientes, realizaba imágenes de San La Muerte o Santa Librada para satisfacer los pedidos de la gente.
San La Muerte no es efectivo si no está bendecido por un sacerdote católico. Su culto constituye así un curioso sincretismo religioso-pagano. Es difícil hallar un sacerdote que lo bendiga, por lo que hay entonces dos caminos:
Cuando no hay sacerdote en la zona y no es posible pedirle nada a la imagen, dos personas mayores (y que sean católicas) asumen la responsabilidad y lo bendicen.
Si en la zona hay un templo, conviene llevar la imagen a la misa, y cuando el sacerdote imparte la bendición, tenerlo oculto en la mano para que le alcancen los beneficios de la misma. A partir de allí la imagen es efectiva y peligrosa, y tanto, que quien sabe de alguien que posea un La San Muerte ya bendecido, evita su compañía, sobre todo si tiene alguna situación de disputa, rivalidad amorosa o simple antipatía.
Otra forma consiste en llevar en el hueco de la mano la imagen de San La Muerte y pedir al sacerdote que bendiga una estampita o medallita colocada encima; de esta manera, cuando bendice la medallita o la estampita, queda bendecida la imagen de San La Muerte. Después, su dueño o dueña, lo coloca separado de los otros "santos", a veces en altares especiales, forrados de negro, según es costumbre, siendo creencia que para que "comience a actuar" hay que llevar el amuleto siete viernes seguidos a siete iglesias distintas.
El culto supersticioso de San La Muerte no tiene fecha especial, pero el calendario folclórico reconoce como excepcionales para ello el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos, aunque desde hace tiempo en Resistencia, Chaco, se le rinde culto el 15 de agosto, incluso con misa y procesión.
Señala José Miranda que para solicitarle algún favor especial a San La Muerte, se lo coloca en diversas posiciones y se le reza la oración que se tenga, teniendo en cuenta las siguientes precauciones con la imagen:
Debe estar mirando hacia el lugar donde vive la persona a la que se desea influenciar.
También puede ser ubicado sobre la fotografía de la persona a la que se desea enamorar o influenciar.
Se lo puede poner con la cabeza hacia abajo hasta que cumpla con lo pedido (esto sólo puede hacerse con algunos ejemplares).
Se lo puede enterrar en un lugar del patio de la casa "hasta que cumpla", o frente a la puerta de entrada.
Lo encontramos predominantemente en la Provincia de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa. Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.
El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún Santoral, y no tiene fecha especial de celebración, si bien se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos.
Este culto como el de SAN CEOMO surgieron a posteriori de la expulsión de los jesuitas de sus misiones en el noreste de la Argentina y Paraguay en 1767, de ellos también derivan el Señor de la Paciencia, El Señor de La Columna o San Ceono que crearon los naturales de la zona ya sin la orientación dogmática de la Compañía de Jesús.
Se lo conoce también con los nombres de Señor de la Buena muerte, y Señor La Muerte. El amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido por un sacerdote católico, en una muestra de claro sincretismo.
Estatuilla de San La Muerte esculpida en hueso Acerca de la utilización del amuleto, José Miranda y Juan Pedemonte señalan que para lograr la bendición su dueño lo lleva escondido en la mano mientras le pide al sacerdote que bendiga una estampita, logrando la bendición de ambas cosas.
El paso posterior -agregan- es el de llevar el amuleto durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias. Luego ya se puede utilizar para lograr hacer un "mal" a alguna persona enemiga, a través de oraciones.
http://www.agenciaelvigia.com.ar/sanlamuerte.html
http://www.cuco.com.ar/
La devoción a San La Muerte en Corrientes
Sin lugar a dudas la devoción a San La Muerte posee fuertes raíces populares en Corrientes. De los dos santuarios conocidos (Uno en Mercedes y otro en Empedrado) el que ha llamado mas la atención en estos últimos tiempos ha sido el segundo, ubicado entre los kilómetros 982-983 de la ruta nacional n° 12, a escasos siete kilómetros de la ciudad de Empedrado. Este santuario desde hace unos años a esta parte ha estado creciendo y ganado la confianza de los adeptos merced a su singular historia y también al buen manejo de sus cuidadores, la familia Barrios.
Como nació la leyenda
La historia arranca cuando el abuelo Lorenzo, recorriendo el campo en un obraje en el Chaco hallo un pequeño bulto de trapo conteniendo dos imágenes: una desconocida y a San Antonio. Sin darle mayor importancia este hombre guardo ambos elementos en una caja y lo llevo a su casa. Allí dejo la caja en un baúl y la olvido. Unos años después en circunstancias que este hombre atravesaba momentos difíciles por las noches se oía un incesante golpeteo.
Presa de natural inquietud comenzó a rastrear la fuente del sonido y para su sorpresa dentro del mueble en un rincón olvidado se encontraba la caja, quien inmediatamente de tocada, ceso sus golpes. Sin dar crédito a la evidencia, dejo la misma, pero a la noche siguiente repitió sus golpeteos. El hombre preocupado por este fenómeno finalmente opto por sacar del armario la cajita y colocar ambos santos en su mesita de luz. La esposa de este hombre, profundamente católica, con diligencia construyo un pequeño relicario y coloco dentro ambas imágenes. A las dos horas de efectuada esta acción se les aparece una aborigen que les informó quien era el santo incógnito revelándoles que era San La Muerte. Todo esto sucedió en el obrador en la provincia del Chaco, en una zona muy pobre y olvidada de Dios hará mas de un siglo atrás, cuando los aborígenes y los pobres eran fuertemente explotados y sometidos por los poderosos y la justicia al igual que la policía estaban al servicio de los que tenían dinero.
Manifestaciones de San La Muerte
Desde ese día comenzó la acción tutelar de San La Muerte en esta familia. Al principio, cuando don Lorenzo y su esposa regresaron a Corrientes, mediante la devoción familiar, centrándose el culto de agradecimiento cada 20 de agosto, fecha en que la aparición de la aborigen revelo el carácter del Santo. Poco a poco los vecinos de la familia Barrios fueron acercándose y rogándole al santo por sus vaquitas perdidas.
Cuenta la tradición centenaria de esta familia que según se mostraba la “flor” de la vela (el pabilo y su llama) se sabia inmediatamente si el animal extraviado estaba vivo o muerto, con una certeza casi infalible, Don Lorenzo incluso daba las señas de donde hallar a los animales perdidos en base a esta manifestación del santo para con sus devotos. Muchos campesinos y humildes agricultores salvaron así a sus familias del hambre y cada vez que había devoción se iban acercando y agregando al núcleo fundacional de los devotos. Al mismo tiempo se fueron incorporando las ofrendas al santo, en forma de velas.
A inicios de este siglo XXI los casos atribuidos al santo ya sumaban un grueso corpus de anécdotas que aun no se han recopilado (pero que se piensa hacer en breve) pues el santo siempre fue muy eficaz con los problemas de dinero, salud y amor. Antonio, un integrante de la familia Barrios quien reside en Buenos Aires y suele organizar en agosto a los peregrinos de esa provincia nos refiere “Esto esta para el bien desde siempre, mi abuelito jamas quiso que nada malo se hiciera aquí o que se usara al santo para eso. Aquí la gente viene y hace sus promesas, cada cual sabe que prometer porque aquí no se pide nada, y cuando se les cumple vienen muy felices y agradecen al santo. Piden por la salud, el trabajo y el amor...”
Este detalle no es menor, porque a diferencia de otras devociones a este mismo santo, en Empedrado no se aceptan velas negras, usadas en rituales para hacer daños o maldades. Estan absolutamente prohibidas y en nuestra recorrida en agosto pasado y en estos meses subsiguientes jamas vimos ni uno de estos signos negativos que han marcado una leyenda negra que no siempre es correcta. Antonio nos recalca “Nosotros seguimos la tradición de mi abuelito, un hombre bueno que jamas se presto para el mal, y creemos que el santo tampoco hace o esta para ello”
Los peregrinos agradecen generosamente no solo al santo sino también a sus cuidadores y gracias a eso el santuario crece cada día mas. Ellos no cobran por entrar ni por participar, solo reciben humildemente el aporte que agradecidos promeseros les hacen. Es de destacar que en los espectáculos que se hacen en Agosto u en otros meses, donde los chamameceros, cantantes y bailarines ofrendan su arte gratuitamente a San La Muerte.
La devoción hacia el santo está mas dictaba por el corazón que por los rituales. Salvo una oración específica, para rogarle o agradecerle a San La Muerte, no hay un culto especialmente diseñado ni una liturgia especial. En la pequeña capilla de San La Muerte está, en un relicario esplendoroso de luz y fuerza, el santo: una minúscula figurilla de oro de apenas dos pulgadas de alto realizada en una técnica de bajorrelieve y al lado suyo una medallita también áurea de San Antonio. En la capilla además conviven las Vírgenes de Itatí y otras junto a varios santos que armoniosamente dan su bendición y mensaje ecuménico de paz y amor a los feligreses. Completa la imagen un mural de tres lados que poseen como personajes a aborígenes, en homenaje a la visión de la indígena que ilustró a Don Lorenzo.
Pese a esto la relación con la Iglesia católica es conflictiva. La ortodoxia católica no puede ni desea aceptar que un santo nacido en el seno del pueblo este en sus altares. Antonio, con un dejo de tristeza, nos relata:
“En una época hace no mas de 30 años, llevaba mi abuelito al santito a la Iglesia y se hacia una misa Allí, los dias 20. Le hacían misa pero después de un día para otro se corto esto. Creo con toda humildad que ha sido un error de la Iglesia discriminarnos. NO vemos que puede tener de malo creer en un santo que defiende a los pobres... Tendría que ser aceptada porque no esta para hacer el mal, al contrario. Y te digo mas, mi abuelito cuando hallo al santo no sabia ni hacer la señal y para el final de su larga vida rezaba dos horas a la mañana y dos horas antes de dormir, pidiéndole al santo por todos los que solicitaban socorro de San La Muerte...”
La devoción del Santo de hecho y por lo que hemos constatado, posee una fuerte impronta católica y se hace especial hincapié en los valores cristianos.
¿Quien es San La Muerte?
La tradición mas esotérica y que rara vez ha trascendido las fronteras de la mas estricta intimidad nos hablan de un monje que además ejercía la medicina entre los pobres y los aborigenes, acusado de curandería y brujería fue perseguido en esta provincia de Corrientes y dio con sus huesos en la cárcel. Los poderosos de entonces -haría mas de doscientos cincuenta años a la fecha- se encargaron de que tuviera un proceso injusto y cruel pese a su estado eclesiástico. Como pertenecía probablemente a la orden de los jesuitas o de los franciscanos, la curia de entonces no le presto apoyo y dejo que se le condenara a la prisión mas rigurosa debido a las circunstancias políticas del viejo imperio de los reyes españoles que estaba desplomándose en una lucha interna.
El monje cuyo nombre fue olvidado en las arenas del tiempo, dio con sus huesos en la prisión virreynal, cerrándose la puerta a cal y canto. Por debajo de la puerta se le fue pasando la comida desde el día de su encarcelamiento (un 13 de agosto) y cuando fueron a constatar su estado el 20 de agosto (es decir ocho días después) para darlo al brazo secular para su tormento publico, se hallaron con un espectáculo horripilante: nada quedaban del monje, salvo un desnudo esqueleto que al momento de entrar sus captores a verlo, debido al alboroto que de armo, movió una mano y apunto a su principal inquisidor. Pálido de muerte este hombre fallecería poco después presa de torturados pensamientos. Poco a poco sus perseguidores caerían presa de misteriosas enfermedades que el pueblo llano atribuyo a la justicia divina por la profanación de un hombre bueno.
Pero si bien el nombre del monje ha caído en el olvido, no así su acción caritativa y cristiana entre los parias, los pobres, los aborígenes y los leprosos de su época. Boca a boca a través de los siglos fue relatándose su leyenda de martirio e incomprensión, su acción bienhechora y su amor al prójimo.
Al milagro de su aspecto esquelético se le dio la denominación de San La Muerte. Toda referencia histórica fue eliminada por la Iglesia y los señores de entonces siendo virtualmente imposible hallar documentos que de fe cierta del proceso y encarcelamiento del monje; pero la tradición popular se mantuvo como una memoria oral intocable e imperecedera y el santo ha regresado del olvido, poco a poco y cada día con mas fuerza para dar su mensaje a los desesperados y atribulados de esta provincia atravesada por un feudalismo recalcitrante y por la injusticia hacia los desposeídos desde siempre. No es casual el desprecio y la ignominia a la que se le ha querido atribuir a San La Muerte, a la negativa de la Iglesia a cobijar a sus creyentes y del poder, a ignorarlo mientras se favorecen otros cultos que no les son perniciosos para mantener la mansedumbre y dominio de los sumisos.
San La Muerte tiene su leyenda negra, pero es comprensible, su aspecto aterrador y su vinculación con la cercanía de la muerte, ese temor horrible destino común a todos los mortales. Pero lejos de ser algo maligno o perverso San La Muerte -según sus devotos mas fieles- propicia la vida, ayuda al bien morir (en lo espiritual y físico) y a los perseguidos injustamente a los enfermos del cuerpo y del corazón los cobija en los momentos mas difíciles y duros. Y ellos después regresan para darle las gracias y testimoniar en una prueba de fe que va desde una vela encendida o un cigarrillo en el altar, a las bebidas, los facones y otras demostraciones de devoción que desde su urna de cristal el santo acepta en silencio y con una eterna sonrisa mas enigmática que la de la Gioconda.
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