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Manu Chao regresó sin prisa y con nuevo disco

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Manu Chao no es el mismo de antes. Sigue paseando por las calles, adentrándose en los bares y andando en bicicleta de aquí para allá. También continúa prefiriendo el metro antes que el taxi, y los jóvenes que se lo cruzan siguen mirándolo como si fuera un marciano, preguntándole qué hace ahí y por qué no viaja en auto. Hay mañas que no cambian, es cierto. Pero otras cosas, inevitablemente, sí lo hacen.

Manu Chao no es el mismo de antes porque ahora no tiene prisa. Tiene mil proyectos en su cabeza, pero ya aprendió la lección: de nada sirve desesperarse y correr contrarreloj, la música siempre surge en los momentos menos pensados y sólo se concreta aquello que realmente lo vale.



Ahora, por eso, prefiere tomarse su tiempo para hacer cada disco. No necesita, además, demostrarle nada a nadie. La última noticia de su música había llegado dos años atrás, cuando produjo el disco de Amadou & Mariam, Dimanche à Bamako (2005). En el ínterin, por supuesto, emprendió diversos planes: desde festivales hasta proyectos discográficos inusuales (por estos días, de hecho, visitará la Argentina para terminar de darle forma al disco que hizo junto con la gente de La Colifata, la pequeña emisora radial que hacen los pacientes del Borda, el hospital psiquiátrico porteño).

Pero ahora todo el foco de atención está en su tercer álbum, La Radiolina, donde Manu Chao repite la horma estilística de sus trabajos anteriores. Musicalmente, el francés convocó a un productor de renombre (Mario Caldato Jr, reconocido por su trabajo con Beck y los Beastie Boys, entre otros). Y además, en temas como Rainin' In Paradize, se anima a retomar la impronta rockera, algo que parecía haber quedado atrás con Mano Negra.

Manu también sabe que, hoy en día, un disco ya no tiene el mismo valor que antes. El tiempo de trabajo que acarrea un álbum y el cambio de hábitos de consumo que impuso Internet parecen marcar un nuevo camino a seguir: "Es muy posible que La Radiolina sea mi último disco en salir así, a la venta en tiendas, a la antigua. Quiero aprovechar el uso de Internet y producir canciones en pequeños formatos. Los discos llevan mucho tiempo, voy a regresar al simple o al EP. Con eso me las arreglo".




Una vez más: Manu Chao no es el mismo. Ahora, por empezar, es más viejo: tiene cuarenta y seis años. Sabe que el camino hecho valió la pena y, quizá por eso, parece sentirse más a gusto con lo que es y representa. "Cuando era adolescente y empezaba con la música, no sabía realmente quién era. Entonces, al final, terminaba inventándome un personaje. Ahora, por suerte, me siento mucho mejor conmigo mismo. Suele ser muy difícil hacer un balance. Pero en mi caso no fue tan terrible: tuve tanta suerte en mi vida que, al final, el balance resultó bastante liviano".

Claro que, más allá de estos vaivenes, siempre existió una gran vocación por la escritura de canciones, algo que le permitió evitar otras obligaciones: "Digamos que, en la música, siempre tuve una personalidad fuerte. Y las canciones, para bien o para mal, siempre fueron mi principal interés. Nunca elegí ser cantante, surgió espontáneamente".

Hoy, más seguro y confiado de sus potencialidades, Manu se siente satisfecho de su voz y de su poder de alcance. "Debo reconocer que, hasta no hace mucho, me costaba aceptar mi voz; me acomplejaba un poco escucharme, pero en los últimos años las cosas cambiaron. Aunque parezca extraño, fue gracias a la percusión que se liberó mi canto: cuando viajé a las favelas de Brasil toqué mucho los tambores y participé en varios grupos de percusión. Eso tuvo una influencia muy importante en mi canto e incluso en mi guitarra".

Manu Chao siempre buscó cambiar un poco las reglas de juego. Hoy, de algún modo, persigue los mismos ideales que aprendió con su antigua banda: "Muchos quisieron que Mano Negra se volviera un grupo profesional, pero nosotros nunca quisimos seguir las normas de la industria del espectáculo".




Y siempre elige su salud antes que su riqueza o su fama. Por eso, entonces, prefiere evitar como sea las producciones desmesuradas y las giras interminables. "No hay que seguir las reglas que les imponen a los grupos profesionales. Las giras pueden ser destructivas, he visto cómo muchos artistas pierden la magia, tanto arriba como abajo del escenario. Es triste darse cuenta de que ya no son auténticos".

Claro está que Manu Chao no sería Manu Chao si no emitiera alguna opinión de tinte político. Una exitosa y reciente gira por los Estados Unidos, el país cuyo gobierno se ha vuelto objeto de sus letras más detractoras, le permitió encontrarse con un público más variado y sacar algunas conclusiones respecto a las costumbres de una sociedad diferente. "No sé dar discursos, pero no pude resistirme a la idea de plantear algunas preguntas sobre el accionar del gobierno estadounidense. Siempre obtenía el apoyo unánime en la sala, incluso cuando tocaba en festivales, no sólo ante mi público. El tema, en todo caso, pasa por la cultura de las manifestaciones ¡Nadie hace nada en los Estados Unidos! Tengo dos pasaportes: el francés y el español. En ninguno de estos dos casos puedo sentirme orgulloso por mis presidentes, no puedo ponerlos como ejemplos. Pero al menos estoy seguro de la conciencia cívica de los franceses y de los españoles: si tuviéramos un presidente así, que provoca semejante guerra, habría miles de miles de personas en las calles reclamando". En Europa, sin embargo, las cosas tampoco están tan bien para Manu: "Se vienen épocas duras para Francia. En España, con Aznar, fue bastante complicado. Yo sentí, al igual que muchos otros artistas, una violencia repulsiva. Algunos, incluso, me acusaron de terrorista sin ningún argumento razonable. Y las cosas no cambiaron demasiado: los españoles se sorprenden al ver que en Francia le dan un treinta por ciento de los votos al Frente Nacional, pero no se dan cuenta de que hay una emergencia de fascistas en los suburbios de la ciudad, adolescentes de catorce años con la cabeza rapada que apoyan a Franco. Puedo dar varios ejemplos, incluso en Cataluña. Tal vez no representen más que un ínfimo porcentaje en las elecciones, pero no está nada bueno cruzártelos en la calle en plena noche".

Manu Chao ha vuelto con un nuevo disco. Una nueva secuela de Clandestino y Próxima estación: esperanza. Un nuevo paso en el recorrido de un cantautor al que no le gustar estar atado a ningún lugar. Por eso, en su lugar, todavía hay que estar atento a las vueltas del destino.

Hoy, a los cuarenta y seis años, Manu Chao al menos ya no necesita preguntarse qué va a ser cuando sea grande. "No lo hago porque sé la respuesta: seré quiropráctico. Sé aliviar a una persona, aunque hay lugares que no me animo a tocar. Tengo un don y muchas ganas, así que voy a hacer los estudios correspondientes. La música todavía es algo tiránica conmigo, pero creo que puedo lograrlo. Tocar canciones en el escenario puede dar alegría, desde allí veo ojos que brillan, pero sanar la espalda de alguien es algo completamente diferente".



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A@Anónimo10/19/2007+0-0
19.10.2007 20:58:02
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