El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la "Gazeta de Buenos Ayres", primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.
¿Cómo fue tu primer día de trabajo?
Pregunta: Sabrina Sosa, 7º B. Escuela Nº 15 (D.E. 3), de Balvanera, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Horacio Verbitsky
(columnista político, escritor. Su último libro es Cristo vence. Historia política de la Iglesia argentina).
Yo soy heredo-periodista. Una tarde de 1960 fui a ver a mi viejo al diario Noticias Gráficas para manguearlo. Un compañero suyo, Orlando Danielo, me preguntó si no me daba vergüenza pedirle plata a la avanzada edad de 18 años.
–Pero necesito los libros para la Facultad de Medicina –me defendí.
–¿Por qué no trabaja? –me preguntó.
–¿Y dónde? –le dije con ingenuidad.
–Venga mañana a las tres –me ordenó.
Al día siguiente empecé mi vida como periodista. Durante meses llamaba al servicio meteorológico y anotaba el pronóstico del tiempo. Hasta que me mandaron a cubrir una verdadera nota: el desalojo de un hotel de familias. Un colchón bajo la lluvia, un oficial de Justicia prepotente y una familia que no sabe dónde va a dormir esa noche era una de las cosas más tristes que se podían ver en la Buenos Aires de hace medio siglo y me marcó para siempre.
¿Cómo consiguen los periodistas una primicia?
Preguntan: Alumnos de 5º año, E.P.B Nº 9, Balcarce, provincia de Buenos Aires.
Responde: Raúl Kollmann
(periodista político y de investigación. Autor de Sombras de Hitler. La vida secreta de las bandas neonazis argentinas).
Las primicias son, generalmente, producto de la confianza, no de un golpe de suerte. El funcionario, el juez, el fiscal, el abogado o hasta el asesino se comunicarán con el periodista al que creen serio, creíble, que no va a hacer un gran show de esa primicia, sino que la va a manejar con cuidado y respeto. Para conseguir esa confianza no sólo se necesita ser serio sino también poner una gran cuota de trabajo. Uno tiene que estar llamando a todos los protagonistas, no puede dejar de ir a verlos y también hay que conseguir información que no venga de un solo lado. Creo que siempre, siempre, el periodista tiene que escuchar la voz del acusado o de la persona más débil de la historia. Si yo escribo sobre un asesinato, es decisivo hablar con el juez, el fiscal, el abogado de la víctima, la familia de la víctima y, sobre todo, con el defensor del acusado y con el acusado mismo. Para conseguir una primicia, tal vez lo primero sea no creer en la historia oficial, buscar lo que hay verdaderamente detrás.
¿Hay cosas de tu trabajo que te dan miedo?
Pregunta: Selene Goñi, 5º A, Escuela Nº 20 (D.E. 2), de Almagro, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Marcelo Zlotogwiazda
(columnista económico. Autor de La mafia del oro y Citibank vs. Argentina. Historia de un país en bancarrota).
No hay nada específico de mi trabajo como periodista que me dé miedo. Por supuesto que como periodista estoy bien informado de las agresiones e incluso muertes que han sufrido colegas, pero debo decir con absoluta honestidad que la sensación de los lectores, oyentes o televidentes es que el periodismo está permanentemente en riesgo, en peligro, amenazado o directamente atacado. Y ello no es así. Parte de esa exageradísima percepción es fruto de la imaginación de la gente ajena al medio, pero parte ha sido alentada por algunos de mis colegas con el fin de teñir de heroicidad algo que es un trabajo más. En mi experiencia, a lo largo de 22 años de periodista y habiendo protagonizado casos sensibles, sólo recibí una vez una amenaza telefónica. Y a la mayoría de los colegas que conozco bien no les ha pasado casi nada.
¿Qué es lo que más te enorgullece de tu profesión?
Preguntan: Alumnos de 6º grado A (turno mañana), Escuela Nº 20 (D. E. 18), de Liniers, Ciudad de Buenos Aires.
Responde: Osvaldo Bayer
(columnista, historiador y escritor. Autor de La Patagonia rebelde, entre otras obras).
Me enorgullece poder llegar a los lectores con mis escritos en los que me esfuerzo por mantener los principios de la ética. Jamás he adulado a un dictador ni a un político que se maneja con dádivas para mantener su poder. He tenido la suerte de trabajar en publicaciones que me permitieron esa actitud a pesar de las influencias que se trata de ejercer sobre ellas. Ya tengo muchas décadas de periodista y por supuesto no siempre tuve esa suerte. Hay publicaciones donde trabajé que ahora han prohibido mi nombre. Y eso, a mí, en vez de entristecerme, me enorgullece. Sufrí ocho años de exilio, durante la última dictadura, por mis investigaciones históricas. Lo sentí como una enorme injusticia y una demostración de la perfidia de quienes se arrogan el poder. Pero debo decir que mucho más que mi destino me entristeció el destino de muchos de mis colegas que fueron asesinados por la última dictadura militar. Los recordaré siempre y siempre elevaré sus figuras ante nuestra sociedad. Ellos lucharon desde sus escritos por más justicia, que es en sí luchar contra la violencia. Y mi sueño más grande es aportar un grano de arena para llegar a cumplir con el sueño de aquel filósofo llamado Kant, quien sostuvo que el ser humano debe luchar toda su vida para lograr la paz eterna entre los hombres.
¿Qué nota de las que hiciste es la que más te emocionó?
Preguntan: Alumnos de 7º A, Escuela Nº 13 (D.E. 20), de Mataderos, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Sandra Russo
(columnista, escritora. Su último libro es Erotika. Crónica de mis viajes por ti).
Se llama El otro lado de la vía, y en esa nota, publicada el año pasado, relaté el proceso de locura que vivió mi madre y que terminó con su internación en una clínica psiquiátrica. Fue algo personalmente arrasador, y dudaba si contar públicamente algo tan íntimo. Pero yo no hago un periodismo tradicional; creo que tengo tanto que ver con el periodismo como con la literatura. Y a través de esa nota comprobé una vez más, pero de una manera muchísimo más energética que nunca, que cuando uno pone en juego en un texto algo personalísimo, paradójicamente, si tiene suerte puede contactar con algo personalísimo del lector. En la nota, el relato terminaba con una reflexión que para mí es una certeza: hubo una generación de mujeres, la de mi madre, que huyeron de sus deseos y cumplieron a rajatablas lo que se esperaba de ellas. Creo que hay un tipo de demencia o extravío característico de esas mujeres, nuestras madres abnegadas, porque no querían abnegarse: querían otra cosa, pero nunca descubrieron qué. Eso es demoledor. Y fui chequeando, con lectores de esa nota, que circuló mucho, que para mí fue un modo de expulsar mis demonios, pero para mucha gente fue un espejo en el que mirar algo que se olía y se percibía, pero no tenía nombre ni discurso que lo abarcara. Este es un ejemplo de algo en lo que creo profesionalmente: hay que hacer un periodismo de lo privado, así como se hace literatura de lo privado. Es necesario reflejar en medios masivos impresiones y versiones de lo que nos pasa puertas adentro de nuestras pieles, y de nuestro contacto con los otros. Lo personal, reza la máxima feminista, es político, y así como también se hace historia de la vida privada, el periodismo tiene que hacer relevamientos de los espíritus de época. Eso lo hacen los escritores. En otros países, como México o España, es frecuente que los escritores tengan espacios regulares en medios masivos. En la Argentina, por suerte, existe Página/12.
¿Cómo fue tu primer día de trabajo?
Pregunta: Sabrina Sosa, 7º B. Escuela Nº 15 (D.E. 3), de Balvanera, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Horacio Verbitsky
(columnista político, escritor. Su último libro es Cristo vence. Historia política de la Iglesia argentina).
Yo soy heredo-periodista. Una tarde de 1960 fui a ver a mi viejo al diario Noticias Gráficas para manguearlo. Un compañero suyo, Orlando Danielo, me preguntó si no me daba vergüenza pedirle plata a la avanzada edad de 18 años.
–Pero necesito los libros para la Facultad de Medicina –me defendí.
–¿Por qué no trabaja? –me preguntó.
–¿Y dónde? –le dije con ingenuidad.
–Venga mañana a las tres –me ordenó.
Al día siguiente empecé mi vida como periodista. Durante meses llamaba al servicio meteorológico y anotaba el pronóstico del tiempo. Hasta que me mandaron a cubrir una verdadera nota: el desalojo de un hotel de familias. Un colchón bajo la lluvia, un oficial de Justicia prepotente y una familia que no sabe dónde va a dormir esa noche era una de las cosas más tristes que se podían ver en la Buenos Aires de hace medio siglo y me marcó para siempre.
¿Cómo consiguen los periodistas una primicia?
Preguntan: Alumnos de 5º año, E.P.B Nº 9, Balcarce, provincia de Buenos Aires.
Responde: Raúl Kollmann
(periodista político y de investigación. Autor de Sombras de Hitler. La vida secreta de las bandas neonazis argentinas).
Las primicias son, generalmente, producto de la confianza, no de un golpe de suerte. El funcionario, el juez, el fiscal, el abogado o hasta el asesino se comunicarán con el periodista al que creen serio, creíble, que no va a hacer un gran show de esa primicia, sino que la va a manejar con cuidado y respeto. Para conseguir esa confianza no sólo se necesita ser serio sino también poner una gran cuota de trabajo. Uno tiene que estar llamando a todos los protagonistas, no puede dejar de ir a verlos y también hay que conseguir información que no venga de un solo lado. Creo que siempre, siempre, el periodista tiene que escuchar la voz del acusado o de la persona más débil de la historia. Si yo escribo sobre un asesinato, es decisivo hablar con el juez, el fiscal, el abogado de la víctima, la familia de la víctima y, sobre todo, con el defensor del acusado y con el acusado mismo. Para conseguir una primicia, tal vez lo primero sea no creer en la historia oficial, buscar lo que hay verdaderamente detrás.
¿Hay cosas de tu trabajo que te dan miedo?
Pregunta: Selene Goñi, 5º A, Escuela Nº 20 (D.E. 2), de Almagro, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Marcelo Zlotogwiazda
(columnista económico. Autor de La mafia del oro y Citibank vs. Argentina. Historia de un país en bancarrota).
No hay nada específico de mi trabajo como periodista que me dé miedo. Por supuesto que como periodista estoy bien informado de las agresiones e incluso muertes que han sufrido colegas, pero debo decir con absoluta honestidad que la sensación de los lectores, oyentes o televidentes es que el periodismo está permanentemente en riesgo, en peligro, amenazado o directamente atacado. Y ello no es así. Parte de esa exageradísima percepción es fruto de la imaginación de la gente ajena al medio, pero parte ha sido alentada por algunos de mis colegas con el fin de teñir de heroicidad algo que es un trabajo más. En mi experiencia, a lo largo de 22 años de periodista y habiendo protagonizado casos sensibles, sólo recibí una vez una amenaza telefónica. Y a la mayoría de los colegas que conozco bien no les ha pasado casi nada.
¿Qué es lo que más te enorgullece de tu profesión?
Preguntan: Alumnos de 6º grado A (turno mañana), Escuela Nº 20 (D. E. 18), de Liniers, Ciudad de Buenos Aires.
Responde: Osvaldo Bayer
(columnista, historiador y escritor. Autor de La Patagonia rebelde, entre otras obras).
Me enorgullece poder llegar a los lectores con mis escritos en los que me esfuerzo por mantener los principios de la ética. Jamás he adulado a un dictador ni a un político que se maneja con dádivas para mantener su poder. He tenido la suerte de trabajar en publicaciones que me permitieron esa actitud a pesar de las influencias que se trata de ejercer sobre ellas. Ya tengo muchas décadas de periodista y por supuesto no siempre tuve esa suerte. Hay publicaciones donde trabajé que ahora han prohibido mi nombre. Y eso, a mí, en vez de entristecerme, me enorgullece. Sufrí ocho años de exilio, durante la última dictadura, por mis investigaciones históricas. Lo sentí como una enorme injusticia y una demostración de la perfidia de quienes se arrogan el poder. Pero debo decir que mucho más que mi destino me entristeció el destino de muchos de mis colegas que fueron asesinados por la última dictadura militar. Los recordaré siempre y siempre elevaré sus figuras ante nuestra sociedad. Ellos lucharon desde sus escritos por más justicia, que es en sí luchar contra la violencia. Y mi sueño más grande es aportar un grano de arena para llegar a cumplir con el sueño de aquel filósofo llamado Kant, quien sostuvo que el ser humano debe luchar toda su vida para lograr la paz eterna entre los hombres.
¿Qué nota de las que hiciste es la que más te emocionó?
Preguntan: Alumnos de 7º A, Escuela Nº 13 (D.E. 20), de Mataderos, ciudad de Buenos Aires.
Responde: Sandra Russo
(columnista, escritora. Su último libro es Erotika. Crónica de mis viajes por ti).
Se llama El otro lado de la vía, y en esa nota, publicada el año pasado, relaté el proceso de locura que vivió mi madre y que terminó con su internación en una clínica psiquiátrica. Fue algo personalmente arrasador, y dudaba si contar públicamente algo tan íntimo. Pero yo no hago un periodismo tradicional; creo que tengo tanto que ver con el periodismo como con la literatura. Y a través de esa nota comprobé una vez más, pero de una manera muchísimo más energética que nunca, que cuando uno pone en juego en un texto algo personalísimo, paradójicamente, si tiene suerte puede contactar con algo personalísimo del lector. En la nota, el relato terminaba con una reflexión que para mí es una certeza: hubo una generación de mujeres, la de mi madre, que huyeron de sus deseos y cumplieron a rajatablas lo que se esperaba de ellas. Creo que hay un tipo de demencia o extravío característico de esas mujeres, nuestras madres abnegadas, porque no querían abnegarse: querían otra cosa, pero nunca descubrieron qué. Eso es demoledor. Y fui chequeando, con lectores de esa nota, que circuló mucho, que para mí fue un modo de expulsar mis demonios, pero para mucha gente fue un espejo en el que mirar algo que se olía y se percibía, pero no tenía nombre ni discurso que lo abarcara. Este es un ejemplo de algo en lo que creo profesionalmente: hay que hacer un periodismo de lo privado, así como se hace literatura de lo privado. Es necesario reflejar en medios masivos impresiones y versiones de lo que nos pasa puertas adentro de nuestras pieles, y de nuestro contacto con los otros. Lo personal, reza la máxima feminista, es político, y así como también se hace historia de la vida privada, el periodismo tiene que hacer relevamientos de los espíritus de época. Eso lo hacen los escritores. En otros países, como México o España, es frecuente que los escritores tengan espacios regulares en medios masivos. En la Argentina, por suerte, existe Página/12.