Hechos aislados sucedidos en las últimas semanas nos hacen reflexionar sobre este delicado tema del que nadie quisiera tener que hablar.
Pero las estadísticas no mienten y el suicidio de personas de diferentes edades es más común de lo que se piensa. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 800.000 personas mueren por suicidio cada año, lo que equivale a decir que una persona lo hace cada 40 segundos.
Según el primer informe mundial de la OMS sobre la prevención del suicidio "alrededor del 75 % de los casos se producen en países de ingresos bajos y medianos" y esta se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años.
De acuerdo con esta entidad, "las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio".
Así mismo, aseguran los expertos, que "es importante saber que solo un escaso número de suicidios se producen sin aviso", pues "la mayoría de los suicidas dan muestras evidentes de sus intenciones" que lamentablemente los demás no saben leer ni interpretar.
Precisamente sobre esas señales, rescatamos las siguientes esbozadas por varios portales especializados, incluido el antes mencionado:
1. Cambios notorios en la personalidad y el comportamiento.
No nos referimos a un rato de tristeza o un momento de mal genio, sino a variaciones radicales y constantes en la forma de actuar y relacionarse con los demás. De acuerdo con expertos en la materia esos cambios se pueden ver materializados en sentimientos permanentes como tristeza, apatía, irritabilidad y retraimiento, de los que la persona afectada no logra despojarse durante varios días y que hacen que ante los ojos de sus seres cercanos haya dejado de ser como era sin una aparente razón.
2. Dificultad para concentrarse o pensar con claridad
De acuerdo con el portal Bienestar.salud180, este es otro de los síntomas comunes de quien está pensando en suicidio. Se percibe cuando la persona afectada empieza a divagar entre varias ideas y pensamientos, mostrándole a quienes la rodean que está pérdida en sus pensamientos y que las cosas que antes lograba ver con claridad y que la ayudaban a tomar decisiones sensatas, ya no están funcionando igual. Es una señal de alerta porque al no pensar con claridad el suicidio puede ser visto como una alternativa.
3. Deseos de regalar o desprenderse de sus pertenencias
Incluso de aquellas cosas materiales que siempre han sido importantes y que esta persona puede empezar a dejar en manos de amigos y familiares (o simplemente abandonadas y sin volver a mirar), sin una razón aparente, es decir sin que medie una mudanza, un cambio de casa o cambio de ciudad que lo lleve a desprenderse de sus objetos personales. Al igual que las demás señas, debe verse dentro de un conjunto de comportamientos que sumados pueden ser indicio de pensamientos suicidas. Este punto también incluye esos impulsos por empezar a dejar las cosas arregladas (bancos, papeles, herencias, etc.), nuevamente sin que esté involucrado un viaje, una operación u otro hecho que haga que esa persona tema por su vida.
4. Cambios (nuevamente radicales) en los patrones de alimentación o sueño
Pueden pasar desde sueño exagerado (querer estar todo el día en la cama durmiendo) o insomnio permanente (no pegar los ojos durante varias noches), dice el portal www.depresion.piscomag. Así mismo, estas variaciones de hábitos se hacen visibles en personas que dejan de comer o que no pueden estar sin andar comiendo de una forma obsesiva y por fuera de sus patrones habituales de alimentación. Estas señales mostrarían que la persona está desubicada y que su organismo y su mente no están funcionando igual de bien que antes.
5. Pérdida repentina y constante de interés en los amigos, la actividad sexual o las cosas que disfrutaba hacer antes
Es un factor de preocupación cuando, por ejemplo, un adolescente ya no quiere ver ni hablar ni chatear ni salir con sus amigos de siempre y ya no demuestra el menor interés por las actividades deportivas, sociales o intelectuales que antes lo llenaban y lo hacían vibrar. Si esa persona, de repente, prefiere la soledad constante, el encierro en su cuarto y el aislamiento, está dando una señal de que necesita ayuda. No la eche en saco roto.
6. Por último, pero no menos importante, expresar deseos manifiestos de quitarse la vida o de no tener esperanza en el futuro
En este aspecto coinciden todos los expertos al señalar que una persona que repite constantemente frases como "no quiero vivir más", "debería morirme", "estaría mejor muerto que vivo", o "no tengo ninguna esperanza de que las cosas en mi vida mejoren", debe ser tomada en serio y debe ser ayudada. La mejor manera de hacerlo es, inicialmente, escuchándola, poniéndole atención y dándole a entender que sus palabras están siendo escuchadas por alguien. Ya después, es ideal pedir ayuda profesional y mantenerse siempre al lado de la persona afectada.
Pero las estadísticas no mienten y el suicidio de personas de diferentes edades es más común de lo que se piensa. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 800.000 personas mueren por suicidio cada año, lo que equivale a decir que una persona lo hace cada 40 segundos.
Según el primer informe mundial de la OMS sobre la prevención del suicidio "alrededor del 75 % de los casos se producen en países de ingresos bajos y medianos" y esta se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años.
De acuerdo con esta entidad, "las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales constituyen importantes factores de riesgo de suicidio".
Así mismo, aseguran los expertos, que "es importante saber que solo un escaso número de suicidios se producen sin aviso", pues "la mayoría de los suicidas dan muestras evidentes de sus intenciones" que lamentablemente los demás no saben leer ni interpretar.
Precisamente sobre esas señales, rescatamos las siguientes esbozadas por varios portales especializados, incluido el antes mencionado:
1. Cambios notorios en la personalidad y el comportamiento.
No nos referimos a un rato de tristeza o un momento de mal genio, sino a variaciones radicales y constantes en la forma de actuar y relacionarse con los demás. De acuerdo con expertos en la materia esos cambios se pueden ver materializados en sentimientos permanentes como tristeza, apatía, irritabilidad y retraimiento, de los que la persona afectada no logra despojarse durante varios días y que hacen que ante los ojos de sus seres cercanos haya dejado de ser como era sin una aparente razón.
2. Dificultad para concentrarse o pensar con claridad
De acuerdo con el portal Bienestar.salud180, este es otro de los síntomas comunes de quien está pensando en suicidio. Se percibe cuando la persona afectada empieza a divagar entre varias ideas y pensamientos, mostrándole a quienes la rodean que está pérdida en sus pensamientos y que las cosas que antes lograba ver con claridad y que la ayudaban a tomar decisiones sensatas, ya no están funcionando igual. Es una señal de alerta porque al no pensar con claridad el suicidio puede ser visto como una alternativa.
3. Deseos de regalar o desprenderse de sus pertenencias
Incluso de aquellas cosas materiales que siempre han sido importantes y que esta persona puede empezar a dejar en manos de amigos y familiares (o simplemente abandonadas y sin volver a mirar), sin una razón aparente, es decir sin que medie una mudanza, un cambio de casa o cambio de ciudad que lo lleve a desprenderse de sus objetos personales. Al igual que las demás señas, debe verse dentro de un conjunto de comportamientos que sumados pueden ser indicio de pensamientos suicidas. Este punto también incluye esos impulsos por empezar a dejar las cosas arregladas (bancos, papeles, herencias, etc.), nuevamente sin que esté involucrado un viaje, una operación u otro hecho que haga que esa persona tema por su vida.
4. Cambios (nuevamente radicales) en los patrones de alimentación o sueño
Pueden pasar desde sueño exagerado (querer estar todo el día en la cama durmiendo) o insomnio permanente (no pegar los ojos durante varias noches), dice el portal www.depresion.piscomag. Así mismo, estas variaciones de hábitos se hacen visibles en personas que dejan de comer o que no pueden estar sin andar comiendo de una forma obsesiva y por fuera de sus patrones habituales de alimentación. Estas señales mostrarían que la persona está desubicada y que su organismo y su mente no están funcionando igual de bien que antes.
5. Pérdida repentina y constante de interés en los amigos, la actividad sexual o las cosas que disfrutaba hacer antes
Es un factor de preocupación cuando, por ejemplo, un adolescente ya no quiere ver ni hablar ni chatear ni salir con sus amigos de siempre y ya no demuestra el menor interés por las actividades deportivas, sociales o intelectuales que antes lo llenaban y lo hacían vibrar. Si esa persona, de repente, prefiere la soledad constante, el encierro en su cuarto y el aislamiento, está dando una señal de que necesita ayuda. No la eche en saco roto.
6. Por último, pero no menos importante, expresar deseos manifiestos de quitarse la vida o de no tener esperanza en el futuro
En este aspecto coinciden todos los expertos al señalar que una persona que repite constantemente frases como "no quiero vivir más", "debería morirme", "estaría mejor muerto que vivo", o "no tengo ninguna esperanza de que las cosas en mi vida mejoren", debe ser tomada en serio y debe ser ayudada. La mejor manera de hacerlo es, inicialmente, escuchándola, poniéndole atención y dándole a entender que sus palabras están siendo escuchadas por alguien. Ya después, es ideal pedir ayuda profesional y mantenerse siempre al lado de la persona afectada.