Como coach y curioso que soy, en muchas ocasiones he preguntado a las personas con las que estaba si querían ser ricos/as, y la reacción siempre ha sido la misma: se me han quedado mirando con cara de extrañeza, como si hubiera dicho una gran barbaridad, y contestando como si la respuesta fuera de una gran obviedad, “Pues claro que sí”. No obstante, cuando les preguntas qué han hecho para conseguirlo, y aquí dejo de lado el tema “azar, loterías…”, hasta ahora nadie dado respuestas contundentes.
Déjame hacerte unas preguntas para que reflexiones:
¿Y tú, quieres ser rico/a?. ¿Qué es para ti ser rico, qué cantidad?. ¿Qué has hecho hasta ahora para REALMENTE ser rico?
-¿Qué estás dispuesto a hacer para serlo?. ¿Estás dispuesto a arriesgar todo lo que tienes, incluso con el riesgo de perderlo, para quizás hacer fortuna?
Todos tenemos un “termostato financiero” como el de casa, y su temperatura se fija según lo que te han contado acerca de la riqueza, sus creencias (“Si ese es rico es porque lo ha quitado a alguien”), modelos a seguir (padres, personas de influencia cercanas…). ¿A qué temperatura tienes tu termostato financiero?. Está comprobado que a las personas que les ha tocado la lotería, al cabo de unos años tienen sólo la cantidad de dinero que tenían antes del premio, todo lo otro lo han gastado o perdido, porque su termostato estaba en aquella temperatura. Así que, si quieres ser rico, cambia tu termostato, fija tu cantidad, analiza qué estás haciendo y qué debes cambiar, y establece un plan.
Aquí te dejo un cuento en el que te explico el secreto para ser RICO:
Había una vez un joven muchacho que quería ser rico. Había preguntado a todo aquel que se encontraba qué debía hacer para ser rico, pero nadie le daba una respuesta. Estaba desesperado, y no sabía qué hacer. Hasta que un día, un hombre mayor le propuso que fuera a ver a la persona más rica de la región, y quizás él le contaría el secreto de cómo había conseguido ser rico. El joven, sin pensárselo dos veces, cogió el camino donde vivía este rico señor.
Tras un largo trayecto, llegó hasta una gran casa rodeada por un bello jardín. Allí vio un hombre anciano cuidando un rosal. Se le acercó, y le preguntó dónde podría encontrar el propietario de la casa. El hombre se lo miró de arriba abajo, y sin hacerle caso siguió con su tarea. Entonces el joven empezó a contarle que era muy importante que le dijera donde podía encontrarlo, ya que había recorrido un largo camino para hablar con él y necesitaba que le explicara el secreto de cómo había conseguido ser rico. De nuevo el anciano se lo miró, y sin mediar palabra siguió con lo suyo. El joven, un poco molesto volvió a insistir e insistir, diciéndole que no se iría hasta que pudiera hablar con el dueño.
El hombre, dada la insistencia, le preguntó:
-¿Realmente quieres saber cómo he conseguido ser rico?
El joven, con la cara iluminada le dijo que estaba dispuesto a hacer lo que le pidiera para que se lo contara.
Entonces el hombre le dijo:
-Está bien, te contaré mi secreto. Sígueme sin hacer preguntas.
El joven estaba que se salía, por fin iba a saber el secreto de cómo hacerse rico, así que siguió al hombre. Éste salió de la casa y subió en su coche, hasta llegar a un gran estanque. Una vez allí, subió a una barca y le dijo al chico que remara. El joven extrañado, remó, pensando que quizás quería estar en un sitio solitario para que nadie más oyera el secreto. Ya dentro del estanque, el hombre rico le dijo que se levantara, y entonces le dio un fuerte empujón haciéndole caer al agua.
El joven, que no se lo esperaba, cayó al agua e intentó subir a la superficie para coger aire. Tan pronto como sacaba la cabeza, el hombre rico le empujó de nuevo hacia el fondo, así en varias ocasiones hasta cuando el joven estuba a punto de ahogarse. Entonces el hombre rico le ayudó a subir a la barca. El joven, mojado y enfuriasmado, le dijo:
-Me has engañado, no sólo no me has contado tu secreto, si no que me has tirado al agua y casi me ahogas.
Entonces, el hombre rico, le dijo:
-El día, y tan solo el día que desees tanto ser rico como antes deseabas el aire para respirar, ese día conseguirás SER RICO.
Y tú, ¿realmente deseas tanto ser rico?, ¿qué riqueza deseas?..
Tras un largo trayecto, llegó hasta una gran casa rodeada por un bello jardín. Allí vio un hombre anciano cuidando un rosal. Se le acercó, y le preguntó dónde podría encontrar el propietario de la casa. El hombre se lo miró de arriba abajo, y sin hacerle caso siguió con su tarea. Entonces el joven empezó a contarle que era muy importante que le dijera donde podía encontrarlo, ya que había recorrido un largo camino para hablar con él y necesitaba que le explicara el secreto de cómo había conseguido ser rico. De nuevo el anciano se lo miró, y sin mediar palabra siguió con lo suyo. El joven, un poco molesto volvió a insistir e insistir, diciéndole que no se iría hasta que pudiera hablar con el dueño.
El hombre, dada la insistencia, le preguntó:
-¿Realmente quieres saber cómo he conseguido ser rico?
El joven, con la cara iluminada le dijo que estaba dispuesto a hacer lo que le pidiera para que se lo contara.
Entonces el hombre le dijo:
-Está bien, te contaré mi secreto. Sígueme sin hacer preguntas.
El joven estaba que se salía, por fin iba a saber el secreto de cómo hacerse rico, así que siguió al hombre. Éste salió de la casa y subió en su coche, hasta llegar a un gran estanque. Una vez allí, subió a una barca y le dijo al chico que remara. El joven extrañado, remó, pensando que quizás quería estar en un sitio solitario para que nadie más oyera el secreto. Ya dentro del estanque, el hombre rico le dijo que se levantara, y entonces le dio un fuerte empujón haciéndole caer al agua.
El joven, que no se lo esperaba, cayó al agua e intentó subir a la superficie para coger aire. Tan pronto como sacaba la cabeza, el hombre rico le empujó de nuevo hacia el fondo, así en varias ocasiones hasta cuando el joven estuba a punto de ahogarse. Entonces el hombre rico le ayudó a subir a la barca. El joven, mojado y enfuriasmado, le dijo:
-Me has engañado, no sólo no me has contado tu secreto, si no que me has tirado al agua y casi me ahogas.
Entonces, el hombre rico, le dijo:
-El día, y tan solo el día que desees tanto ser rico como antes deseabas el aire para respirar, ese día conseguirás SER RICO.
Y tú, ¿realmente deseas tanto ser rico?, ¿qué riqueza deseas?..
ADIOS!