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Cuba - Habanos falsos: así es la vida en el mercado negro

Info12/29/2007
Habanos falsos: así es la vida en el mercado negro Victoria (Canadá).- Las condiciones económicas cubanas son realmente duras, con sus gentes buscando contínuamente como hacer dinero. En los viejos tiempos, cuando el comercio de habanos falsos era escaso, era considerado una 'ofensa de cababalleros'. Pero hoy el comercio de falsos vive su edad de oro. Este artículo nos llevará desde la compra de la materia prima a la fumada en los elegantes salones capitalistas. El viaje Primero conozcamos a José, que vivió en una finca de Pinar del Rio, muy cerca de San Juan y Martinez. 'Mucho trabajo y poco dinero', así que se mudó desde Vuelta Abajo a la 'ciudad del capitalismo', La Habana. Aunque lleva poco tiempo en el negocio, ya mueve grandes sumas. Desde la capital nos fuimos en su vieja Chevy 'pickup' a Pinar del Río, a comprar tabaco. Después de tres horas de viaje llegamos a San Juan y Martinez. Muchos vegueros venden su tabaco en el mercado negro, donde cobran diez veces más que lo que paga el Estado. Primera parada: nada. Tomamos el camino a San Luis, a veinte minutos. Es una región pobre. Muchos vegueros tienen pequeñas plantaciones y cualquiera de ellos que gane más de 100 dólares al mes será considerado rico. Los vegueros nos llevan a la Casa del Tabaco: miles de hojas colgadas en filas y muchas balas de tabaco envueltas en hojas de palmera. El color del tabaco muestra que la fermentación todavía no ha acabado. José quiere tabaco para 5000 cigarros y negocia el precio con los vegueros. El precio final queda fijado en 2,5 dólares por kilo y un fajo de hoja para capa por 4 dólares el kilo. Total: 500 dólares, una fortuna en Pinar del Río. El camión se llena por completo, lo que atemoriza a José con la posibilidad de ser capturado por la policía. El viaje de vuelta nos lleva a Nuevo Vedado, un barrio de La Habana donde nos encontramos con Benito. Es mecánico, propietario de un taller de reparación de automóviles que sirve para otras cosas. El tabaco estará allí por unos días hasta mientras sea distribuido para el resto del proceso. Los habanos falsos estarán destinados a un ciudadano norteamericano que vive en Bahamas y le ha encargado 50 cajas de Partagas Lusitanias, 50 de Punch Doble Corona, 50 de Hoyo de Monterrey Doble Corona y 50 de Cohiba Esplendidos. El comprador quiere la mejor calidad y está dispuesto a pagar por ello. Otros contrabandistas con los que contacté compran tabaco de peor calidad, el que se cultiva en otras regiones y va dedicado a los cigarrillos. Pero esos cigarros sólo se venden en el mercado doméstico. El torcido Durante los próximos días José distribuye el tabaco a los torcedores ilegales. El recorrido se realiza por las calles más recónditas de la capital, donde vive gente extremadamente pobre, metiéndonos por oscuros callejones, con numerosos edificos o paredes derruídas. Llegamos a una pequeña habitación, difícil incluso para caminar una sola persona. Nos recibe una mujer que cobra una pensión de 2 dólares al mes, con la que es imposible vivir. Aprendió a torcer cigarros gracias a un vecino. Ella y su hijo están manufacturando unos churchill, probablemente 'Cohiba Espléndidos' en el futuro, aunque ellos no los cortan a la medida, cosa que se hace sólamente en el último momento. Probamos los cigarros: son basura. Húmedos y con mal sabor. Uno de estos 'torcedores' pude hacer unos 200 cigarros al día. La caja Un hombre entra en la habitación con 10 cajas vacías de Cohiba falsas. Le persuadimos para que nos lleve hasta el fabricante de las cajas. Y allá nos fuimos. Eduardo tiene su taller en la parte trasera de su casa. Fabrica sillas, muebles... y cajas de cigarros. En un rincón tiene una máquina para estampar las cajas. Los sellos pueden ser copiados por especialistas o robados de las fábricas. 'Fabricando muebles se gana muy poco dinero' se disculpa Eduardo. 'Somos muy pobres para comprar ciertas cosas, pero improvisando somos campeones del mundo'. El empaquetado Al día siguiente visitamos a un hombre en el centro de La Habana. Su lugar de trabajo es el salón de su casa. Tiene la mesa repleta de cajas vacías. Tiene los cigarros apilados en el sofá, clasificados según su 'calidad'. Los pone en su mano, los anilla y los corta para que encajen en cada caja. Al empaquetarlos pone los peores en la parte de abajo de la caja. Le pone los sellos y ya están listos para salir a la calle. La venta Este contrabandista pasó un año en la cárcel, cuando fue sorprendido por la policía con diez cajas de habanos falsos. La próxima vez serán varios años. Por eso ya no realiza la venta directamente. Lo harán los 'jineteros'. Los vendedores callejeros se mueven sobre todo en las zonas cercanas a los hoteles y las tiendas de habanos. Tratan de persuadir al turista para que no compre en las tiendas oficiales. El argumento es siempre el mismo: tienen un pariente trabajando en una factoría que saca una caja al día. Si esto fuera cierto, toda la producción de la fábrica Partagás desaparecería en el mercado negro. Aunque la calidad de los falsos es variable, los precios aon incomparables y las marcas y formatos los más conocidos: Cohiba y Montecristo. Cada año miles de turistas compran miles de falsificaciones. Contrabandistas extrajeros Muchos turistas no saben que están comprando habanos falsos. No es así en el caso de Dieter, un contrabandista de Stutgart. Todos los años viaja un par de veces a Cuba. Compra un par de cajas en las tiendas oficiales, para consumo propio, y diez cajas en el mercado negro, a 30 dólares cada una. De esta forma se financia el viaje y sus habanos. Vende los falsos rápidamente, nada más llegar a su país, puesto que no han sido desinfectados y pueden generar moho azul muy pronto. Hans, un holandés que vive en la isla, reconoce que ha hecho del contabando su modo de vida. Cinco o seis veces viaja a Amsterdam con 100 cajas en su equipaje. Para sacarlos del país soborna a algunos funcionarios del aeropuerto. La tarifa son 10 dólares por caja. Según Hans, una importante cadena de tiendas de su país le compra las cajas nada más bajarse del avión. Dinero rápido. Viajando a Estados Unidos George, el norteamericano para el que José compró el tabaco, vive entre Bahamas y Tampa, Florida. La idea de hacerse contrabandista se le ocurrió en un viaje para pescar en Cuba. Al ver que todos quienes viajaban volvían cargados de habanos, pensó en hacer de ello un negocio. Contactó con falsificadores y empezó una pequeña relación. Hoy asegura que introduce en Estados Unidos 2.000 cajas al año. Las cajas viajan en su yate de Cuba a Bahamas y de allí a Miami, bajo bandera americana. En Florida, un distribuidor le paga 250 dólares por caja. Estas suelen ser distribuidas en tiendas, bares y restaurantes desde Nueva York hasta Miami. Otra fórmula es la que emplea Tom. Compra el tabaco en Cuba y se lo lleva a su torcedor en Santo Domingo. Este cobra 1.000 dólares al mes, manufacturando cigarros de 'buena calidad'. Tom introduce los cigarros en Estados Unidos como un tabaco barato dominicano. Paga el impuesto correspondiente y en Palm Springs los anilla de nuevo y los introduce en cajas falsas. Dice que los vende como 'pasteles calientes'. ¿Es posible parar el contrabando? Como hemos visto el comercio de falsos es tremendamente habitual. Una vez le pregunté a un policía por qué no se para este comercio ilícito: 'deberíamos meter en la cárcel a la mayoría de la gente de La Habana', contestó. fuente: http://elbuenhabano.com/habano/new/article.php?id=204&lang=spanish&puroid=93ad295a6d1c131907873ef7da363c90 El domingo me voy a cuba y se me ocurrio investigar un poco.
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