Ameneh mandó los informes médicos a la Justicia iraní para acogerse a su derecho a aplicar a su agresor la ley del talión.
En Irán la ley de Talión es legal
“Estoy contenta -agrega- porque voy a poder dejarlo ciego de los dos ojos, ya que según la ley un hombre vale el doble que una mujer y lo mismo pasa con los ojos.
eneh Bahrami se quedó ciega en 2004 cuando un pretendiente despechado le roció la cara con ácido. Cinco años después, regresa a Irán para aplicarle la Ley del Talión al hombre que la dejó el rostro deformado y sin poder ver. La ley del “ojo por ojo” está permitida en su país y exige un castigo igual al crimen cometido.
Ameneh Bahrami, de 30 años, no perdona que un pretendiente, Majid Emovahedi, cinco años menor, le arrojara “ácido vengativo” en la cara y la dejara ciega y desfigurada de por vida. La mujer reclama “ojo por ojo, y diente por diente” y los tribunales islámicos de Irán le han dado la razón. Ahora está a la espera de poder viajar a Teherán y arrojar unas gotas –”no se si son cinco o diez las que puedo echar”, dice– en los ojos de su agresor para que se quede ciego el resto de su vida.
En Irán la ley de Talión es legal
“Estoy contenta -agrega- porque voy a poder dejarlo ciego de los dos ojos, ya que según la ley un hombre vale el doble que una mujer y lo mismo pasa con los ojos.
eneh Bahrami se quedó ciega en 2004 cuando un pretendiente despechado le roció la cara con ácido. Cinco años después, regresa a Irán para aplicarle la Ley del Talión al hombre que la dejó el rostro deformado y sin poder ver. La ley del “ojo por ojo” está permitida en su país y exige un castigo igual al crimen cometido.
Ameneh Bahrami, de 30 años, no perdona que un pretendiente, Majid Emovahedi, cinco años menor, le arrojara “ácido vengativo” en la cara y la dejara ciega y desfigurada de por vida. La mujer reclama “ojo por ojo, y diente por diente” y los tribunales islámicos de Irán le han dado la razón. Ahora está a la espera de poder viajar a Teherán y arrojar unas gotas –”no se si son cinco o diez las que puedo echar”, dice– en los ojos de su agresor para que se quede ciego el resto de su vida.