
Cierta mañana, Buda estaba reunido con sus discípulos cuando un hombre se aproximó:
¿Existe Dios?- preguntó:
Existe- respondió Buda.
Después del almuerzo, se acercó otro hombre:
Existe Dios?- quiso saber.
No, no existe-dijo Buda.
Al atardecer un tercer hombre hizo la misma pregunta:
Existe Dios?
Tendrás que decidirlo tú- respondió Buda.
En cuanto el hombre se fue, un discípulo comento indignado:
-Maestro, ¡que absurdo! ¿Cómo es que das respuestas diferentes para la misma pregunta?
-Porque son personas diferentes y cada una llegará a Dios por su propio camino. El primero tendrá fe en mi palabra. El segundo hará todo lo posible para probar que estoy equivocado. Y el tercero sólo cree en aquello que es capaz de escoger por sí mismo.
El discipulo era nada más y nada menos que Albert Einstein.
-Maestro, ¡que absurdo! ¿Cómo es que das respuestas diferentes para la misma pregunta?
-Porque son personas diferentes y cada una llegará a Dios por su propio camino. El primero tendrá fe en mi palabra. El segundo hará todo lo posible para probar que estoy equivocado. Y el tercero sólo cree en aquello que es capaz de escoger por sí mismo.
El discipulo era nada más y nada menos que Albert Einstein.
FIN