La resiliencia es la capacidad que tenemos para afrontar la adversidad y lograr adaptarnos bien ante las tragedias, los traumas o el estrés severo. Los problemas pueden ser vividos con la actitud de desafío a superar y no como un hecho del cual escapar.Ser resiliente no significa no sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante las adversidades. La partida de un ser querido, enfermedades graves, quedarse sin trabajo, tener problemas económicos, etc., son sucesos que tienen un gran impacto, aún así las personas resilientes logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.
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La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad y salir fortalecido.La resiliencia implica una serie de conductas y formas de pensar que cualquier persona puede aprender y desarrollar. Las personas resilientes intuyen que la vida tiene sentido, aceptan los hechos y quieren salir adelante sabiendo que todo pasa. Se animan a indagar en su interior las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse o si se repiten estan alertas a actuar de manera diferente. Controlan sus emociones, especialmente ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis.

Los primeros estudios sobre la resiliencia se centraron en personas que habían vivido situaciones límites: campos de concentración, niños pobres que habitan en las calles o mujeres maltratadas. Aquellos que resistían y seguían adelante, sin tirar la toalla eran los llamados resilientes.
Un matiz: Resiliencia no significa invulnerabilidad, esa persona sufre como cualquiera, lo que le diferencia es la capacidad de darle la vuelta a las circunstancias y mejorar con mayor calidad de vida en condiciones duras a pesar de todas las experiencias dolorosas y complicadas.

Por ejemplo, ¿Qué es lo que permite tener una calidad de vida adecuada aun habiendo nacido en la pobreza absoluta, tener padres alcohólicos o haber sufrido malos tratos en la infancia?
La investigación de Emmy Werner dio respuesta a la pregunta después de haber estudiado durante 32 años a personas de la isla hawaiana de Kauai que habían crecido en dichas condiciones.
Todos aquellos que fueron capaces de salir y de transformarse positivamente, habían vivido algo en común: contar con al menos una persona, familiar o no, que los había aceptado tal y como eran de manera incondicional, independientemente de su temperamento, de su aspecto físico o de su pasado, así que comparte tus miedos, estos se dividirán...recuerda la frase, divide y vencerás....construye y transforma, solo el que puede cambiar sus deseos y pensamientos, puede cambiar su futuro.
Un signo de madurez interna es cuando ante la alteración emocional de otros o situaciones fuertes, una persona se mantiene observando, accionando si fuera necesario, pero con total equilibrio emocional interno. Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión. Piensan que pueden ser protagonistas de sus vidas y se consideran competentes. Confían en sus propias capacidades. El modo de pensar de las personas resilientes es siempre positivo a futuro. Saben que los pensamientos influyen en el modo como la gente afronta el estrés y la adversidad.
Las crisis son oportunidades que nos muestran cosas que tenemos que animarnos a cambiar. Son hechos que debían suceder porque el alma así lo considera para evolucionar. Detrás de cada problema o experiencia dolorosa, hay un mensaje para crecer y madurar hacia ser una versión más elevada de nosotros mismos.
Levantarse e intentarlo de nuevo
