InicioHumorCriticas y Análisis de las Peliculas del 2011



Películas a Criticar y Analizar

►TRANSFORMERS: EL LADO OSCURO DE LA LUNA

►Harry Potter y Las Reliquias de La Muerte: Parte 2

►CARS 2

►MI OTRO YO. PELICULA DE MEL GUIDSON

►PIRATAS DEL CARIBE 4

►KUNG FU PANDA 2

►LOS PRÓXIMOS TRES DÍAS

►X MEN. PRIMERA GENERACIÓN

►¿QUÉ PASO AYER? 2 PARTE

►DURA DE LIGAR

►EL SECRETO DE LA ÚLTIMA LUNA

►EL VENGADOR

►EL DESCENSO 2

►AGUA PARA ELEFANTES

►LOS REALIZADORES

►WINNIE THE POOH

►THOR

►FELINOS DE ÁFRICA

►LECCIONES PARA UN BESO – COMEDIA PELICULA COLOMBIANA

►INVASIÓN DEL MUNDO: BATALLA LOS ÁNGELES

►127 HORAS

►DE AMOR Y OTRAS ADICCIONES

►EL AVISPON VERDE

►EL CONCIERTO

►NOCHES DE ENCANTO

►EL TURISTA

►LA CHICA DE LA CAPA ROJA

►EL CAPITAN AMERICA EL PRIMER VENGADOR

►SUKER PUNCH


























TRANSFORMERS: EL LADO OSCURO DE LA LUNA.



La primera cinta de “Transformers” tan sólo será recordada por su apabullante media hora final. La segunda: “Transformers: La venganza de los caídos” ha desaparecido por completo de la memoria de la mayoría de los espectadores. Ahora, llega la tercera: “Transformers: El lado oscuro de la Luna”, a la que le sucede algo parecido que a la primera entrega de la serie, sólo que acumulando más metraje. Porque su director Michael Bay sabe que se trata de eso, de dejar estupefacto al público con una sucesión de pasajes de acción que les haga olvidar los nefastos diálogos y situaciones que han tenido que vivir en el prescindible arranque de una cinta que bien podría ser el colofón de una trilogía.

Al contrario de lo que sucedía con su antecesora, se nota que al menos “Transformers 3” presenta una vaga trama principal. Tras un flojo argumento y pésimos diálogos, se esconde un título en el que el exceso se convierte en la principal estrella de la función. Los insoportables fragmentos cómicos, la duración de la cinta o la aparatosidad de su segunda mitad son una buena prueba de ello. Nuevamente el público se encuentra con situaciones que provocan vergüenza ajena. Eso sí, los efectos especiales son buenos, existiendo de nuevo una acertada mezcla entre lo físico y lo digital.
Los intérpretes nada pueden hacer frente al carisma de las máquinas generadas por computador, empezando por un Shia LaBeouf que se limita a correr y a gritar por todos lados. Dado que se prescindió de Megan Fox, el director Michael Bay decidió ponerle a su lado a otra despampanante chica: Rosie Huntington-Whiteley que no alcanza nunca nivel. El reaprto se completa con un pesado John Turturro, aunque esta vez le ha salido competencia en la figura de John Malkovich. Sin duda, Frances McDormand es la más aceptable de todo el elenco, aunqueninguno de ellos le hace sombra a los Autobots y a los Decepticons. “Transformers 3” es una película ideal para todos aquellos que, tras dormir una siesta durante su primera mitad, quieran despertarse con una colección de sonidos ensordecedores, explosiones y batallas





Harry Potter y Las Reliquias de La Muerte: Parte 2.



Diez años de saga. Diez años que ven su final con Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte: Parte 2, película que pone punto y final a las aventuras del Niño que sobrevivió, Ron y Hermione; y en el que el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería cierra sus puertas para siempre.

Mucho ha llovido -se suele decir- desde que vimos como unos jovencísimos Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson comenzaban sus estudios, sin saber qué andanzas les deparaba el futuro. Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte: Parte 2 cierra una era que bien poco tiene que ver con los inicios de la saga, la cual ha pasado de calificarse para un público más infantil a ser bastante más oscura. Harry debe enfrentarse a su destino, Lord Voldemort, del que lleva huyendo diecisiete años; y para ello contará con la ayuda de todo Hogwarst en una enorme batalla final.

Es el despliegue de efectos puestos al servicio de Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte: Parte 2. David Yates pone el resto en un alarde de magia que, si bien poco a poco comenzamos a ver en las primeras entregas, en esta supone la esencia de la película (visualmente hablando). Ya desde los primeros minutos de metraje comenzamos a ver magia, dragones, gnomos…


CARS 2. ANIMACION.



Largometraje en el que regresan los pintorescos personajes de cuatro ruedas que Pixar presentara por primera vez hace ya 5 años. Desde entonces, muchos han visto en el Cars original el producto más flojo salido de la compañía de John Lasseter. Ciertamente, Rayo McQueen, Mate y demás personajes adolecían de una falta de carisma que no compensaba la habitual trama “con metáfora” característica de Pixar/Disney.

Cars 2, afortunadamente, cuenta con el esfuerzo de sus creadores para tratar de enmendar los errores pasados. En esta ocasión, los guionistas han diseñado una trama de aventuras y espionaje a lo James Bond, que eleva el interés de la historia y la hace placentera para todo público. Este enfoque aventurero también repercute en una mayor variedad de escenarios con la que enriquece la experiencia visual del 3d. Los efectos de profundidad y volumen de esta película vuelven a demostrar que la tridimensionalidad, de momento, sólo se consigue de manera óptima con el cine de animación digital. Pocas veces veremos aquí esos incómodos efectos de “personajes recortados” que suelen poblar las cintas de imagen real rodadas en el formato de moda.



MI OTRO YO. PELICULA DE MEL GUIDSON.



Jodie Foster dirige a Mel Gibson, en un drama acerca de la manera de afrontar los problemas y las consecuencias que puede tener para quienes están más cerca.
El relato nunca acaba de ser creíble. El nacimiento de la figura de la marioneta aparece forzado, así como la reacción de los demás personajes a su súbita presencia. El filme pretende ser dramático, en algunos momentos divertido y melancólico, pero la directora nunca consigue manejar las disparidades y excesos de una historia que siempre parece obvia en intencionalidad y mensaje.

El gran logro de Jodie Foster es conseguir extraer de todo el elenco un gran nivel interpretativo. Mel Gibson es más que notable, ella, Anton Yelchin y Jennifer Lawrence se muestran en perfecta sintonía con sus respectivos papeles, siendo un reparto equilibrado. La buena forma de sus actores contrasta con el guión, que parece encontrarse a medio camino de lo que realmente podría haber sido. Se queda entonces en un filme que tiene elementos interesantes, atractivos y entretenidos pero que podrían haber resultado en una soberbia cinta manteniendo el uso de un planteamiento poco convencional.




PIRATAS DEL CARIBE 4.



La multimillonaria franquicia regresa con una cuarta parte con la tradicional espectacularidad, parte del divertimento de su primera entrega y mejorando el recuerdo que dejó su última incursión en los cines. Johnny Depp sigue mostrándose extremadamente cómodo en el papel de Jack Sparrow, a cuyas aventuras se unen Geoffrey Rush, Penélope Cruz e Ian McShane.

A pesar de los cambios introducidos y de la nueva historia, “Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas”, mantiene intactos los signos de identidad de la saga. El reemplazo en la realización por parte de Rob Marshall, conocido por su dirección de "Nine" y "Chicago", no supone ninguna variación visual, estética o de ritmo. Tampoco se echan de menos a los personajes de Will o Elizabeth, ya que esta nueva trama no los necesitaba, las nuevas incorporaciones cubren sus huecos y nunca el show nunca deja de estar en Jack Sparrow, el único irremplazable.

Esta cuarta entrega se integra perfectamente con las otras tres, aunque presenta evidencias de mejoría respecto a las dos secuelas y especialmente a la última entrega. Ninguna de las continuaciones ha llegado a proporcionar una diversión y un entretenimiento mínimamente comparables al del original “Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra”.
Esta cuarta andanza de Sparrow deja un sabor de boca mucho mejor que el que dejó “En el Fin del Mundo”, ya que tiene un mejor ritmo, un humor mejor ajustado y su argumento resulta más alineado con el que abría la saga.

A pesar de la evidente mejoría en varios aspectos, esta entrega tampoco logra maquillar la sensación de que la motivación principal para realizar esta película nace de la previsión de beneficios. Al filme le falta alma propia y personalidad, y deja claro que esto es una franquicia, que le apuesta a un filme que aunque es relativamente vistoso, a pesar del poco inspirado uso del 3-D, no deja de parecer rutinario.

Los más de cincuenta y cinco millones de dólares que ha cobrado Johnny Depp deben haber sido también un buen aliciente para volverse a meter en la piel de Jack Sparrow, un personaje que resulta tan simpático como siempre pero que, tras cuatro entregas de casi dos horas y media cada una, sorprende por la nula evolución que presenta. Nada de lo que le ha sucedido en alguna de las películas parece haber afectado mínimamente al personaje, un logro de escritura estática que refuerza la sensación de que esta cinta es simplemente una cinta más de la saga y no un esperado regreso con algo nuevo para contar.

Penélope Cruz es la nueva incorporación femenina, que ya trabajó con el director en Nine, tiene un pobre desempeño. Por su parte, Ian McShane el malo de la función, es el mejor actor de todos, sustituyendo en esta función a Geoffrey Rush, que está presente en esta nueva entrega con un paso casi desapercibido.

Al final, el filme se queda mitad de camino, entre el destacado entretenimiento que proporcionó la primera entrega y la voluntad recaudatoria de sus continuaciones, lo que da como resultado un capítulo más de una franquicia que parece funcionar con el piloto automático y que no recupera la chispa de su primer viaje.

En conclusión, Piratas del Caribe 4 es una aventura de acción simple, con mucho humor y fantasía, ideal para divertirse un buen rato. Lo que hace que este filme sea tan disfrutable es su elenco, conformado en gran parte por veteranos de la televisión y el teatro británico.


KUNG FU PANDA 2 – ANIMACIÓN.



Correcta película de animación de Dreamworks, que evita con soltura los peores defectos de las cintas de la compañía, pero que no deja espacio para la innovación o el riesgo.
Los trabajos de esta casa de animación, suelen funcionar sobre estereotipos y sin profundidad en la narración. En el aspecto técnico, habría que decir que su calidad también es inferior, si se le compara con compañías como Pixar y Disney. Los productos de esta firma se basan en una sola idea, sin un desarrollo acorde a la misma y con una sucesión de bromas y chistes que no siempre dan en el blanco.
En otras palabras, las cintas animadas de DreamWorks no son para todos los públicos (con honrosas excepciones, como las dos primeras Shrek, “Cómo Entrenar a tu Dragón” y la gran obra maestra del estudio, “El Príncipe de Egipto”), sino específicamente para niños.

En el caso de Kung Fu Panda 2, a pesar de la simpleza de la historia, que se puede seguir perfectamente sin haber visto la primera parte, durante todo el metraje se tiene la sensación de que el relato en manos de otro estudio, hubiese dado muchísimo más de sí.
No hay mucho por decir de esta película, que tiene pasajes de acción que impiden el aburrimiento, que presenta un colorido en la animación bonito y una buena música del maestro Hans Zimmer. Sin embargo, todo parece tan frio, tan calculado y tan predecible que el filme carece del alma.







LOS PRÓXIMOS TRES DÍAS.



La película narra la historia de un matrimonio, cuya felicidad se ve truncada cuando la mujer es acusada de asesinato y condenada a cadena perpetua. A partir de este momento, su marido consumido por la desesperación, intentará liberarla y para ello urde un complicado plan para sacarla de la cárcel.

Resulta un tanto sorprendente el hecho de que Paul Haggis, tras haber participado en grandes y afamados filmes como “Vidas Cruzadas”, realice un producto bastante mediocre. A pesar de que la historia puede resultar entretenida, incluso acompañada de momentos de tensión muy logrados, no puede evitar caer en un tema ya muy manido y por lo tanto, cargado de miles de situaciones ya vistas, las cuales no ha sabido solventar con acierto, ni transformarlas en un argumento más original.

A medida que avanza la película, resulta realmente difícil para el espectador no ser consciente de que se encuentra ante un
producto demasiado americanizado, en el sentido de que el excesivo dramatismo llega a ser tan histriónico, que pierde seriedad y la posibilidad de identificación por parte del público.

Los actores tampoco brillan con luz propia, incluido el propio Russell Crowe, que parece quedarse a medias en la interpretación, dando la impresión de que no ha dado todo lo que su ya larga carrera como actor puede ofrecer.
La actuación más reseñable es la del personaje de su esposa (interpretado por Elizabeth Banks), que consigue meterse en el papel de una mujer que lo ha perdido todo, debido a una falsa e injusta acusación de asesinato.




X MEN. PRIMERA GENERACIÓN.



Nueva entrega de la saga de los mutantes X-Men de Marvel. En esta ocasión la narración se remonta a sus orígenes, en los años de la guerra fría, y aunque el mundo cree que el gran desafío al que se enfrenta la humanidad es la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en realidad lo que se está labrando es la división de los hombres entre gente normal y mutantes.

Esta es una película más de superhéroes, con algunos elementos típicos del género, en la que se repiten incansablemente recuerdos de juventud de los personajes, exposición de sus superpoderes y la forma como fue realizado su entrenamiento. Todo ello, acompañado por los pequeños complejos no superados por cada uno. En ese sentido, la cinta es más o menos entretenida, aunque resulta un poco aburridor que se repita la idea del orgullo mutante de títulos anteriores.

Al mismo tiempo, hay acierto en mostrar un pequeño grupo de mutantes como traviesos estudiantes, o en el intento de develar una versión de la historia de la crisis de los misiles de Cuba, que da pie a un clímax diferente y más ágil.

Respecto al grupo de actores juveniles, no se percibe mayor esfuerzo, cuando se tiene el respaldo de nombres como James McAvoy, Jennifer Lawrence, Michael Fassbender y Kevin Bacon.



¿QUÉ PASO AYER? 2 PARTE.



Existen películas que parecen destinadas a tener segundas partes y hay otras que claramente no deberían ni intentar tenerlas. The Hangover (“La resaca”, que sería su traducción real) se estrenó en el año 2009 con el título de ¿Qué pasó ayer? y su gigantesco e inesperado éxito de taquilla provocó la voracidad de los productores, que decidieron volver a estos personajes y repetir la trama del primer filme.
Una vez más, una noche de despedida de soltero termina con los tres protagonistas en un estado lamentable, sin recordar qué fue lo que pasó la noche anterior.
Aquella cosmovisión rancia de la primera parte, se veía disimulada por una gran producción, un timing para el humor y la intriga por reconstruir la historia.

En este caso se repite la producción, que deslumbra por sus escenas en la ciudad de Bangkok y hay sin duda mucha inversión a favor de la técnica, pero el guión es bochornosamente parecido al primer filme. Los actores, demasiado agrandados por el éxito de la cinta anterior, repiten de forma sobreactuada sus roles y no dejan mucho espacio para la simpatía.

Hacia el final de la cinta, la sensación es más de aburrimiento e indiferencia. ¿Qué pasó ayer? (Segunda Parte) no tiene razón de ser y es una secuela de las menos interesantes que se haya hecho.
Como fanático o no del primer filme, esta segunda producción es un ejemplo de un notorio descenso en calidad, que no justifica el valor de una entrada a cualquier sala de cine del país.




DURA DE LIGAR.



En este filme, sobresale la labor de Steve Zahn que poco a poco se va despegando de los repetitivos roles en los que ha participado. La actuación de Zahn muestra agradablemente rasgos de verosimilitud a pesar de la locura de su personaje y su esfuerzo mantiene en pie la película en sus momentos más bajos. Por su parte Jennifer Aniston, no ha podido dejar atrás su viejo personaje de Rachel, de la exitosísima serie “Friends”. En este caso repite fórmulas conocidas de la típica comedia romántica y moldea su personaje basándose en su encanto natural, el cual no es suficiente para dar un sello distintivo a su interpretación o componer un rol de mejor forma. En esta producción, Woody Harrelson quien interpreta al novio del personaje de Jennifer, tampoco logra sacarle el mejor provecho a su actuación.

En definitiva, este filme que en Estados Unidos pasó con más pena que gloria, aterriza en nuestro país sin demasiadas estridencias y con la modestia bajo el brazo. Esta cinta, que tiene una fabulosa banda sonora, hace pasar momentos agradables si se le observa desprevenidamente y muchísimos instantes amenos si es que se pertenece al particular mundo de los fans de Jennifer Aniston.




EL SECRETO DE LA ÚLTIMA LUNA.



El secreto de la última luna es una película realmente interesante. Su argumento está dotado de sentimiento y aventura, con la dosis necesaria de humor y acción para que resulte apta para todos los jóvenes y no se haga pesada en ningún momento. Tiene un aire clásico en algunos segmentos con una acertada ambientación y un excelente vestuario.

Gabor Csupo dirige esta realización que tiene un excelente montaje digital y que consigue el propósito de transmitir la época fantástica que encierra la historia. Este es un buen producto dirigido a un público juvenil, que consigue atrapar a la familia, aunque con unas interpretaciones que no dan la talla y un hilo argumental que no hace honor a la novela original en la que se basa.




EL VENGADOR.



El realizador Scott Williams vuelve al terreno apocalíptico, para entregar una convencional historia, a partir de la adaptación de un cómic, hecha con un pésimo guión y demasiado simplismo. Esta realización acumula una diversidad de géneros, siendo una mezcla de cine post-apocalíptico, vampírico, western y de ciencia ficción que busca ser atractiva y de buena estética. Su conversión en post-producción al 3D, nada proporciona en especial.

Si esta creación hubiese sido ligeramente más original, se podría hablar de una gran ambientación como marco en el cual narrar la historia, pero en el filme poco hay que no sea fruto de una copia de otros filmes. Todas sus escenas parecen extraídas de títulos superiores; algo que en una cinta con poco peso supone una muestra más de la carencia de su concepción.

El planeta Tatooine de “La guerra de las Galaxias”, los monstruos de “Alien” y las ciudades de “Blade Runner”, son algunas de las influencias más evidentes. Igual de obvio es el desarrollo de la narración, con un diálogo banal y un guión que no depara sorpresa alguna. Estos factores hacen que la película no logre crear la tensión adecuada, ni tampoco establezca mínimamente unos personajes más allá de bocetos ó clichés.

Paul Bettany es un actor capaz de entregar apreciables interpretaciones, aunque ser un héroe de acción posiblemente no sea su fuerte. Es cierto que este es su segundo arquetipo heroico y el segundo pobremente escrito que interpreta, logrando con ello restarle más solidez al filme. Karl Urban es el malo de la función y su personaje podría haber dado mucho más. Con estos actores y un par de efectos digitales, la cinta pretende entretener durante su metraje, sin resultar nunca particularmente excitante. Nada más puede ofrecer este filme, que a pesar de tener 16 volúmenes de material gráfico en el cual basarse y tener casi dos horas de duración, parece haberse quedado sin muchas ideas a los veinte minutos.




EL DESCENSO 2.



Cuando una película de terror usa los mismos trucos para asustar que su inmediata antecesora, las cosas no andan bien, pero es peor cuando trata de innovar y el golpe de efecto es ínfimo. Ese podría ser el resumen de “El Descenso 2”, una película que ni siquiera es la sombra de la original.

En la primera cinta, un grupo de mujeres se internaba en una caverna como diversión, pero pronto descubrían a los inquietantes crawlers, humanoides que no conocen la evolución darwiniana. Marshall se tomaba su tiempo, construía el clima necesario y brindaba una formidable película de tensión.

“El Descenso 2” cayó en manos aparentemente confiables y con experiencia: las de Jon Harris. Si bien se trata de su opera prima como realizador (Harris es montajista de filmes de Guy Ritchie, Matthew Vaughn y Danny Boyle), se nota que ésta es una película menor, hecha y pensada para DVD, no sólo por el elenco (a su vez, mal dirigido) sino por el poco cuidado técnico que hay en la producción. En la primera parte, sin ser algo fabuloso, Marshall se preocupaba más por los colores, el uso de la oscuridad y la sensación constante de claustrofobia. En la segunda hay un intento por copiar esos elementos, pero sin la efectividad del ejercicio inicial. Hay bastante nostalgia en el filme, ya que varias veces se recurre al material de archivo, como añorando aquellos buenos sustos. Para el espectador, nada mejor que volver a él y olvidar esta secuela.


AGUA PARA ELEFANTES.



Sin originalidad y con un desarrollo totalmente previsible, esta película sólo se vende gracias a su cuidado aspecto y por los nombres de sus actores: Robert Pattinson, Reese Witherspoon y Christoph Waltz. Este filme de Francis Lawrence no tiene ni historia ni magnetismo, no es más que un irrelevante y meloso drama.

Esta adaptación de una novela de Sara Gruer muestra un romance dentro del mundo de una compañía circense itinerante, durante los años 30, en plena depresión estadounidense. El filme presta poca atención a la época en la que transcurre la acción, desaprovechando ese momento de crisis y convirtiéndolo más en un escenario bucólico, que en un aspecto importante dentro de la historia. En esta realización, el núcleo real es el romance entre un joven y una estrella de circo, aderezado por el hecho de que ella está casada con el director de la compañía circense.

Desde el primer minuto, desde tal y como se introduce la narración a modo de flashback, pasando por la incorporación al circo del protagonista, la conveniencia de sus estudios, cómo el joven se demuestra útil para la compañía y un interminable etcétera, el guión emplea un sin fin de trucos, obviedades y clichés románticos.

Como todo producto acaramelado, “Agua para elefantes” tiene un envoltorio llamativo: Un circo por dentro, los años 30 como elemento interesante y está rodado con una gran cinematografía, un buen estilo y un ritmo adecuado. Sus buenos valores de producción logran maquillar la facilidad y obviedad de su narración, aunque no por ello hacen de esta película todo lo encantadora y romántica que pretende ser.

Robert Pattinson es el protagonista masculino, en su segundo rol dramático, al margen de la saga que le ha dado su popularidad, “Crepúsculo”. Su mayor preocupación en este estadio de su carrera debe ser demostrar que es capaz de ser un actor con todas las letras y a pesar de que todavía va a tener que luchar mucho para quitarse el estigma vampírico, despliega progresivamente más recursos como actor. En lo que no triunfa es en crear cierta química con su coprotagonista y ganadora de un Óscar Reese Witherspoon, quien resulta tan plana como su personaje. El interprete que realmente aporta cierta fuerza es el tercer miembro del triangulo amoroso, un Christoph Waltz que difícil lo tiene para llegar al nivel de “Malditos Bastardos”, pero que cuenta con la suerte de interpretar el personaje más interesante de la película.


LOS REALIZADORES.



Sin tener la fuerza de una sátira y quedándose sólo en una comedia amable, este filme no tiene ningún elemento novedoso, ni el suficiente ingenio como para destacarse dentro del género de películas que abordan el tema de la industria cinematográfica en Hollywood.

La meca del cine norteamericano siempre se ha mostrado como algo en donde el dinero es lo más importante, el talento no cuenta, los egos tienen todo el peso y rasgos como escrúpulos o integridad son un lujo que no se puede tener. Esta película presenta de forma superficial sólo alguna de estas características y el escenario sobre el que se desarrolla la vida del protagonista es mucho menos duro y más humano.

En ningún momento este filme juega realmente la carta de ser una sátira ni tampoco una crítica, e intenta ser simplemente una simpática comedia en donde el mundo del espectáculo es más una excusa que un motivo para la narración. La historia en sí es relativamente superflua y a pesar de que su núcleo es el personaje principal, éste queda bastante plano y únicamente sirve como nexo que enlaza las situaciones que se presentan. El resultado es una película divertida en dos escasos momentos y que, gracias a la presencia de un actor reconocido, tendrá algo de público. Si no fuera por ello, esta cinta sin vida y chispa, pasaría desapercibida en la cartelera.




WINNIE THE POOH.



En esta ocasión, Disney rechaza premeditadamente las nuevas tecnologías e incluso cualquier atisbo de virtuosismo técnico, para entregar una película que podría haberse hecho hace 30 años, más o menos el tiempo que ha pasado desde el último largometraje para cine sobre este personaje, “Lo Mejor de Winnie the Pooh” de John Lounsbery y Wolfgang Reitherman, realizado en 1977.

Los dibujos están a medio camino entre la nostalgia (las ilustraciones añejas de cuentos infantiles) y una limpieza de trazos muy actual, que genera la principal diferencia con los clásicos de Disney: los movimientos son más pausados y la línea clara de los trazos es más sencilla que en el caso de las película de los 60 y 70, lo que convierte a “Winnie the Pooh” en un alarde de simplicidad.

Hay por supuesto pocas sorpresas en el filme de Stephen J. Anderson y Don Hall, dirigido a los más pequeños y a los incondicionales del personaje, sin intención de conseguir nuevos adeptos o renovar el concepto. La trama parte de la necesidad de Winnie de encontrar miel, y de Igor, el burro, de hallar su cola, que ha desaparecido misteriosamente. El resto de personajes que pueblan el bosque, desde el hiperactivo Tigger hasta el pedante Búho, les ayudarán en su tarea.
La narración se estructura a la manera de un cuento, con un narrador (en la versión original con la voz de John Cleese) y numerosos juegos metalingüísticos (Winnie y el resto interactúan con las letras del cuento e incluso es el narrador el que mueve a los personajes). Aún con esto, los conflictos y situaciones son los previsibles, con la obvia moraleja final.

Con sus escasos 70 minutos, Winnie the Pooh hará las delicias de los padres que busquen un producto al cual llevar a sus hijos, que no presente ambigüedades ni conceptos dudosos y gustará a los amantes de la animación más tradicional y amable.

Los melómanos apreciarán la banda She & Him, formada por Zooey Deschanel y M. Ward, que pone la canción final.

En conclusión, esta es una película encantadora, divertida y adorable como el primer clásico de Pooh. Un largometraje que entretendrá a los más jóvenes y a sus nostálgicos padres y abuelos.


THOR.



Producto realizado y destinado al consumo rápido, muy cuidado visualmente, pero carente de alma, profundidad y paradójicamente tratándose de un “Hombre de Hierro”, de fuerza.

Decía Steven Spielberg que el público sale contento de la sala si le proporciona un gran arranque y un gran final, obviando el nudo de la historia. El libreto de Mark Protosevich procura que así sea, pero en los primeros minutos ya deja constancia de lo que le espera al espectador en el resto del metraje: un humor blanco como la nieve, un protagonista con el que es arduamente complicado identificarse y una estructura previsible y poco trabajada. El prólogo no impresiona ni despierta interés alguno. Es más, desde ese momento, hasta el asistente mas distraído puede discernir que va a ocurrir. Las referencias visuales a “El Señor de los Anillos” no hacen más que recordar al público la brillantez de la saga dirigida por Peter Jackson y lo impersonal que luce el universo localizado en Asgard.

Una de las razones por las que se escogió a Keneth Branagh como director del proyecto es que es bastante más económico que Michael Bay, Roland Emmerich o Jon Favreau y su cartel entre los cinéfilos provocará que este sector, generalmente reacio a este tipo de películas, acuda sin demasiado recelo. Poner al mando a cualquiera de los directores anteriormente citados, hubiera proporcionado el mismo rendimiento pero seguramente la crítica sería más dura, ya que ninguno de ellos ha dirigido “Hamlet”, “Enrique V” o “Mucho Ruido y Pocas Nueces”. Branagh comete el error de pensar que Thor y su familia son proclives a la comparación con Shakespeare y que son moldeables para derramar en ellos su obsesión por el dramaturgo inglés. Ciertamente, podría haber sido así pero la torpeza del guión no deja mucho margen de maniobra al realizador. Suele decirse que el villano de la función resta o dota de envergadura al conjunto y, desde luego, el Loki de Tom Hiddleston fracasa estrepitosamente, ya que nunca se percibe lo suficientemente poderoso o hábil para malograr el rutinario éxito del bravo guerrero.

Chris Hemsworth, cero en carisma, carga casi todo el peso interpretativo del metraje, pero palidece frente a Anthony Hopkins, Natalie Portman o Stellan Skarsgard. Si no fuera por el trabajo de los secundarios (más un irreconocible Idris Stringer-Bell Elba), el australiano quedaría retratado por un papel protagonista que le viene grande y al que no aporta nada más que alguna sarcástica sonrisa de “chico malo” y un par de gritos.
Por otra parte, Portman sorprende haciendo un rol poco frecuente en ella, casi el de un extra y deja a la audiencia con la sensación de que se ha desaprovechado un papel que podía haber sido más jugoso. Pero no todo es malo. La dirección de arte y los efectos especiales son buenos y se agradece el intento de aportar algo al uso del 3D. Por momentos la cinta es entretenida y se percibe profesionalidad en cada fotograma, aunque carezca de pasión.



FELINOS DE ÁFRICA.



Los estudios Walt Disney fueron los pioneros en la realización cinematográfica de documentales acerca de la naturaleza, y entre 1949 y 1960 produjeron 13 filmes de ese género que le valieron ocho galardones de la Academia de Hollywood. Estos exitosos antecedentes impulsaron a sus responsables a proseguir por ese camino hasta llegar ahora a “Felinos de África”, una verdadera historia épica situada en uno de los lugares más salvajes de la Tierra.

Lo mejor de esta película es su impresionante trabajo de campo, sus bellas imágenes y su minucioso montaje. En síntesis, la detallada e impecable calidad de los productos Disneynature.


Los directores Keith Scholey, que nació en África y filmó muchos documentales allí para la BBC y Alistair Fothegill, un enamorado de las bellezas naturales, unieron sus fuerzas, su perseverancia y su paciencia, para lograr algo más que un documental, ya que no sólo se propusieron fotografiar a las familias de los leones en su hábitat natural, sino que supieron armar una trama en la que ellos demuestran sus comportamientos familiares, su pasión por proteger a sus crías y su audacia sin límites, para sobrevivir en medio de tantos peligros que acechan desde los lugares más inesperados.
Bella en su fotografía y tierna en su banda musical, “Felinos de África” fue sin duda, un gran desafío que se impusieron tanto los directores como el equipo técnico. Un desafío que permitió, en definitiva, lograr un filme de enorme emotividad, que muestra con amor y fuerza, la vida salvaje de esos reyes de la selva.




LECCIONES PARA UN BESO – COMEDIA PELICULA COLOMBIANA.



Juan Pablo Bustamante hace su debut al dirigir y escribir el guión de esta liviana comedia, donde no existe mayor despliegue de humor, pues se convierte en una historia lineal a la que solo vale la pena rescatarle el trabajo de fotografía y las aceptables actuaciones de Cristina Umaña y el cubano Bárbaro Marín. La caracterización que hace Salvo Basile, es débil, como también lo es la de José Julián Gaviria su adolescente protagonista.
La película posee un ritmo irregular, y a pesar del alto presupuesto invertido, no aporta mayormente a la cinematografía nacional.
La historia sin duda es universal pero su tratamiento fue flojo, monótono, rebuscado y sin resoluciones auténticas y contundentes. Este largometraje termina dejando en el espectador la sensación de vacío, a pesar de su noble intención, la cinta no arriesgo ni quiso aportar algo más allá que un cuidado detalle fotográfico.



INVASIÓN DEL MUNDO: BATALLA LOS ÁNGELES.



La trama sencilla, contundente y previsible no elude prácticamente ningún cliché de los géneros de acción y ciencia ficción. El filme más allá de su apego a todo tipo de fórmulas (como la reivindicación del heroísmo de los civiles, que aquí en su mayoría son latinos)- arranca de forma bastante convincente. Sin embargo, pasados 10 minutos el relato opta por un tono mucho más grandilocuente en el que los diálogos son dominados por apelaciones al patriotismo que parecen escritos para atraer y enrolar a más de un adolescente a las fuerzas armadas estadounidenses. Si el espectador está dispuesto a obviar cualquier tipo de análisis del discurso y una lectura ideológica del filme, a esta realización entonces le podrá encontrar 2 buenas escenas de acción rodadas con cámara en mano.



127 HORAS.



El filme narra otro suceso verídico, un relato de superación humana con la -a priori- premisa de “hombre contra naturaleza”. El gran hándicap con el que se enfrenta el director Danny Boyle es el hecho de tener filmar la mayor parte de la película en un espacio único, difícil tarea que sólo unos pocos grandes han sido capaz de superar con éxito; verbigracia: Alfred Hitchkcok en “La soga” o “Naúgragos” y más recientemente Rodrigo Cortés con su filme “Enterrado”.

Pero a diferencia de Cortés, Boyle parece no confiar demasiado en sus habilidades como narrador ni en las del propio relato, recurriendo a todo tipo de efectismos visuales y sonoros (montaje videoclipero, flashbacks, música estridente, alucinaciones, etc), y en definitiva a todo tipo de sensacionalismo visual para sacar al espectador de ese espacio cerrado. Sin embargo, lo peor del filme no es ésta cobardía narrativa, sino la moraleja que encierra, planteando la situación como auténtico e implacable castigo divino por haber elegido, el camino de la autosuficiencia.


DE AMOR Y OTRAS ADICCIONES.



Largometraje fácil de ver, que tiene un poco de chispa y con dos actores que lucen en pantalla, pero que siempre quiere venderse más a sí misma, por ello cambia su estructura narrativa cada veinte minutos. Por un lado intenta ser una película sobre relaciones un poco más adulta de lo que es habitual; por otro una comedia romántica ligera al estilo Hollywood; una pizca de crítica velada al sistema sanitario también está presente y finalmente está el libro en el que se basa el filme, el cual relata simplemente las peripecias de un vendedor haciendo todo lo posible por colocar sus productos. La cinta también quiso hablar de una de las enfermedades más deshumanizadoras, sobretodo en la gente mayor, como es el párkinson, A mitad de camino y de devaneos, el director Edward Zwick parece acordarse de que el encargo es de hacer una comedia romántica, con lo que vuelve a cambiar el tono y desaprovecha muchos de los elementos del filme, incluyendo la construcción de la relación entre ambos personajes en pos de las típicas escenas de pelea y reconciliación

El largometraje se basa en las memorias escritas por Jamie Reidy, un vendedor de Prozac que revela las cuestionables prácticas de sus compañeros de profesión, enfermeras e incluso médicos, un libro divertido escrito con acidez. A este material, de tono tan complaciente como crítico, se le ha añadido un interés amoroso y una invención cinematográfica como es la enfermedad de párkinson en la protagonista, para darle algo más de peso a la historia.

“De Amor y otras drogas” es una comedia que sigue todos los cánones del género y la cual, de vez en cuando, deja ver un poco los temas que realmente debería haber tratado. Es agradable y entretenida, aunque superficial. Las prácticas de las farmacéuticas o la dureza de una enfermedad como el párkinson no son tratadas con total simpleza pero sí de forma circunstancial. Lo más destacable del director Edward Zwick es que consigue una interpretación con gran chispa por parte de Anne Hathaway, lo mejor del filme. Jake Gyllenhaal no se nota excesivamente incomodo en el terreno cómico, pero su personaje adolece de fuerza y convicción.



EL AVISPON VERDE.



Retrasos para iniciar el rodaje, diferencias creativas, actores y directores en constante desacuerdo entrando y saliendo del proyecto, dieron finalmente una historia errática, floja y que avanza a empujones.

Michel Gondry no era el cineasta adecuado para esta producción y las aventuras del Avispón Verde no consiguen adaptarse a su estilo visual y narrativo, por mucho empeño que colocara Seth Rogen. Con ausencias estructurales, frente a la narración, la trama discurre con pesar, sin encontrar otro apoyo sustancial que la reiteración hasta el cansancio. Lo que evidencia la mediocridad y la falta de creatividad.

En cuanto al reparto, un soso Seth Rogen se ve en todo instante anulado por Jay Chou, a quien se recuerda por su trabajo en “La Maldición de la flor dorada”. Christoph Waltz sabe alejarse del histrionismo y utiliza la seriedad para de esta manera otorgarle a Benjamin Chudnofsky una adecuada comicidad. En cuanto a Cameron Díaz, su presencia es tan nimia e intrascendente que el espectador se pregunta qué es lo que le hizo aceptar semejante rol de mujer adorno. Esta es una adaptación fallida, sin argumento y prescindible, que tiene solo una escena que puede entretener.



EL CONCIERTO.



Radu Mihaileanu ofrece una película agradable, simpática, divertida, entrañable, sencilla y exenta de grandes pretensiones. El director rumano le apuesta a la búsqueda de la carcajada con situaciones absurdas y comentarios más tópicos que ingeniosos, pero que funcionan bien y con los que consigue el efecto deseado. Estos son pasajes ligeros e increíbles que invitan a la sonrisa, porque sus personajes causan pena y compasión en su desgracia cómica y desde ahí se ganan al espectador. Uno de los grandes aciertos de esta realización es la excelente interpretación de Alexei Guskov como director loco por la música de Tchaikovsky y necesitado de redimir heridas del pasado. Está logrado también el retrato, desde la comedia del ridículo, que se hace de la decadente Unión Soviética, con brochazos de desilusión y desencanto; de desconfianza con los cambios y remoción de puestos traída con la Perestroika; de crítica a unos nuevos ricos tan corruptos como los anteriores. Otro aspecto en el que Mihaileanu demuestra su pericia, es en la planificación, el montaje y el ritmo del manejo musical, sobre todo la secuencia final del Concierto de Violin y Orquesta en Re Mayor Opus 35 que cierra toda las tramas. Ese centro emocional de Tchaikovsky, logra que el espectador se apasione. Es una secuencia en las que la obra del compositor ruso toma la palabra y la película se muestra al servicio de ella.

Esta es una comedia optimista, humana, con una sencilla historia de personas en situaciones difíciles, que nos enseña que nada es imposible en esta vida si se mantiene la ilusión en el corazón. Este es un melodrama muy simpático que deja más de una sonrisa en los rostros de todos los espectadores.



NOCHES DE ENCANTO.



El género musical sigue dando señales de supervivencia cada cierto tiempo y en esta ocasión esta realización claramente está concebida para el lucimiento de Christina Aguilera, quien además de componer algunas de las canciones ejerce de productora ejecutiva.

No hay nada de original en esta propuesta. Para empezar, el esquema argumental le recuerda al espectador cintas como “Showgirls”. La ambientación en general pretende homenajear más o menos directamente a “Cabaret” y tampoco logra eludir reminiscencias a títulos como “Chicago”. Además, la historia en sí tampoco intenta alejarse de los caminos más simples y trillados, provocando una sensación de filme ya visto sin sorpresa alguna a su favor.

Esta realización tiene un par de secuencias en forma de videoclips, que se erigen como lo más destacable de esta cinta, que renuncia desde el principio a ofrecer una trama bien hilada o sustanciosa y que tampoco cuenta con interpretaciones destacadas. Ni siquiera Stanley Tucci se salva, al actor se le ve repitiendo el rol que hiciera en la cinta “El Diablo Viste a la Moda”. La recuperada Cher no puede resultar más inexpresiva y Christina Aguilera canta bien, pero sus registros como actriz dejan bastante que desear.

Así pues, el público esta ante un musical que a buen seguro contentará a los admiradores de las dos divas que comparten el cartel, pero que incluso hará rabiar de desesperación a lo largo de sus dos horas de duración a aquellos espectadores que esperan algo más de una trama tan convencional como la que brinda el equipo dirigido por el debutante Steve Antin. Cierto es que “Noches de Encanto” ofrece exactamente lo que promete –impacto visual y musical para enmascarar un argumento insulso, acartonado y previsible–, pero se podía haber intentado imprimir algo más de emoción a este cuento de hadas.





EL TURISTA.



“El Turista” representa la triste constatación de que incluso si se reúne a un equipo que ha demostrado poseer un gran talento en el pasado, ello no es garantía de conseguir una película mínimamente interesante. El largometraje falla en su conjunto, más que en un único aspecto. El realizador Florian Henckel von Donnersmarck nunca consigue darle a la película un equilibrio entre el lado romántico de la historia y su componente de thriller. La cinta no tiene tensión, dinamismo y su guión tiene demasiados huecos y es allí cuando queda a merced del carisma que puedan aportar las estrellas protagonistas.

Johnny Depp es en principio la garantía interpretativa y Angelina Jolie la de estilo. El actor estadounidense realiza una actuación acartonada y anodina, seguramente la peor de sus últimas diez o incluso quince películas. Su papel es calcado a los que interpretaba Gary Grant y Depp no esta nunca a la altura. Angelina Jolie pone pose de maniquí en cada plano y en diferentes escenas intenta copiar la imagen de Grace Kelly o Sophia Loren, en un esfuerzo por darle un cierto glamur a su personaje. Su falta de sintonía con Depp es total y evidencia las noticias que aparecieron durante el rodaje de que ambos interpretes no se soportaban ni cuando filmaban con las luces apagadas. Paul Bettany y Timothy Dalton poco aportan a esta desazonada realización.

“El Turista” es un filme vacuo y decepcionante, emociones que se acentúan con su giro final tan predecible, que hacen que el espectador se enfade por haber gastado dos horas en presenciar un desenlace tan pobremente escrito como el que se presenta.


LA CHICA DE LA CAPA ROJA.



La chica de la capa roja (Red Riding Hood, 2011) no es otra cosa que la fiel y sumisa reproducción de la lectura universal que ha tenido Caperucita Roja, cruzada con el fenómeno pop de Crepúsculo (Twilight, 2008) para potenciar su venta al público más joven, de cuyo bastión importa un triángulo amoroso, un pueblito embrujado, bosques nevados, lobos computarizados y hasta la misma directora, Catherine Hardwicke.


EL CAPITAN AMERICA EL PRIMER VENGADOR.



Enseguida nos identificamos con Steve Rogers (Chris Evans ), un famélico muchacho que es constantemente rechazado por las fuerzas armadas. Sus razones no tienen nada que ver con ideales bélicos o patrióticos sino con el defender a los indefensos de los abusadores. El Dr. Abraham Erskine (Stanley Tucci) reconoce los grandes valores del pequeño hombrecito y le da la oportunidad de servir como conejillo de indias en el nuevo programa de los Super Soldados. Otra vez, el film muestra su intención de agradar a la mayor cantidad de mercados posible teniendo a un alemán entre los buenos: “El primer país que invadieron los Nazis fue Alemania” dice Erskine.

Los efectos especiales utilizados para reducir el cuerpo de Evans no le deben nada a los vistos en ‘Benjamin Button’. Aunque la voz real del actor no concuerde con tan diminuta caja toráxica, su gran actuación durante estas primeras escenas realmente vende la ilusión. El primer acto de heroísmo del personaje antes de su transformación es realmente conmovedor. Es extraño que en un blockbuster veraniego “se nos meta algo en el ojo” en un par de ocaciones.

SUKER PUNCH.



la nueva película del realizador Zack Snyder, es un claro ejemplo de proyecto engendrado en el despacho de un productor de uno de los grandes estudios de Hollywood. Teniendo encima de la mesa los distintos informes sobre preferencias del público, gráficos de espectadores por edades y otras consultorías acerca del mercado cinematográfico, la compañía se dispone a crear un artefacto que aúne todas las características detectadas para satisfacer al público.

Snyder tiene una idea bastante clara de cómo contar visualmente una historia, de ahí que los mejores momentos de Sucker Punch sean los que lidian con la acción a raudales, aunque ese estilo visual en el que se amparan tales secuencias empiece a resultar algo pasado de moda (como ver una bala a cámara lenta recorriendo la pantalla de lado a lado.


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