No puedes tocar a nada ni a nadie. Por más que lo intentes, tu trasero no está tocando la silla ni nunca la podrá tocar (de hecho, estás flotando sobre ella)
Es hora de decirlo sin tabúes: no solo tu trasero no toca la silla, sino que nada nunca toca nada. Lo que suponemos como “contacto” es en realidad una interacción de cargas eléctricas.
La explicación es sencilla: los objetos están formados por átomos, con una nube de electrones rodeando el núcleo. Cuando un objeto se acerca lo suficiente a otro, los electrones de los átomos de ambos objetos comienzan a repelerse, dado que tienen la misma carga electromagnética negativa. Por más fuerza que hagas, digamos por ejemplo con tu trasero contra la silla, nunca lograrás que los átomos se junten.
Interpretación pictórica de la energía de los átomos en interacción
Por qué “sentimos” que estamos tocando algo, cuando en realidad no lo hacemos? Se trata de una reacción en cadena de energías: las cargas electromagnéticas de los átomos de la silla “empujan” a los átomos de tus nalgas, generando una interacción hasta llegar a los nervios sensoriales, que comunican al cerebro la “ilusión de contacto”.
Pero entonces, ¿cómo es posible que una tijera corte un papel?
Si vamos un poco más allá, ningún átomo de nuestro cuerpo está en contacto con ninguno.