




El ser humano trae consigo la violencia a partir de sus propios instintos y, de una forma o de otra, cada ser humano trabaja con ella dentro de una serie de experiencias normales y comunes. A pesar de todo, cuando las cosas se ponen críticas, el hombre normalmente no tiene muchas herramientas para direccionar o canalizar esa fuerza, que puede manifestarse de muchas formas.
La violencia expresa, para el ser humano es algo muy complejo y que tiene que ver con el temperamento individual: a veces, la brutalidad define una acción violenta por parte del hombre, a veces, la fiereza también. Esta acción si no fuera trabajada de forma seria, con buenas herramientas, puede dominar los aspectos superiores del ser humano. Todos nosotros tenemos nuestro temperamento, pero no siempre conseguimos estructurar nuestro carácter para trabajar con él. Y cuando no encuentra un carácter bien formado, ese temperamento se manifestará de muchas formas negativas. El temperamento del ser humano se compone de instintos, pasiones, hábitos, reflejos condicionados, o sea, de una serie de factores que escapan al control de la conciencia humana. Esto es natural en tanto no se tiene experiencia y madurez. No obstante, después de cierta edad, la falta de control sobre las acciones puede ser algo incluso patológico. En este caso, es necesario que formas culturales y formas educacionales elaboren una estructura que permita que el hombre manifieste sus potencialidades superiores. Los instintos son potencias inferiores que el ser humano carga a través de la evolución. Siendo así, podemos decir que su carácter es algo a ser desarrollado, lo que puede suceder a través de la cultura, educación, política, religión, ciencia, artes y también a través de la filosofía, campo que promueve el desarrollo de los potenciales superiores del ser humano. Y en tanto esto no sucede, el temperamento va desgraciadamente consiguiendo dominar al ser humano.