El presunto Santa Claus, alias Viejito Pascuero o Colacho, tiene su origen en san Nicolás, obispo cristiano que vivió en el siglo IV en Anatolia, actual Turquía. De familia acomodada mostró desde muy joven su sensibilidad hacia la desgracia ajena. Repartió sus bienes entre los necesitados, por lo que se ganó la fama de repartidor de obsequios. No fue hasta el año 1863 que adquiriese la fisonomía actual de “gordo barbudo y bonachón”. Y aunque su atuendo llevaba mucho el color verde de la “esperanza” es a principios del siglo XX cuando, la empresa multinacional Coca Cola, remodela su figura y color. Un verdadero “regalo” navideño de publicidad. La “chispa de la vida” conquista y preconiza un sentimiento universal para sus fines comerciales.
El “invento” les salió redondo, gracias a la perspicacia de los agudos publicistas. Hasta generaron centenares de miles de nuevos empleos basura en el mundo. En las grandes superficies americanas, se cuentan a miles los que cada fin de año, previo cursillo rápido de “nöeles modales”, se pasean por las calles emitiendo su canoro‘Ho ho ho’ hasta la saciedad.
Recuerdo un día, en una gran superficie escuchar a un niño, seguramente ‘índigo’ y muy avispado, que al ver tantos “papanoeles” pululando le preguntó a su padre:¿Cuál de ellos es el verdadero?… La entrecortada respuesta del padre me la guardo, pero me confirmó el mundo “ilusorio” en el que vivimos. Durante todo el año se castiga a los pequeños cuando mienten y llega la Navidad y les embaucamos descaradamente. En fin, cosas de la inocencia. Inocencia que quizá fuese bueno no perderla, pero el mundo va por unos derroteros que más que regalos traídos, por un “gordo bonachón”, harían falta milagros que está visto no están en la bolsa de “santa” ni en los lomos de sus renos.
Pero para no quedarnos “helados” bien sea porque no nos ha traído el regalo esperado o ni siquiera se ha dignado entrar en nuestra casa, tenemos una segunda oportunidad. Sí si, como en la lotería, el Gordo de Navidad primero y la Lotería del Niño después. Por imaginación que no falte y por “ilusión” mucho menos. Y es aquí, entrado ya el Nuevo Año, donde nos terminamos de quitar “el peso kármico” del pasado con más ilusión que nunca. Es que llegan los Reyes Magos y como son más, reparten más regalos…