Al compás de una cultura que promueve patrones estéticos que idealizan un cuerpo irreal y perfecto, los trastornos de la alimentación se multiplican en el mundo occidental: la obesidad, los atracones, la anorexia y la bulimia, entre otros desórdenes alimentarios, son enfermedades y malestares que encuentran su expresión y síntoma en la comida. Abordarlos de manera integral es clave.

"Qué flaca que estás", "qué bien te queda la ropa ahora que bajaste de peso", "es una chica linda, flaquita". En nuestra sociedad, la delgadez se ha vuelto sinónimo de belleza y hasta insólito pasaporte al éxito en diversas áreas del desarrollo personal, pero cumplir con algunos "mandatos sociales" puede llegar a enfermarnos. Trastornos alimentarios serios como la bulimia, la anorexia y hasta la misma obesidad se multiplican expresando -y advirtiendo-- que nuestra relación con la comida y con el comer no es saludable o, sencillamente, que hay algo que no está bien y que se expresa allí, en algo tan primario y fundamental como la nutrición.
"Los especialistas nos preocupamos cuando nuestros pacientes o quienes nos rodean presentan una preocupación excesiva por la forma de alimentarse o por su figura corporal. Las dietas restrictivas suelen ser el disparador de desórdenes alimentarios y comprobamos una y otra vez que la alteración de la imagen corporal casi siempre está ligada a una baja autoestima".
Bulimia y anorexia:
La búsqueda de un "cuerpo modelo", más allá de las verdaderas posibilidades biológicas de una persona, puede conducir a dietas de hambre imposibles de sobrellevar en el tiempo. "En forma patológica, en la anorexia nerviosa, triunfa el mandato de no comer sobre los daños físicos que ocasiona", explica Cappelletti. Y en otros trastornos, como la bulimia, las restricciones son seguidas del descontrol, con episodios en los que se consume una gran cantidad de alimentos en un corto período de tiempo, seguido de un intento de compensar a través del vómito, el uso de diuréticos o laxantes, el ejercicio desmedido o el ayuno que invita a un nuevo descontrol".
La anorexia nerviosa se puede considerar una alteración "por defecto" de los hábitos y/o comportamientos involucrados en la alimentación. Las personas que lo padecen dedican la mayor parte de su tiempo a temas alimentarios y todo lo que esté relacionado con ello. La preocupación por la comida y el temor a ganar peso son características típicas de este trastorno, junto con la inseguridad personal para enfrentarse a este problema. En general, quienes lo sufren niegan la enfermedad y se perciben gordos/as, más allá de la verdadera imagen que les devuelva el espejo.
En el caso de la bulimia, suele aparecer luego de que la persona ha realizado numerosas dietas dañinas sin control médico. La limitación de los alimentos impuesta por el propio enfermo le lleva a un fuerte estado de ansiedad y a la necesidad patológica de ingerir grandes cantidades de alimentos.
Los expertos destacan que en el origen de estas enfermedades intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales que desvirtúan la visión que el enfermo tiene de sí mismo. Lo que suele ser común tanto a la anorexia como a la bulimia es un gran temor a engordar. "El enfermo siempre se ve gordo, aun cuando su peso es normal, pero, sobre todo en el caso de la bulimia, no puede reprimir sus ansias de comer".
Estos trastornos no hacen diferencias entre sexos ni edades, aunque los adolescentes son los más vulnerables ya que están en proceso de construcción de su identidad y, por lo general, no poseen aún criterios y valores propios que les permitan escapar a la presión de los modelos estéticos vigentes.
Compulsiones y excesos:
Las personas muchas veces recurrimos a la comida para sentirnos mejor, para levantar el ánimo o para reconfortarnos cuando nos sentimos frustrados, ansiosos o aburridos. La doctora Rosa Labanca, miembro de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA), explica que las compulsiones alimentarias son patologías muy complejas que comprometen física y psíquicamente a las personas.
"Las más relevantes son la bulimia nerviosa, síndrome del comer nocturno, síndrome premenstrual y el síndrome afectivo estacional, entre otros. Las características generales que estas compulsiones presentan son picoteos secretos de carbograsas, dieta durante las comidas, consumo excesivo de alimentos dietéticos y falta de conciencia de lo que se come y atracones".
El trastorno por atracón o "binge eating desorder" está asociado a la conducta (repetida y sostenida) de comer compulsivamente, sin límites, rápido y sin placer por el alimento que se ingiere. Esta "necesidad" de comer puede surgir en cualquier momento del día, aunque es más común por las noches. Según los expertos, este trastorno es un desorden alimentario más frecuente que la bulimia y la anorexia, pero su diagnóstico es difícil porque las personas tienden a ocultarlo por vergüenza y porque no deja señales claras, salvo que uno controle la cantidad de alimentos que hay un hogar. "Generalmente, detrás de estos atracones hay un malestaer emocional que perturba a la persona, y que canaliza a través de estos actos irracionales y compulsivos", explican los especialistas.
En la Sociedad Argentina de Nutrición agregan que otro trastorno frecuente es el síndrome del comedor nocturno. "Son personas que, por motivos fisiológicos, no tienen hambre durante el día y, durante la noche, se levantan y comen todo lo que no ingirieron durante el día, en general compulsivamente. Para tratar este trastorno -dicen-- es fundamental consultar con un nutricionista y con un psicólogo, ya que ambos ayudarán a que la persona detecte entre el hambre real y el emocional".
Juntos, alrededor de la mesa:
El horario de la comida no es solamente el momento de comer. Juntarnos alrededor de la mesa y comer en familia tiene un significado mucho más importante: es el momento del día en el que nos comunicamos, compartimos y nos escuchamos. La comensalidad y las reglas y hábitos que se transmiten verbal y tácitamente cuando nos sentamos a comer son tan importantes como la comida en sí.
Los especialistas aseguran que comer en familia puede reducir el riesgo de sufrir trastornos alimentarios fomentando además una dieta equilibrada, variada y un estilo de vida ordenado. Por eso, la alimentación debe ser un tema en el que los padres lleven las riendas desde el principio, ya que establecer hábitos nutricionales saludables en los niños y compartir la mesa con ellos podrá garantizarnos que tendrán menos riesgos de padecer trastornos alimentarios o nutricionales.
Comer en familia: consejos para que todos se sientan integrados:
-1.Hacer una lista de compras pensando en el menú de cada día. Comidas simples pero que incluyan hidratos de carbono (pastas), legumbres (guisantes y lentejas), verduras, frutas, carnes y pescado.
-2.Si no hay tiempo se puede utilizar un día para deja pre cocinados los pescados y las carnes y conservarlos en el freezer. Guardar las verduras en un sitio fresco. Al llegar del trabajo calentar lo que dejaron hecho y, de esta manera, se aseguran una buena cena.
-3.Invitar a los chicos a participar. Pedirles que se encarguen de la ensalada o que ayuden a lavar las frutas. Incluirlos en estas rutinas hará que se acostumbren a colaborar y a compartir las tareas.
-4.Los chicos no deben comer solos en sus habitaciones, mirando televisión y a cualquier hora. Es muy importante inculcarles la importancia de compartir opiniones, vivencias y experiencias al menos una vez al día.
Anorexia y bulimia: signos de alerta:
-1. Negativa a mantener el peso corporal por encima de un peso normal mínimo parar edad y altura
-2. Intenso temor a aumentar de peso o engordar, aun cuando tenga peso insuficiente.
-3. Percepción distorsionada del peso, tamaño o figura de su cuerpo.
-4. En las mujeres, la ausencia de por lo menos tres ciclos menstruales consecutivos
-5. Atracones recurrentes, en general seguidos de purgas (provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas.). Un atracón se caracteriza por la ingesta de alimento de manera impulsiva y compulsiva, en un lapso mucho menor al normal para el resto de las personas; y sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (no poder parar de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo).
-6. Conductas compensatorias inapropiadas, de manera repetida, con el fin de no ganar peso: provocación del vómito, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos. Ayuno y ejercicio excesivo.
Alimentos “que engordan”: mitos y verdades:
Está claro que todo alimento tiene la capacidad de engordar en función de la energía que aporta. Por lo tanto, no puede afirmarse que no engorden, pero hay algunos que tienen demasiada mala fama, sin justificación. Veamos los más populares.


Mito 1: la papa engorda
Defensa:
Es un vegetal con alto contenido en agua (75- 80%) y un aporte calórico aproximado de 80 calorías por cada 100 gramos de porción comestible. Un contendido energético similar al de otros alimentos que suelen ser elegidos en las dietas de adelgazamiento. Por ejemplo, 100 gramos de papa hervida son semejantes a un yogur natural, un huevo cocido, una porción de merluza a la plancha o una manzana.
Conclusión:
La cuestión está en el cómo y cuánto. Incluir 150 gramos de papa hervida o al horno, por ejemplo, en un primer plato de verduras o un segundo plato de pescado puede ser una interesante y poco energética guarnición. Por el contrario, si se pretende consumir frita o en puré, con adición de leche y/o manteca o acompañada de mayonesa, se incrementa notablemente el contenido calórico de la preparación.
Mito 2: la banana engorda
Defensa:
Es una fruta muy rica en potasio. Aporta unas 72 calorías cada 100 gramos. Si bien tiene el doble de calorías que cualquier otra fruta, brinda una mayor saciedad.
Conclusión:
La banana no debe ser vista como una fruta prohibida en cualquier régimen de adelgazamiento, sino que debe limitarse su cantidad. Por ejemplo, si en una dieta se tiene permitidas dos frutas diarias, se podrá comer sólo una banana.
Mito 3: los alimentos integrales adelgazan
Defensa:
Que un alimento sea integral significa que tiene cantidad de fibra importante. Entre las propiedades fisiológicas de la fibra dietética figura su alta capacidad de retener agua, lo cual acelera el tránsito intestinal.
Conclusión:
Por lo arriba descripto, hay que asegurar un consumo mínimo diario de fibras e incrementar la proporción de alimentos integrales en la dieta. Sin embargo, la presencia de fibra no interfiere con la absorción global de macronutrientes, por lo que no tiene efecto específico sobre el consumo de calorías.
Mito 4: el pan negro es más light que el blanco
Defensa:
El pan francés no tiene grasas. En cambio, el pan negro contiene gran cantidad de azúcar, grasas y tiene, por lo general, más peso por unidad o rebanadas.
Conclusión:
Lo único que lo diferencia es el contenido en fibras (el pan negro contienen mas proporción), el cual juega un lugar importante con respecto a la saciedad, al permanecer más tiempo en el estómago, por la diminución en la velocidad de absorción. No hay diferencia en cuanto a las calorías.
Mito 5: el arroz es apto para dietas bajas en calorías
Defensa:
El arroz tiene idéntica composición química que el resto de los cereales y no se modifica ni con el lavado ni con la cocción a la que se someten los granos.
Conclusión:
No debe ser un alimento prohibido en dietas. Lo importante es analizar cuánto y cómo se come: no es lo mismo si se ingiere hervido o acompañado de una salsa light, que si lo incorporamos en una gran ensalada con jamón, legumbres y/o mayonesa, por ejemplo.