El estrés, el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios son algunos de los principales síntomas de un paciente que sufre hipertensión. La respiración consciente, la pausa -al menos momentánea- del murmullo que muchas veces aturde en la cabeza, las actividades al aire libre y la correcta alimentación son las recetas más efectivas para cambiar la calidad de vida de quienes sufren esta enfermedad.
Con educación, dedicación y tiempo todos esos difíciles hábitos, arraigados quizá en algunos casos durante toda la vida, pueden cambiarse. Incluso, en muchas circunstancias pueden permitir abandonar el uso de medicamentos.
Desde el año 1996, en el Hospital Británico, 594 pacientes dan testimonio de que estas circunstancias son una realidad. El cardiólogo Roberto Superchi, coordinador de los grupos de trabajo con pacientes hipertensos, explicó a El Observador que el resultado no es mágico, requiere compromiso y dedicación.
"Esto no es preventivo. La visión preventiva tiene un sesgo de la dupla salud-enfermedad. Lo preventivo atiende a una persona que se ve sana y a quien se quiere evitar que la enfermedad la ataque. Este trabajo que realizamos analiza qué cosas dependen del ser humano para mantenerse sano. La apuesta no es tanto a no enfermar, sino a mantenerse sano", indicó el profesional.
La participación en los grupos de trabajo es voluntaria y gratuita. Las instancias están coordinadas de manera tal que no exista justificación para no asistir. Ya que las trampas al solitario, con excusas como la falta de tiempo, siempre suelen aparecer, sobre todo al comienzo del proceso, explicó el médico.
Este año, el curso se imparte los viernes de mañana. Hay dos modalidades: un grupo que trabaja todo el año, en el que se trata a fondo las tres patas de la hipertensión -estrés, mala alimentación y sedentarismo- y otros que se concentran en algún punto específico y duran dos meses.
"La mayoría de los pacientes que se inician en un curso corto suelen terminar asistiendo a los que realizamos todo el año", afirmó el médico con satisfacción.
Superchi detalló que a la actividad asisten en promedio pacientes de 60 años. Sin embargo, también trabajan con jóvenes. En términos generales las mujeres generalmente asisten porque "desean ayudar a alimentarse y vivir mejor a sus maridos e hijos". Los hombres por el contrario acuden porque "un susto" los llevó a tomar conciencia y cambiar sus malos hábitos.
"El paciente logra comprender lo que le sucede. Entiende con el tiempo que las decisiones que toma son parte de su identidad, que lo definen", subrayó Superchi.
A su juicio, los pacientes descubren que la última manifestación de dolor o descompensación es un desesperado aviso del cuerpo para que lo atienda. "Un aviso que hace rato el cuerpo envía a través de contracturas, mal dormir, y que el paciente niega. No me detengo a pensar, y todo eso en un momento se llama enfermedad", reflexionó.
La metodología de trabajo, en grupos que también están coordinados por dos psicólogas y una nutricionista, le da al paciente herramientas para "aprender a leer lo que sienten", dijo.
Meditación
La respiración, la toma de conciencia sobre la importancia de las pausas son parte de la meditación. Esta técnica proveniente de la medicina oriental cuenta actualmente con el respaldo de investigaciones científicas de diversa índole. "La idea es que pares tu cabeza, que entiendas y vivas el momento de la meditación", indicó el médico.
"Esto libera al cuerpo y le permite generar un estado de plenitud. Si estás mejor te defenderás mejor de las enfermedades que podrían afectarte", agregó.
La clave de la metodología empleada por el programa del Británico es evaluar al paciente más allá de datos numéricos referidos a qué pasó con su presión arterial o con su colesterol.
Para ello "antes de egresar" se les realiza un cuestionario interdisciplinario que permite evaluar no solo los números biológicos, sino también el estilo de vida, la masa corporal, la manera de alimentarse, los horarios en qué lo hace, las cantidades, entre otros.
"Evaluamos también la vulnerabilidad a base de un cuestionario que planea que según tu manera de pensar, de ser y emocionarte, podés ser más o menos propenso a adquirir enfermedades porque existe un vínculo entre tus defensas y tu manera de pensar", aseguró.
Según Superchi, esta posición, que contempla el aspecto emocional de los pacientes, repercute en las decisiones que toma en el futuro. "Hagamos cosas para mantenernos sanos y esa es la bandera. Porque, si uno quiere manejar la hipertensión arterial y seguir fumando, comiendo salado y estar quieto, nada mejorará", concluyó el médico.