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Curiosidad de la Historia: Marx despreciaba a Bolívar

Info4/25/2011

Este post tiene carácter informativo, de algo que seguro muchos en esta parte del continente desconocíamos. De ninguna manera desea ofender la memoria de Bolívar.

Hace unos días atrás, vi un cierta información que me sorprendió mucho: Marx despreciaba profundamente a Simón Bolívar.
Investigué un poco más para ver qué había de cierto y pude ver que sí, era nomás así.






Según Wilson García Mérida:
Charles Daña, director del "New York Daily Tribune", le reclamaba a Carlos Marx por el "tono prejuicioso" con que el padre del materialismo histórico había escrito un ensayo biográfico sobre Simón Bolívar que, a pedido de Daña, fue redactado para el tomo III del "New American Cyclopaedia", el cual circuló en enero de 1958, casi tres décadas después de la muerte del Libertador.

En una carta fechada en Londres el 14 de febrero de 1958, Marx le escribió a Federico Engels comentando los reclamos de Daña y decía: " En lo que toca al estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Pero hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque".

La sola comparación con el emperador negro Soululouque, el dictador de Haití que surgió de entre los esclavos para cometer fechorías contra su propia gente, pone a Bolívar, desde la mira de Marx, en la posición de un dictadorzuelo oportunista y demagogo que había aprendido con ventajas las mañas de la "viveza criolla" americana.

Aunque omite el hecho de que Bolívar colaboró con Petion para la liberación de los esclavos de Haití a cambio de armamento británico, Marx logra demostrar -para profundo pesar de los adoradores del Libertador- que las campañas castrenses emprendidas por Bolívar durante la Guerra de la Independencia fueron nada más un alarde de mediocridad estratégica financiada por capitalistas ingleses y por la propia corona británica en pos de dominar el vasto mercado americano que se dislocaba del decadente dominio español. [...]
Las devastadoras opiniones con que Marx estigmatiza las pulsiones autoritarias de Bolívar constituyen hoy un colosal problema teórico y político para el movimiento marxista internacional que, paradójicamente, en Latinoamérica tiende a expresarse bajo la forma de un movimiento anti-imperialista "bolivariano". [...]

Marx desmitifica con ruda acuciosidad el aura de genio militar que rodea a Bolívar y lo expone como un general calculador y cobarde al punto de calificarlo como "el Napoleón de las Retiradas" en alusión a recurrentes episodios donde Bolívar huye en plena batalla abandonando a sus soldados, como sucedió en agosto de 1814 durante un combate contra las tropas del realista Boves. Y por si fuera poco, Marx le endilga a Bolívar el título de traidor, acusándole de haber participado en la entrega del independentista Francisco Miranda al tirano español Monteverde. De hecho, el caraqueño había iniciado su carrera militar -como buen hijo de colonos españoles de alta alcurnia- en las filas del ejército realista. A sus 16 años fue nombrado por el rey de España subteniente de la Sexta Compañía del Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua; es decir comenzó su carrera hacia el poder sirviendo a la Corona , como una mayoría de aristócratas y criollos que luego encabezaron el proceso independentista apoyados por los propios europeos enemigos del corrupto monarca español Fernando VII.

Durante la ruptura con España, atenido al omnímodo poder que le habían conferido las sofisticadas armas inglesas, el dinero de la corona británica y los caudales aportados por las elites de "españoles americanos" que se enfrentaban a los "españoles europeos" (términos usados por el propio Bolívar en varios de sus escritos), el aristócrata Libertador erigió su soberbia y casi divina figura sobre los despojos de los genuinos luchadores populares por la Independencia , indígenas y negros, llegando a incomodarse sin disimulo ante la emergencia de líderes plebeyos como el dirigente mulato Manuel Carlos Piar, prócer de la liberación venezolana, a quien Bolívar mandó fusilar, según Marx, "bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentando contra la vida de Bolívar y aspirando al poder supremo".

Marcos Roitman Rosenmann y Sara Martínez Cuadrado, en el epílogo de la última edición española (Sequitur, Madrid, 2001) del ensayo que Aníbal Ponce tradujo en 1936 para su revista "Dialéctica", aseguran que "no hay uno sólo de los hechos que Marx relata que no hayan sido admitidos por los propios historiadores amigos de Bolívar".

Marx odiaba a Bolívar sin tapujos. Lo odiaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata, más que criollo, codicioso de la fama y el poder. Un "pequeño burgués" disoluto y procaz que "tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe. marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados", escribió Marx.

José Aricó ha escrito un esclarecedor estudio sobre el mencionado texto explicando que "fue una evaluación política la que indujo a Marx a interpretar a Bolívar como autoritario y bonapartista y proyectar, como solía hacerlo, su hostilidad política al conjunto de las actividades y hasta a la propia personalidad del libertador, del que se burla encarnizadamente a lo largo de su extenso ensayo".
[...]
En este fragmento medular encontramos acaso las únicas referencias sobre Bolivia en la vasta obra de Marx:

"Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Perú (1823-1824) Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringió sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones. Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo Estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria..".



Y finalizando, citaré a Luis R. Decamps:
En efecto, cuando en 1857 Charles Dana, director del New York Daily Tribune, solicitó a Marx y a Federico Engels una serie de reseñas biográficas sobre personajes destacados del orbe para incorporarlas a la Nueva Enciclopedia Americana, el autor de “El Capital” escribió un texto sobre Bolívar lleno de prejuicios e inexactitudes que, además, “enriqueció” con la repetición de imputaciones apócrifas originadas en rumores puestos a circular por el colonialismo español o en las contradicciones, mezquindades y apetencias de poder propias de las luchas internas del movimiento independentista.

En la referida biografía, Marx trata de ridiculizar a Bolívar, a quien denomina“Libertador” de Colombia (así, entre comillas), presentándolo como un oportunista y un cobarde que, actuando como vulgar aventurero, traiciona a don Francisco de Miranda (precursor de la independencia en América del Sur), se entiende con los adversarios, se comporta como un vividor con la ayuda extranjera, abandona reiteradamente a los suyos, permite el saqueo de las ciudades que conquista, seduce y viola a las mujeres que encuentra a su paso, y sólo pelea para inflar su ego y procurar glorias temporales y placeres sin freno. Más aún: se hace eco de una expresión satírica del general Manuel Piar en el sentido de que Bolívar era el “Napoleón de las retiradas”.

Una muestra palmaria del ensañamiento de Marx contra Bolívar es la forma en que describe la entrada de éste último a Caracas el 6 de agosto de 1813 tras la capitulación de las tropas españolas: “A Bolívar se le tributó entonces una entrada apoteótica. De pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la mano, fue llevado en una media hora desde la entrada de la ciudad hasta su residencia. Se proclamó “Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela” (…), creó la “Orden del Libertador”, formó un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte”. Y de inmediato, en tono concluyente, el insigne pensador y revolucionario agrega: “Pero, como la mayoría de sus compatriotas, (Bolívar) era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual los asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos para reorganizarlas”.

Asimismo, Marx da como cierta y hace suya la descripción que hiciera de Bolívar uno de sus más conspicuos detractores, Henri L. V. Ducoudray Holstein, a saber: “Simón Bolívar mide cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro es enjuto, de mejillas hundidas, y su tez pardusca y lívida; los ojos, ni grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las órbitas; su cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz, particularmente cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado. Su aspecto es el de un hombre de 65 años Al caminar agita incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos le rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila valses con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita. En la adversidad, y cuando está privado de ayuda exterior, resulta completamente exento de pasiones y arranques temperamentales. Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. Oculta magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado en el llamado beau monde, posee un talento casi asiático para el disimulo y conoce mucho mejor a los hombres que la mayor parte de sus compatriotas”.

En general, la reseña de Marx sobre Bolívar no fue del agrado del editor de la Nueva Enciclopedia Americana, quien le hizo saber a aquel que su trabajo era evidentemente prejuiciado y, al mismo tiempo, que carecía de suficientes fuentes. Como respuesta no directa, Marx no sólo calificó de “imbécil” a Dana por sus críticas sino que arremetió también contra Bolívar de manera virulenta.

La reacción en el sentido apuntado del fundador del denominado “socialismo científico” está esencialmente contenida en la carta que le envió a Engels el 14 de febrero de 1858, en la que afirma que Bolívar es el “canalla más cobarde, brutal y miserable” que se haya conocido, tipificándolo como “el verdadero Soulouque” (emperador haitiano célebre por su idiotez y su brutalidad). Igualmente, en la misma misiva escribió lo siguiente: “La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar”.

Los defensores de Marx, fundamentalmente europeos, sostienen que si bien se debe reconocer que el insigne pensador y revolucionario era una persona con “malas pulgas” (a veces tenía un carácter difícil, era irreverente e iconoclasta, y perdía la paciencia con mucha frecuencia frente a los contradictores), el mérito básico de sus opiniones sobre Bolívar no residía en los juicios de valor que contenían (en algunos aspectos hipotéticamente no muy alejados de la realidad) sino en la “responsabilidad intelectual” y la “verticalidad de pensamiento” que el autor exhibió al atreverse a formularlos sin cortapisas ni temores.

Por su lado, los defensores de Bolívar, casi todos americanos, sugieren que, aunque algunas de las observaciones críticas de Marx pudiesen ser cercanas a la realidad, la mayoría de ellas son insolentes, exageradas o infundadas (tomadas en ocasiones, como ya se ha dicho, de fuentes dudosas o parcializadas) y, en definitiva, por ello mismo no alcanzan a empañar en lo más mínimo la gloria del gran prócer independentista del Nuevo Mundo: Bolívar, se aduce con propiedad, no era un santo sino “un hombre de su tiempo”, y como tal, lo mismo que Marx, tenía innegables vicios y virtudes, pero éstas últimas tienen infinitamente mayor peso específico que los primeros.

De todos modos, parece más que obvio que, al margen de las connotaciones históricas (pretéritas, actuales o potenciales) de la discusión sobre el tema, hay una verdad inocultable: Carlos Marx, el más célebre revolucionario europeo de todos los tiempos, no tenía en absoluto una buena opinión sobre Simón Bolívar, el más afamado héroe de la historia americano…

Fuentes:
http://www.almomento.net/news/135/ARTICLE/53454/2010-02-20.html
http://www.soberania.org/Articulos/articulo_1409.htm
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