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Sobre fimosis, esmegma y otras porquerías.

Salud Bienestar10/16/2012
La señal de alerta puede encenderse con un dolor al masturbarse, al tener relaciones o puede ser producto de la simple observación.
Como sea, lo que al comienzo fue sólo una sospecha con el tiempo va cobrando cuerpo hasta finalmente convertirse en certeza: aquí hay algo raro, pues no consigo descubrir la cabeza de mi pene.
Eso raro se llama fimosis, aunque a decir verdad, de raro no tiene nada.

Algunas cifras
Alrededor del 90% de los recién nacidos tienen el glande protegido por el prepucio y resulta difícil su retracción. Como ven, eso y decir que casi todos nacemos con fimosis es la misma cosa.
Sin embargo, de este grupo entre el 80 y el 90% de los casos el problema se resuelve en forma espontánea durante los primeros tres años de vida y casi todos los demás lo hacen entre los 3 y los 6 años.
Es así como a los 14 años sólo el 2% de los adolescentes aún la presenta y hacia los 17 el porcentaje no llega al 2%. Debo decir que si bien esto es lo que marcan las estadísticas, probablemente a nosotros nos haya tocado toparnos con buena parte de ese 2%, porque nuestra percepción es que esa cifra es bastante mayor, al menos en esta parte del mundo.
Bueno, ahora que ya sabemos que la fimosis es algo tan común: ¿se puede saber qué cuernos es la fimosis?

Corramos el telón (por lo menos hasta donde se pueda).
La fimosis es lisa y llanamente una anomalía del prepucio que le impide correrse hacia atrás para dejar el glande (la cabeza del pene) a la vista. A veces esto es posible, pero resulta muy doloroso. Eso también es fimosis.
De acuerdo a qué tan cubierto se encuentre el glande la fimosis ha sido dividida en 5 grupos:
Tipo I: Prepucio puntiforme. Forma como una pequeña trompita que impide visualizar el glande y no permite ningúna retracción. Puede llegar a complicar tanto la micción como la salida de esperma, aunque permite generalmente tener relaciones sin dolor.
Tipo II: También puntiforme, pero en este caso se logra visualizar el meato uretral, que es el orificio por el que sale la orina y el esperma. De acuerdo al grado de abertura, puede llegar a permitir las relaciones sin inconvenientes.
Tipo III: De exposición media. En este caso el prepucio cubre la mitad del glande, y aquí sí suele haber problemas para tener relaciones, pues tiende a retroceder apretando el glande lo que produce la tensión del anillo. El resultado puede pasar desde una simple molestia a un dolor intenso.
Tipo IV: De exposición casi completa. Permite ver casi todo el glande, menos la parte más ancha de éste, denominada surco coronario. Las posibilidades son similares al caso anterior.
Tipo V: Permite la exposición total, aunque de modo doloroso.

Sobre fimosis, esmegma y otras porquerías.

Especialmente en el Tipo III puede presentarse una consecuencia muy poco agradable: que el prepucio logre descubrir el glande, (por ejemplo porque se hizo con el pene fláccido y luego sobrevino la erección) pero que quede estrangulándolo sin poder retornar a su posición original. Esto recibe el nombre de “parafimosis” y requiere una urgente intervención médica, pues las consecuencias pueden ser en verdad muy desagradables.
También puede suceder que la fimosis impida que nuestro amiguito alcance una erección plena, debido a las molestias o dolor que la expansión produce y como otra variante de este mismo “efecto secundario” se ha dicho también que la fimosis de tipo I y II puede impedir el crecimiento del pene, lo cual vendría de perillas para tener a quién echarle la culpa de nuestros complejos, pero lamentablemente no hay bases ciertas que permitan comprobar esto.
Otro problema de importancia, especialmente en los dos primeros tipos de fimosis, es la dificultad de higienizar debidamente la zona lo cual no es nada bueno, pues trae consecuencias de todo tipo.
El pene tiene unas glándulas que producen lo que se denomina “esmegma”, una sustancia que tiene un olor peculiar importante para la atracción sexual. ¿Nunca les pasó que al dejar el glande al descubierto aparecen unas bolitas blancas? Bueno, eso es el esmegma. El problema es que esta sustancia tiende a descomponerse en relativamente poco tiempo, alterando su olor y convirtiéndolo en algo francamente desagradable.
Si a eso le sumamos algún residuo de orina, que también es de rápida descomposición, y algunas células muertas producto del recambio natural, el resultado es que eso que tenemos ahí es una verdadera bomba capaz de espantar al olfato más resistente.
Lo peor es que con la fimosis la cosa se complica y como consecuencia de una mala higiene el esmegma se acumula y pueden aparecer irritaciones, picazón, inflamaciones e infecciones. Y ni que hablar de las consecuencias si nuestra pareja desea complacernos haciendo sexo oral: sin dudas las arcadas le harán reconsiderar la idea y difícilmente nos vuelva a hacer eso en lo que le queda de vida, suponiendo que sobreviva y quiera seguir con nosotros.

¿Y cómo arreglamos esto?
Hay tres modos de terminar con la fimosis: La retracción manual o prepucioplastía, la prepucioplastía de Duhamel y la circuncisión.
La prepucioplastía se utiliza en los casos leves y no es otra cosa que ir dilatando progresivamente el anillo del extremo del prepucio; se practica especialmente en niños de corta edad.
Una variante de esto es la que recibe el nombre de Prepuciolastía de Duhamel, que consiste en agrandar el diámetro del anillo del prepucio y suele utilizarse en casos leves en los que no se registran complicaciones secundarias.
La circuncisión (o postectomía) es lisa y llanamente la extirpación del prepucio y el frenillo, obviamente con anestesia local o general. Se trata de una operación muy simple y breve que muy raramente trae complicaciones.

El postoperatorio de la fimosis.
Normalmente el alta se da al día siguiente de la cirugía o el mismo día en algunos casos, y el período de convalecencia dura entre 7 y 10 días, mientras que la cicatrización completa requiere unas tres semanas.
Una bolsa de hielo será nuestra mejor aliada en esos días, no sólo para evitar la inflamación, sino sobre todo porque durante la convalecencia se deben evitar a toda costa las erecciones, que pueden provocar alguna hemorragia o que algún punto se desprenda.
Esto puede parecer simple, y de hecho lo es los dos o tres primeros días, pero a partir del cuarto día nos parecerá que la Naturaleza se ha confabulado para excitarnos: todo parecerá tener una connotación sexual y hasta los programas del History Channel nos resultarán de altísimo contenido erótico.
Esos días serán interminables y la lucha contra el vigor de nuestro amiguito será denodada. Y ni que hablar de las noches. Como medida precautoria les recomiendo tener una bolsa de hielo junto a la cama, pues comenzaremos a despertarnos tres o más veces por noche sobresaltados por el tironeo de los puntos. En esos casos el hielo ayudará y mucho.
Pero esto es pasajero y finalmente nuestro problema de fimosis queda definitivamente en el pasado.

Antes de terminar aún nos queda decir unas palabras sobre otro problemita que se puede presentar, pues no sólo la fimosis nos puede complicar el panorama: también está el dichoso frenillo.

Cuando nos quedamos sin freno.
Y sí, puede ser que todo ande bien con el prepucio y aún así que el pene duela y hasta pueda llegar a sangrar al tener relaciones sexuales. En este caso las sospechas deben caer sobre el frenillo, cuyo largo puede ser insuficiente y a pesar de que llega a su máximo estiramiento ello no es suficiente para permitir la retracción del prepucio.
En estos casos, si llega a romperse o simplemente rasgarse el espectáculo puede ser tan impresionante como poco excitante, pues habrá un abundante sangrado que a pesar de lo que pueda parecer no reviste gravedad, pero a pesar de ello debemos acudir rápidamente a un médico para que termine lo que la naturaleza comenzó, pues si nos dejamos estar es probable que el frenillo cicatrice y quede aún más corto, agravando el problema.
Esta operación denominada frenuloplastia es aún más simple que la de fimosis, pues se trata simplemente de cortar la tirita, lo cual se hace con anestesia local y no requiere internación alguna. A pesar de que decimos que es simple, esto siempre debe ser hecho por un médico en un entorno apropiado, para evitar complicaciones potencialmente graves.

Bueno, esto es todo. esperamos haber contribuido a despejar dudas, y si aún les queda alguna, ya saben dónde encontrarnos.

Tiempo después de publicar esta nota, un lector, Fede_www nos envió este comentario con una noticia más que interesante:

" Hola! yo me tengo que hacer la circuncisión y la verdad estaba un poco asustado jaja pero hoy buscando descubrí que hay una nueva técnica que no requiere anestesia y no hay nada de dolor, estaria bueno si lo pueden publicar en algún lugarcito de su blog por que la verdad me dejo fascinado voy a averiguar si acá en argentina hay alguien que lo hace.
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