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María Marta: el relato del crimen

Info5/13/2011


El caso García Belsunce combina rasgos de la novela de enigma, de tradición inglesa, y del policial negro norteamericano. Pero la realidad supera a la ficción.







Vicente Battista

En agosto de 1841 apareció flotando sobre el río Hudson el cadáver de Mary Cecilia Rogers. La chica trabajaba en una tabaquería de Nueva York. Algunos diarios y revistas de la época aseguraron que se trataba de un crimen pasional; otros lo atribuyeron al feroz ataque de una pandilla de delincuentes. Lo cierto es que después de un año de meticulosas investigaciones, la policía no había logrado descubrir al asesino.

Edgar Poe consideró que era un excelente caso para que resolviera C. Auguste Dupin, el detective amateur que por esos días había creado. Así nació "El misterio de Marie Rog¬t", cuento que publicó en la revista Ladies' Companion en noviembre de 1842. El texto sólo presentaba dos cambios con respecto a la historia real: la víctima no trabajaba en una tabaquería sino en una perfumería y el cadáver no aparecía flotando en el Hudson sino en el Sena; como se recordará, Dupin vivía en París.

"El misterio de Marie Rog¬t", revelaría Poe, "fue escrito lejos de la escena del asesinato y sin otros medios de investigación que los datos de los periódicos". A lo largo del relato, C. Auguste Dupin señalaba las pistas que había que seguir para llegar hasta el homicida de Marie Rog¬t. Cuando por fin apresaron al asesino de Mary Cecilia Rogers observaron que éste había ejecutado el crimen tal como Edgar Poe lo anticipara en su cuento.

María Marta García Belsunce no trabajaba ni en una tabaquería ni en una perfumería, tampoco la encontraron flotando sobre el Río de la Plata. El cadáver apareció en el cuarto de baño de su casa, en el Carmel, un country exclusivo y excluyente. Pero tal como sucediera con Mary Cecilia Rogers, este asesinato se convirtió en un hecho mediático. No podía ser de otro modo: la víctima porta un apellido que aunque dista de ser patricio ha logrado cierta importancia en la sociedad porteña.

Su crimen, por otra parte, sintetiza lo mejor del género policial en sus dos vertientes: la novela enigma y la novela negra. Posee la violencia de Dashiell Hammett y el misterio de Agatha Christie. "Los diez indiecitos" sucede en una isla tan vedada a desconocidos como el country Carmel. En "Los diez indiecitos" el asesino necesariamente tiene que ser uno de los escasos habitantes de esa isla. Todo indicaría que el asesino de María Marta García Belsunce también debería hallarse entre los moradores del country.

Aquí finaliza el símil con la ficción. Tal como lo instituyera Poe, en la literatura policial se analizan todas las pistas, ya sean verdaderas o falsas, hasta llegar al criminal. Esa norma se mantiene inalterable desde entonces. En la mayoría de los casos el asesino comete un error, ese error será su perdición. En el crimen de María Marta García Belsunce los errores se repiten sin descanso, pero en lugar de alumbrar al culpable cada día lo oscurecen más. ¿A quién beneficia tanta penumbra?

El domingo 27 de octubre al entrar en su casa Carlos Carrascosa tuvo que haber visto las manchas de sangre que se repetían a lo largo de la escalera. En el baño de la planta alta descubrió, dice, el cuerpo de su esposa: María Marta García Belsunce. Estaba, dice, apoyada sobre el borde de la bañadera. En esta ocasión la férrea seguridad del country Carmel le jugaría una mala pasada: no había modo de atribuirle el hecho a algún villero de las cercanías. Se pueden forjar numerosos embustes, pero jamás mentir acerca de la seguridad de los countrys. Perder esa garantía podría ser el principio del fin. Fue natural entonces que primero se limpiaran las huellas comprometedoras y que de inmediato se hablase de un desdichado accidente.



El mejor folletín

Un mes y medio después hubo que modificar el relato. Entonces comenzó a tejerse una historia de crimen y misterio que ni el más delirante de los novelistas policiales se hubiera atrevido a escribir. No hay por qué evocarla, desde hace semanas se repite sin descanso en casi todos los diarios y revistas de Buenos Aires. Parece un folletín por entregas, con un nuevo sospechoso cada día.

Todo crimen necesita de un asesino, y siempre hay un motivo para matar al otro. En la novela enigma se ofrecen diferentes móviles, desde el cobro de una herencia hasta la ejecución de una venganza; sin olvidar el desenfreno de las pasiones no correspondidas. La norma exige que el asesino esté entre los personajes principales. En los primeros tiempos la culpa caía sobre el mayordomo. Hoy ni el menos perspicaz de los lectores lo admite, por lo que está tácitamente prohibido que los mayordomos manchen sus manos con sangre. En el capítulo final, Sherlock Holmes o Hercules Poirot revelaban el nombre del criminal que, oh sorpresa, era justamente aquel en el que menos habíamos pensado.

Quienes están armando el relato en torno al crimen de María Marta García Belsunce cumplen fielmente con las normas de la novela enigma. A la hora de buscar al verdugo tuvieron la gentileza de prescindir del mayordomo y en su lugar propusieron a un vecino, supuesto ladrón de perros y palos de golf. En esta primera oferta el móvil era la venganza. Parecía interesante, pero se liquidó a los tres días de estar en vidriera. Sin embargo, insistieron con el tema de la venganza, aún quedaba algo por explotar: un oscuro conflicto financiero.

El largo brazo de la mafia se ponía en movimiento con un propósito definido: liquidar a la mujer de Carlos Carrascosa. El esposo de María Marta García Belsunce había trabajado junto a los hermanos

Rohm, banqueros de ocho de la mañana a seis de la tarde y estafadores a tiempo completo. Claro que la mafia recurre a asesinos profesionales, y quien mató a María Marta García Belsunce está lejos de serlo. O tal vez nos enfrentemos a una jugada bastante más sutil: dejar el asunto en manos de un asesino profesional, pero con el encargo de que cometa diversas torpezas —sangre derramada aquí y allá, más disparos de los que se necesitan para matar, una cápsula perdida— de forma tal que los investigadores desechen la teoría de la venganza financiera y pongan sus ojos en el crimen pasional, en cualquiera de sus dos vertientes: la homosexual o la heterosexual.

Las actitudes de la familia García Belsunce, obsesionados por la limpieza, complican el tema; las de los fiscales, también. Uno de ellos ofrece verdaderas joyas semánticas y establece una sutil diferencia entre dos palabras que hasta hoy eran sinónimos: "ocultamiento" y "encubrimiento". Para ambos casos el diccionario de la lengua brinda la misma definición: "tapar, disfrazar, esconder a la vista". Sin embargo, el fiscal amigo de la familia entiende que "encubrir" significa un delito penal, en tanto que "ocultar" no pasa de ser una mera estupidez. Según sus palabras, los García Belsunce serían estúpidos pero no delincuentes: no encubrieron sino que ocultaron las importunas manchas de sangre.

Por su parte, el fiscal que atiende la causa parece ser un devoto de la serie "CSI, Crime Scene Investigation" que transmite la televisión por cable. En esos episodios es común que a partir de un mínimo trozo de uña hallado en la escena del crimen se descubra el sexo, la edad y hasta el estado civil del criminal. Fiel a esos parámetros, nuestro fiscal ha decidido tomarles impresiones digitales a todos los habitantes del Carmel y ha dispuesto que se analice cuanto corpúsculo aparezca en la escena del crimen; escena que, habrá que recordar, fue modificada minutos después de haberse cometido el asesinato. En la serie "CSI" los resultados de los análisis se obtienen de inmediato. Aquí pueden demorarse de dos a tres semanas.

En tanto, el caso continúa sin resolverse y, para colmo, no contamos con Edgar Poe y su infalible C. Auguste Dupin. Acaso haya que volver a la otra variante del género: la novela negra. En las historias de Hammett o de Chandler poco importa la identidad del criminal, esos textos dan cuenta de una sociedad corrupta en donde el crimen es sólo una consecuencia lógica. Quizá nunca lleguemos a saber quién mató a María Marta García Belsunce y por qué la mataron, pero lo que ya resulta imposible de disimular es la hipocresía que salió a la luz no bien la familia de la víctima comenzó a borrar rastros y manchas de sangre.

Cronología

27 de octubre de 2002: María Marta García Belsunce fue hallada muerta por su esposo, Carlos Carrascosa, con la mitad de su cuerpo en la bañera del baño de su casa del Carmel Country Club. Inmediatamente se dio aviso a dos servicios de emergencias y a un médico vecino, quienes aseguraron que se había tratado de un accidente.

28 de octubre de 2002: los restos de María Marta fueron inhumados tras ser velados en su casa. Al velatorio asistieron el fiscal de la causa, Diego Molina Pico, y el jefe de la Dirección de Investigaciones de San Isidro, comisario inspector Aníbal Degastaldi, debido a dudas que tenía la familia en relación a los hechos y a la magnitud del, hasta ese momento, accidente.

2 de diciembre de 2002: luego de tomarle declaración a los dos médicos que vieron el cadáver el día de la muerte, Molina Pico ordenó exhumar el cuerpo de María Marta. La autopsia reveló que había sido asesinada de cinco balazos calibre 32 en su cabeza. Un sexto balazo la rozó. Los médicos forenses que realizaron la autopsia, solo pudieron determinar que García Belsunce había fallecido a causa de disparos una vez que abrieron el cráneo y encontraron los proyectiles.1

11 de diciembre de 2002: el caso se hace público y comienzan las hipótesis sobre el presunto homicida. Entonces, se comienza a hablar de Nicolás Pachelo, un vecino del country que tenía antecedentes penales.2

19 de diciembre de 2002: Juan Hurtig (medio hermano de María Marta) declara haber tirado al inodoro de la casa un elemento extraño que le había llamado la atención y que define como “pituto”. Ese elemento era un sexto proyectil que aparece en el pozo ciego de la casa.

16 de enero de 2003: el Fiscal Molina Pico imputó por "encubrimiento agravado" al hermano, Horacio García Belsunce (h); el viudo Carrascosa; el cuñado Guillermo Bártoli; el padrastro Constantino Hurtig; el medio hermano Juan Hurtig; la masajista Beatriz Michelini; el vecino Sergio Binello; y el médico Gauvry Gordon.

8 de mayo de 2003: una investigación realizada por peritos de la Suprema Corte de Justicia bonaerense barajó la hipótesis de que en los orificios de bala en la cabeza de María Marta habían sido cerrados con pegamento cianoacrilato (“la Gotita”). Esa hipótesis fue descartada tras los estudios químicos.

10 de mayo de 2003: el fiscal solicitó al juez Barroetaveña que le dicte la prisión preventiva a Carrascosa, y el magistrado la convalidó cinco días después.

16 de febrero de 2004: el fiscal Diego Molina Pico presentó al juez Barroetaveña el requerimiento de elevación a juicio contra Carlos Carrascosa. El documento causó revuelo porque en él se sostenía que María Marta García Belsunce fue asesinada para ocultar negocios oscuros de su entorno, entre ellos el lavado de dinero proveniente del Cartel de Juárez. Esa hipótesis fue descartada en la investigación y hasta el día de hoy no existe una explicación plausible del móvil del crimen.

22 de abril de 2004: el presidente de la Sala I de la Cámara de San Isidro ordenó al juez Barroetaveña que detenga a Carlos Carrascosa por el asesinato de su esposa.

13 de junio de 2007: luego de exponer un extenso alegato, el fiscal Diego Molina Pico pidió que se condenara a Carlos Carrascosa por el homicidio de su esposa o por el encubrimiento del mismo. El fiscal desestimó la coartada del viudo, y lo situó en la escena del crimen.

11 de julio de 2007: el Tribunal Oral N° 6 de San Isidro decide absolver por unanimidad a Carrascosa por el homicidio, pero condenarlo en fallo dividido (2 votos contra 1) por encubrimiento.3

2 de mayo de 2008: el ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, ofreció una recompensa de hasta 150 mil pesos para quien aporte datos ciertos sobre el asesino de María Marta García Belsunce. Recompensa que continúa vigente hasta la fecha.

18 de junio de 2009: el Tribunal de Casación penal bonaerense da vuelta el fallo por encubrimiento sin realizar una nueva investigación ni un nuevo juicio y condena a reclusión perpetua a Carlos Carrascosa por el homicidio calificado de su esposa María Marta García Belsunce. Este fallo está siendo revisado por la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires.4

27 de octubre de 2009: María Laura García Belsunce, hermana de María Marta, publica una solicitada reclamando justicia al considerar que el crimen de su hermana se encuentra impune.

8 de febrero de 2010: Carlos Carrascosa demanda al Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la violación de varios de sus derechos y garantías del debido proceso legal

12 de mayo de 2011: Dos fiscales de Pilar piden la detención de Irene Hurtig, media hermana de María Marta García Belsunce, por presunto encubrimiento y ocultación de pruebas para favorecer a Carlos Carrascosa.5

1 La muerte de García Belsunce se trató de un crimen - Diario La Nación
2 Hipótesis sobre el homicidio en el country - Diario La Nación
3 Causa nº 1537 Carrascosa, Carlos Alberto s/homicidio...
3 Fallo de Casación
5 Caso García Belsunce: piden la detención de Irene Hurtig - CasosPoliciales.com
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