HOLA GENTE HOY LES TRAIGO HISTORIAS DE PERSONAJES DE MI PUEBLO, HECHAS POR MI
Personajes de mi pueblo: Luís Antonio Morales
“Soy como aquel hombre que llevaba consigo un ladrillo, para decirle al mundo como era su casa”
Bertolt Brecht (1898-1956)
Poeta y dramaturgo alemán.
Uno de los bodegueros más antiguos de Barrio Ajuro es Luís Antonio Morales, el cual vino al mundo en la comunidad indígena de Tabaro – municipio Independencia del estado Anzoátegui, el 25 de agosto de 1938. Llegó a El Tigre en el año 1956, de la mano de sus progenitores Francisco Antonio Silvera y María Adelina Morales, quienes inmigraron hasta el incipiente pueblo de El Tigre, atraídos por la explotación petrolera buscando mejorar la calidad de vida y la de sus hijos Ramón, Andrés (+), Francisco (+), Pedro, el mismo Luís y María Morales (La de las ricas empanadas) la viuda de don Pablo “Catire” Freites (+), otro de los primigenios bodegueros del primer sector del naciente pueblo. Después del deceso de “Catire”, María e hijos continúan al frente del negocio. Un legado que no se perdió y permanece incólume en la calle Falcón c/c con avenida 8. Una bodega histórica.
Es bueno destacar que el primer nombre de Pueblo Ajuro fue Barrio Ajuro. María Ramírez, Anastelia Salazar, Samuel González, Rafael Salazar y Tino Meza, por mencionar algunos de los fundadores, que gracias a Dios gozan de buena salud, pueden dar fe de esa verdad. Esa es otra historia. Volvamos a nuestro personaje. Luís Antonio Morales, el cual había adquirido las primeras nociones educacionales en su comunidad, dice que venía “machucado” con apenas 2do. Grado aprobado y, como ya era prácticamente adulto, cuando llegó a El Tigre, se inscribió de noche en el colegio privado “San José” que funcionaba en la calle Brasil para sacar la primaria, ya que durante el día, trabajaba ebanistería y carpintería en el taller “La Primavera” que estaba instalada en la tercera carrera norte y cuyo dueño era un italiano de nombre Giuseppe. En primer año abandonó los estudios de secundaria que había iniciado en Instituto de Comercio “Alberto Carnevalí”, se retiró del trabajo e instaló su propio negocio. La bodega “El Diamante” en la calle Venezuela c/c Primero de Mayo de Barrio Ajuro. A vender pote, dice Luís carcajeándose.
Parejo a sus años de intenso trabajo al frente de su bodega, don Luís Antonio Morales, logró conformar dos prolijas familias. Posee 12 hijos, 25 nietos y 10 bisnietos. En el matrimonio con la señora Nellys Josefina Ávila, procrearon 4. Luís Antonio (+), Yanneli de Los Ángeles, Carmen Alejandra y Angelis Josefina. Con Luisa Resplandor, el segundo frente, trajo al mundo a Gladys, William, Olga, Reinaldo, Lourdes, Rosa Amelia, Luís Benjamín y Alexander, lo que indica, que a la par de su contribución con el desarrollo económico de la ciudad , ha impulsado su crecimiento poblacional, al igual que sus hermanos. En Pueblo Ajuro, esta familia Morales es toda una institución, como lo es también la que proviene del árbol genealógico de doña Elina Morales, la esposa de don José Roldán. Esta última familia Morales son cariseños de pura cepa. Dos familias, el mismo apellido y un mismo destino: El Tigre.
La época de crecimiento de Pueblo Ajuro, contó con una refresquería muy popular que fundó en la calle Falcón don Eduardo Castillo. Éste polifacético personaje, en una oportunidad, convocó a los vecinos a una asamblea y les propuso cambiar el nombre de Barrio Ajuro, por Urbanización Guaicaipuro, a la gente no le gustó la idea y, ante su persistencia, se enardecieron, hubo un brote de violencia y, por poco lo linchan y le queman el negocio. Más nunca se habló del asunto. Había sentido de pertenencia por el nombre originario, el cual surgió de la intensa batalla que dieron los fundadores, contra la represión de la dictadura perejimenista, cuyos esbirros destruían los bahareques durante el día y, en la noche, a pesar del terrorismo de estado, las privaciones de libertad y atropellos, los volvían a levantar – protagonista y testigo de excepción es doña María Ramírez – el barrio nació ajuro, adoptó legítimamente ese nombre y, sólo a variado en el tiempo, cuando pasó de Barrio Ajuro a ser llamado, como hasta hoy, Pueblo Ajuro. La cuestión era ajuro, fue ajuro y ajuro se quedó. Hay la convicción de que se quedará por muchas lunas más con ese épico nombre. ¡Viva Pueblo Ajuro!
Luís Antonio Morales, con su proverbial humildad, honestidad y excelente don de gente, logró convertir la esquina de su bodega “El Diamante” en un sitio de encuentro para muchos vecinos, los cuales montaban hasta bien entrada la noche, unas memorables partidas de dominó. Esas partidas se mantuvieron por muchos años y hasta que la inseguridad lo permitió, Rigo Meza, Venancio Evans, Rafael “Fucho” Suárez, Pablo “Catire” Freites, Pedro Morales, Beda Cairo, David Sulbarán, Aquiles Cairo y Domingo “El ciego” Perales (El que vendía cuadros sellados del 5 y 6), el cual a pesar de ser invidente, con la yema de los dedos reconocía las piedras y, cuando estaba en acción, sólo exigía fuesen cantando las pintas de la piedra que jugaban cada uno de los otros tres jugadores. Era todo un espectáculo verlo jugar y bien difícil ganarle una partida. El poder de concentración y el fino sentido para armar cada jugada lo convertían en un jugador de primera línea. Los que tenemos ojos, lo vimos.
Otras bodegas diseminadas en el barrio, en esa época fueron las de Jesús Piñero (El Imán), Jesús Abreu (La Preferida), Isabel Matute (El Refugio), Miguel Tabata (Unión), Ramona Mota (La Mucureña) Germán Gamboa (Luchando por la situación), Rafael García (New York), Carmen de Martínez (El Almendrón) y las conocidas sencillamente por el nombre de sus propietarios Ramón Array, Modesto González, Jesús Reyes, Pedro “El Indio” Carias, Pablo “Catire” Freites, Vidal Matute. En la calle Negro Primero, ya en el Casco Viejo, c/c Ribas, funcionó también por muchos años la molienda y envasadora de café “Pureza” de señor Rafael Celis, cuyas papeletas expendía a locha (0,12 ½ Cms.) y a medio (0,25 Cms.) y, la clientela del pueblo, que era para ese entonces los que habitaban en el Casco Viejo y buena parte de lo que hoy es Pueblo Ajuro, era cautiva. Café de primera calidad y como de todo hay en viña del señor, para endulzarle la vida a los vecinos doña Mercedes Ortiz, la esposa de Martín Campos que fue agente de la policía por espacio de 30 años y posee el record Guiness de no haber llevado a nadie detenido, elaboraba unos ricos y exquisitos turrones de coco que eran la delicia de grandes y chicos. Eran emprendedores particulares que involucraban a la familia para darles impulso, permanencia y productividad. Mini empresas endógenas, por iniciativa propia, que todos recuerdan con cariño.
Don Luís Antonio Morales, su distinguida familia, los personajes, negocios y sitios que citamos en estos humildes destellos, forman parte de las más bellas páginas de nuestra historia local, la cual recreamos, refrescamos, recordamos y escribimos, con la firme esperanza de que, cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores, decidan escribir la verdadera y autentica versión del rico y bello pasado de esta pequeña urbe, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, sean considerados para incluirlos en el disco duro de la memoria histórica de ciudad . Las nuevas generaciones deben saber como era esta bella ciudad , antes de bahareque y ahora de ladrillos y cemento, que sirve de casa grande a todos los que la habitamos. ¡Vale la pena!
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Personajes de mi pueblo: Pedro Angulo
“Amar la vida a través del trabajo, es intimar
con el más recóndito secreto de la vida”
Khalil Gibran (1833-1931)
Ensayista, novelista y poeta libanés.
Hay quienes aseguran, con sobrada razón, que quien llega a la ciudad de El Tigre, no se quiere ir. Hay un atractivo especial, imposible de describir, el cual invade a los visitantes atrapándoles con un lazo invisible e indescriptible y si comete, la gracia de aventurarse a pernoctar por unas semanas, se le convierten en meses, años y luego para toda la vida. En el caso de Pedro Segundo Angulo Laguna, el cual nació en Maracay, la ciudad jardín de Venezuela, el 17 de julio de 1952, se dio esa premisa. Estudio primaria en Villa de Cura en la escuela Leopoldo Tosta y cuando cursaba la secundaria en el liceo Alberto Smith, se inicio como reportero gráfico en el diario “El Aragueño” cuyos editores le extendieron el contrato de trabajo, cuando viajó a Caracas, para iniciar la carrera de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Estudiar, luchar y trabajar, en este caso, para sobrevivir era la orden. La familia, para la época, tenía la troja altísima.
En sus tareas como reportero gráfico, en la corresponsalía del diario “El Aragueño”, conoció a don Antonio Briceño Amparan, que un buen día, lo invitó a realizar un trabajo especial para el diario “Antorcha”, lo hizo y todo salió perfecto. Un tío que vivía en El Tigre, vio el trabajo, lo buscó y lo invitó a esta bella ciudad , la cual nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933. Una vez aquí, le gustó el pueblo y su gente, conoció al periodista Alexis Caroles, que trabajaba para la alcaldía y varios diarios del estado Anzoátegui, quien lo contrató para que lo acompañara como reportero gráfico. Aceptó y se quedó. El tiempo que laboró al lado de Caroles, al cual considera su maestro, le permitió optimarse en el arte de la fotografía y, esa experiencia le facilitó, su ingreso a formar parte del plantel del diario “Antorcha” dónde ha permanecido ininterrumpidamente los últimos 23 años. Un tigrense por ¿Adherencia o naturalización? Hijo adoptivo, pues.
En esas más de 2 décadas, ha echado raíces tan profundas en El Tigre, que ni queriendo podría devolverse. Contrajo nupcias con una tigresa, la señora Belkis Eloisa Sulbarán y sus 2 hijas, Karet Nataly que estudia administración en el Politécnico José Antonio Anzoátegui y Astrid Saraet la cual cursa estudios de Comunicación Social, son hijas de esta ciudad y nunca han pensado en emigrar. Entonces, no hay dudas, es un hijo adoptivo, de esta pequeña urbe que lo atrapó para el resto de su vida. Ahora viaja periódicamente a Maracay, a pasar vacaciones y, cuando tiene algunos días de asueto, al lado de sus familiares y especialmente con su progenitora Estilita Josefina Laguna que perdió a su distinguido esposo Pedro José Angulo el año pasado. Ahora en Maracay y el estado Aragua es forastero. Las vueltas que da la vida.
En sus 23 años en el diario “Antorcha” ha tenido la oportunidad de acompañar como reportero gráfico a los periodistas Alexander Compiani, Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, Luís La Roche Abreu, Alexis Caroles, Henry Tovar, Maura Guzmán, Sol Vargas, Jesús Farias, Sergio Ramírez Osío, Sara Vargas, José Hurtado, Juan Mirabal, Diliver Uzcategui, Julio Sandoval, Yitzi Urbina, Leandra Moreno, Juan Martínez, Ángel Camauta y actualmente hace magnifica llave con Ernesto Adrianza. También, ha tenido la satisfacción de recibir reconocimientos por su ardua y destacada labor, entre los que destacan, los que entrega la Guardia Nacional, varios premios municipales, regionales, los que otorga el Colegio Nacional de Periodistas seccional sur y los internos del propio diario. Una carrera reconocida y laureada. Dios premia la constancia y la dedicación.
En la oportunidad, que Pedro Segundo Angulo Laguna, llegó al diario Antorcha, las cámaras fotográficas utilizaban rollos de 400 assa y 36 exposiciones, había que revelar y copiar en blanco y negro. En el laboratorio, cuando las noticias se movían con gran intensidad, los reporteros gráficos, tenían que hacer colas, trabajar a todo tren, tener sumo cuidado de que no se les velaran los rollos y buscar que las fotografías fuesen óptima calidad, ya que los periodistas, eran muy exigentes con las gráficas con las cuales ilustrarían sus informaciones. En su periodo de aprendizaje y especialización, contó con la colaboración de sus colegas José Francisco Decán, Ramón “Moncho” Bejarano, Antonio “Tony” Moreno y la maestría, para perfeccionarse, estuvo a cargo nada más y nada menos que de los expertos Pedro Emilio (Pejas) Rojas Vargas y Luís La Roche Abreu. ¡Una pelusa! Exclamaría el cronista oficial de la ciudad don Gustavo Perdomo.
Los reporteros gráficos, siempre están en la mira de los cuerpos represivos del estado. Les dificultan el trabajo y muchas veces, los atropellan y destruyen su trabajo, en el empeño que siempre tienen los gobiernos, por intentar ocultar realidades. Empero, el profesionalismo, la inteligencia, la astucia y la obligación de cumplir su labor, lleva a estos acuciosos fotógrafos, a ingeniárselas y utilizar métodos poco ortodoxos y Pedro Angulo, se ha visto obligado a ensayarlos en varias oportunidades. Hace unos años, hubo una masacre en las Colonias Móviles del Dorado, era la noticia y había que dar el tubazo. El Ing. Manuel Briceño, abandonó por un día sus labores al frente de la administración del diario y movilizó en su propio vehículo al equipo reporteril de Antorcha, conformado por Alexis Compiani y Pedro Angulo. Llegaron a la morgue del hospital de Puerto Ordaz y el hermetismo impuesto por las autoridades era impenetrable. Pedro, se disfrazó de enfermero y accedió a la morgue. Encontró un espectáculo dantesco, se llenó de valor y logró unas gráficas espeluznantes, las reveló, colaboró con sus colegas de otros diarios y, el periódico publicó una toma panorámica y dejó para el archivo las más crudas y pavorosas. Fue el tubazo fotográfico del año y del cual se siente orgulloso. La audacia, cuando está bien justificada, hay que emplearla y rinde sus frutos. Las mejores gráficas del año.
Cubrir como reportero gráfico, las visitas de relevantes personalidades a esta región, es una tarea siempre atractiva, interesante y que deja un halo de gran satisfacción en estos reporteros gráficos, sobre todo en el caso de Pedro Angulo, que ama a la vida, a través de esos riesgosos, difíciles y atractivos trabajos. Tiene grabado en su memoria el grato recuerdo de haber cubierto para Antorcha, las visitas de los Presidentes de Argentina Néstor Kirchner y Brasil Luís Ignacio “Lula” Da Silva y los de Venezuela Jaime Lusinchi, Luís Herrera Campins, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera y Hugo Rafael Chávez Frías, reportajes que ha hecho con gran profesionalismo, imparcialidad y excelencia. Los elogios, premios y comentarios favorables de sus colegas y periodistas con los cuales ha cumplido esas exigentes tareas, confirman la calidad de sus trabajos fotográficos y, la sapiencia que lo orienta para lograr los mejores ángulos. Esta última palabra, no tienen nada que ver con su apellido. Una cosa es en blanco y negro y otra con cámara digital y a full color.
Este personaje y los que mencionamos en estos humildes destellos, han escrito y graficado parte de la mejor historia de la ciudad y han enriquecido su acervo histórico. Nunca olvidéis que una gráfica dice más que mil palabras. Eso es indicativo de que la cronología fotográfica de Pedro Angulo, publicada en el diario Antorcha y estos destellos podrían ser una referencia a tomar en cuenta por nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas, cuando se decidan a escribir la verdadera y autentica historia de la ciudad para incorporar estas historias urbanas y sus protagonistas al disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!
Personajes de mi pueblo: Pablo José Valor Marcano (Chichi Valor)
“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero para llevarla a cabo, ha de ser cuerdo”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)
Escritor inglés.
“Soy un tipo muy vikingo” (El que da un rodeo o se desvía) es la presentación que hace de su persona el popular “Chichi” Valor. Nació en Aragua de Barcelona el 12 se septiembre de 1943 – un día antes de la fundación del partido del pueblo – y es hijo de Pedro Pablo Valor y Heriberta Marcano, ambos seguidores del PDN y por ende militantes de Acción Democrática, desde su nacimiento. Cuando tenía 6 años, llegó a Campo Oficina, invitado por su hermano Antonio Valor Marcano, a la sazón hermano del popular “Gordo” Doroteo, los cuales habían emigrado hasta la Mesa de Guanipa atraídos por el boom petrolero. “Chichi” Llegó, se quedó, viajó, regresó y se sembró.
“Chichi” Valor, estudió la primaria en Campo Oficina y, luego en el Liceo Pedro Briceño Méndez y, cuando cursaba 4to. año, se marchó a Trinidad and Tobago por espacio de 6 meses a aprender el Inglés. Al regreso, se quedó en Caracas, en casa de su hermana Carmen Valor e inició, con 17 años su largo peregrinaje por la vida, ya de forma independiente y autónoma. A nadie, le falta Dios y un día, que vagaba más limpio que talón de lavandera, por las inmediaciones de la torre sur del Centro Simón Bolívar, conoció a lo que consideró por mucho tiempo, su ángel de la guarda, Manuel Capelán, que poseía una pensión en la cual lo alojó y, al pasar de los días, lo presentó a un tío que se desempeñaba como empresario en el ramo de embobinados, le dio empleo y aprendió algo de electrónica. La había pegado del techo y, no pensaba abandonar Caracas, la cual para la época era la sucursal del cielo, pero, una cosa piensa el burro y otro el que arriba lo arrea.
Nadie es dueño de su destino y al poco tiempo, fue llamado a cumplir el Servicio Militar Obligatorio, fue asignado a la Marina, de dónde egresó con el rango de Cabo Segundo y como el que entra a la marina, está demostrado, no se sale, se quedó trabajando en la Marina Mercante en operaciones internas, para luego pasar a laborar con la naviera trasnacional Johnson Light la cual salía de Puerto Miranda y cuyo itinerario, incluía Oslo, Holanda, Dinamarca y Liverpool en cuya ruta lo ayudo a sobrevivir cómodamente su condición de poliglota internacional. “Chichi” Valor habla fluidamente español, inglés, francés, italiano y un poco de chino. En una oportunidad, que pernoctaron en Venezuela durante varios días, se traslado a Caracas y cuando divagaba por el centro, admirando la belleza de la capital, conoció al finlandés Frederick Astromg quien vendía prendas, lo invitó a participar en el negocio, lo cual aceptó y luego de un tiempo como socio, se independizó al lograr una línea de crédito internacional. Era época de bonanza y estabilidad económica. Viajaba por el país ofreciendo sus prendas y un buen día, cometió el “error” de venir de nuevo a El Tigre. Abandonó la actividad y se quedó porque el pueblo lo atrapó. “No se que tiene, pero el que llega no se quiere ir y yo no podía ser la excepción”. Esa decisión le costó ponerse a trabajar como un negro para vivir como un blanco. No se arrepiente “SOY FELIZ” asegura con gran certeza, su palabra vaya adelante.
El trabajo dignifica y como había que allegar, la arepa a la casa ya que, la familia había crecido con la llegada de sus 6 hijos, producto de la unión con su distinguida esposa Elba Rondón de Valor (+) Yonny que es soldador, Willy relojero, Evelyn ama de casa, Thor trabajador petrolero (es el rey del trueno en lo mitología nórdica y germánica, el nombre se lo sugirió un amigo finlandés que le obsequió 2 mil dólares aceptar la sugerencia) Ricky empresario de la construcción y Alba profesional del derecho, no tuvo inconveniente para incorporarse como barman del Bar, Restaurante “CAPRI” de don Félix Cicolini y donde hizo equipo con Carlos Barreto, Carlos Rodríguez, Eloy Moyetones y Aníbal González. Allí, puso en practica los conocimientos adquiridos en sus constantes viajes al exterior, convirtiéndose en un especialista en la preparación de bebidas y cócteles, llegando a ser tan solicitado que fue requerido por la Casa España, la Casa Italia, el Club Campo Norte, El Toddy Room, que funcionó frente a la Plaza Bolívar y luego fue encargado del Hotel, Bar, Restaurante “Oasis” por petitorio de don Romualdo Velásquez Salazar y remató como encargado del bar del Hotel “Mi Rancho” de don Félix Cicolini en San José de Guanipa. En ese largo recorrido, lo ayudo mucho, su condición de poliglota internacional, ya que tuvo, el honor de atender varias comitivas que nos visitaron desde Estados Unidos y otras partes del mundo. Llanero que canta y toca alguna ventaja lleva, dicen en el llano.
En su paso por el Bar, Restaurante “Capri” y “Oasis” así como los prestigiosos clubes de servicio mencionados, “Chichi” Valor conoció a los dandy de aquella época encabezados por los profesores Ángel Antonio Merlín, Frank Acosta, José Antonio Arias Reyes, Hernán Iro, los empresarios Ángel Horacio Aponte, Ramón Tineo, Gustavo Perdomo – que lo apodaba “Estimativa” y le sugería cuando le servía el escosés: “no me llenes el vaso, échame de a poquito y a cada ratico. ¡Una pelusa! Henry “Nenerina” Hernández, su colega poliglota que habla español, inglés y la pangola pareja cuando está entonado, Francisco Rodríguez, José Isabel (Chabelo) Arismendi, Los Dres. Héctor Farias Ordosgoite, José Ramón Urbáez, Atilio Mazzarri, Diógenes Pulgar, al estilista cubano William Hidalgo, propietario del salón de Belleza Hidalgo, al maracucho Francisco Paz, a los señores Joaquín Salcedo Rojas, Antonio “Toñito” Liccioni, el maracucho Alirio Gutiérrez, Placido “Talla Única” Brito, Filomeno Mazzuco, Domingo Campana, propietario de la bloquería y ferretería “La Vibradora” Antonio Mangora, Santos Puerta, José Da Silva, para entonces propietario de Hotel, Bar, Restaurante “El Recreo”, Manuel Almada, Mauro Barrios, Julio Barradas, Edmundo Barrios, Pedro Marrero Hernández, Juan Martínez, Omar Rojas que atendía “Las Quince Letras”, Evaristo Marín y Alexis García, popular cantante que entonaba la letra de la melodía “Yo tengo una varita…” y para usted de contar.
“Chichi” Valor, una vez que abandonó la actividad en ese tipo de negocios nocturnos y como buen aventurero, escogió de nuevo su camino con cordura. Retomó la venta de prendas y accesorios para relojería, recobró su crédito internacional y la clientela que siempre atendió en el oriente del país, región que recorre palmo a palmo en sus constantes y permanentes viajes. Esa actividad comercial, no lo ha enriquecido, pero le ha dado la satisfacción de vivir holgadamente y siempre cargar una polvorita en el bolsillo, para cuando tiene que enfrentar una reunión social, dónde hay más catcher que pitcheres. No lo matan en el oeste, siempre desenfunda a tiempo y, sale ileso, de cualquier disparo verbal de los criticones de oficio que, por añadidura, son como las gallinas viejas: comen, beben, caracaquean duro, pero no ponen. En MOROGAS, el archiconocido “Club de los Vasitos”, fueron ejemplo vivo de ese tipo de gallináceos rancios. A buenos entendedores pocas palabras.
El vikingo, en la mejor acepción de la palabra, “Chichi” Valor, que se enorgullecía de ser paisano de nuestro amigo y siempre bien recordado periodista Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, los negocios y los personajes que mencionamos, en su mayoría, forman parte de las historias urbanas de nuestro pueblo y los cuales, sin lugar a dudas, han enriquecido su acervo cultural, social y laboral. Es por ello, que en estos humildes destellos, los rememoramos, con la firme aspiración de que, cuando los eximios cronistas, historiadores e investigadores de nuestra rico pasado histórico, decidan escribir la verdadera y autentica historia de este pueblo, que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933, los incluyan en disco duro de la memoria histórica de la ciudad . ¡Vale la pena!


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Personajes de mi pueblo: José Reyes
“Creo en divertirse uno, en divertir a los demás, y en hacer que los demás nos diviertan. Ese es mi credo”
Thomas Burke (1886-1945)
Escritor inglés.
La ciudad , hasta finales del segundo milenio, se divertía hasta el filo de la madrugada. Discotecas, cervecerías, tascas, bares y hasta las humildes ventas de cerveza, conocidas popularmente como taguaras, trabajaban con las puertas abiertas, no hacían uso del derecho de admisión. Puerta franca para todos y todas. Los problemas y conflictos que se presentaban eran de poca monta y, los más grave que podían ocurrir, era una riña donde la sangre no llegaba al río. La seguridad, la tranquilidad, la paz, el orden y el sosiego era la regla. Un hecho de violencia o delincuencial era una inaudita excepción. En la claridad del día y la oscuridad de la noche, la gente se sentía segura, podía transitar tranquilamente y dormir hasta con las puertas abiertas. Vivíamos el paraíso de la seguridad ciudadana.
Esa época dorada, funcionó el Capri de don Félix Cicolini, el cual atendía al público las 24 horas del día. Pasada la media noche y hasta la madrugada, era el sitio preferido por los bohemios de entonces, los cuales antes de regresar a casa, pasaban a degustar las ricas tostadas, sopa de gallina, de res o un suculento nervioso y, algo para llevar a la casa, para no llegar con las manos vacías y contentar a la compañera de vida – Regla de oro – Eloy Moyetones era un anfitrión de lujo. En la medida que crecía la ciudad , la demanda hizo propicio el mercado para la aparición de otros negocios de ese ramo, que complementarán la variedad de ofertas culinarias y acrecentarán el deleite de la vida nocturna en la ciudad que crecía a un ritmo vertiginoso y la economía era fuerte y estable. Vivíamos en un paraíso político, económico, social y cultural. Éramos felices y no lo sabíamos.
En la década de 1980, José Reyes funda en la primera calle sur, exactamente, frente a La Plaza Martí, en un local que alquiló en principio a Josafat Rodulfo Lazarde y luego a su posterior propietaria Daria Chaurant, “Mi sitio” Era un expendio de pollo asado y a la broaster, arepa, cachapa con cochino, la cervecita bien fría y, la infaltable sinfonola, la cual era de marca Rock-Ola, que para esos tiempos, era la que brindaba la música con la más alta fidelidad. Bs. 1 y el cliente disfrutaba de 5 melodías escogidas a su gusto y preferencia. Los antorcheros después que cumplían la faena de cerrar la edición que saldría a la venta el día siguiente eran clientes fijos. Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, Luís La Roche, Juan Martínez, Pedro Marrero Hernández, Ángel Camauta, Alexander Compiani y Jesús Farias, no se entregaban a los brazos de Morfeo, sin antes degustar una suculenta cena. Las máquinas personales estaban estándar y aguantaban a esa hora de la noche hasta un exquisito nervioso. Época de hallaca a real, Pepsi cola a medio, espumosa a real y juventud. Tiempo que se va no vuelve.
José Reyes, hijo de Marcial Reyes y Rosa Laya, nació en Pariaguán el 02 de septiembre de 1951, la madre murió cuando apenas tenía 6 años, su tía Estefana Reyes, asumió su tutela y, adolescente se vino a El Tigre, buscando abrir horizontes que le permitieran mejorar su calidad de vida. Estudio primaria en la escuela José Manuel Cova Maza y el ciclo básico en el Liceo Pedro Briceño Méndez. En ese tiempo alterno sus estudios trabajando como ayudante de barman en la Casa España y el Centro Cultural Español. Con la primera etapa del bachillerato aprobado, logró empleo en el extinto Banco Unión, cuando la agencia funcionaba en el Edificio Samih Murhib. Empezó como humilde Office Boy y fue ascendiendo progresivamente hasta sub-gerente, pasando por el departamento de Cuentas de Ahorros y Corriente, Cobrador y Cajero Principal. Paralelo a ese trabajo, fue consolidando su vocación por el comercio. Tenía una bodeguita en la calle Aragua, poseía un puesto en el Mercado Municipal el cual trabajaba los fines de semana y prestaba servicios de cobrador a las prestigiosas empresas Sweet Dream y Seguros Caracas. Con esta última empresa tenía un cliente en el Km. 52, el cual visitaba los domingos en la tarde, cuando cerraba el puesto en el mercado. Una vocación innata por el trabajo.
En el año 1985, una vez que había consolidado “Mi Sitio” asociado con Anicasio “Nico” Graffe Ortiz, compran en la avenida Rotaria, el local que está contiguo al Bar “El Castellón” que había fundado don Eduardo Castillo, a la sazón dueño de la refresquería del mismo nombre que funcionó por muchos años en la calle Falcón de Pueblo Ajuro. Allí abren las puertas con un negocio del mismo tenor. “Mi Cedro” con la ventaja de que, aparte de la clientela cautiva de la localidad, por su ubicación estratégica y amplio espacio era un sitio especial para las paradas de autobuses que vigorizaban las ventas. En el año 93, la situación empieza a tornarse difícil para ese tipo de negocios. La inseguridad empezaba a enseñar sus garras. Cierra y cambia de ramo en “Mi Sitio” dando paso al “Rincón Musical Guanipa” que ofrecía para la venta Cassete de música y video, VHS, Betamax. Los cambios vertiginosos de la tecnología y la gran competencia, hicieron que a los 7 años cerrará las puertas y se concentró en “Mi Cedro” el cual también cerró culminando el siglo 20. Las ventas bajaron, la gente no salía con la misma intensidad a divertirse y se extinguía la época dorada y bucólica de la ciudad . Recuerdos tristes de un pasado alegre.
“Mi Sitio” y “Mi Cedro” se convirtieron por muchos años, en espacios de encuentro. En sus ambientes familiares convergían profesionales, técnicos, trabajadores de diferentes ramos. Aníbal Durán, Carlos Liccioni, Miguel Antonio •”El Negro” Salazar, el Lic. Fidías Biscochea Franco, los profesores Neuman Cedeño, Omar Mosqueda, Trinidad Pino, José Jaramillo, Roberto Salazar, José Antonio Arias Reyes y Gonzalo López, el dirigente sindical de Anaco, pero oriundo de El Tigre, Samuel Mendoza, Eduardo Silva Castillo, José García, José Rodríguez, José Caraballo, Pedro Bermúdez, Ángel Rafael Zabala, Carlos Bermúdez, Asdrúbal Mendoza, Hernán Zabala, Eugenio “Viejo” Salazar, Oswaldo “Topocho” Mendoza, Pedro Sergio Salazar, Cruz “Machelo” Bermúdez, Arquímedes “Grillito” de Jesús González, Luís Fermín, Mauro Millán, Luís Alexis “El Negro” Mogollón, Alberto “Beto” Vásquez, José “Cheo” Figueroa, el Dr. Carlos Ramírez, Miguel Galantón, Wilfredo Zapata, el Dr. Orlando Ramírez, Ennio Mendoza, don Luís “El general” García, Luís Harris Rangel y otros tantos amigos que escapan a los destellos de mi memoria.
El amor por el trabajo, el gusanillo por los negocios y como el buen hijo vuelve a casa, José Reyes, al lado de su esposa Miriam Díaz y sus hijos Rosa, Mary, José, Jean, Kart, Kelly, Anaís y Relimar, abrió operaciones en Pariaguán y posee un negocio con el nombre de “Mis Caobos, CA.” que trabaja las 24 horas del día, ubicado a 300 metros de la Redoma del indio Parigua en el sector la Verdosa. Es una parada de autobuses y en ese lugar ofrece a la clientela los servicios de hotel, bar, restaurante, tasca y carne en vara. El conocimiento del ramo, el trabajo ordenado y disciplinado, le han permitido tener éxito en la tierra soñada. Ese tipo de negocios, no es fácil, por el contrario es exigente, agotador, inflexible y fatigoso, pero también da buenos resultados, momentos agradables y sobre todo una posibilidad de vida con buena calidad. Nuestro personaje, no hay dudas, es un emprendedor talentoso y exitoso.
Estos personajes y sitios públicos de diversión y alimentación que han dejado una huella profunda en el devenir histórico de nuestra pequeña urbe y, los cuales han enriquecido nuestras pequeñas historias urbanas, los rememoramos en estos destellos, con la firme intención de fortalecer la memoria histórica colectiva, contribuir con nuestro humilde esfuerzo, para qué, cuando nuestros eximios cronistas, investigadores e historiadores, decidan escribir la verdadera y autentica historia de nuestra ciudad , los incluyan en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!



Personajes de mi pueblo: Fabián Sebastián González
“Todavía no se han levantado las barreras que digan al genio: de aquí no pasarás”
Ludwig Van Beethoven (1770-1827)
Compositor alemán.
Hay personajes que por su carácter afable, cordialidad, bonhomía espíritu alegre y salidas ingeniosas, dejan una huella profunda y recuerdos perecederos en el lugar dónde desarrollan su vida familiar, social y laboral. Es el caso de don Fabián Sebastián González, uno de los tantos margariteños, que llegó al incipiente pueblo de El Tigre en la década de los años 1940, atraído por el boom petrolero que se inició con la perforación del pozo Oficina Uno, el 23 de febrero de 1933. Esa fecha fue escogida por las autoridades para marcar referencialmente la fundación de esta ciudad , que no tuvo partida de nacimiento oficial y no hay un ápice de dudas, germinó al calor de la industria petrolera. Esta urbe, por ende, es hija del petróleo.
Fabián Sebastián González que nació el 20 de enero de 1925, era originario de La Guardia – Estado Nueva Esparta e hijo de una familia de pescadores que formaban el señor Jerónimo Velásquez y doña Anastasia González. La niñez y adolescencia, las dedicó íntegramente a las labores del mar, cuando obtuvo la mayoría de edad, se le avivó el espíritu aventurero el cual tomó fuerza cuando le llegaron mensajes de que, en el incipiente pueblo de El Tigre, tomaba auge la industria petrolera y había oportunidad de trabajo estable y bien remunerado. No lo pensó 2 veces, se despidió de su esposa Olegaria Salazar y su hijo Freddy y vino a probar suerte. Llegó y se hospedó en el Hotel Manzanares, logró empleo en la Mene Grande Oil Company, al poco tiempo, le asignaron vivienda en San Tomé, se trajo a su familia y a los 5 años lo mudaron para Campo oficina. Allí llegó para quedarse hasta que murió el 11 de julio del año 2000. Fabián era un hijo adoptivo del El Tigre.
Una vez estabilizado familiarmente, con trabajo fijo, bien remunerado y estable, era obvio que la familia crecería, no perdió tiempo y con el advenimiento de Luís, Luisa, Iván, Henrry y Miriam completó una distinguida familia que hoy todavía, luego del fallecimiento de doña Olegaria el 24 de agosto de 2001, contribuyen con el crecimiento y desarrollo del pueblo y habitan la misma casa dónde llegaron sus padres hace 52 años en Campo Oficina. Fabián trabajó con la industria petrolera 40 añitos, se jubiló, pero siguió ligado a ella como vigilante del Club de Campo Oficina por espacio de 16 años más. En el año 1996, colgó los guantes. Un hombre honesto a carta cabal, trabajador incansable, excelente padre de familia, amigo de los amigos y de salidas muy ingeniosas y celebradas. Héctor Vásquez, Pedro Emilio (Pejas) Rojas Vargas, Alberto Barrios, Leonidas Rosario, Diego Suárez y Rigoberto Martínez, formaron parte de su más entrañable círculo de amistades y, los que aún viven, pueden dar testimonios de lo que afirmamos. Honor a quien honor merece.
En el Club de Campo Oficina, del cual fue fundador, don Fabián González dejó una huella indeleble y también forma parte de su historia ya que, su vecino y dilecto amigo Rigoberto Martínez fue el primer arrendatario del área de servicio del centro social el cual tenía, como encargado de la administración al señor Samuel González, el popular viejo Grillo y a él como vigilante a partir de las 4 PM. Una vez que entregaba su guardia a las 3 PM en la Industria Petrolera, estaba fijo en el Club hasta que cerraban a las 10 PM. Luego los arrendatarios fueron los señores Antonio García y Alfredo Salazar quienes mantuvieron el equipo intacto. En el año 1981, sale electo Presidente del Club el Ing. Manuel Loero, quien es el encargado de manejar la transición a la nueva sede ubicada en el centro del Campo, al lado del monumento del pozo Oficina uno, dónde nació El Tigre y en el local que por muchos años albergó el primer comisariato. Esas instalaciones fueron demolidas para dar paso a la edificación que hasta hoy son propiedad y sede del Club de Campo Oficina.
En el tiempo del estreno de nuevas instalaciones, Henrry, un hijo de Fabián era el arrendatario del Club, el Ing. Loero, le pide al joven que se quede, este no acepta por la responsabilidad que comportaba administrar un centro social de esas dimensiones. El Presidente del Club y su equipo directivo, hombres de una gran sensibilidad, vocación de servicio y espíritu solidario, toman la decisión de no dejarlos por fuera y nombra a Fabián vigilante oficial y a Henrry como jefe de mantenimiento, ambos dependientes de los ingresos que administraba la directiva del Club. En estos últimos años la situación cambió, ya que ahora, la empresa PDVSA, absolvió el personal, pasó el mantenimiento a administración directa y a Henrry, lo mantienen como vigilante. Todos son personal fijo y gozan, gracias a Dios, de estabilidad. Constancia, perseverancia y responsabilidad son claves del éxito.
Fabián González, fue un amante del deporte. La pasión por el béisbol, lo llevó a relatar anécdotas dignas de la mejor causa. Como buen oriental era Magallanero hasta los tuétanos al extremo, confesaba que los Leones del Caracas, le ofrecieron un bono millonario para que firmara con ellos y no aceptó para no traicionar al Magallanes. Otra: en Margarita, estando muy joven, participaba en un juego que escenificaban en un campo abierto y su equipo, en el último inning, y dos outs, perdía 19 a 0. Le tocó el turno al bate y sobre el primer lanzamiento metió un jonrón y la esférica fue tan lejos que mientras los jardineros corrían detrás de la pelota, le dio 20 vueltas al cuadro y el árbitro principal sabia y justicieramente cantó la victoria a favor de su equipo. Los dejó en el terreno. 20 a 19. No lo cree. Lea este otro relato: en su adolescencia, pescó un tajalí de 38 Mts. Con ese pescado hizo una bicicleta de 58 puestos y el día que la estreno, iba con los pasajeros completos y cuando pasaba por El Espinal, chocó con un burro, la bicicleta se destrozó, pero gracias a Dios, todos salieron ilesos. No diga que no lo creyó. Le vamos contar 3 más y no vale reírse. Son de antología.
En una oportunidad su amigo Alberto Barrios, lo invitó a un sancocho en su fundo ubicado en La Canoa, cuando llegó, estaban montando la olla. Entonces decidió ir un momento nadando por el río, que le da el nombre al pueblo, hasta el Orinoco. Fue de un solo tirón y cuando regresó, le estaban echando la verdura al sancocho. Echó una descansadita, bajaron el hervido – cruzado de pescado, gallina y costilla de res – y se tiró 3 palanganas dizque para recuperar las energías perdidas. No lo creyeron. Lean este: un día salió para Margarita en compañía de su hijo el gordo Freddy que pesaba unos 150 kilos, cada uno llevaba una maleta grande full y bien pesada. Llegaron al terminal del Ferry en Puerto La Cruz y, ¡Sorpresa! El barco había zarpado. Entonces, tomó una decisión y le dijo a su hijo: no vamos a perder el viaje. Montó a Freddy en el lomo, tomó una maleta en cada mano, se fue a pie y llegó a Margarita primero que el ferry. Uno puede inferir que hizo el recorrido por el puente que ofreció Luís Herrera. Lo total es que don Fabián, no las pensaba y esas anécdotas las contaba sin que se le arrugara un músculo de la cara, serio y circunspecto. Genio y figura hasta la sepultura.
En una de las tantas tertulias que se formaban en el área de servicio del club, un grupo de amigos hablaban de las maravillas de los farallones de Chimire. El Econ. Gustavo Solé, para entonces gerente de la agencia del Banco Mercantil en la ciudad , mencionó que, en el área geográfica de esa espectacular, bella, linda y turística falla geológica, ubicada en la mesa de Guanipa, los turistas, visitantes e investigadores, siempre encontraban restos de caracoles, conchas de mariscos y una serie de restos marinos, lo que hacia presumir que en tiempos remotos, estos territorios formaban parte del lecho marino y que el mar se fue retirando hasta su lugar actual dónde fundaron Barcelona y Puerto La Cruz. Intervino Fabián y les dijo con sus proverbiales salidas jocosas, pero muy serio y gran convicción: yo creo que eso es verdad, porque en una oportunidad, estando chamito, mi papá me trajo a esta zona y si mal no recuerdo el ferry nos dejó en San Mateo. Agarren ese trompo en la uña para ver si taratatea. Los dejó con los ojos claros y sin vista.
Este personaje y su distinguida familia, junto a los amigos que mencionamos en este humilde destello, forman parte de los más bellos pasajes de nuestras historias urbanas, las cuales recreamos para recordarlos con alegría y cariño, buscando fortalecer la memoria colectiva de nuestro pueblo y para que nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas, cuando decidan escribir la verdadera y autentica historia de nuestra localidad, los incluyan en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!

Personajes de mi pueblo: Pedro Peña
“Yo no digo todo, más pinto todo”
Pablo Ruiz Picasso (1881-1973)
Pintor y escultor español.
En la vida no hay que ser importante, hay que se útil. El artista plástico Pedro Bautista Peña Bolívar es un hombre humilde, que desde muy niño tuvo una inclinación natural por el dibujo y la pintura, cultivaba ese arte de manera autodidacta, hasta que a los 15 años, se inscribió en El Taller Libre de Artes, institución fundada por Eduardo Latouche, Josefina Marcano y Nildo Márquez en la segunda carrera sur – exactamente detrás del Taller Arias – de dónde egresó con las máxima calificación y, ahora se dedica, según sus palabras, a expandir el arte enseñando a niños y jóvenes que lo abordan, pintando al soberano de manera subsidiada, cobra muy barato y muchas veces lo hace de manera gratuita. Ese hecho lo enaltece, lo convierte en un hombre útil y hace de su pobreza su mayor riqueza. Dios proveerá.
El artista plástico Pedro Peña, es oriundo de Santa Bárbara de Maturín (24-01-1951) e hijo del barinés Pedro Bautista Peña Superlano y la señora Eufemia Bolívar que nació en Aguasay. Este humilde matrimonio fijó residencia en San José de Guanipa y cómo para la época el padre poseía “título de chofer” logró empleo en la Planta de Hielo de El Tigrito y para redondear un ingreso que le permitiera mantener a su prolija familia de 6 hijos. Pedro (Pintor), Aura Marina (Enfermera), Marco Tulio (Lic. en Administración, Rosa Margarita (Lic. en enfermería), José Antonio (Pintor), Ángel Eduardo (+) que era electromecánico, también cargaba carburo en tambores para ofrecerlo en venta a los vecinos, ya que para aquel tiempo, era la pintura que el pobre utilizaba para embellecer sus casas de bahareque. Eran los tiempos bucólicos de San José de Guanipa.
Pedro Peña, estudio la primaria en la escuela José Manuel Cova Maza (Cuando funcionaba en la primera calle norte cruce con sexta carrera de El Tigre), la secundaria en el Liceo Guanipa y, sus estudios artísticos en El Taller Libre de Artes cuya institución cultural ahora posee sede propia, detrás del Complejo Cultural Simón Rodríguez, pero que antes, después de su fundación en la segunda carrera sur, también funcionó provisionalmente en la Casa de la Cultura y el Complejo Cultural. Una vez concluido sus estudios con la máxima calificación, hizo una exposición de fin de curso en el mismo Taller, la cual resultó su primer éxito como artista plástico, luego continúo su seguidilla de laureles presentando sus trabajos en la primera exposición “Salón de Jóvenes Artistas” realizado en Maracay, dónde obtuvo el Premio Nacional de Dibujos, también en el Salón Alejandro Otero en Ciudad Bolívar obteniendo la mención 1 y le han brindado la oportunidad de hacer exposiciones en la Casa del Periodista y en los salones del Concejo Municipal de El Tigre. Fueron sus tiempos de gloria.
El artista plástico, no sólo pinta cuadros, también trae niños al mundo. En el rol de padre de familia junto a su esposa Wendy Pérez Pinto, posee 9 hijos. Kristian Pedro, María Gabriela, Wendy de los Ángeles, Ricardo Bautista, Génesis Victoria, Karem Valeria, Santiago José, Aaron de Jesús y Ángel Leonardo a los cuales a levantado con su trabajo creador a punta de pincel. En estos últimos años, tiene un exiguo ingreso de Bs.F. 400 que le cancelan mensualmente, la cual le asignó la gobernación del estado en un programa que se inició el “Día del Artista Plástico “Armando Reverón” y que curiosamente justifica la erogación con una coletilla que dice textualmente “Para personas de escasos recursos económicos o con problemas físicos” Pedro, asegura que califica para ese programa social por lo de “escasos recursos económicos”, agradece el gesto, pero le gustaría que el gobernador del estado, el Dr. Tarek William Saab, con la sensibilidad que posee todo poeta, hombre ligado al mundo cultural y conocedor de las limitaciones económicas de ellos, pudiese crear un programa dirigido y dedicado específicamente a dignificar, promocionar y abrir posibilidades de crecimiento a los artista plástico que les permita salir de la pobreza y mejorar su calidad de vida. Es una idea. La esperanza es la última que se pierde.
Pedro Peña parafraseando a Picasso no dice todo, pinta todo y con su proverbial buen humor me comenta con una sonrisa: “Amigo Cheo. He sido victima de las más crueles críticas. La gente pareciera no querer ver la parte buena de sus semejantes. Le agradezco la gentileza que tiene de sentarse conmigo a preguntarme de las cosas positivas que he hecho y hago. Escriba la historia dorada de Pedro Peña”. Le respondo: “estos destellos los hacemos con el mayor cariño, solidaridad y amor por nuestra gente. Acentuamos las cosas buenas de sus vidas, la importancia, valor y huella positiva que dejan en su paso por nuestro terruño y su contribución en el enriquecimiento de nuestras historias urbanas. Las cosas malas que se encarguen y las destaquen sus enemigos… si los tienen”. Una manera de dignificar a nuestro gentilicio y recrear la memoria histórica colectiva de nuestro querido pueblo. También subsidiada. No nos anima ningún fin lucrativo, sólo nos anima el inmenso deseo de contribuir con nuestro humilde granito de arena, con la vigorización y fortalecimiento de la memoria histórica del pueblo que nos vio nacer y del cual, a pesar de todas las vicisitudes, nos sentimos orgullosos.
Es importante, que este personaje que todos vemos deambular por las calles de la ciudad con sus lienzos, cartulinas y un bolso dónde carga sus lápices, creyones, pinceles y pinturas necesarios para expandir el arte y, los personajes e instituciones que mencionamos en estos humildes destellos, sean tomados en cuenta por nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas cuando decidan escribir la verdadera y autentica historia de El Tigre y los incorporen al disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!

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Precursores de La Casa Nueva Esparta
“Donde truena un hecho, ten la certeza de que ha relampagueado una idea”
Ippolito Nievo (1831-1861)
Escritor italiano.
La Casa Nueva Esparta es un feliz hecho. La idea que hizo posible esa esplendorosa y refulgente realidad, surgió de un pequeño grupo de margariteños que periódicamente se reunían en el Abastos “La Primera” de Nicasio Marín. En los primeros días del año 1955, en unas de las tantas tertulias que formaban Acisclo D’llan, Efrén Marín, Agustín Millán, Dionisio González y Julián Villarroel, junto al anfitrión, decidieron motivar, incentivar e incorporar a otros inmigrantes de la isla, para fundar un club social que llevara el nombre de su estado natal. A tal efecto, fueron hasta San Tomé, dónde trabajaban para la trasnacional petrolera, Mene Grande Oil Company, Joaquín Antonio Salcedo Rojas (oficinista), los profesores Isidro Brito Brito y José Elías Villarroel, le expusieron la idea a estos, a los cuales pareció maravillosa y entre ellos decidieron convocar a una reunión preparatoria, la cual se realizó en el local de la Mueblería Aurora, que poseía José Joaquín Rojas, en la calle Girardot. Asistieron 22 margariteños. Crecía el grupo y empezaba a tomar forma la idea y se abría un camino de realizaciones. “Caminante no hay camino se hace camino al andar”, dijo acertadamente el poeta español Antonio Machado Ruiz.
En esa reunión, que se realizó en el mes de octubre de 1955, se nombró un Comité Organizador que integraron: Joaquín Antonio Salcedo Rojas, Acisclo D’llan, Dr. Antonio Prieto Rodríguez, Dionisio González, Baalam Ortega, Agustín Millán, Profesores Isidro Brito Brito, Rafael Bonifacio González, José Elías Díaz Villarroel – el autor del lema que identifica La Casa Nueva Esparta “Una Columna del Hogar Venezolano”, Eufracio “Facho” González a quien llamaban cariñosamente “El Capitán” porque en los carnavales siempre lucía una gorra de capitán marino, Julián Villarroel, Gonzalo Guzmán Lárez y el Dr. Fidel Guzmán. Curiosamente Nicasio Marín y Efrén Marín, los más entusiastas impulsores de la idea, no fueron incluidos en ese primer comité promotor. No hubo añagazas, ni celos. La orden era echar pa’lante. Lo importante era que la idea se fortalecía y tomaba rumbo positivo. Levaba anclas el buque de La Casa Nueva Esparta.
Ese comité organizador y promotor se declaró en reunión permanente y se instalaron provisionalmente en el Hotel Panamerican donde realizaban sus deliberaciones. La tarea urgente e inmediata era ultimar detalles, darle forma a las ideas e ir concretando todo lo referente a la consecución de un local, la redacción de los estatutos, el nombramiento de la directiva y demás exquisiteces filosóficas y doctrinarias necesarias, para organizar y constituir un Club Social y de Servicios, que proyectara en toda la comunidad el gentilicio, la cultura y el orgullo margariteño. El 27 de noviembre de 1955, el Comité convocó una asamblea en la Casa de los Andes, que funcionaba muy cerca dónde hoy, está ubicada la agencia del Banco de Venezuela en la avenida Francisco de Miranda. Único punto de la agenda: elegir la primera directiva de La Casa Nueva Esparta, la cual empezaría a funcionar en un local frente al Hotel Panamerican en la Avenida 5, como en efecto empezó y fue la primera sede de ese prestigioso Club Social y de Servicio. Informada la audiencia del punto a tratar y presentado el informe respectivo, se abrió el debate democrático. Presentan una plancha con un número par de integrantes. Efrén Marín pidió que el número fuese impar para que cumpliera con la normativa parlamentaria y las decisiones en caso de controversias, fuesen aprobadas por mayoría simple y además propuso, que la votación fuese nominal: por nombre y apellido y a mano alzada la votación. Es importante destacar que la dictadura de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, estaba en su apogeo, lo que no fue óbice para que los precursores de La Casa Nueva Esparta reiteraran y practicaran los principios democráticos que poseían. Un ejercicio de democracia y libertad en plena dictadura. La libertad siempre está presente y se impone.
Aprobada la moción por los 131 socios presentes, salieron electos por unanimidad Joaquín Antonio Salcedo Rojas – Presidente, Antonio Prieto Rodríguez – 1er. Vicepresidente, Acisclo D’llan – 2do. Vicepresidente, Isidro Brito Brito – Secretario de Actas y correspondencia, Fidel Guzmán – Adjunto, José Elías Díaz Villarroel – Secretario de Cultura y Propaganda, Efraín Subero – Adjunto, Dionisio González – Tesorero, Gonzalo Guzmán Lárez – Adjunto, Rafael Bonifacio González – Secretario de Deporte y Festejos. En la elección del adjunto a esta última secretaría hubo 2 candidatos: Eufracio González y Efrén Marín que fue propuesto por los socios, los cuales curiosamente no eran margariteños, Miguel Gener y Jerónimo Montes. Votaron, contaron los votos y resultó electo Efrén Marín con 118 votos contra 13 de Eufracio González, luego también eligieron a Agustín Millán – Fiscal y como vocales Baalam Ortega, Ángel Rojas y Julián Villarroel. Tronó el hecho. La idea de La Casa Nueva Esparta era una realidad que llegaba para quedarse y después de la desaparecida Casa de los Andes, convertirse en el 2do. Club Social fundado en el bucólico pueblo de El Tigre. La nave llegó puerto seguro.
Una vez instalada y juramentada la primera directiva, esta inició sus actividades en una sede provisional en la avenida 5 – frente el Hotel Panamerican – más tarde se mudó frente a la Plaza Bolívar en el local dónde hoy funciona Acción Democrática y, a los 2 años alquilaron una casa-quinta en la 8va. carrera c/c 3ra. calle sur, hasta que construyeron su moderno edificio en la calle 15 sur. En ese ínterin, cuando no tenían sede propia, fueron presidentes Joaquín Antonio Salcedo Rojas, que fue el primero y con una duración efímera (27N1955 a F1956) al renunciar y separarse, asumió el primer vocal Baalam Ortega el cual completó el período e inmediatamente fue ratificado un año más en la presidencia, luego fueron electos sucesivamente el Dr. Antonio Caraballo, el Prof. Bernardo Acosta, Antonio Bonillo, Prof. Alfonso Urdaneta, Jesús “Chucho” Aguilera, Brigido González, Guillermo Velásquez, Secundino Vicent, Ramón Velásquez que inició la construcción de la actual sede en un terreno que era municipal y Bernardo González, el cual en los 5 años que ejerció la presidencia con su empeño, constancia, laboriosidad y firme disposición fue adelantando la construcción y logró la culminación total de la moderna edificación de la cual hoy disfrutan con todos los derechos, ya que unos años después, Joaquín Antonio Salcedo Rojas, cuando ejerció la Presidencia Municipal, les otorgó la titularidad del terreno. Estos, de acuerdo a los testimonios de alguno de los fundadores, a los cuales consultamos en nuestro empeño, de acercarnos fiel y exactamente a los hechos, tal cual sucedieron y, distinguir a sus protagonistas, fueron los precursores de La Casa Nueva Esparta. El camino estaba hecho.
Hoy, 8 de septiembre, antes de la misa en honor a la santísima Virgen del Valle, el actual presidente Prof. Alexis Orta, liderará un acto que está incluido en la programación y en el cual rendirán homenaje a los fundadores dónde develaran una placa e inaugurarán una plaza, en La Casa Nueva Esparta, que llevará el nombre de don Bernardo González en quien personificarán, simbolizarán y resumirán a esta pléyade de hombres y mujeres que hicieron posible este maravilloso Club Social y de Servicios. En esta jornada, llevará la palabra el ex presidente y Prof. Alcibiades Lárez, quien disertará acerca de la historia, momentos estelares y anécdotas de los tantos hechos y protagonistas de La Casa Nueva Esparta y la persona del fundador distinguido con el nombre de la plaza. Honores quien honores merecen.
Estamos concientes de que La Casa Nueva Esparta ha hecho y continúa haciendo historia en la ciudad de El Tigre. Empero, por razones de espacio, sólo nos hemos referido en estos humildes destellos a los precursores y fundadores de este prestigioso Club Social y de Servicios y, a los actos centrales de hoy, como un homenaje a los margariteños-tígrenses, en el día de La Patrona del Oriente de Venezuela y la cual es venerada con especial devoción en la Isla de Margarita, de dónde eran y son oriundo esta legión de hombres y mujeres que llegaron para quedarse y al establecerse junto a sus familias en este pueblo, cuando apenas estaba en periodo embrionario, con su trabajo fecundo, honesto y creador, más la intensa actividad social, cultural y deportiva, contribuyeron y contribuyen decisivamente con el desarrollo, crecimiento y consolidación de esta pequeña urbe, la cual, es heredera del rico patrimonio cultural de la isla. Dígalo, como lo repite orgullosamente, Horacio Quijada Rodríguez. “Yo soy margariteño”.
Y para que no quede dudas del orgullo de ser margariteño el popular y recientemente desaparecido físicamente, Luís “Bachiller” González, que nació en Río Caribe y se crió en la isla, en su residencia de La Charneca tenía una epígrafe, que rezaba “Yo soy margariteño y que me pregunten por qué”... Ahora lo saben. ¡Viva la Virgen del Valle!
Esta síntesis histórica de la Casa Nueva Esparta, la hacemos con la firme disposición de contribuir, con nuestro granito de arena, en el fortalecimiento de la memoria histórica colectiva de la comunidad y, la esperanza cierta de que cuando nuestros eximios investigadores, cronistas e historiadores, decidan escribir la verdadera y autentica historia, de nuestra pequeña urbe, incluyan esa institución, sus precursores y fundadores en el disco duro de la memoria histórica de esta ciudad , que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933. ¡Vale la pena!



Personajes de mi pueblo: Luís Antonio Morales
“Soy como aquel hombre que llevaba consigo un ladrillo, para decirle al mundo como era su casa”
Bertolt Brecht (1898-1956)
Poeta y dramaturgo alemán.
Uno de los bodegueros más antiguos de Barrio Ajuro es Luís Antonio Morales, el cual vino al mundo en la comunidad indígena de Tabaro – municipio Independencia del estado Anzoátegui, el 25 de agosto de 1938. Llegó a El Tigre en el año 1956, de la mano de sus progenitores Francisco Antonio Silvera y María Adelina Morales, quienes inmigraron hasta el incipiente pueblo de El Tigre, atraídos por la explotación petrolera buscando mejorar la calidad de vida y la de sus hijos Ramón, Andrés (+), Francisco (+), Pedro, el mismo Luís y María Morales (La de las ricas empanadas) la viuda de don Pablo “Catire” Freites (+), otro de los primigenios bodegueros del primer sector del naciente pueblo. Después del deceso de “Catire”, María e hijos continúan al frente del negocio. Un legado que no se perdió y permanece incólume en la calle Falcón c/c con avenida 8. Una bodega histórica.
Es bueno destacar que el primer nombre de Pueblo Ajuro fue Barrio Ajuro. María Ramírez, Anastelia Salazar, Samuel González, Rafael Salazar y Tino Meza, por mencionar algunos de los fundadores, que gracias a Dios gozan de buena salud, pueden dar fe de esa verdad. Esa es otra historia. Volvamos a nuestro personaje. Luís Antonio Morales, el cual había adquirido las primeras nociones educacionales en su comunidad, dice que venía “machucado” con apenas 2do. Grado aprobado y, como ya era prácticamente adulto, cuando llegó a El Tigre, se inscribió de noche en el colegio privado “San José” que funcionaba en la calle Brasil para sacar la primaria, ya que durante el día, trabajaba ebanistería y carpintería en el taller “La Primavera” que estaba instalada en la tercera carrera norte y cuyo dueño era un italiano de nombre Giuseppe. En primer año abandonó los estudios de secundaria que había iniciado en Instituto de Comercio “Alberto Carnevalí”, se retiró del trabajo e instaló su propio negocio. La bodega “El Diamante” en la calle Venezuela c/c Primero de Mayo de Barrio Ajuro. A vender pote, dice Luís carcajeándose.
Parejo a sus años de intenso trabajo al frente de su bodega, don Luís Antonio Morales, logró conformar dos prolijas familias. Posee 12 hijos, 25 nietos y 10 bisnietos. En el matrimonio con la señora Nellys Josefina Ávila, procrearon 4. Luís Antonio (+), Yanneli de Los Ángeles, Carmen Alejandra y Angelis Josefina. Con Luisa Resplandor, el segundo frente, trajo al mundo a Gladys, William, Olga, Reinaldo, Lourdes, Rosa Amelia, Luís Benjamín y Alexander, lo que indica, que a la par de su contribución con el desarrollo económico de la ciudad , ha impulsado su crecimiento poblacional, al igual que sus hermanos. En Pueblo Ajuro, esta familia Morales es toda una institución, como lo es también la que proviene del árbol genealógico de doña Elina Morales, la esposa de don José Roldán. Esta última familia Morales son cariseños de pura cepa. Dos familias, el mismo apellido y un mismo destino: El Tigre.
La época de crecimiento de Pueblo Ajuro, contó con una refresquería muy popular que fundó en la calle Falcón don Eduardo Castillo. Éste polifacético personaje, en una oportunidad, convocó a los vecinos a una asamblea y les propuso cambiar el nombre de Barrio Ajuro, por Urbanización Guaicaipuro, a la gente no le gustó la idea y, ante su persistencia, se enardecieron, hubo un brote de violencia y, por poco lo linchan y le queman el negocio. Más nunca se habló del asunto. Había sentido de pertenencia por el nombre originario, el cual surgió de la intensa batalla que dieron los fundadores, contra la represión de la dictadura perejimenista, cuyos esbirros destruían los bahareques durante el día y, en la noche, a pesar del terrorismo de estado, las privaciones de libertad y atropellos, los volvían a levantar – protagonista y testigo de excepción es doña María Ramírez – el barrio nació ajuro, adoptó legítimamente ese nombre y, sólo a variado en el tiempo, cuando pasó de Barrio Ajuro a ser llamado, como hasta hoy, Pueblo Ajuro. La cuestión era ajuro, fue ajuro y ajuro se quedó. Hay la convicción de que se quedará por muchas lunas más con ese épico nombre. ¡Viva Pueblo Ajuro!
Luís Antonio Morales, con su proverbial humildad, honestidad y excelente don de gente, logró convertir la esquina de su bodega “El Diamante” en un sitio de encuentro para muchos vecinos, los cuales montaban hasta bien entrada la noche, unas memorables partidas de dominó. Esas partidas se mantuvieron por muchos años y hasta que la inseguridad lo permitió, Rigo Meza, Venancio Evans, Rafael “Fucho” Suárez, Pablo “Catire” Freites, Pedro Morales, Beda Cairo, David Sulbarán, Aquiles Cairo y Domingo “El ciego” Perales (El que vendía cuadros sellados del 5 y 6), el cual a pesar de ser invidente, con la yema de los dedos reconocía las piedras y, cuando estaba en acción, sólo exigía fuesen cantando las pintas de la piedra que jugaban cada uno de los otros tres jugadores. Era todo un espectáculo verlo jugar y bien difícil ganarle una partida. El poder de concentración y el fino sentido para armar cada jugada lo convertían en un jugador de primera línea. Los que tenemos ojos, lo vimos.
Otras bodegas diseminadas en el barrio, en esa época fueron las de Jesús Piñero (El Imán), Jesús Abreu (La Preferida), Isabel Matute (El Refugio), Miguel Tabata (Unión), Ramona Mota (La Mucureña) Germán Gamboa (Luchando por la situación), Rafael García (New York), Carmen de Martínez (El Almendrón) y las conocidas sencillamente por el nombre de sus propietarios Ramón Array, Modesto González, Jesús Reyes, Pedro “El Indio” Carias, Pablo “Catire” Freites, Vidal Matute. En la calle Negro Primero, ya en el Casco Viejo, c/c Ribas, funcionó también por muchos años la molienda y envasadora de café “Pureza” de señor Rafael Celis, cuyas papeletas expendía a locha (0,12 ½ Cms.) y a medio (0,25 Cms.) y, la clientela del pueblo, que era para ese entonces los que habitaban en el Casco Viejo y buena parte de lo que hoy es Pueblo Ajuro, era cautiva. Café de primera calidad y como de todo hay en viña del señor, para endulzarle la vida a los vecinos doña Mercedes Ortiz, la esposa de Martín Campos que fue agente de la policía por espacio de 30 años y posee el record Guiness de no haber llevado a nadie detenido, elaboraba unos ricos y exquisitos turrones de coco que eran la delicia de grandes y chicos. Eran emprendedores particulares que involucraban a la familia para darles impulso, permanencia y productividad. Mini empresas endógenas, por iniciativa propia, que todos recuerdan con cariño.
Don Luís Antonio Morales, su distinguida familia, los personajes, negocios y sitios que citamos en estos humildes destellos, forman parte de las más bellas páginas de nuestra historia local, la cual recreamos, refrescamos, recordamos y escribimos, con la firme esperanza de que, cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores, decidan escribir la verdadera y autentica versión del rico y bello pasado de esta pequeña urbe, que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, sean considerados para incluirlos en el disco duro de la memoria histórica de ciudad . Las nuevas generaciones deben saber como era esta bella ciudad , antes de bahareque y ahora de ladrillos y cemento, que sirve de casa grande a todos los que la habitamos. ¡Vale la pena!
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Personajes de mi pueblo: Pedro Angulo
“Amar la vida a través del trabajo, es intimar
con el más recóndito secreto de la vida”
Khalil Gibran (1833-1931)
Ensayista, novelista y poeta libanés.
Hay quienes aseguran, con sobrada razón, que quien llega a la ciudad de El Tigre, no se quiere ir. Hay un atractivo especial, imposible de describir, el cual invade a los visitantes atrapándoles con un lazo invisible e indescriptible y si comete, la gracia de aventurarse a pernoctar por unas semanas, se le convierten en meses, años y luego para toda la vida. En el caso de Pedro Segundo Angulo Laguna, el cual nació en Maracay, la ciudad jardín de Venezuela, el 17 de julio de 1952, se dio esa premisa. Estudio primaria en Villa de Cura en la escuela Leopoldo Tosta y cuando cursaba la secundaria en el liceo Alberto Smith, se inicio como reportero gráfico en el diario “El Aragueño” cuyos editores le extendieron el contrato de trabajo, cuando viajó a Caracas, para iniciar la carrera de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Estudiar, luchar y trabajar, en este caso, para sobrevivir era la orden. La familia, para la época, tenía la troja altísima.
En sus tareas como reportero gráfico, en la corresponsalía del diario “El Aragueño”, conoció a don Antonio Briceño Amparan, que un buen día, lo invitó a realizar un trabajo especial para el diario “Antorcha”, lo hizo y todo salió perfecto. Un tío que vivía en El Tigre, vio el trabajo, lo buscó y lo invitó a esta bella ciudad , la cual nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933. Una vez aquí, le gustó el pueblo y su gente, conoció al periodista Alexis Caroles, que trabajaba para la alcaldía y varios diarios del estado Anzoátegui, quien lo contrató para que lo acompañara como reportero gráfico. Aceptó y se quedó. El tiempo que laboró al lado de Caroles, al cual considera su maestro, le permitió optimarse en el arte de la fotografía y, esa experiencia le facilitó, su ingreso a formar parte del plantel del diario “Antorcha” dónde ha permanecido ininterrumpidamente los últimos 23 años. Un tigrense por ¿Adherencia o naturalización? Hijo adoptivo, pues.
En esas más de 2 décadas, ha echado raíces tan profundas en El Tigre, que ni queriendo podría devolverse. Contrajo nupcias con una tigresa, la señora Belkis Eloisa Sulbarán y sus 2 hijas, Karet Nataly que estudia administración en el Politécnico José Antonio Anzoátegui y Astrid Saraet la cual cursa estudios de Comunicación Social, son hijas de esta ciudad y nunca han pensado en emigrar. Entonces, no hay dudas, es un hijo adoptivo, de esta pequeña urbe que lo atrapó para el resto de su vida. Ahora viaja periódicamente a Maracay, a pasar vacaciones y, cuando tiene algunos días de asueto, al lado de sus familiares y especialmente con su progenitora Estilita Josefina Laguna que perdió a su distinguido esposo Pedro José Angulo el año pasado. Ahora en Maracay y el estado Aragua es forastero. Las vueltas que da la vida.
En sus 23 años en el diario “Antorcha” ha tenido la oportunidad de acompañar como reportero gráfico a los periodistas Alexander Compiani, Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, Luís La Roche Abreu, Alexis Caroles, Henry Tovar, Maura Guzmán, Sol Vargas, Jesús Farias, Sergio Ramírez Osío, Sara Vargas, José Hurtado, Juan Mirabal, Diliver Uzcategui, Julio Sandoval, Yitzi Urbina, Leandra Moreno, Juan Martínez, Ángel Camauta y actualmente hace magnifica llave con Ernesto Adrianza. También, ha tenido la satisfacción de recibir reconocimientos por su ardua y destacada labor, entre los que destacan, los que entrega la Guardia Nacional, varios premios municipales, regionales, los que otorga el Colegio Nacional de Periodistas seccional sur y los internos del propio diario. Una carrera reconocida y laureada. Dios premia la constancia y la dedicación.
En la oportunidad, que Pedro Segundo Angulo Laguna, llegó al diario Antorcha, las cámaras fotográficas utilizaban rollos de 400 assa y 36 exposiciones, había que revelar y copiar en blanco y negro. En el laboratorio, cuando las noticias se movían con gran intensidad, los reporteros gráficos, tenían que hacer colas, trabajar a todo tren, tener sumo cuidado de que no se les velaran los rollos y buscar que las fotografías fuesen óptima calidad, ya que los periodistas, eran muy exigentes con las gráficas con las cuales ilustrarían sus informaciones. En su periodo de aprendizaje y especialización, contó con la colaboración de sus colegas José Francisco Decán, Ramón “Moncho” Bejarano, Antonio “Tony” Moreno y la maestría, para perfeccionarse, estuvo a cargo nada más y nada menos que de los expertos Pedro Emilio (Pejas) Rojas Vargas y Luís La Roche Abreu. ¡Una pelusa! Exclamaría el cronista oficial de la ciudad don Gustavo Perdomo.
Los reporteros gráficos, siempre están en la mira de los cuerpos represivos del estado. Les dificultan el trabajo y muchas veces, los atropellan y destruyen su trabajo, en el empeño que siempre tienen los gobiernos, por intentar ocultar realidades. Empero, el profesionalismo, la inteligencia, la astucia y la obligación de cumplir su labor, lleva a estos acuciosos fotógrafos, a ingeniárselas y utilizar métodos poco ortodoxos y Pedro Angulo, se ha visto obligado a ensayarlos en varias oportunidades. Hace unos años, hubo una masacre en las Colonias Móviles del Dorado, era la noticia y había que dar el tubazo. El Ing. Manuel Briceño, abandonó por un día sus labores al frente de la administración del diario y movilizó en su propio vehículo al equipo reporteril de Antorcha, conformado por Alexis Compiani y Pedro Angulo. Llegaron a la morgue del hospital de Puerto Ordaz y el hermetismo impuesto por las autoridades era impenetrable. Pedro, se disfrazó de enfermero y accedió a la morgue. Encontró un espectáculo dantesco, se llenó de valor y logró unas gráficas espeluznantes, las reveló, colaboró con sus colegas de otros diarios y, el periódico publicó una toma panorámica y dejó para el archivo las más crudas y pavorosas. Fue el tubazo fotográfico del año y del cual se siente orgulloso. La audacia, cuando está bien justificada, hay que emplearla y rinde sus frutos. Las mejores gráficas del año.
Cubrir como reportero gráfico, las visitas de relevantes personalidades a esta región, es una tarea siempre atractiva, interesante y que deja un halo de gran satisfacción en estos reporteros gráficos, sobre todo en el caso de Pedro Angulo, que ama a la vida, a través de esos riesgosos, difíciles y atractivos trabajos. Tiene grabado en su memoria el grato recuerdo de haber cubierto para Antorcha, las visitas de los Presidentes de Argentina Néstor Kirchner y Brasil Luís Ignacio “Lula” Da Silva y los de Venezuela Jaime Lusinchi, Luís Herrera Campins, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera y Hugo Rafael Chávez Frías, reportajes que ha hecho con gran profesionalismo, imparcialidad y excelencia. Los elogios, premios y comentarios favorables de sus colegas y periodistas con los cuales ha cumplido esas exigentes tareas, confirman la calidad de sus trabajos fotográficos y, la sapiencia que lo orienta para lograr los mejores ángulos. Esta última palabra, no tienen nada que ver con su apellido. Una cosa es en blanco y negro y otra con cámara digital y a full color.
Este personaje y los que mencionamos en estos humildes destellos, han escrito y graficado parte de la mejor historia de la ciudad y han enriquecido su acervo histórico. Nunca olvidéis que una gráfica dice más que mil palabras. Eso es indicativo de que la cronología fotográfica de Pedro Angulo, publicada en el diario Antorcha y estos destellos podrían ser una referencia a tomar en cuenta por nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas, cuando se decidan a escribir la verdadera y autentica historia de la ciudad para incorporar estas historias urbanas y sus protagonistas al disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!
Personajes de mi pueblo: Pablo José Valor Marcano (Chichi Valor)
“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero para llevarla a cabo, ha de ser cuerdo”
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)
Escritor inglés.
“Soy un tipo muy vikingo” (El que da un rodeo o se desvía) es la presentación que hace de su persona el popular “Chichi” Valor. Nació en Aragua de Barcelona el 12 se septiembre de 1943 – un día antes de la fundación del partido del pueblo – y es hijo de Pedro Pablo Valor y Heriberta Marcano, ambos seguidores del PDN y por ende militantes de Acción Democrática, desde su nacimiento. Cuando tenía 6 años, llegó a Campo Oficina, invitado por su hermano Antonio Valor Marcano, a la sazón hermano del popular “Gordo” Doroteo, los cuales habían emigrado hasta la Mesa de Guanipa atraídos por el boom petrolero. “Chichi” Llegó, se quedó, viajó, regresó y se sembró.
“Chichi” Valor, estudió la primaria en Campo Oficina y, luego en el Liceo Pedro Briceño Méndez y, cuando cursaba 4to. año, se marchó a Trinidad and Tobago por espacio de 6 meses a aprender el Inglés. Al regreso, se quedó en Caracas, en casa de su hermana Carmen Valor e inició, con 17 años su largo peregrinaje por la vida, ya de forma independiente y autónoma. A nadie, le falta Dios y un día, que vagaba más limpio que talón de lavandera, por las inmediaciones de la torre sur del Centro Simón Bolívar, conoció a lo que consideró por mucho tiempo, su ángel de la guarda, Manuel Capelán, que poseía una pensión en la cual lo alojó y, al pasar de los días, lo presentó a un tío que se desempeñaba como empresario en el ramo de embobinados, le dio empleo y aprendió algo de electrónica. La había pegado del techo y, no pensaba abandonar Caracas, la cual para la época era la sucursal del cielo, pero, una cosa piensa el burro y otro el que arriba lo arrea.
Nadie es dueño de su destino y al poco tiempo, fue llamado a cumplir el Servicio Militar Obligatorio, fue asignado a la Marina, de dónde egresó con el rango de Cabo Segundo y como el que entra a la marina, está demostrado, no se sale, se quedó trabajando en la Marina Mercante en operaciones internas, para luego pasar a laborar con la naviera trasnacional Johnson Light la cual salía de Puerto Miranda y cuyo itinerario, incluía Oslo, Holanda, Dinamarca y Liverpool en cuya ruta lo ayudo a sobrevivir cómodamente su condición de poliglota internacional. “Chichi” Valor habla fluidamente español, inglés, francés, italiano y un poco de chino. En una oportunidad, que pernoctaron en Venezuela durante varios días, se traslado a Caracas y cuando divagaba por el centro, admirando la belleza de la capital, conoció al finlandés Frederick Astromg quien vendía prendas, lo invitó a participar en el negocio, lo cual aceptó y luego de un tiempo como socio, se independizó al lograr una línea de crédito internacional. Era época de bonanza y estabilidad económica. Viajaba por el país ofreciendo sus prendas y un buen día, cometió el “error” de venir de nuevo a El Tigre. Abandonó la actividad y se quedó porque el pueblo lo atrapó. “No se que tiene, pero el que llega no se quiere ir y yo no podía ser la excepción”. Esa decisión le costó ponerse a trabajar como un negro para vivir como un blanco. No se arrepiente “SOY FELIZ” asegura con gran certeza, su palabra vaya adelante.
El trabajo dignifica y como había que allegar, la arepa a la casa ya que, la familia había crecido con la llegada de sus 6 hijos, producto de la unión con su distinguida esposa Elba Rondón de Valor (+) Yonny que es soldador, Willy relojero, Evelyn ama de casa, Thor trabajador petrolero (es el rey del trueno en lo mitología nórdica y germánica, el nombre se lo sugirió un amigo finlandés que le obsequió 2 mil dólares aceptar la sugerencia) Ricky empresario de la construcción y Alba profesional del derecho, no tuvo inconveniente para incorporarse como barman del Bar, Restaurante “CAPRI” de don Félix Cicolini y donde hizo equipo con Carlos Barreto, Carlos Rodríguez, Eloy Moyetones y Aníbal González. Allí, puso en practica los conocimientos adquiridos en sus constantes viajes al exterior, convirtiéndose en un especialista en la preparación de bebidas y cócteles, llegando a ser tan solicitado que fue requerido por la Casa España, la Casa Italia, el Club Campo Norte, El Toddy Room, que funcionó frente a la Plaza Bolívar y luego fue encargado del Hotel, Bar, Restaurante “Oasis” por petitorio de don Romualdo Velásquez Salazar y remató como encargado del bar del Hotel “Mi Rancho” de don Félix Cicolini en San José de Guanipa. En ese largo recorrido, lo ayudo mucho, su condición de poliglota internacional, ya que tuvo, el honor de atender varias comitivas que nos visitaron desde Estados Unidos y otras partes del mundo. Llanero que canta y toca alguna ventaja lleva, dicen en el llano.
En su paso por el Bar, Restaurante “Capri” y “Oasis” así como los prestigiosos clubes de servicio mencionados, “Chichi” Valor conoció a los dandy de aquella época encabezados por los profesores Ángel Antonio Merlín, Frank Acosta, José Antonio Arias Reyes, Hernán Iro, los empresarios Ángel Horacio Aponte, Ramón Tineo, Gustavo Perdomo – que lo apodaba “Estimativa” y le sugería cuando le servía el escosés: “no me llenes el vaso, échame de a poquito y a cada ratico. ¡Una pelusa! Henry “Nenerina” Hernández, su colega poliglota que habla español, inglés y la pangola pareja cuando está entonado, Francisco Rodríguez, José Isabel (Chabelo) Arismendi, Los Dres. Héctor Farias Ordosgoite, José Ramón Urbáez, Atilio Mazzarri, Diógenes Pulgar, al estilista cubano William Hidalgo, propietario del salón de Belleza Hidalgo, al maracucho Francisco Paz, a los señores Joaquín Salcedo Rojas, Antonio “Toñito” Liccioni, el maracucho Alirio Gutiérrez, Placido “Talla Única” Brito, Filomeno Mazzuco, Domingo Campana, propietario de la bloquería y ferretería “La Vibradora” Antonio Mangora, Santos Puerta, José Da Silva, para entonces propietario de Hotel, Bar, Restaurante “El Recreo”, Manuel Almada, Mauro Barrios, Julio Barradas, Edmundo Barrios, Pedro Marrero Hernández, Juan Martínez, Omar Rojas que atendía “Las Quince Letras”, Evaristo Marín y Alexis García, popular cantante que entonaba la letra de la melodía “Yo tengo una varita…” y para usted de contar.
“Chichi” Valor, una vez que abandonó la actividad en ese tipo de negocios nocturnos y como buen aventurero, escogió de nuevo su camino con cordura. Retomó la venta de prendas y accesorios para relojería, recobró su crédito internacional y la clientela que siempre atendió en el oriente del país, región que recorre palmo a palmo en sus constantes y permanentes viajes. Esa actividad comercial, no lo ha enriquecido, pero le ha dado la satisfacción de vivir holgadamente y siempre cargar una polvorita en el bolsillo, para cuando tiene que enfrentar una reunión social, dónde hay más catcher que pitcheres. No lo matan en el oeste, siempre desenfunda a tiempo y, sale ileso, de cualquier disparo verbal de los criticones de oficio que, por añadidura, son como las gallinas viejas: comen, beben, caracaquean duro, pero no ponen. En MOROGAS, el archiconocido “Club de los Vasitos”, fueron ejemplo vivo de ese tipo de gallináceos rancios. A buenos entendedores pocas palabras.
El vikingo, en la mejor acepción de la palabra, “Chichi” Valor, que se enorgullecía de ser paisano de nuestro amigo y siempre bien recordado periodista Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, los negocios y los personajes que mencionamos, en su mayoría, forman parte de las historias urbanas de nuestro pueblo y los cuales, sin lugar a dudas, han enriquecido su acervo cultural, social y laboral. Es por ello, que en estos humildes destellos, los rememoramos, con la firme aspiración de que, cuando los eximios cronistas, historiadores e investigadores de nuestra rico pasado histórico, decidan escribir la verdadera y autentica historia de este pueblo, que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933, los incluyan en disco duro de la memoria histórica de la ciudad . ¡Vale la pena!


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Personajes de mi pueblo: José Reyes
“Creo en divertirse uno, en divertir a los demás, y en hacer que los demás nos diviertan. Ese es mi credo”
Thomas Burke (1886-1945)
Escritor inglés.
La ciudad , hasta finales del segundo milenio, se divertía hasta el filo de la madrugada. Discotecas, cervecerías, tascas, bares y hasta las humildes ventas de cerveza, conocidas popularmente como taguaras, trabajaban con las puertas abiertas, no hacían uso del derecho de admisión. Puerta franca para todos y todas. Los problemas y conflictos que se presentaban eran de poca monta y, los más grave que podían ocurrir, era una riña donde la sangre no llegaba al río. La seguridad, la tranquilidad, la paz, el orden y el sosiego era la regla. Un hecho de violencia o delincuencial era una inaudita excepción. En la claridad del día y la oscuridad de la noche, la gente se sentía segura, podía transitar tranquilamente y dormir hasta con las puertas abiertas. Vivíamos el paraíso de la seguridad ciudadana.
Esa época dorada, funcionó el Capri de don Félix Cicolini, el cual atendía al público las 24 horas del día. Pasada la media noche y hasta la madrugada, era el sitio preferido por los bohemios de entonces, los cuales antes de regresar a casa, pasaban a degustar las ricas tostadas, sopa de gallina, de res o un suculento nervioso y, algo para llevar a la casa, para no llegar con las manos vacías y contentar a la compañera de vida – Regla de oro – Eloy Moyetones era un anfitrión de lujo. En la medida que crecía la ciudad , la demanda hizo propicio el mercado para la aparición de otros negocios de ese ramo, que complementarán la variedad de ofertas culinarias y acrecentarán el deleite de la vida nocturna en la ciudad que crecía a un ritmo vertiginoso y la economía era fuerte y estable. Vivíamos en un paraíso político, económico, social y cultural. Éramos felices y no lo sabíamos.
En la década de 1980, José Reyes funda en la primera calle sur, exactamente, frente a La Plaza Martí, en un local que alquiló en principio a Josafat Rodulfo Lazarde y luego a su posterior propietaria Daria Chaurant, “Mi sitio” Era un expendio de pollo asado y a la broaster, arepa, cachapa con cochino, la cervecita bien fría y, la infaltable sinfonola, la cual era de marca Rock-Ola, que para esos tiempos, era la que brindaba la música con la más alta fidelidad. Bs. 1 y el cliente disfrutaba de 5 melodías escogidas a su gusto y preferencia. Los antorcheros después que cumplían la faena de cerrar la edición que saldría a la venta el día siguiente eran clientes fijos. Pedro Emilio (PEJAS) Rojas Vargas, Luís La Roche, Juan Martínez, Pedro Marrero Hernández, Ángel Camauta, Alexander Compiani y Jesús Farias, no se entregaban a los brazos de Morfeo, sin antes degustar una suculenta cena. Las máquinas personales estaban estándar y aguantaban a esa hora de la noche hasta un exquisito nervioso. Época de hallaca a real, Pepsi cola a medio, espumosa a real y juventud. Tiempo que se va no vuelve.
José Reyes, hijo de Marcial Reyes y Rosa Laya, nació en Pariaguán el 02 de septiembre de 1951, la madre murió cuando apenas tenía 6 años, su tía Estefana Reyes, asumió su tutela y, adolescente se vino a El Tigre, buscando abrir horizontes que le permitieran mejorar su calidad de vida. Estudio primaria en la escuela José Manuel Cova Maza y el ciclo básico en el Liceo Pedro Briceño Méndez. En ese tiempo alterno sus estudios trabajando como ayudante de barman en la Casa España y el Centro Cultural Español. Con la primera etapa del bachillerato aprobado, logró empleo en el extinto Banco Unión, cuando la agencia funcionaba en el Edificio Samih Murhib. Empezó como humilde Office Boy y fue ascendiendo progresivamente hasta sub-gerente, pasando por el departamento de Cuentas de Ahorros y Corriente, Cobrador y Cajero Principal. Paralelo a ese trabajo, fue consolidando su vocación por el comercio. Tenía una bodeguita en la calle Aragua, poseía un puesto en el Mercado Municipal el cual trabajaba los fines de semana y prestaba servicios de cobrador a las prestigiosas empresas Sweet Dream y Seguros Caracas. Con esta última empresa tenía un cliente en el Km. 52, el cual visitaba los domingos en la tarde, cuando cerraba el puesto en el mercado. Una vocación innata por el trabajo.
En el año 1985, una vez que había consolidado “Mi Sitio” asociado con Anicasio “Nico” Graffe Ortiz, compran en la avenida Rotaria, el local que está contiguo al Bar “El Castellón” que había fundado don Eduardo Castillo, a la sazón dueño de la refresquería del mismo nombre que funcionó por muchos años en la calle Falcón de Pueblo Ajuro. Allí abren las puertas con un negocio del mismo tenor. “Mi Cedro” con la ventaja de que, aparte de la clientela cautiva de la localidad, por su ubicación estratégica y amplio espacio era un sitio especial para las paradas de autobuses que vigorizaban las ventas. En el año 93, la situación empieza a tornarse difícil para ese tipo de negocios. La inseguridad empezaba a enseñar sus garras. Cierra y cambia de ramo en “Mi Sitio” dando paso al “Rincón Musical Guanipa” que ofrecía para la venta Cassete de música y video, VHS, Betamax. Los cambios vertiginosos de la tecnología y la gran competencia, hicieron que a los 7 años cerrará las puertas y se concentró en “Mi Cedro” el cual también cerró culminando el siglo 20. Las ventas bajaron, la gente no salía con la misma intensidad a divertirse y se extinguía la época dorada y bucólica de la ciudad . Recuerdos tristes de un pasado alegre.
“Mi Sitio” y “Mi Cedro” se convirtieron por muchos años, en espacios de encuentro. En sus ambientes familiares convergían profesionales, técnicos, trabajadores de diferentes ramos. Aníbal Durán, Carlos Liccioni, Miguel Antonio •”El Negro” Salazar, el Lic. Fidías Biscochea Franco, los profesores Neuman Cedeño, Omar Mosqueda, Trinidad Pino, José Jaramillo, Roberto Salazar, José Antonio Arias Reyes y Gonzalo López, el dirigente sindical de Anaco, pero oriundo de El Tigre, Samuel Mendoza, Eduardo Silva Castillo, José García, José Rodríguez, José Caraballo, Pedro Bermúdez, Ángel Rafael Zabala, Carlos Bermúdez, Asdrúbal Mendoza, Hernán Zabala, Eugenio “Viejo” Salazar, Oswaldo “Topocho” Mendoza, Pedro Sergio Salazar, Cruz “Machelo” Bermúdez, Arquímedes “Grillito” de Jesús González, Luís Fermín, Mauro Millán, Luís Alexis “El Negro” Mogollón, Alberto “Beto” Vásquez, José “Cheo” Figueroa, el Dr. Carlos Ramírez, Miguel Galantón, Wilfredo Zapata, el Dr. Orlando Ramírez, Ennio Mendoza, don Luís “El general” García, Luís Harris Rangel y otros tantos amigos que escapan a los destellos de mi memoria.
El amor por el trabajo, el gusanillo por los negocios y como el buen hijo vuelve a casa, José Reyes, al lado de su esposa Miriam Díaz y sus hijos Rosa, Mary, José, Jean, Kart, Kelly, Anaís y Relimar, abrió operaciones en Pariaguán y posee un negocio con el nombre de “Mis Caobos, CA.” que trabaja las 24 horas del día, ubicado a 300 metros de la Redoma del indio Parigua en el sector la Verdosa. Es una parada de autobuses y en ese lugar ofrece a la clientela los servicios de hotel, bar, restaurante, tasca y carne en vara. El conocimiento del ramo, el trabajo ordenado y disciplinado, le han permitido tener éxito en la tierra soñada. Ese tipo de negocios, no es fácil, por el contrario es exigente, agotador, inflexible y fatigoso, pero también da buenos resultados, momentos agradables y sobre todo una posibilidad de vida con buena calidad. Nuestro personaje, no hay dudas, es un emprendedor talentoso y exitoso.
Estos personajes y sitios públicos de diversión y alimentación que han dejado una huella profunda en el devenir histórico de nuestra pequeña urbe y, los cuales han enriquecido nuestras pequeñas historias urbanas, los rememoramos en estos destellos, con la firme intención de fortalecer la memoria histórica colectiva, contribuir con nuestro humilde esfuerzo, para qué, cuando nuestros eximios cronistas, investigadores e historiadores, decidan escribir la verdadera y autentica historia de nuestra ciudad , los incluyan en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!



Personajes de mi pueblo: Fabián Sebastián González
“Todavía no se han levantado las barreras que digan al genio: de aquí no pasarás”
Ludwig Van Beethoven (1770-1827)
Compositor alemán.
Hay personajes que por su carácter afable, cordialidad, bonhomía espíritu alegre y salidas ingeniosas, dejan una huella profunda y recuerdos perecederos en el lugar dónde desarrollan su vida familiar, social y laboral. Es el caso de don Fabián Sebastián González, uno de los tantos margariteños, que llegó al incipiente pueblo de El Tigre en la década de los años 1940, atraído por el boom petrolero que se inició con la perforación del pozo Oficina Uno, el 23 de febrero de 1933. Esa fecha fue escogida por las autoridades para marcar referencialmente la fundación de esta ciudad , que no tuvo partida de nacimiento oficial y no hay un ápice de dudas, germinó al calor de la industria petrolera. Esta urbe, por ende, es hija del petróleo.
Fabián Sebastián González que nació el 20 de enero de 1925, era originario de La Guardia – Estado Nueva Esparta e hijo de una familia de pescadores que formaban el señor Jerónimo Velásquez y doña Anastasia González. La niñez y adolescencia, las dedicó íntegramente a las labores del mar, cuando obtuvo la mayoría de edad, se le avivó el espíritu aventurero el cual tomó fuerza cuando le llegaron mensajes de que, en el incipiente pueblo de El Tigre, tomaba auge la industria petrolera y había oportunidad de trabajo estable y bien remunerado. No lo pensó 2 veces, se despidió de su esposa Olegaria Salazar y su hijo Freddy y vino a probar suerte. Llegó y se hospedó en el Hotel Manzanares, logró empleo en la Mene Grande Oil Company, al poco tiempo, le asignaron vivienda en San Tomé, se trajo a su familia y a los 5 años lo mudaron para Campo oficina. Allí llegó para quedarse hasta que murió el 11 de julio del año 2000. Fabián era un hijo adoptivo del El Tigre.
Una vez estabilizado familiarmente, con trabajo fijo, bien remunerado y estable, era obvio que la familia crecería, no perdió tiempo y con el advenimiento de Luís, Luisa, Iván, Henrry y Miriam completó una distinguida familia que hoy todavía, luego del fallecimiento de doña Olegaria el 24 de agosto de 2001, contribuyen con el crecimiento y desarrollo del pueblo y habitan la misma casa dónde llegaron sus padres hace 52 años en Campo Oficina. Fabián trabajó con la industria petrolera 40 añitos, se jubiló, pero siguió ligado a ella como vigilante del Club de Campo Oficina por espacio de 16 años más. En el año 1996, colgó los guantes. Un hombre honesto a carta cabal, trabajador incansable, excelente padre de familia, amigo de los amigos y de salidas muy ingeniosas y celebradas. Héctor Vásquez, Pedro Emilio (Pejas) Rojas Vargas, Alberto Barrios, Leonidas Rosario, Diego Suárez y Rigoberto Martínez, formaron parte de su más entrañable círculo de amistades y, los que aún viven, pueden dar testimonios de lo que afirmamos. Honor a quien honor merece.
En el Club de Campo Oficina, del cual fue fundador, don Fabián González dejó una huella indeleble y también forma parte de su historia ya que, su vecino y dilecto amigo Rigoberto Martínez fue el primer arrendatario del área de servicio del centro social el cual tenía, como encargado de la administración al señor Samuel González, el popular viejo Grillo y a él como vigilante a partir de las 4 PM. Una vez que entregaba su guardia a las 3 PM en la Industria Petrolera, estaba fijo en el Club hasta que cerraban a las 10 PM. Luego los arrendatarios fueron los señores Antonio García y Alfredo Salazar quienes mantuvieron el equipo intacto. En el año 1981, sale electo Presidente del Club el Ing. Manuel Loero, quien es el encargado de manejar la transición a la nueva sede ubicada en el centro del Campo, al lado del monumento del pozo Oficina uno, dónde nació El Tigre y en el local que por muchos años albergó el primer comisariato. Esas instalaciones fueron demolidas para dar paso a la edificación que hasta hoy son propiedad y sede del Club de Campo Oficina.
En el tiempo del estreno de nuevas instalaciones, Henrry, un hijo de Fabián era el arrendatario del Club, el Ing. Loero, le pide al joven que se quede, este no acepta por la responsabilidad que comportaba administrar un centro social de esas dimensiones. El Presidente del Club y su equipo directivo, hombres de una gran sensibilidad, vocación de servicio y espíritu solidario, toman la decisión de no dejarlos por fuera y nombra a Fabián vigilante oficial y a Henrry como jefe de mantenimiento, ambos dependientes de los ingresos que administraba la directiva del Club. En estos últimos años la situación cambió, ya que ahora, la empresa PDVSA, absolvió el personal, pasó el mantenimiento a administración directa y a Henrry, lo mantienen como vigilante. Todos son personal fijo y gozan, gracias a Dios, de estabilidad. Constancia, perseverancia y responsabilidad son claves del éxito.
Fabián González, fue un amante del deporte. La pasión por el béisbol, lo llevó a relatar anécdotas dignas de la mejor causa. Como buen oriental era Magallanero hasta los tuétanos al extremo, confesaba que los Leones del Caracas, le ofrecieron un bono millonario para que firmara con ellos y no aceptó para no traicionar al Magallanes. Otra: en Margarita, estando muy joven, participaba en un juego que escenificaban en un campo abierto y su equipo, en el último inning, y dos outs, perdía 19 a 0. Le tocó el turno al bate y sobre el primer lanzamiento metió un jonrón y la esférica fue tan lejos que mientras los jardineros corrían detrás de la pelota, le dio 20 vueltas al cuadro y el árbitro principal sabia y justicieramente cantó la victoria a favor de su equipo. Los dejó en el terreno. 20 a 19. No lo cree. Lea este otro relato: en su adolescencia, pescó un tajalí de 38 Mts. Con ese pescado hizo una bicicleta de 58 puestos y el día que la estreno, iba con los pasajeros completos y cuando pasaba por El Espinal, chocó con un burro, la bicicleta se destrozó, pero gracias a Dios, todos salieron ilesos. No diga que no lo creyó. Le vamos contar 3 más y no vale reírse. Son de antología.
En una oportunidad su amigo Alberto Barrios, lo invitó a un sancocho en su fundo ubicado en La Canoa, cuando llegó, estaban montando la olla. Entonces decidió ir un momento nadando por el río, que le da el nombre al pueblo, hasta el Orinoco. Fue de un solo tirón y cuando regresó, le estaban echando la verdura al sancocho. Echó una descansadita, bajaron el hervido – cruzado de pescado, gallina y costilla de res – y se tiró 3 palanganas dizque para recuperar las energías perdidas. No lo creyeron. Lean este: un día salió para Margarita en compañía de su hijo el gordo Freddy que pesaba unos 150 kilos, cada uno llevaba una maleta grande full y bien pesada. Llegaron al terminal del Ferry en Puerto La Cruz y, ¡Sorpresa! El barco había zarpado. Entonces, tomó una decisión y le dijo a su hijo: no vamos a perder el viaje. Montó a Freddy en el lomo, tomó una maleta en cada mano, se fue a pie y llegó a Margarita primero que el ferry. Uno puede inferir que hizo el recorrido por el puente que ofreció Luís Herrera. Lo total es que don Fabián, no las pensaba y esas anécdotas las contaba sin que se le arrugara un músculo de la cara, serio y circunspecto. Genio y figura hasta la sepultura.
En una de las tantas tertulias que se formaban en el área de servicio del club, un grupo de amigos hablaban de las maravillas de los farallones de Chimire. El Econ. Gustavo Solé, para entonces gerente de la agencia del Banco Mercantil en la ciudad , mencionó que, en el área geográfica de esa espectacular, bella, linda y turística falla geológica, ubicada en la mesa de Guanipa, los turistas, visitantes e investigadores, siempre encontraban restos de caracoles, conchas de mariscos y una serie de restos marinos, lo que hacia presumir que en tiempos remotos, estos territorios formaban parte del lecho marino y que el mar se fue retirando hasta su lugar actual dónde fundaron Barcelona y Puerto La Cruz. Intervino Fabián y les dijo con sus proverbiales salidas jocosas, pero muy serio y gran convicción: yo creo que eso es verdad, porque en una oportunidad, estando chamito, mi papá me trajo a esta zona y si mal no recuerdo el ferry nos dejó en San Mateo. Agarren ese trompo en la uña para ver si taratatea. Los dejó con los ojos claros y sin vista.
Este personaje y su distinguida familia, junto a los amigos que mencionamos en este humilde destello, forman parte de los más bellos pasajes de nuestras historias urbanas, las cuales recreamos para recordarlos con alegría y cariño, buscando fortalecer la memoria colectiva de nuestro pueblo y para que nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas, cuando decidan escribir la verdadera y autentica historia de nuestra localidad, los incluyan en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!

Personajes de mi pueblo: Pedro Peña
“Yo no digo todo, más pinto todo”
Pablo Ruiz Picasso (1881-1973)
Pintor y escultor español.
En la vida no hay que ser importante, hay que se útil. El artista plástico Pedro Bautista Peña Bolívar es un hombre humilde, que desde muy niño tuvo una inclinación natural por el dibujo y la pintura, cultivaba ese arte de manera autodidacta, hasta que a los 15 años, se inscribió en El Taller Libre de Artes, institución fundada por Eduardo Latouche, Josefina Marcano y Nildo Márquez en la segunda carrera sur – exactamente detrás del Taller Arias – de dónde egresó con las máxima calificación y, ahora se dedica, según sus palabras, a expandir el arte enseñando a niños y jóvenes que lo abordan, pintando al soberano de manera subsidiada, cobra muy barato y muchas veces lo hace de manera gratuita. Ese hecho lo enaltece, lo convierte en un hombre útil y hace de su pobreza su mayor riqueza. Dios proveerá.
El artista plástico Pedro Peña, es oriundo de Santa Bárbara de Maturín (24-01-1951) e hijo del barinés Pedro Bautista Peña Superlano y la señora Eufemia Bolívar que nació en Aguasay. Este humilde matrimonio fijó residencia en San José de Guanipa y cómo para la época el padre poseía “título de chofer” logró empleo en la Planta de Hielo de El Tigrito y para redondear un ingreso que le permitiera mantener a su prolija familia de 6 hijos. Pedro (Pintor), Aura Marina (Enfermera), Marco Tulio (Lic. en Administración, Rosa Margarita (Lic. en enfermería), José Antonio (Pintor), Ángel Eduardo (+) que era electromecánico, también cargaba carburo en tambores para ofrecerlo en venta a los vecinos, ya que para aquel tiempo, era la pintura que el pobre utilizaba para embellecer sus casas de bahareque. Eran los tiempos bucólicos de San José de Guanipa.
Pedro Peña, estudio la primaria en la escuela José Manuel Cova Maza (Cuando funcionaba en la primera calle norte cruce con sexta carrera de El Tigre), la secundaria en el Liceo Guanipa y, sus estudios artísticos en El Taller Libre de Artes cuya institución cultural ahora posee sede propia, detrás del Complejo Cultural Simón Rodríguez, pero que antes, después de su fundación en la segunda carrera sur, también funcionó provisionalmente en la Casa de la Cultura y el Complejo Cultural. Una vez concluido sus estudios con la máxima calificación, hizo una exposición de fin de curso en el mismo Taller, la cual resultó su primer éxito como artista plástico, luego continúo su seguidilla de laureles presentando sus trabajos en la primera exposición “Salón de Jóvenes Artistas” realizado en Maracay, dónde obtuvo el Premio Nacional de Dibujos, también en el Salón Alejandro Otero en Ciudad Bolívar obteniendo la mención 1 y le han brindado la oportunidad de hacer exposiciones en la Casa del Periodista y en los salones del Concejo Municipal de El Tigre. Fueron sus tiempos de gloria.
El artista plástico, no sólo pinta cuadros, también trae niños al mundo. En el rol de padre de familia junto a su esposa Wendy Pérez Pinto, posee 9 hijos. Kristian Pedro, María Gabriela, Wendy de los Ángeles, Ricardo Bautista, Génesis Victoria, Karem Valeria, Santiago José, Aaron de Jesús y Ángel Leonardo a los cuales a levantado con su trabajo creador a punta de pincel. En estos últimos años, tiene un exiguo ingreso de Bs.F. 400 que le cancelan mensualmente, la cual le asignó la gobernación del estado en un programa que se inició el “Día del Artista Plástico “Armando Reverón” y que curiosamente justifica la erogación con una coletilla que dice textualmente “Para personas de escasos recursos económicos o con problemas físicos” Pedro, asegura que califica para ese programa social por lo de “escasos recursos económicos”, agradece el gesto, pero le gustaría que el gobernador del estado, el Dr. Tarek William Saab, con la sensibilidad que posee todo poeta, hombre ligado al mundo cultural y conocedor de las limitaciones económicas de ellos, pudiese crear un programa dirigido y dedicado específicamente a dignificar, promocionar y abrir posibilidades de crecimiento a los artista plástico que les permita salir de la pobreza y mejorar su calidad de vida. Es una idea. La esperanza es la última que se pierde.
Pedro Peña parafraseando a Picasso no dice todo, pinta todo y con su proverbial buen humor me comenta con una sonrisa: “Amigo Cheo. He sido victima de las más crueles críticas. La gente pareciera no querer ver la parte buena de sus semejantes. Le agradezco la gentileza que tiene de sentarse conmigo a preguntarme de las cosas positivas que he hecho y hago. Escriba la historia dorada de Pedro Peña”. Le respondo: “estos destellos los hacemos con el mayor cariño, solidaridad y amor por nuestra gente. Acentuamos las cosas buenas de sus vidas, la importancia, valor y huella positiva que dejan en su paso por nuestro terruño y su contribución en el enriquecimiento de nuestras historias urbanas. Las cosas malas que se encarguen y las destaquen sus enemigos… si los tienen”. Una manera de dignificar a nuestro gentilicio y recrear la memoria histórica colectiva de nuestro querido pueblo. También subsidiada. No nos anima ningún fin lucrativo, sólo nos anima el inmenso deseo de contribuir con nuestro humilde granito de arena, con la vigorización y fortalecimiento de la memoria histórica del pueblo que nos vio nacer y del cual, a pesar de todas las vicisitudes, nos sentimos orgullosos.
Es importante, que este personaje que todos vemos deambular por las calles de la ciudad con sus lienzos, cartulinas y un bolso dónde carga sus lápices, creyones, pinceles y pinturas necesarios para expandir el arte y, los personajes e instituciones que mencionamos en estos humildes destellos, sean tomados en cuenta por nuestros eximios investigadores, historiadores y cronistas cuando decidan escribir la verdadera y autentica historia de El Tigre y los incorporen al disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!

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Precursores de La Casa Nueva Esparta
“Donde truena un hecho, ten la certeza de que ha relampagueado una idea”
Ippolito Nievo (1831-1861)
Escritor italiano.
La Casa Nueva Esparta es un feliz hecho. La idea que hizo posible esa esplendorosa y refulgente realidad, surgió de un pequeño grupo de margariteños que periódicamente se reunían en el Abastos “La Primera” de Nicasio Marín. En los primeros días del año 1955, en unas de las tantas tertulias que formaban Acisclo D’llan, Efrén Marín, Agustín Millán, Dionisio González y Julián Villarroel, junto al anfitrión, decidieron motivar, incentivar e incorporar a otros inmigrantes de la isla, para fundar un club social que llevara el nombre de su estado natal. A tal efecto, fueron hasta San Tomé, dónde trabajaban para la trasnacional petrolera, Mene Grande Oil Company, Joaquín Antonio Salcedo Rojas (oficinista), los profesores Isidro Brito Brito y José Elías Villarroel, le expusieron la idea a estos, a los cuales pareció maravillosa y entre ellos decidieron convocar a una reunión preparatoria, la cual se realizó en el local de la Mueblería Aurora, que poseía José Joaquín Rojas, en la calle Girardot. Asistieron 22 margariteños. Crecía el grupo y empezaba a tomar forma la idea y se abría un camino de realizaciones. “Caminante no hay camino se hace camino al andar”, dijo acertadamente el poeta español Antonio Machado Ruiz.
En esa reunión, que se realizó en el mes de octubre de 1955, se nombró un Comité Organizador que integraron: Joaquín Antonio Salcedo Rojas, Acisclo D’llan, Dr. Antonio Prieto Rodríguez, Dionisio González, Baalam Ortega, Agustín Millán, Profesores Isidro Brito Brito, Rafael Bonifacio González, José Elías Díaz Villarroel – el autor del lema que identifica La Casa Nueva Esparta “Una Columna del Hogar Venezolano”, Eufracio “Facho” González a quien llamaban cariñosamente “El Capitán” porque en los carnavales siempre lucía una gorra de capitán marino, Julián Villarroel, Gonzalo Guzmán Lárez y el Dr. Fidel Guzmán. Curiosamente Nicasio Marín y Efrén Marín, los más entusiastas impulsores de la idea, no fueron incluidos en ese primer comité promotor. No hubo añagazas, ni celos. La orden era echar pa’lante. Lo importante era que la idea se fortalecía y tomaba rumbo positivo. Levaba anclas el buque de La Casa Nueva Esparta.
Ese comité organizador y promotor se declaró en reunión permanente y se instalaron provisionalmente en el Hotel Panamerican donde realizaban sus deliberaciones. La tarea urgente e inmediata era ultimar detalles, darle forma a las ideas e ir concretando todo lo referente a la consecución de un local, la redacción de los estatutos, el nombramiento de la directiva y demás exquisiteces filosóficas y doctrinarias necesarias, para organizar y constituir un Club Social y de Servicios, que proyectara en toda la comunidad el gentilicio, la cultura y el orgullo margariteño. El 27 de noviembre de 1955, el Comité convocó una asamblea en la Casa de los Andes, que funcionaba muy cerca dónde hoy, está ubicada la agencia del Banco de Venezuela en la avenida Francisco de Miranda. Único punto de la agenda: elegir la primera directiva de La Casa Nueva Esparta, la cual empezaría a funcionar en un local frente al Hotel Panamerican en la Avenida 5, como en efecto empezó y fue la primera sede de ese prestigioso Club Social y de Servicio. Informada la audiencia del punto a tratar y presentado el informe respectivo, se abrió el debate democrático. Presentan una plancha con un número par de integrantes. Efrén Marín pidió que el número fuese impar para que cumpliera con la normativa parlamentaria y las decisiones en caso de controversias, fuesen aprobadas por mayoría simple y además propuso, que la votación fuese nominal: por nombre y apellido y a mano alzada la votación. Es importante destacar que la dictadura de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, estaba en su apogeo, lo que no fue óbice para que los precursores de La Casa Nueva Esparta reiteraran y practicaran los principios democráticos que poseían. Un ejercicio de democracia y libertad en plena dictadura. La libertad siempre está presente y se impone.
Aprobada la moción por los 131 socios presentes, salieron electos por unanimidad Joaquín Antonio Salcedo Rojas – Presidente, Antonio Prieto Rodríguez – 1er. Vicepresidente, Acisclo D’llan – 2do. Vicepresidente, Isidro Brito Brito – Secretario de Actas y correspondencia, Fidel Guzmán – Adjunto, José Elías Díaz Villarroel – Secretario de Cultura y Propaganda, Efraín Subero – Adjunto, Dionisio González – Tesorero, Gonzalo Guzmán Lárez – Adjunto, Rafael Bonifacio González – Secretario de Deporte y Festejos. En la elección del adjunto a esta última secretaría hubo 2 candidatos: Eufracio González y Efrén Marín que fue propuesto por los socios, los cuales curiosamente no eran margariteños, Miguel Gener y Jerónimo Montes. Votaron, contaron los votos y resultó electo Efrén Marín con 118 votos contra 13 de Eufracio González, luego también eligieron a Agustín Millán – Fiscal y como vocales Baalam Ortega, Ángel Rojas y Julián Villarroel. Tronó el hecho. La idea de La Casa Nueva Esparta era una realidad que llegaba para quedarse y después de la desaparecida Casa de los Andes, convertirse en el 2do. Club Social fundado en el bucólico pueblo de El Tigre. La nave llegó puerto seguro.
Una vez instalada y juramentada la primera directiva, esta inició sus actividades en una sede provisional en la avenida 5 – frente el Hotel Panamerican – más tarde se mudó frente a la Plaza Bolívar en el local dónde hoy funciona Acción Democrática y, a los 2 años alquilaron una casa-quinta en la 8va. carrera c/c 3ra. calle sur, hasta que construyeron su moderno edificio en la calle 15 sur. En ese ínterin, cuando no tenían sede propia, fueron presidentes Joaquín Antonio Salcedo Rojas, que fue el primero y con una duración efímera (27N1955 a F1956) al renunciar y separarse, asumió el primer vocal Baalam Ortega el cual completó el período e inmediatamente fue ratificado un año más en la presidencia, luego fueron electos sucesivamente el Dr. Antonio Caraballo, el Prof. Bernardo Acosta, Antonio Bonillo, Prof. Alfonso Urdaneta, Jesús “Chucho” Aguilera, Brigido González, Guillermo Velásquez, Secundino Vicent, Ramón Velásquez que inició la construcción de la actual sede en un terreno que era municipal y Bernardo González, el cual en los 5 años que ejerció la presidencia con su empeño, constancia, laboriosidad y firme disposición fue adelantando la construcción y logró la culminación total de la moderna edificación de la cual hoy disfrutan con todos los derechos, ya que unos años después, Joaquín Antonio Salcedo Rojas, cuando ejerció la Presidencia Municipal, les otorgó la titularidad del terreno. Estos, de acuerdo a los testimonios de alguno de los fundadores, a los cuales consultamos en nuestro empeño, de acercarnos fiel y exactamente a los hechos, tal cual sucedieron y, distinguir a sus protagonistas, fueron los precursores de La Casa Nueva Esparta. El camino estaba hecho.
Hoy, 8 de septiembre, antes de la misa en honor a la santísima Virgen del Valle, el actual presidente Prof. Alexis Orta, liderará un acto que está incluido en la programación y en el cual rendirán homenaje a los fundadores dónde develaran una placa e inaugurarán una plaza, en La Casa Nueva Esparta, que llevará el nombre de don Bernardo González en quien personificarán, simbolizarán y resumirán a esta pléyade de hombres y mujeres que hicieron posible este maravilloso Club Social y de Servicios. En esta jornada, llevará la palabra el ex presidente y Prof. Alcibiades Lárez, quien disertará acerca de la historia, momentos estelares y anécdotas de los tantos hechos y protagonistas de La Casa Nueva Esparta y la persona del fundador distinguido con el nombre de la plaza. Honores quien honores merecen.
Estamos concientes de que La Casa Nueva Esparta ha hecho y continúa haciendo historia en la ciudad de El Tigre. Empero, por razones de espacio, sólo nos hemos referido en estos humildes destellos a los precursores y fundadores de este prestigioso Club Social y de Servicios y, a los actos centrales de hoy, como un homenaje a los margariteños-tígrenses, en el día de La Patrona del Oriente de Venezuela y la cual es venerada con especial devoción en la Isla de Margarita, de dónde eran y son oriundo esta legión de hombres y mujeres que llegaron para quedarse y al establecerse junto a sus familias en este pueblo, cuando apenas estaba en periodo embrionario, con su trabajo fecundo, honesto y creador, más la intensa actividad social, cultural y deportiva, contribuyeron y contribuyen decisivamente con el desarrollo, crecimiento y consolidación de esta pequeña urbe, la cual, es heredera del rico patrimonio cultural de la isla. Dígalo, como lo repite orgullosamente, Horacio Quijada Rodríguez. “Yo soy margariteño”.
Y para que no quede dudas del orgullo de ser margariteño el popular y recientemente desaparecido físicamente, Luís “Bachiller” González, que nació en Río Caribe y se crió en la isla, en su residencia de La Charneca tenía una epígrafe, que rezaba “Yo soy margariteño y que me pregunten por qué”... Ahora lo saben. ¡Viva la Virgen del Valle!
Esta síntesis histórica de la Casa Nueva Esparta, la hacemos con la firme disposición de contribuir, con nuestro granito de arena, en el fortalecimiento de la memoria histórica colectiva de la comunidad y, la esperanza cierta de que cuando nuestros eximios investigadores, cronistas e historiadores, decidan escribir la verdadera y autentica historia, de nuestra pequeña urbe, incluyan esa institución, sus precursores y fundadores en el disco duro de la memoria histórica de esta ciudad , que nació al calor de la industria petrolera, el 23 de febrero de 1933. ¡Vale la pena!




