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Los Redondos y Soda Stereo

Info5/22/2011

Pasion de Multitudes



Superclásico: Los Redondos vs Soda Stereo. La futbolización del rock argentino y el mito de un enfretamiento musical, social, estético y comercial. Así se presento la flamante Revista Dale, analizando a fondo un fenómeno de preocupante actualidad, a raíz de la bengala en el show de La Renga. Aqui posteo su nota central.
gustavocerati dijo:

Definitivamente, la razón por la que estoy haciendo música tiene muy poco que ver con ser antagónico con algo. La primera vez que lo registré fue en un concierto mío, donde sentía cantos contra el Indio. Y yo no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Parecía un juego entre el público y no está bueno que lo dejen a uno afuera





indiosolari dijo:

Yo nunca ví esa rivalidad. Cerati tenía un carácter más glamoroso, más fashion, y yo más critico, más ácido. Y eso quizás haya separado los públicos. Esa rivalidad, de haber existido, a mi me enaltece porque es uno de los músicos más importantes que ha habido acá






¿Cómo se entiende, entonces, que el antagonismo máximo del rock argentino sea Soda Stereo vs Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota? ¿Cuáles son las diferencias entre estas bandas emblemáticas? ¿Estrictamente musicales? ¿Estéticas? ¿Conceptuales? ¿Filosóficas? ¿Sociales? ¿De dónde surgen? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación?

Los enfrentamientos no son patrimonio exclusivo del rock, está claro. La historia argentina tiene ejemplos de sobra. El fútbol los sufrió siempre: acaso en ese contexto, rivalidad y enemistad ¿no son sinónimos?

En el rock esta tendencia se arraigó en los ‘90s, en tiempos menemistas. “Su peor consecuencia fueron las conductas que despertó en la sociedad; fue el espejo de lo más tenebroso: el afán individualista, el alejamiento de todo gesto solidario”, reflexionaba el periodista Enrique Symns a la revista Rolling Stone.


Para sus detractores, la futbolización comenzó cuando las bandas dejaron de tener algo interesante para proponer y entonces empezaron a ofrecer tribuna. Mientras los barrabravas tomaron del rock los estribillos para los cantitos, los seguidores de una banda adoptaron la combatividad de esos mercenarios de paravalanchas.


Ezequiel Adamovsky, historiador e investigador: “la autenticidad anticomercial de Los Redondos se combinó con el fervor de un público cada vez más plebeyo que los respetaba precisamente por eso. Para ellos, Cerati y Soda eran lo opuesto: una banda pop, careta, seguida por chetos. Aquí se ve con claridad la asociación entre una cultura del aguante que llegó al rock desde el fútbol y un público de clase media baja y trabajadora. El pop aparece como todo lo contrario, de modo que el antagonismo es estético, pero también social”.



Orwell tenía razón
gustavocerati dijo:

“El hecho de que a alguien le guste una banda y que eso lo ponga en una posición antagónica a otra es una gran pelotudez. Vivimos años muy jodidos, con gobiernos que ayudaron a que la gente se lobotomizara culturalmente”




skaybeilinson dijo:

“Me parece que está bien que una banda convoque gente y ese encuentro se transforme en una gran celebración. Pero si todo se reduce a los cantos de las hinchadas, juntémonos para cantar temas de hinchadas y listo… Una banda puede y debe aportar muchas más cosas. Noto que algunos grupos padecen ese fenómeno y otros pareciera que apuestan a él”





Tras la disolución de Los Redondos, en agosto de 2001, tres bandas heredaron buena parte de ese público acéfalo: Los Piojos, La Renga y Bersuit. Gustavo Cordera: “el fútbol ayudó mucho a que el rock se haga bruto, se ponga fascista, por eso siempre detesté las banderas y las bengalas. Siempre le digo al público que no busque referentes para poder ser alguien”.

Roger Cardero, ex baterista de Los Piojos y actual El Vuelo de la Grulla, es más optimista y cree que los festivales multitudinarios fomentan la tolerancia y que, si bien al comienzo vivieron rechazos entre seguidores, con el paso de las ediciones la gente fue aprendiendo a convivir y conoció nuevas propuestas musicales.

Iván Noble, ex cantante de Los Caballeros de la Quema, reflexionaba con más perspectiva: “la gran autocrítica que deberíamos hacer todos los que estuvimos en el rock de los ‘90s es ver hasta qué punto éramos meros espectadores de eso o si fomentábamos la pasión barrabrava”.

Cabra, cantante de Las Manos de Filippi, tiene otra óptica: “no pasa por la bengala; se trata de futbolizar en la privatización del rock, en hacer que el rock sea un negocio de mierda, incontrolable, violento. Como es el fútbol”.

Daniel Melero es terminante: “el rock barrial creó un talibanismo rockero que cree tener la verdad y cree que lo diferente es pura mierda. Y eso es, justamente, lo opuesto al rock, que siempre luchó por mantener cabezas abiertas”. En ese mismo sentido, el periodista Hernán Ferreirós publicaba en su blog: “El rock chabón no es una forma de resistencia al deterioro, es parte de él. Si uno se sentía interpelado por una canción [del rock de los ‘70s] iba a terminar obteniendo de ella mucho más que un estribillo para tararear. [El rock barrial] dice exactamente lo contrario: ‘conformate con lo que sos porque está bien’”.

El periodista Gustavo Alvarez Núñez tiene una opinión bien marcada: “cuando se defiende al rock chabón por reflejar la exclusión social, se pasa por alto que esa búsqueda de la distinción llevó al rock barrial a identificarse a partir de la afirmación que lo distingue. Si para resistir no tengo otro recurso que reivindicar eso en nombre de lo cual soy dominado, ¿se trata de resistencia?”.

“Hay riesgo y coqueteo con la autodesctrucción en varias formas culturales urbanas”, advierte el sociólogo Daniel Salerno.

Ése lugar preponderante del público es muchas veces fogoneado por el propio artista. Por ejemplo, sobre el final de su show en Tandil en noviembre ‘10, Solari elogió: “éste fue el pogo más grande del Universo”. Y en una entrevista de Pipo Lernoud, era más específico: “yo estoy muy agradecido de que nos haya elegido esa gente, porque son de ajo. Vienen de lugares muy duros. No nos van a pedir que sonemos rudo. Ellos son rudos. No necesitan disfrazarse de nada, ni demostrar nada. Gracias a Dios uno elucubra unas historias en las que los personajes se parecen a los que ellos quieren cantar a los gritos todo el recital”.



Pero a lo largo de los años, el público redondo fue cambiando. En un primer momento, artista y audiencia formaban parte conjuntamente del happening. Con la Democracia se fueron incorporando espectadores más pasivos, que iban a ver a la banda y despreciaban las otras manifestaciones artísticas, características de los comienzos. Y con la masificación llegó el fanatismo, el público-hinchada que no exige nada y arma su show paralelo.

Se cumple la advertencia orwelliana: “te vaciaremos de todo y te llenaremos de nosotros”.



El quiebre
El rock argentino nació simbólicamente en el barrio de Once, en la esquina de las avenidas Rivadavia y Jujuy. Y no son pocos los que creen que murió prácticamente a la vuelta, en República de Cromañón, Mitre al 3000.

Fue recién después de esas 194 muertes que el gran público se enteró de la existencia de ese género, de las irregularidades y negligencias de los recitales. Entre otras cosas, esa masacre descubrió todo un movimiento social que no tenía lugar en los medios masivos de comunicación y que, en general, fue señalado como el gran responsable.

“Es el desenlace de lo que muchos pregonaron por más de una década” -opina el músico independiente Boom Boom Kid- “Hay que fijarse en los videos, en las letras, en la tapa de los discos… ahí están los culpables de Cromañón: vos le estás mostrando a tu público cómo te gusta el rito. Después se hicieron los boludos, pero si estás jugando con fuego…”

“El fútbol es un Cromañón permanente”, sentenciaba Andrés Calamaro allá por marzo de 2008. “En el fútbol, el alambrado separa a la gente de una tragedia, de un asesinato múltiple” – opinaba Spinetta – “Descuartizarían al referí y al otro que cometió el penal que el referí no cobró. ¿Viste lo que es atrás de los arcos? Eso no es digno de lo que queríamos construir como sociedad”.

Muchos músicos salieron a hablar mal de las bengalas, con Divididos a la cabeza (se negaron a compartir fecha con Callejeros en el Cosquín Rock 2007). Pero el Indio sorprendió con otra argumentación. En una entrevista radial, decía: “hay algo injusto en esto que pasa con Omar. Quizás los 194 muertos sean una cuenta que alguien tenga que pagar. Pero lo que veo es una granada sin anilla que nos vamos pasando y te explota a vos como me pudo haber explotado a mí. Entonces, independientemente de que vos tenés que satisfacer el dolor genuino de esos padres, no podemos adjudicarles la justicia social con respecto al hecho. Ninguno de los que intervinieron ahí puede ser señalado [como delincuente] porque no era conveniente para nadie”.



El papel de los medios

Los barras, amparados por la policía y los dirigentes, amenazan a sus propios compañeros de tribuna. Hay que dejarles el hueco en el sector preferencial de la popular, porque se lo han ganado peleándose contra hinchadas rivales.


¿Qué es el aguante, entonces? Vale recordar el programa que llevaba ese nombre y que emitía TyCSports. Algunos testimonios bordeaban la apología. Por ejemplo, ¿qué hacés si tu hijo te sale de Boca?, consultaban a un hincha de River en la cancha. ¡Lo ahogo en la bañadera!, respondía ante la risotada de los presentes.

Y la gran maquinaria del consumismo aprovechó la oportunidad. Con el auge de la piratería, el show en vivo se convirtió en la gran fuente de ingreso de los artistas. Pero a raíz de Cromañón y la clausura generalizada de los escenarios rockeros, los megafestivales esponsoreados -en manos de un puñado de productoras- pasaron a ser los lugares más seguros para los shows.

Argentina parece estar exportando futbolización. Dos ejemplos recientes: los apodos con los que se presentaron los U2 en el estadio de La Plata (“soy Carlitos Apache Bono”, dijo) y el DVD en vivo de AC/DC, cuyo marketing está centrado justamente en la fiesta que armaron los espectadores en el Monumental.



Nunca hicimos amistades
¿Qué pasó en estos años para que el espíritu de paz y amor de los ‘60s se transformara en la agresividad de los cantitos actuales?


León Gieco resume la escalada de violencia: “En los ‘60, la rebeldía pasaba por el pelo largo. Venía un milico como Onganía y nos metía presos. En los ‘70 empieza a haber canciones contra la dictadura y muchos terminamos exiliados. En los ‘80 el rock se hace light y en los ‘90, contestatario contra el gran vendepatria que desarrolló la economía más antipopular de la historia. Y surge el rock barrial, se crean rivalidades por los barrios o los estilos, y los chicos terminan a las trompadas por una bandera”.

La masa también enfrentó a Soda con Sumo. Luca no se murió / que se muera Cerati / la puta madre que lo parió. Pocos saben que una noche de diciembre de 1983, en el ya mítico Café Einstein (regenteado por Chabán en un primer piso de la Avenida Córdoba llegando a Pueyrredón), Prodan subió al escenario para cantar junto al trío un tema de The Police. Y años después, Ricardo Mollo cantó en Obras, invitado por Gustavo.

La intolerancia no es exclusiva del rock chabón. En 1992, Soda le dio lugar a varias bandas nuevas para que los telonearan, pero la recepción no fue la mejor. Años más tarde, Zeta Bosio recordaba: “me di cuenta de que nuestro público no era tan amplio como creía. Si van a ver a Soda, lo único que les interesa es Soda y lo demás les molesta”.

¿Siempre fue así? Pipo Lernoud, testigo presencial de la génesis de nuestro rock, recuerda la primera dicotomía: música blanda contra música dura. Billy Bond y La Pesada contra Gieco, Porchetto, Sui Generis. “Ahí empezó a enfrentarse la música complaciente con la música comercial. Invisible, que era progresivo y difícil, contra Sui Generis, que era música que podían entender las chicas adolescentes”, dice.

Hubo también una contra Charly vs. Spinetta, pero que fue más de la prensa y el público. Se decía que Charly era un comerciante, que “se vendió a Fiorucci”. Que haya ido al programa de Mirtha Legrand fue como una traición a la patria del rock. Pero después, cuando vieron que ese juego se volvía peligroso, hicieron un recital juntos: Seru y Jade en Obras, en septiembre de 1980.

Más allá del ACV, ¿es utópico pensar en un show conjunto de Cerati con el Indio?












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Muy buen comentario
muy bueno tu post!! la verdad q si... eso de las rivalidades, es para el futbol!! yo soy ricotero de toda la vida, y no me gusta la musica q hace $oda, pero es mas x un tema de estilo..xq soda tiene un estilo muy pop y eso no me gusta! en cambio La Renga y Los Redondos es un estilo bien rocanrol!! pero no x eso digo q soda es una cagada... son terribles musicos!! pero a mi no me gustan!! muy buen laburo! van mis 10!!


Muchas gracias por comentar abrazo de gol
El post esta expectacular. Yo soy fanatico de Los Redondos y los sigo hasta donde seaa, y la verdad que la musica de cerati no me gusta en absoluto, pero eso va en tema personal, en cuestion de "gustos"... Un Abraso!


Gracias maestro!!
te dejo 10 para que seas new full. Aguante los Redondos!

De nada!
tremendo gracias por compartir la info


Eso es lo que se intenta de a poco pero hay mucha gente que no entiende

Gracias niña
Excelente, muy completo y preciso. Así de una vez acabamos con esas estupideces que manchan a la música que tanto amamos!


Muchisimas gracias son mis primeros 10
mereces ser nfu mis 10 y recomendado

los redondos

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