Mi hermano y mi cuñada perdieron dos embarazos por esta causa, hoy gracias a la Heparina tengo una sobrina mas, por eso me parecio interesante compartir esta información.
¿Qué son las trombofilias?
Las trombofilias son un grupo de trastornos que estimulan la coagulación sanguínea. Las personas que tienen una trombofilia se caracterizan por ser propensas a la formación de coágulos en su sangre, ya sea porque sus organismos producen cantidades excesivas de ciertas proteínas, llamadas factores de coagulación sanguínea, o cantidades demasiado bajas de proteínas anticoagulantes que limitan la formación de coágulos. En los Estados Unidos hasta 1 de cada 5 personas tiene una trombofilia.
¿Cuáles son los síntomas de las trombofilias?
La mayoría de las personas que tienen una trombofilia no presentan síntomas. No obstante, algunas desarrollan un coágulo de sangre, o trombosis, donde no debería haber uno. Con frecuencia, los coágulos sanguíneos se forman en las venas de la parte inferior de la pierna y producen hinchazón, enrojecimiento y malestar. Este trastorno, llamado trombosis venosa profunda, suele diagnosticarse mediante una ecografía u otras pruebas de diagnóstico por imágenes. Los coágulos suelen tratarse con medicamentos anticoagulantes.
Los coágulos pueden poner en peligro la vida de la persona si se rompen y se desplazan por el torrente sanguíneo hasta los órganos vitales (tromboembolia venosa). Cuando la tromboembolia venosa bloquea los vasos sanguíneos de los pulmones (émbolo pulmonar), puede causar serias dificultades para respirar y, en algunos casos, la muerte. Las tromboembolias venosas que bloquean los vasos sanguíneos del cerebro o el corazón pueden producir un accidente cerebrovascular o un infarto. Los coágulos tienen más probabilidades de desarrollarse cuando una persona con una trombofilia tiene otros factores de riesgo, como inmovilización (debido a una fractura, por ejemplo), cirugía o antecedentes familiares de tromboembolias venosas en uno de los padres, hermanos o hijos. El embarazo y las seis semanas posteriores al parto son otros de los períodos de mayor riesgo de tromboembolia venosa en las mujeres que tienen una trombofilia.
¿Qué riesgos implican las trombofilias durante el embarazo?
La mayoría de las mujeres que padecen una trombofilia tienen un embarazo sano. Sin embargo, pueden tener más probabilidades que otras mujeres embarazadas de desarrollar una tromboembolia venosa o ciertas complicaciones durante el embarazo. Algunos tipos de trombofilias representan mayores riesgos durante el embarazo que otros. Incluso las mujeres embarazadas que no tienen trombofilias pueden tener más probabilidades de desarrollar una tromboembolia venosa que las mujeres no embarazadas. Esto se debe a cambios normales en la coagulación sanguínea relacionados con el embarazo que limitan la pérdida de sangre durante el pre-parto y el parto. No obstante, los estudios sugieren que hasta el 80 por ciento de las mujeres embarazadas que desarrollan un émbolo pulmonar u otra tromboembolia venosa tienen una trombofilia subyacente. Los émbolos pulmonares son la principal causa de muerte materna en los Estados Unidos.
Las trombofilias también pueden contribuir a complicaciones durante el embarazo, como por ejemplo:
• Pérdida del feto. Puede ocurrir al final de primer trimestre (aborto espontáneo) o durante el segundo o tercer trimestre (nacimiento sin vida).
• Desprendimiento de la placenta. En este caso, la placenta se desprende en forma parcial o total de la pared uterina antes del parto. Su desprendimiento puede causar una hemorragia intensa que pone en peligro la vida de la madre y del bebé. Los médicos creen que estos problemas pueden ser consecuencia de la formación de coágulos sanguíneos en los vasos de la placenta.
¿Cómo se diagnostican las trombofilias?
A través de análisis de sangre, los médicos pueden determinar si una persona tiene o no una trombofilia.
¿Qué mujeres embarazadas deberían realizarse un análisis para determinar si tienen una trombofilia?
Todas las mujeres embarazadas que han tenido algún coágulo sanguíneo deberían realizarse un análisis, según recomienda el Colegio de Obstetras y Ginecólogos de los Estados Unidos (American College of Obstetricians and Gynecologists, ACOG). A veces, los médicos también recomiendan los análisis a las mujeres que tienen antecedentes familiares de tromboembolia venosa antes de los 50 años o antecedentes de complicaciones durante el embarazo, incluidos dos o más abortos espontáneos, nacimiento sin vida o desprendimiento de la placenta debido a causas no determinadas.
¿Cómo se trata la trombofilia durante el embarazo?
Algunas mujeres embarazadas que tienen una trombofilia son tratadas con un fármaco anticoagulante llamado heparina (que se administra mediante inyecciones una o varias veces al día) o una nueva versión llamada heparina de bajo peso molecular. Estos fármacos no atraviesan la placenta y son seguros para el bebé.
En algunos casos de síndrome antifosfolípido, los médicos recomiendan dosis bajas de aspirina junto con la heparina. Los estudios demuestran que el tratamiento ayuda a prevenir los coágulos sanguíneos en la madre y parecen mejorar los resultados del embarazo. Sin embargo, no todas las mujeres con una trombofilia necesitan tratamiento durante el embarazo. El médico evaluará junto a la mujer su riesgo individual de coagulación sanguínea, complicaciones durante el embarazo y la gravedad de su trombofilia para determinar si necesita o no tratamiento. El tratamiento con heparina representa cierto riesgo de efectos secundarios, como pérdida ósea y cambios potencialmente peligrosos en la sangre. Los riesgos parecen ser menores con la heparina de bajo peso molecular.
Por lo general, no se recomienda el tratamiento a la mayoría de las mujeres embarazadas que tienen uno de los tipos de trombofilia menos graves (como la mutación del factor V de Leiden o la mutación de la protrombina) y que no tienen antecedentes propios o familiares de coágulos sanguíneos o complicaciones durante el embarazo.
El riesgo de tromboembolia venosa es inferior al 0.5 por ciento (1 en 200) en las mujeres embarazadas con mutación del factor V de Leiden sin antecedentes propios o familiares graves de esta enfermedad. Sin embargo, la mayoría de los médicos suelen recomendar aproximadamente seis semanas de tratamiento después del nacimiento (cuando el riesgo de formación de coágulos sanguíneos puede ser más elevado) a las mujeres con trombofilias o antecedentes propios o familiares graves de coágulos sanguíneos. Por lo general, las mujeres que tienen una trombofilia son tratadas con medicamentos anticoagulantes después de un parto por cesárea.
Se recomienda el tratamiento con heparina o heparina de bajo peso molecular durante todo el embarazo y el período post-parto en las mujeres que tienen una de las formas de trombofilia más graves (como la deficiencia de antitrombina) o más de una trombofilia, aunque no hayan tenido ningún coágulo sanguíneo ni complicaciones durante el embarazo. Por lo general, las mujeres que tienen una trombofilia y antecedentes de coágulos sanguíneos son tratadas durante el embarazo y el período post-parto. Normalmente, las mujeres con síndrome antifosfolípido son tratadas con heparina y bajas dosis de aspirina.5 Los estudios sugieren que esta combinación es más eficaz para prevenir la pérdida del embarazo que cualquiera de los dos medicamentos por separado.
Las mujeres con hiperhomocisteinemia leve suelen tratarse con la vitamina B conocida como ácido fólico. La mayoría de los médicos no recomienda el tratamiento con heparina o heparina de bajo peso molecular a menos que la mujer tenga antecedentes de tromboembolia venosa o complicaciones durante el embarazo y que los niveles de una sustancia llamada homocisteína en la sangre se mantengan altos a pesar de la terapia con folato.1 Después del parto, puede tratarse a las mujeres que tienen una trombofilia con un medicamento anticoagulante llamado warfarina, además de la heparina o en lugar de ella. La warfarina se considera segura durante la lactancia pero no se recomienda su administración durante el embarazo ya que puede causar defectos de nacimiento. Por lo general, los médicos recomiendan que las mujeres continúen el tratamiento con anticoagulantes durante al menos seis semanas después del parto.