Desde que estalló la violencia en Siria en marzo de 2011, la guerra ha ido escalando hasta convertirse en un complejo "todos contra todos" de gobierno, rebeldes, islamistas y potencias extranjeras que no hace sino complicarse con la aparición de la aviación rusa.
Más de 200.000 personas han muerto y, siempre según cálculos de la ONU, hay hasta 4 millones de desplazados: miles de ellos, los protagonistas de la reciente crisis de los refugiados en Europa.
Las tropas de Bashar al Asad luchan contra unos mil grupos rebeldes que se calcula cuentan con 100.000 combatientes. Algunos, de claro corte islamista y con vínculos con Al Qaeda.
En escena, desde principios de 2014, entró el autodenominado Estado Islámico, enfrentado tanto al gobierno como a los rebeldes, sean yihadistas y moderados.
Luego están Estados Unidos y sus aliados occidentales, y además, más o menos implicados: Irán, Turquía y varios países del Golfo Pérsico.
Y ahora Rusia, que esta semana comenzó una campaña de bombardeos, según el Kremlin, contra posiciones de Estado Islámico.
Estados Unidos
En septiembre de 2014, el presidente Barack Obama dio un discurso en el que anunció su intención de "degradar y en última instancia destruir" a EI. En una reciente cumbre sobre terrorismo celebrada en EE.UU., Obama insistió en que para poder derrotar a EI es imprescindible la salida de Al Asad. Para Obama, es necesario "un nuevo líder y un gobierno inclusivo que una al pueblo sirio en la lucha contra grupos terroristas".
Se opone a:
Estado Islámico
Bashar al Asad
Apoya a:
Grupos rebeldes
Kurdos
Rusia
El Kremlin ha sido un consistente aliado del régimen de Al Asad, desde antes de que empezara el conflicto. Además de ser un importante comprador de sus armas, en Siria, Rusia tiene la base naval de Tartus, que aunque no es grande, es su única instalación en el mar Mediterráneo.
Se opone a:
Estado Islámico
Grupos rebeldes
Apoya a:
Bashar al Asad
Irán
Irán, una de las potencias de la región, es también un histórico aliado del gobierno de Al Asad, al que además de suplir armas, ha proveído apoyo militar y financiero. Para Irán, la supervivencia de Al Asad es clave para poner freno a la influencia de su gran rival en la región, Arabia Saudita. Pero la potencia chiita comparte con Estados Unidos y Rusia un enemigo: EI, milicia sunita que ve a los persas como herejes que deben morir.
Se opone a:
Estado Islámico
Apoya a:
Bashar al Asad
Arabia Saudita
Arabia Saudita, potencia sunita y gran rival de Irán, ha sido parte desde el inicio de la coalición liderada por Estados Unidos para atacar a Estado Islámico. En la reciente cumbre celebrada en Nueva York, el gobierno saudita reiteró la necesidad de sacar del poder a Al Asad. El ministro de Relaciones Exteriores saudita, Adel al Jubeir, dijo que considera vigente la posibilidad de una intervención militar para sacar a Al Asad del poder. Al Jubeir advirtió que, de no alcanzarse dicho acuerdo, se dispone a incrementar los envíos de armas y su apoyo a los rebeldes.
Se opone a:
Estado Islámico
Bashar al Asad
Apoya a:
Grupos rebeldes
Turquía
Turquía, de mayoría sunita, es otra de las grandes potencias de la región. El país ha acogido muchos de los más prominentes activistas de oposición. Recientemente, comenzó una campaña de ataques aéreos contra posiciones del Partido de los Trabajadores del Kurdistán. Los ataques turcos, que habían sido anunciados contra Estado Islámico, pronto se vio que afectaban también a los combatientes kurdos, igualmente enemigos de los yihadistas.
Se opone a:
Estado Islámico
Bashar al Asad
Separatistas kurdos
Apoya a:
Coalición impulsada por EE.UU.
