Seguramente, alguna vez habrás oído alguna de estas expresiones y tal vez nunca se te ocurrió pensar en su origen o de donde provienen, pues si es asi y te interesa aqui te dejo quince frases o latiguillos que van de aqui para alla desde hace mucho, mucho tiempo.
AL QUE QUIERA CELESTE QUE LE CUESTE
Quien anhela obtener algo muy valioso debe estar dispuesto a afrontar su precio, por alto que éste sea. El dicho y su moraleja guardan estrecha relación con un mineral, el lapislázuli, que se extrae de unos pocos lugares de Oriente. Con él se fabricaba un bellísimo color azul, muy resistente a la acción del tiempo, que por su procedencia fue llamado azul de ultramar. La gran rareza del lapislázuli y el alto costo de su transporte hicieron que su valor fuera comparable al del oro. Cuando los papas y los grandes señores del Renacimiento encargaban un cuadro, se estipulaba por contrato cuánta pintura de oro y cuánto azul de ultramar entrarían en la obra. Al mezclarse con blanco, ese precioso azul producía el celeste que originó la expresión. Pero existe también otra versión sobre ese origen, vinculada con la acepción religiosa de la palabra celeste, equivalente a celestial. En tal caso, serían los sacrificios realizados en la Tierra el precio de la gloria en el Cielo. Ambas versiones no se contradicen. Y ninguna de las dos deja duda de que cueste y celeste riman con muy justa razón.
BUSCARLE LA QUINTA PATA AL GATO
Cuando se tienen reparos sobre la conducta o los dichos de terceros se utiliza esta frase, cuya forma correcta según algunos sería “buscarle tres pies al gato". Los diccionarios no se ponen de acuerdo. El de María Moliner, por ejemplo, prefiere esta última versión y la define como: “buscarle complicaciones a un asunto que de por sí no las tiene". La mayoría de la gente al citar el dicho menciona tanto al micifuz al que le falta una extremidad como al que le sobra.
Para ellos el sentido es idéntico. Y todavía están los que hacen distingo acerca de la aplicación del tres o del cinco. Los que la emplean en la primera forma sostienen que se refiere a lo fácil que resulta criticar: frente a cualquier minino, sea persa o atorrante, hasta el más torpe encuentra los tres pies requeridos. En cuanto a lo de la quinta en no querer aceptar, por mala fe o ignorancia, la realidad tal cual ES. Una cuarteta anónima resume muy bien este dilema trivial: "El normal cuatro presenta, tres si le falta una sola, y cinco si quien las cuenta toma por pata la cola” una solución salomónica, como se ve.
COMO TURCO EN LA NEBLINA
La frase es producto de una serie de cambios y derivaciones que comienzan cuando en España se llamó turca a la borrachera. La razón tiene toques de humor. Al vino puro, sin añadido de agua, se lo denominaba tanto vino moro corno vino turco, por no estar "bautizado". En consecuencia, las mamúas tomaron el nombre de turcas. De allí viene la primera parte de la expresión en su forma original: "agarrarse una turca". Lo que sigue se debe exclusivamente a la picardía criolla. ¿Quién puede hallarse más confundido que un borracho que se pierde en la niebla? El pasaje de con la turca al actual como turco lo realizó espontáneamente el uso popular. Y así el turco entró en el dicho y en la neblina, dando lugar a una pintoresca expresión que vale para cualquiera que ande muy desorientado. Por más sobrio que esté.
DE PUNTA EN BLANCO
En los ejercicios para combate, los caballeros medievales empleaban armas de hierro ordinario que carecían de filo y llevaban en la punta un botón, como los floretes con que se aprende esgrima. Recibían el nombre de armas negras, en oposición a las que se usaban en los torneos, que eran de acero filoso y tenían el extremo afilado o, como se decía entonces, la punta en blanco. En esas lizas, los contendientes se presentaban ante el árbitro o maestro de armas acompañados de sus escuderos, quienes portaban los yelmos con sus penachos y los respectivos escudos. La gran pompa de esta ceremonia con música de fanfarrias y el espectáculo de las armaduras relucientes y los estandartes al viento quedaron asociados a la frase "estar de punta en blanco", que tomó el sentido de mostrarse con las mejores galas. Pasaron los tiempos feudales, pero el dicho subsiste. Sólo que ahora se aplica a cualquiera que luce impecablemente desde el peinado hasta los pies. Vestido de punta en blanco. Como para un torneo... de elegancia.
EL TALÓN DE AQUILES
Aquiles, el héroe de la Ilíada, no podía ser herido más que en una parte de su cuerpo: el talón. Cuando era niño, según la leyenda, su madre Thetis lo sumergió en el Estigia, uno de los ríos que circundan el infierno. Quien se bañaba en él se volvía invulnerable. Pero el talón del que la madre lo sostenía no fue mojado por las aguas mágicas. Por eso murió en el sitio de Trova: una flecha envenenada le dio justamente en el talón. La frase alude hoy a los aspectos más débiles y más expuestos de un individuo. Si sucumbe con facilidad a los flechazos del halago o de una tentación determinada, decimos que esas "zonas erróneas” son su talón de Aquiles.
HOGAR DULCE HOGAR
La frase -Home sweet home, en el original- es parte de una e cación cuya versión española sería: “Por más que cruzemos / la tierra y el mar / siempre extrañaremos tan bello lugar: ¡Hogar dulce hogar!". Pertenece a una pieza teatral estrenada en Londres en 1823. Su autor, John Howard Payne, fue un excelente dramaturgo y actor norteamericano que vivió en Europa, De Payne es también la letra de esa canción, que prendió en los corazones ingleses en una época en la que las conquistas del Imperio británico obligaban a muchos a dejar su patria para residir en las colonias. Desde hace 170 años la expresión se repite en todo el mundo. A veces con ironía, cuando la casa se alborota demasiado. Y, con mayor frecuencia, para resumir nuestra añoranza, al sentirnos lejos de la familia y de los objetos queridos. 0 al volver a ellos.
IRSE AL HUMO
Expresión muy nuestra que equivale a lanzarse atropelladamente en procura de algo. Existen dos versiones acerca de su origen, ambas relacionadas con la guerra contra el indio. La primera figura en la segunda parte de Martín Fíerro y se refiere a las llamadas que se hacían las tribus para combatir en malón: "Su señal es un humito" -dice José Hernández- "que se eleva muy arriba./ De todas partes se vienen / a engrosar la comitiva ( ... ) para formarla han salido / de los últimos rincones." La segunda versión la registra Lucio V. Mansílla quien en Una excursión a los indios ranqueles comenta: "El fuego y el humo traicionan al hombre de las pampas, significando que una fogata mal apagada o la pólvora que quemaban los fusiles bastaban para que lanzas y boleadoras acudiesen a la humareda". La frase se ha modernizado, pero conserva su sentido original. Ya sea cuando un humito apetitoso nos impulsa a atropellar en busca de una porción de asado o cuando un fallo dudoso hace que el malón de una hinchada se vaya al humo contra el á r b i t r o .
LA CHANCHA Y LOS VEINTE
Expresión criolla que nació a fines del siglo pasado y fue popularizada por un sainete de la época así títulado. Denota a la persona codiciosa que, no conforme con la ganancia que le corresponde en un trato, se empeña en obtener mayores ventajas. Es condensación de otro dicho más largo, "el chancho, la chancha y mi los veinte lechones", que agrega al abuso una exageración: la cría de una cerda a través de su vida fértil rara vez llega a la veintena. Por concisión, la idea quedó abreviada en su forma actual: “Querer la chancha y los veinte…”. Pero a la picardía popular no le pareció suficiente. Eran tiempos del auge de los frigoríficos y de la explotación de todo lo que se pudiera sacar de un animal. De modo que la frase se usa en locuciones tales como “Fulano pretende quedarse con la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos". Ese agregado tecnológico eleva la rapacidad al colmo. Muestra el afán desaforado de quedarse con todo. Y con algo más, de ser posible.
NO ES MOCO DE PAVO
Cuando queremos ponderar la importancia de un asunto cualquiera, con frecuencia nos valemos de una comparación negativa y destacamos que eso "no es moco de pavo". El diccionario define moco de pavo como "apéndice carnoso eréctil que el pavo tiene sobre el pico". Pero el dicho del título proviene de cuando se usaba reloj con cadena. Ésta asomaba como una provocación para los ladrones, quienes aprovechaban las aglomeraciones para desprender el reloj y dejar la cadena que lo sujetaba. Dado el público del que salían los incautos (llamados "pavos" en la jerga del delito), esas cadenas eran de escaso valor, de modo que se quedaban colgando como cuelga el moco del ave. Hoy, se usan relojes de pulsera, la expresión ha perdido toda conexión con su origen. Pero basta escuchar que algo "no es moco de pavo" para que en seguida todos entendamos que no nos están hablando de ninguna p a v a d a.
PISAR EL PALITO
Cuando, inducido por otros, alguien hace justo lo que lo perjudica, suele decirse que ese individuo "ha pisado el palito". La frase vale se debe a una jaula-trampera que hasta no hace mucho se vendía en los comercios. Tenía una suerte de puertita o ventana rebatible provista de una barra corta o palito. Junto a ese apoyo se colocaba agua, lechuga y alpiste como cebo para que se posara algún pájaro suelto. Ni bien lo hacía, su peso ponía en acción un resorte que desplazaba rápidamente esa parte de la jaula dejando encerrada a la presa. José Gobello, por su parte, atribuye el dicho a los ladrones de gallinas. De noche, éstos metían una vara en el gallinero, el animal se agarraba al palo dejando así que los ladrones lo retiraran en silencio. Nada impide que ambas versiones se ajusten a la verdad. Al igual que las aves de corral y los pajaritos, nadie está libre de portarse incautamente. Y nunca falta gente de mala fe dispuesta a hacer que alguien pise en un descuido el palito de la ingenuidad.
SI LA MONTAÑA NO VIENE A MAHOMA…
Mahoma convenció a sus seguidores de que a una orden suya se le iba a acercar una montaña desde la cual predicaría. La muchedumbre se reunió; Mahoma llamó una y otra vez a la montaña y cuando ésta no se movió de su lugar, el profeta dijo sin abochornarse: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Este texto no pertenece a ningún libro religioso ni procede de Oriente. Figura en los Ensayos de Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo inglés y canciller del reino, quien fue precursor del método experimental en la ciencia y uno de los más firmes adversarios del conocimiento dogmático y supersticioso de la Edad Medía.
No hay tu tía.
Expresión que suele usarse ante los hechos consumados. Al oír no hay tu tía, la persona a quien va dirigida comprende que la situación que pretendía modificar no está sujeta a cambios de revisión. Pero , que tiene que ver esta parienta, por mejor voluntad que se atribuya, con la posibilidad de encontrar soluciones para otros males?. Ocurre que tu tía nació de la mala interpretación de tu tía o tu tía. Término que el diccionario registra en ambas formas y que define como la costra que queda en la chimenea del horno les puede procesar ciertos minerales. Con esa mézclase preparaba un ungüento que contenía óxido de fin todavía empleado con ese objeto, que actúa como cicatrizar. No hay tu tía se puso entonces como equivalente a no tiene remedio. Ese sentido de Mac se mantiene actualmente. Pero al poner a la tía de por medio se ha convertido un recurso o medicinal en una cuestión de familia
Poner las manos al fuego.
Aquel a quien la llama no tiene de ser creído, se lee en el más antiguo código hindú. Durante muchos siglos y en las culturas más diversa fue común recurrir a la prueba del fuego para averiguar si el acusado de un delito grave como la hechicería nada media era o no culpable. Las leyes arroja sajona, por ejemplo, establecían cuantos pasos debía caminar en sí minado sosteniendo la mano un y error viento de un peso determinado. Se lograba llegar al final sin son Carlo, era proclamado inocente, de lo contrario puesto que el juicio de Dios le había resultado adverso, se lo condenaba a muerte. La frase se emplea apoyo para responder de la veracidad o de la conducta de una persona que se considera digna de absoluta confianza. Firmar un aval, salir en defensa de alguien que está más allá de toda sospecha, recomendaron sin tapices, son modos atenúa o de poner las manos en el fuego, en tiempo en que ya no se rigen aquellos bárbaros procedimientos judiciales. De no ser así, cuanto se animarían a arrimar un solo dedo, aunque apenas se tratara de la llama de un fósforo a punto de apagarse.
Poner en tela de juicio.
Expresa, como es sabido, la región de duda de Hidalgo, dejarlo entre paréntesis, a la espera de examinar lo que se dice y someterlo a prueba. Aunque no viene de los tribunales, el dichoso remontar la época de los caballeros medievales y nada tiene que ver con la industria textil. La tela que aquí se menciona de rating en un dardo, palo de una balsa era la empalizada que en los torneos separaba los rivales que combatían a caballo. Alguna de esas lides que se realizaban para someterse al llamado juicio de Dios, mediante el cual se dirimió un derecho. Poner en tela de juicio era entonces llevar a la palestra (un sinónimo de pera) mucho los pleitos que en los tiempos que corren habitualmente se ventilarían en un juicio. O diría la frase ha perdido su sabor guerrero. Al oírla, nadie piensa lanzar mi cabalgadura. En cuanto los individuos que sistemáticamente ponen todo en tela de juicio, son desconfiados crónicos. Se le quisieron cuanto no les cuesta suena familiar a la palestra de la incredulidad y la sospecha.
Llorar la carta
La expresión nada tiene que ver con la suerte de los naipes. Se refiere una forma de pedir dinero que era habitual en la Buenos Aires de antaño. Una persona pobremente vestida y acompañada de un par de criaturas llamaba la puerta de una casa y entregaba a quien atendió la carta firmada por algún personaje conocido. Así, con lujo de detalles cómo se escribía la afligente situación de su familia solicitando ayudarla en todo lo posible. seguía una lista de quiénes y con cuanto ya habían contribuido. Mientras el dueño de casa iba leyendo, su visitante se lamentaba lloraban arcos como resistirse a esa extorsión de lágrimas y tinta como no darles unos pesos. La frase tiene oye un sentido más general resume un gráficamente la actitud de quienes hacen un despliegue de todas sus desdichas para obtener algo a cambio.