Arrancamos la lista con el rey indiscutible si hablamos de automóviles complejos, el Bugatti Veyron.
Motor de W16 con más de 1.000 CV, cuatro turbocompresores, tracción a las cuatro ruedas, caja de cambios de doble embrague…
El Porsche 959 fue en su momento lo que hoy en día es el Porsche 918 Spyder, una auténtica maravilla de la tecnología.
Tenía 10 ordenadores que controlaban su sistema de tracción, la suspensión o la gestión del motor.
No podía faltar tampoco el Cizeta V16T, otra de las ‘perlas’ que nos dejó la década de 1990.
Equipaba un motor V16 -sí, dos V8 unidos- en posición trasera y colocado ¡¡transversalmente!!
La complejidad técnica del Mercedes 600 W100 es consecuencia de un desarrollo sin limitación presupuestaria.
Un ejemplo: su sistema hidráulico servía, además de lo habitual, para mover los asientos, las ventanas, la tapa del maletero…
Puede que nunca hayas pensado en el Mitsubishi 3000GT como un coche complejo, pero nada más lejos de la realidad.
Tenía aerodinámica activa, dirección a las cuatro ruedas, motor biturbo… e incluso una versión cabrio de techo duro retráctil.