Espero que este post no sea borrado sin justificacion alguna como el anterior que hice, encima les escribo a los moderadores y ni bola, un mamarracho como maneja el tema de las denuncias Taringa.
¿Minería o producción?
¿Queremos los argentinos ser un país minero? ¿Queremos una organización social y económica, un “modelo” extractivo; o queremos vivir y trabajar en un país productivo?, se pregunta el sociólogo Pablo Bergel.
Los términos minería y extractivismo, suelen aplicarse solamente a los bienes o recursos naturales no renovables, tales como los hidrocarburos y minerales de roca, materiales inertes cuyas existencias tienen un stock limitado y que por tanto, más tarde o más temprano, indefectiblemente se acaban. Sin embargo, los bienes naturales renovables, son convertidos en no renovables y finitos, cuando las tecnologías empleadas y/o las tasas de explotación inhiben o superan su tiempo y capacidad de regeneración. Tal el caso de la pesca en el mar argentino, a un ritmo de extracción que impide la reproducción y agota las especies; o los monocultivos extensivos del agronegocio (sojero, arrocero, algodonero, cañero, celulósico, entre otros) que extraen y agotan la humedad y los minerales del suelo, a la vez que compactan o destruyen su estructura y su fertilidad. La calidad y fertilidad del suelo, la tala de bosques, la pesca ilimitada, convierte recursos renovables en no renovables, y las actividades productivas que ellos sostenían y reproducían, se convierten en actividades extractivas, mineras.
La escala gigantesca de estos modelos minero-extractivos; la aplicación masiva de tecnologías altamente tóxicas y contaminantes del agua dulce para consumo humano y riego; la pudrición de los mares por los descartes pesqueros y derrames petroleros; la fumigación indiscriminada sobre campos y poblados con herbicidas totales como el glifosato y otros que enferman y matan toda la vida, animal, vegetal y hasta bacteriana.
Cristina Kirchner saludando al presidente de la Barick Gold Peter Munk, empresa cuestionada por practicar la megamineria en varios paises utilizando cianuro.
Sobre ese exterminio de los bienes renovables; sobre la contaminación de las aguas, y, en fin, la destrucción de la naturaleza tal como la hemos conocido y vivido hasta ahora, se yergue un nuevo órden, se construye un nuevo planeta yermo y artificial, donde la vida depende de modificaciones y adaptaciones genéticas de laboratorio que controlan muy pocas pero poderosísimas manos. Escalas gigantescas de pocos bienes extraídos y exportados sin trabajo ni valor agregados, “comodities”, cuya gestión requiere de grandes capitales y sofisticadas tecnologías, pero de escaso trabajo. Un mundo y un país de “empleados del mes”, trabajadores sometidos, rehenes del capital, poblaciones enteras de consumidores colonizados; no de ciudadanos productivos, creativos, menos autónomos y libres. Unos territorios sin identidad, en los que no tendremos lugar, sobraremos la mayoría de nosotros. Esto significa ser un país minero, extractivo, exportador.
Hay otro país posible, y casi no es necesario repetir cual es, aunque las máquinas mediáticas se empeñen en ocultarlo, degradarlo, olvidarlo. Un país de plena ocupación territorial, sembrado de pueblos vivos, con producciones primarias y cadenas industriales locales, a escala de las necesidades de sus poblaciones. Una sociedad pluricultural, con identidades valorizadas, un pueblo de trabajadores dignos en el campo y las ciudades, de consumidores responsables, de estado presente y eficaz, de sociedad civil organizada y fuerte, de ciudadanos participativos, de instituciones plenamente democráticas.
Esta otra Argentina ya se viene prefigurando en los movimientos sociales de resistencia al “modelo” colonial minero depredador en todo el centro y oeste cordillerano; en las poblaciones fumigadas, en los pueblos originarios, en las organizaciones campesinas; en los vecinos urbanos autoconvocados. Resistencias que asumen múltiples formas y apelan a variados recursos, desde la acción directa a los amparos judiciales; desde la educación y el arte popular a la investigación y experimentación productiva y comunitaria.
El Martes 31 de Agosto, convocados a una audiencia pública por los diputados Pino Solanas y Fernanda Reyes, representantes “con mandato” de muchas de esas asambleas, expresiones de democracia directa, se reunieron con intelectuales, vecinos, profesionales y parlamentarios que honran el mandato que les fuera conferido en la democracia representativa. Las diversas y ricas intervenciones delinearon tanto el país rechazado como el país anhelado. Las democracias, directa y representativa, se encontraron y potenciaron mutuamente. De las múltiples tareas por hacer, se focalizó en el impulso de una ley de prohibición completa de la megaminería metalífera a cielo abierto, así como la de materiales radioactivos, nacionalizando y profundizando una normativa que siete provincias argentinas ya dictaron en su ámbito, a la vez que dando pleno apoyo a la ley de protección de glaciares, fábricas de agua, que el senado debe votar la próxima semana. Porque “el agua vale más que el oro”, la producción y trabajo genuino local vale más que las comodities; porque la salud, el ambiente y la identidad son la vida misma de nuestra comunidad.
FUENTE
¿Minería o producción?
¿Queremos los argentinos ser un país minero? ¿Queremos una organización social y económica, un “modelo” extractivo; o queremos vivir y trabajar en un país productivo?, se pregunta el sociólogo Pablo Bergel.
Los términos minería y extractivismo, suelen aplicarse solamente a los bienes o recursos naturales no renovables, tales como los hidrocarburos y minerales de roca, materiales inertes cuyas existencias tienen un stock limitado y que por tanto, más tarde o más temprano, indefectiblemente se acaban. Sin embargo, los bienes naturales renovables, son convertidos en no renovables y finitos, cuando las tecnologías empleadas y/o las tasas de explotación inhiben o superan su tiempo y capacidad de regeneración. Tal el caso de la pesca en el mar argentino, a un ritmo de extracción que impide la reproducción y agota las especies; o los monocultivos extensivos del agronegocio (sojero, arrocero, algodonero, cañero, celulósico, entre otros) que extraen y agotan la humedad y los minerales del suelo, a la vez que compactan o destruyen su estructura y su fertilidad. La calidad y fertilidad del suelo, la tala de bosques, la pesca ilimitada, convierte recursos renovables en no renovables, y las actividades productivas que ellos sostenían y reproducían, se convierten en actividades extractivas, mineras.
La escala gigantesca de estos modelos minero-extractivos; la aplicación masiva de tecnologías altamente tóxicas y contaminantes del agua dulce para consumo humano y riego; la pudrición de los mares por los descartes pesqueros y derrames petroleros; la fumigación indiscriminada sobre campos y poblados con herbicidas totales como el glifosato y otros que enferman y matan toda la vida, animal, vegetal y hasta bacteriana.
Cristina Kirchner saludando al presidente de la Barick Gold Peter Munk, empresa cuestionada por practicar la megamineria en varios paises utilizando cianuro.
Sobre ese exterminio de los bienes renovables; sobre la contaminación de las aguas, y, en fin, la destrucción de la naturaleza tal como la hemos conocido y vivido hasta ahora, se yergue un nuevo órden, se construye un nuevo planeta yermo y artificial, donde la vida depende de modificaciones y adaptaciones genéticas de laboratorio que controlan muy pocas pero poderosísimas manos. Escalas gigantescas de pocos bienes extraídos y exportados sin trabajo ni valor agregados, “comodities”, cuya gestión requiere de grandes capitales y sofisticadas tecnologías, pero de escaso trabajo. Un mundo y un país de “empleados del mes”, trabajadores sometidos, rehenes del capital, poblaciones enteras de consumidores colonizados; no de ciudadanos productivos, creativos, menos autónomos y libres. Unos territorios sin identidad, en los que no tendremos lugar, sobraremos la mayoría de nosotros. Esto significa ser un país minero, extractivo, exportador.
Hay otro país posible, y casi no es necesario repetir cual es, aunque las máquinas mediáticas se empeñen en ocultarlo, degradarlo, olvidarlo. Un país de plena ocupación territorial, sembrado de pueblos vivos, con producciones primarias y cadenas industriales locales, a escala de las necesidades de sus poblaciones. Una sociedad pluricultural, con identidades valorizadas, un pueblo de trabajadores dignos en el campo y las ciudades, de consumidores responsables, de estado presente y eficaz, de sociedad civil organizada y fuerte, de ciudadanos participativos, de instituciones plenamente democráticas.
Esta otra Argentina ya se viene prefigurando en los movimientos sociales de resistencia al “modelo” colonial minero depredador en todo el centro y oeste cordillerano; en las poblaciones fumigadas, en los pueblos originarios, en las organizaciones campesinas; en los vecinos urbanos autoconvocados. Resistencias que asumen múltiples formas y apelan a variados recursos, desde la acción directa a los amparos judiciales; desde la educación y el arte popular a la investigación y experimentación productiva y comunitaria.
El Martes 31 de Agosto, convocados a una audiencia pública por los diputados Pino Solanas y Fernanda Reyes, representantes “con mandato” de muchas de esas asambleas, expresiones de democracia directa, se reunieron con intelectuales, vecinos, profesionales y parlamentarios que honran el mandato que les fuera conferido en la democracia representativa. Las diversas y ricas intervenciones delinearon tanto el país rechazado como el país anhelado. Las democracias, directa y representativa, se encontraron y potenciaron mutuamente. De las múltiples tareas por hacer, se focalizó en el impulso de una ley de prohibición completa de la megaminería metalífera a cielo abierto, así como la de materiales radioactivos, nacionalizando y profundizando una normativa que siete provincias argentinas ya dictaron en su ámbito, a la vez que dando pleno apoyo a la ley de protección de glaciares, fábricas de agua, que el senado debe votar la próxima semana. Porque “el agua vale más que el oro”, la producción y trabajo genuino local vale más que las comodities; porque la salud, el ambiente y la identidad son la vida misma de nuestra comunidad.
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