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Hace ya muchos años que mi tío abuelo, viejo zapatero de Saltillo Coahuila, de esa gente que se conformaba con su casita de adobes y su tele de bulbos, menudito los domingos y pan con café por la tarde, murió.
El viejo se fue y me dejo un legado, un legado de historias un cuadernillo, de esos que se conocían como “pollito” en donde anotaba desde su juventud varias historias que a través de los años le habían contado o había escuchado.
De ese cuadernito he disfrutado ratitos de diversión pensando cómo la gente puede creer en historias tan ridículas y tontas, pero también he sentido erizarse el vello de mi cuello al leer algunas otras.
La historia con la que abro el día de hoy esta serie de publicaciones es realmente…no sé cómo calificarla, la escogí porque de alguna manera quizás tengo la esperanza de que alguien más la escuchara y sepa decirme que es fantasía o realidad.
Fuera de esas tonterías de “Creppypaste” nos hemos olvidado de las leyendas, mitos y el Folklore.
Cuenta el cuadernillo que, en los 30´s la capital de Coahuila era apenas importante y desarrollada, era más bien un pequeño hoyo del cual salir era difícil.
La gente según se ilustra en las líneas que he leído, era conservadora, tradicional y por consecuencia supersticiosa.
Tomando en cuenta esto, no es de extrañar que una mujer, tiempo atrás bella como ninguna, anhelada por los varones lugareños y venida a menos en la forma de una coja con la pierna seca y aspecto tanto repulsivo como amenazante, diera un vuelco de temor en los corazones de quienes la miraban al caminar, a pleno día, por las calles de Ahuizothl, Corona, Bruno Neira y otras mencionadas en el ya descrito cuadernito.
Su nombre alguna vez fue Guadalupe, Lupe, bella, hermosa, una diva, las Kardashians eran basura a su lado según se lee en el legado escrito del viejo, pero vanidosa como pocas y ambiciosa como ninguna.
Según entendí su debacle vino a darse porque invoco al arcano arte del demonio, la magia negra, la hechicería mala y bueno… ya sabemos que eso no se debe hacer.
Su belleza se opacó, una pierna en castigo se le secó y la gente comenzó a rumorar que era no solo bruja, sino consorte del demonio.
Quizás solo tuvo la mala suerte de enfermar y padecer hasta ese aspecto decaer o quizás, según la escritura, los relatos de las personas acerca de ruidos de animales bajo sus camas, el caer de la tierra desde el techo por que “algo” andaba allí, el hecho de que al subir al siguiente día a ver qué era lo que en las vigas de los techos de las antiguas casas caminaba por las madrugadas y encontrar solo una huella humana acompañada, acompañada de un pequeño círculo, la huella de una muleta, porque la otra pierna ya seca estaba, gran temor en sus corazones sembraba.
Una última anécdota y un inquietante final vienen ya, provenientes del cuaderno del tío.
A Lupita le gustaba el arroz, la gente dejaba un plato fuera de sus casas para que ella lo comiera.
Un día una infortunada no lo dejo, Lupe lo reclamo y ella a Lupe rechazo.
Su olla ya no tuvo arroz, y de pequeñas larvas se llenó…
Lupe murió de vieja y enferma, mas sin embargo se dice que si vas de madrugada atrás de la Iglesia del Santuario, justo en la calle de Ahuizothl, con comida en mano y voz firme, puedes invitarle a cenar: “¡Lupe!!...Lupita!! Aquí tengo tu plato de arroz”.
Sera tu última cena, será tu última acción, será tu condenación.