LEJOS EL MEJOR CAPITULO !
CAPITULO XXIII
LA LEY GENERAL DE LA
ACUMULACION CAPITALISTA
1. Demanda creciente de fuerza de trabajo, con la
acumulación, manteniéndose igual la composición
del capital a "Los numerosos capitales singulares invertidos en determinado ramo de la producción, presentan una composición que difiere de unos a otros en mayor o menor medida. La media de sus composiciones singulares nos da la composición del capital global en ese ramo de la producción. Finalmente, la media global de las composiciones medias de todos los ramos de la producción, arroja la composición del capital social de un país, y en lo sucesivo nos referiremos, en última instancia, únicamente a esta última."
El acrecentamiento del capital implica el incremento de su parte constitutiva variable, o sea de la que se convierte en fuerza de trabajo. Una parte del plusvalor transformado en pluscapital tiene que reconvertirse siempre en capital variable o fondo suplementario de trabajo. Si suponemos que, a condiciones en lo demás iguales, la composición del capital se mantiene inalterada, esto es, que para poner en movimiento determinada masa de medios de producción o capital constante se requiere siempre la misma masa de fuerza de trabajo, es evideate que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerán en proporción al capital, y tanto más rápidamente cuanto más rápidamente crezca éste. Como el capital [760] produce anualmente un plusvalor, una parte del cual se suma cada año al capital original; como este incremento mismo se acrecienta todos los años con el volumen creciente del capital que ya está en funciones, y finalmente, como bajo un acicate particular del afán de enriquecerse apertura, por ejemplo, de nuevos mercados, de esferas nuevas para la inversión de capital a causa de necesidades sociales recién desarrolladas, etc. la escala de la acumulación se puede ampliar súbitamente sólo con variar la distribución del plusvalor o del plusproducto en capital y rédito, cabe la posibilidad de que las necesidades de acumulación del capital sobrepujen el acrecentamiento de la fuerza de trabajo o del número de obreros, y de que la demanda de obreros supere su oferta, a raíz de lo cual los salarios pueden aumentar . En Inglaterra resonaron quejas, sobre este particular, durante [c] toda la primera mitad del siglo XVIII. Las circunstancias más o menos favorables bajo las cuales se mantienen y multiplican los asalariados, [761] empero, no modifican en nada el carácter fundamental de la producción capitalista. Así como la reproducción simple reproduce continuamente la relación capitalista misma capitalistas por un lado, asalariados por la otra , la reproducción en escala ampliada, o sea la acumulación, reproduce la relación capitalista en escala ampliada: más capitalistas o capitalistas más grandes en este polo, más asalariados en aquél. Como vimos con anterioridad, la reproducción [d] de la fuerza de trabajo que incesantemente ha de incorporarse como medio de valorización al capital, que no puede desligarse de él y cuyo vasallaje con respecto al capital sólo es velado por el cambio de los capitalistas individuales a los que se vende, constituye en realidad un factor de la reproducción del capital mismo. Acumulación del capital es, por tanto, aumento del proletariado 1 e Nota 70 en la 3ª y 4ª ediciones..
La economía clásica comprendía tan cabalmente esta tesis, que Adam Smith, Ricardo, etc., como lo hemos mencionado anteriormente, llegaban incluso a identificar equivocadamente la acumulación con el consumo de toda la parte capitalizada del plusproducto por trabajadores productivos, o con su transformación en asalariados suplementarios. Ya en 1696 decía John Bellers: "Porque si alguien tuviera cien mil acres y otras tantas libras en dinero y otras tantas cabezas de ganado, ¿qué sería ese hombre [762] rico, sin trabajadores, sino él mismo un trabajador? Y así como los trabajadores hacen ricos a los hombres, cuanto más trabajadores, habrá tanto más ricos... El trabajo de los pobres es la mina de los ricos" [2] f Nota 71 en la 3ª y 4ª ediciones.. Y así se expresaba Bernard de Mandeville a comienzos del siglo XVIII: "Donde la propiedad está suficientemente protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, ¿porque quién haría el trabajo?... Así como se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, no debieran recibir nada que valga la pena ahorrar. Si de tanto en tanto una persona de la clase más baja, gracias a una diligencia extraordinaria y apretarse el cinturón, se eleva sobre la condición en que se crió, nadie debe impedírselo: no puede negarse que el plan más sabio para todo particular, para cada familia en la sociedad, consiste en ser frugal; pero a todas las naciones ricas les interesa que la parte mayor de los pobres nunca esté inactiva y, sin embargo, que gasten continuamente lo que perciben... Los que se ganan la vida con su trabajo diario [...] no tienen nada que los acicatee para ser serviciales salvo sus necesidades, que es prudente mitigar, pero que sería insensato curar. La única cosa que puede hacer diligente al hombre que trabaja es un salario moderado: si fuera demasiado pequeño lo desanimaría o, según su temperamento, lo empujaría a la desesperación; si fuera demasiado grande, se volvería insolente y perezoso... De lo que hasta ahora hemos expuesto, se desprende que en una nación libre, donde no se permite tener esclavos, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos. Porque además de ser la fuente inagotable de las armadas y los ejércitos, sin ellos no habría ningún disfrute y ningún producto del país sería valorizable. Para hacer feliz a la sociedad" (que, naturalmente, se compone de no trabajadores) "y para contentar al pueblo aun en su mísera situación, es necesario que la gran mayoría siga siendo tan ignorante como pobre 3. El conocimiento amplía y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos desea [763] un hombre tanto más fácilmente pueden satisfacerse sus necesidades" [4] g Nota 72 en la 3ª y 4ª ediciones. 5. Lo que Mandeville, hombre honesto y lúcido, no comprende aún es que el propio mecanismo del proceso de acumulación, al acrecentar el capital, aumenta la masa de los "pobres laboriosos", esto es, de los asalariados que transforman su fuerza de trabajo en fuerza creciente de valorización al servicio del creciente capital, y que por tanto se ven obligados a perpetuar la relación de dependencia que los liga a su propio producto, personificado en el capitalista. Refiriéndose a esa relación de dependencia, observa sir Frederic Morton Eden en su "Situación de los pobres, o historia de la clase trabajadora de Inglaterra": "Nuestra zona exige trabajo para la satisfacción de las necesidades, y por ello es necesario que por lo menos una parte de la sociedad trabaje infatigablemente... Hay quienes no trabajan y que, sin embargo, tienen a su disposición los productos de la diligencia. Pero eso se lo tienen que agradecer estos propietarios, únicamente, a la civilización y al orden; son criaturas puras y simples de las instituciones civiles 6 h Nota 73 en la 3ª y 4ª ediciones. 7. Éstas, en efecto, han reconocido que también se puede adquirir los frutos del trabajo de otra manera que por el trabajo. [...] Las personas de posición independiente [...] deben su fortuna casi exclusivamente al trabajo de otros [...], no a su capacidad personal, que en absoluto es mejor que la de los demás; no es la [764] posesión de tierras y dinero, sino el poder disponer del trabajo (the command of labour) lo que distingue a los ricos de los pobres... Lo que conviene a los pobres no es una situación abyecta o servil, sino una relación de dependencia aliviada y liberal (a state of easy and liberal dependence) y a los propietarios influencia y autoridad suficientes sobre los que [...] trabajan para ellos... Tal relación de dependencia, como lo sabe todo el que conozca la naturaleza humana [...], es necesaria para la comodidad del obrero mismo" [8] i Nota 74 en la 3ª y 4ª ediciones.. [9] Eden, anotémoslo de pasada, es el único discípulo de Adam Smith que durante el siglo XVIII efectuó algunas contribuciones de importancia [10] m En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: "La gran polvareda levantada por este panfleto obedeció únicamente a intereses de partido. La Revolución Francesa había encontrado defensores apasionados en el reino británico; el <<principio de la población>>, gestado lentamente en el siglo XVIII y luego, en medio de una gran crisis social, anunciado con bombos y platillos como el antídoto infalible contra las doctrinas de Condorcet y otros, fue saludado jubilosamente por la oligarquía inglesa como el gran exterminador de todas las veleidades de un mayor progreso humano. Maravillado por su propio éxito, Malthus se dedicó entonces a embutir en el viejo esquema materiales compilados despreocupadamente y a añadir algunas cosas nuevas, pero no descubiertas sino simplemente anexadas por él". 11 12.
[765] Bajo las condiciones de la acumulación supuestas hasta aquí las más favorables a los obreros , su relación de dependencia con respecto al capital reviste formas tolerables o, como dice Eden, "aliviadas y liberales". En vez de volverse más intensa a medida que se acrecienta el capital, [766] esa relación de dependencia sólo aumenta en extensión; es decir, la esfera de explotación y dominación del capital se limita a expandirse junto a las dimensiones de éste y el número de sus súbditos. Del propio plusproducto creciente de éstos, crecientemente transformado en pluscapital, fluye hacia ellos una parte mayor bajo la forma de medios de [767] pago, de manera que pueden ampliar el círculo de sus disfrutes, dotar mejor su fondo de consumo de vestimenta, mobiliario, etc., y formar un pequeño fondo de reserva en dinero. Pero así como la mejora en la vestimenta, en la alimentación y el trato, o un peculio [13] mayor, no abolían la relación de dependencia y la explotación del esclavo, tampoco las suprimen en el caso del asalariado. El aumento en el precio del trabajo, aumento debido a la acumulación del capital, sólo denota, en realidad, que el volumen y el peso de las cadenas de oro que el asalariado se ha forjado ya para sí mismo permiten tenerlas menos tirantes. En las controversias acerca de este punto se ha dejado a un lado, en la mayor parte de los casos, el hecho principal, a saber: la differentia specifica de la producción capitalista. La fuerza de trabajo no se compra aquí para satisfacer, mediante sus servicios o su producto, las necesidades personales del comprador. El objetivo perseguido por éste es la valorización de su capital, la producción de mercancías que contengan más trabajo que el pagado por él, o sea que contengan una parte de valor que nada le cuesta al comprador y que sin embargo se realiza mediante la venta de las mercancías. La producción de plusvalor, el fabricar un excedente, es la ley absoluta de este modo de producción. Sólo es posible vender la fuerza de trabajo en tanto la misma conserva como capital los medios de producción, reproduce como capital su propio valor y proporciona, con el trabajo impago, una fuente de pluscapital [14] n Nota 76 en la 3ª y 4ª ediciones.bis. Por consiguiente, las condiciones de su venta, sean más favorables o menos para los obreros, implican la necesidad de que se la venda siempre de nuevo y la reproducción continuamente ampliada de la riqueza como capital. Como vemos, el salario, conforme a su naturaleza, implica siempre el suministro por parte del obrero de determinada cantidad de trabajo [768] impago. Prescindiendo por entero del alza de salarios acompañada por una baja en el precio del trabajo, etc., el aumento de los salarios sólo denota, en el mejor de los casos, la merma cuantitativa del trabajo impago que debe ejecutar el obrero. Dicha merma nunca puede alcanzar el punto en el que pondría en peligro seriamente el carácter capitalista del proceso de producción y la reproducción de sus propias condiciones: por un lado de los medios de producción y de subsistencia como capital, por el otro de la fuerza de trabajo como mercancía; en un polo, del capitalista, en el otro, del asalariado [o]. Si dejamos a un lado los conflictos violentos en torno a la tasa del salario y Adam Smith ya ha demostrado que, en sustancia, luego de tales conflictos el patrón siempre sigue siendo el patrón , un alza del precio del trabajo derivada de la acumulación del capital supone la siguiente alternativa. O bien el precio creciente o acrecentado del trabajo va acompañado de un incremento igualmente grande (o mayor) de la acumulación. Sabemos ya que incluso bajo circunstancias en lo demás iguales como el grado de productividad del trabajo, etc. , cuando se acrecienta la masa del capital adelantado puede mantenerse uniforme su incremento absoluto y hasta acelerarse aunque decrezca la tasa de la acumulación; así como en el capítulo IX, en la sección tercera, vimos que la masa del plusvalor puede mantenerse e incluso incrementarse cuando la tasa decreciente del mismo va acompañada de un aumento en el número de obreros explotados simultáneamente. En este caso, decir que la reducción en el grado de explotación de la fuerza de trabajo no perjudica la expansión del dominio ejercido por el capital, es incurrir en una mera tautología [p]. O bien, [769] y éste es el otro término de la alternativa, la acumulación se enlentece tras el acrecentamiento del precio del trabajo, porque se embota el aguijón de la ganancia. La acumulación decrece. Pero al decrecer, desaparece la causa de su decrecimiento, a saber, la desproporción entre el capital y la fuerza de trabajo explotable. El precio del trabajo desciende de nuevo a un nivel compatible con las necesidades de valorización del capital. De esto no se infiere, ni con mucho, que el salario deba descender a su nivel mínimo, y ni siquiera al nivel en que estaba con anterioridad al aumento de precio experimentado por el trabajo [q]. Como vemos, el propio mecanismo del proceso capitalista de producción remueve los obstáculos que genera transitoriamente [r]. Vemos entonces que en el primer caso no es la reducción en el crecimiento absoluto o relativo de la fuerza de trabajo, o de la población obrera, lo que vuelve excesivo al capital, sino que, a la inversa, es el incremento del capital lo que vuelve insuficiente la fuerza de trabajo explotable. En el segundo caso no es el aumento en el crecimiento absoluto o proporcional de la fuerza de trabajo o de la población obrera lo que hace insuficiente al capital, sino que, a la inversa, es la disminución del capital lo que vuelve excesiva la fuerza de trabajo explotable, o más bien su precio. Son estos movimientos absolutos en la acumulación del capital los que se reflejan como movimientos relativos en la masa de la fuerza de trabajo explotable y parecen obedecer, por ende, al movimiento propio de esta última s. Así, por ejemplo, en la fase crítica del ciclo industrial la baja general de los precios mercantiles se expresa como aumento del valor relativo del dinero, y en la fase de prosperidad el alza general de los precios mercantiles como baja del valor relativo del dinero. De esto infiere la llamada escuela de la currency que en el primer caso circula [770] demasiado poco dinero, y en el segundo caso dinero en demasía [t]. Su ignorancia y su comprensión plenamente errada de los hechos [15] encuentran un digno paralelo en los economistas que interpretan esos fenómenos de la acumulación diciendo que en un caso existen menos asalariados que los necesarios y en el otro demasiados asalariados . La ley de la acumulación capitalista, fraudulentamente transmutada de esta suerte [v] en ley natural, no expresa en realidad sino que la naturaleza de dicha acumulación excluye toda mengua en el grado de explotación a que se halla sometido el trabajo o toda alza en el precio de éste que pueda amenazar seriamente la reproducción constante de la relación capitalista, su reproducción en una escala constantemente ampliada. No pueden ocurrir las cosas de otra manera en un modo de producción donde el trabajador existe para las necesidades de valorización de valores ya existentes, en [771] vez de existir la riqueza objetiva para las necesidades de desarrollo del trabajador. Así como en la religión el hombre está dominado por las obras de su propio cerebro, en la producción capitalista lo está por las obras de su propia mano [16]bis.
gravables ascendieron en 1864 a [sterling] 95.844.222 y en 1865 a [sterling] 105.435.787 dddd 47, el número de los contribuyentes fue en 1864 de 308.416 personas sobre una población total de 23.891.009, y en 1865 de 332.431 personas sobre una población total de 24.127.003. El cuadro siguiente ilustra sobre la distribución de esos ingresos en los dos años mencionados:
Año que concluye el Año que concluye el
5 de abril de 1864 5 de abril de 1865 (a)
Ingresos por Ingresos por
ganancias Personas ganancias Personas
Ingresos totales [sterling] 95.844.222 308.416 [sterling] 105.435.787 332.431
De los cuales 57.028.290 22.334 64.554.297 24.075
De los cuales 36.415.225 3.619 42.535.576 4.021
De los cuales 22.809.781 822 27.555.313 973
De los cuales 8.744.762 91 11.077.238 107
a Datos del cuadro corregidos según la 4ª edición.
En 1855, en el Reino Unido se produjeron 61.453.079 toneladas de carbón por un valor de [sterling] 16.113.267; en 1864, 92.787.973 por un valor de [sterling] 23.197.968. En 1855, 3.218.154 toneladas de arrabio por un valor de [sterling] 8.045.385; en 1864, 4.767.951 toneladas por un valor de [sterling] 11.919.877. La extensión de las vías férreas explotadas en el Reino Unido ascendía en 1854 a 8.054 millas eeee, con una inversión de capital de [sterling] 286.068.794; en 1864 la extensión en millas era de 12.789 ffff y la inversión de capital de [sterling] 425.719.613. La exportación e importación total del Reino Unido ascendía en 1854 a [812] [sterling] 268.210.145, y en 1865 a [sterling] 489.923.285. La tabla siguiente muestra el movimiento de la exportación:
1846 gggg [sterling] 58.842.377
1849 63.596.052
1856 115.826.948
1860 135.842.817
1865 165.862.402
1866 190.000.000 aproximadamente hhhh 48.
Estos datos escasos permiten comprender el grito triunfal del director del Registro Civil británico: "Por rápido que haya sido el crecimiento de la población, no se ha mantenido a Ia par del progreso experimentado por Ia industria y Ia riqueza" [49]. Volvámonos ahora a los agentes directos de esta industria, a los productores de esta riqueza: la clase obrera. "Uno de los rasgos más sombríos que presenta la situación social del país", dice Gladstone, "es que mientras se registra una mengua en la capacidad popular de consumo y un aumento en las privaciones y la miseria de la clase trabajadora, al mismo tiempo se verifica una acumulación constante de riqueza en las clases superiores y un constante incremento de capital" [50] jjjj En la 4ª edición el texto de esta cita, al que sigue la referencia " "Times", 14 de febr. de 1843. "Hansard", 13 de febr.", es el siguiente: "It is one of the most melancholy features in the social state of this country that we see, beyond the possibility of denial, that while there is at this moment a decrease in the consuming powers of the people, an increase of the pressure of privations and distress; there is at the same time a constant accumulation of wealth in the upper classes, an increase in the luxuriousness of their habits, and of their means of enjoyment". [Uno de los rasgos más sombríos que distinguimos, sin que sea posible negarlo, en la situación social de este país, es que mientras en este momento se registra una mengua en la capacidad popular de consumo, un aumento en la carga de privaciones y miserias, se opera al mismo tiempo una acumulación constante de riqueza en las clases altas, un aumento en el fausto de sus hábitos y de sus medios de disfrute.]. Así hablaba [813] este untuoso ministro, en la Cámara de los Comunes, el 14 kkkk de febrero de 1843. El 16 de abril de 1863, veinte años después, en el discurso en que presentaba su presupuesto, sostuvo: "De 1842 a 1852, el ingreso tributable de este país aumentó en un 6 % ... En los 8 años que van de 1853 a 1861 se acrecentó, si partimos de la base de 1853, en un 20 %. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble... Ese embriagador aumento de riqueza y de poder... se restringe enteramente a las clases poseedoras, pero... pero necesariamente tiene que ser beneficioso, de manera indirecta, para la población obrera, ya que abarata los artículos de consumo general; mientras los ricos se vuelven más ricos, los pobres, en todo caso, se han vuelto menos pobres. Que se hayan modificado llll los extremos de la pobreza, es algo que no me atrevo a afirmar" [51] mmmm En la 4ª edición se agrega: ""Morning Star", 17 de abril".. [exclamdown]Qué flojo anticlímax! Si la clase obrera sigue siendo "pobre", sólo que "menos pobre" en la proporción en que produce un "embriagador aumento de riqueza y de poder" para la clase propietaria, ello significa que en términos relativos es tan pobre como antes. Si los extremos de la [814] pobreza no se han reducido, han aumentado, ya que lo han hecho los extremos de la riqueza. En lo tocante al abaratamiento de los medios de subsistencia, la estadística oficial por ejemplo los datos del "London Orphan Asylum" [Orfanato de Londres] revela que en los tres años que van de 1860 a 1862 se produjo un encarecimiento medio del 20 % en comparación con los años 1851-1853. En el trienio siguiente, 1863-1865, se registró un encarecimiento progresivo de la carne, la manteca, la leche, el azúcar, la sal, el carbón y multitud de otros medios de subsistencia imprescindibles [52]. El siguiente discurso gladstoniano del presupuesto, pronunciado el 7 de abril de 1864, es un ditirambo pindárico sobre los avances del lucro y de la felicidad popular, moderada por la "pobreza". Gladstone habla de masas que están "al borde del pauperismo", de ramos industriales "en los que no ha aumentado el salario", y resume, finalmente, la felicidad de la clase obrera en las siguientes palabras. "En nueve casos de cada diez, la vida humana es meramente una lucha por la existencia" [53] oooo Debió decir: "de Boileau". 54. El profesor Fawcett, exento de las consideraciones oficiales que ligan a Gladstone, declara rotundamente: "No niego, [815] por supuesto, que los salarios hayan aumentado" (en los últimos decenios) "con ese incremento del capital, pero esa ventaja aparente se pierde en gran medida, ya que muchos artículos de primera necesidad se encarecen de manera constante" (este autor cree que por la baja de valor de los metales preciosos). "... Los ricos se vuelven rápidamente más ricos (the rich grow rapidly richer), mientras que no se percibe ningún ascenso en el confort de las clases trabajadoras... Los obreros se convierten casi en esclavos de los comerciantes minoristas a los que deben" [55].
En las secciones sobre la "Jornada laboral" y la "Maquinaria" el lector se impuso de las condiciones bajo las cuales la clase obrera británica, durante los últimos decenios, ha producido el "embriagador aumento de riqueza y de poder" para las clases propietarias. No obstante, entonces nos ocupábamos preferentemente del obrero dentro del proceso de producción mismo. Para comprender de manera cabal la ley de la acumulación capitalista es nccesario detenernos un momento en la situación del obrero fuera de ese proceso, en sus condiciones de alimentación y vivienda. Los límites de este libro me obligan a ocuparme fundamentalmente del sector peor remunerado de los obreros industriales y agrícolas, que en conjunto constituyen la mayor parte de la clase obrera [56] pppp Nota suprimida en la 3ª y 4ª ediciones. qqqq.
[816] Pero previamente, digamos unas pocas palabras acerca del pauperismo oficial, o sea de la parte de la clase obrera que ha perdido su condición de existencia la venta de la fuerza de trabajo y vegeta gracias a los socorros públicos. El censo oficial de indigentes registraba en Inglaterra [57] rrrr Nota 107 en la 3ª y 4ª ediciones. en 1855, 851.369 personas; en 1856, 877.767; en 1865, 971.433. A causa de la escasez de algodón, alcanzó en los años de 1863 y 1864 los guarismos de 1.079.382 y 1.014.978. La crisis de 1866, que afectó con mayor rudeza a Londres, hizo que en esa sede del mercado mundial más populosa que el reino de Escocia el incremento en el número de indigentes fuera en 1866 del 19,5 % en comparación con 1865, y del 24,4 % con respecto a 1864, registrándose en los primeros meses de 1867 un aumento aun mayor en comparación con 1866. Al analizar la estadística de indigentes, cabe poner dos puntos de relieve. Por una parte, el movimiento descendente y ascendente de la masa de indigentes refleja las alternativas periódicas del ciclo industrial. Por otra parte, a medida que con la acumulación del capital se desarrollan la lucha de clases y, por consiguiente, la conciencia de sí mismos entre los obreros, las estadísticas oficiales se convierten en un índice cada vez más engañoso acerca del volumen real del pauperismo. Por ejemplo, la barbarie en el trato que se da a los pobres en torno a la cual la prensa inglesa ("Times", "Pall Mall Gazette", etc.) ha clamado tan ruidosamente durante los dos últimos años es de vieja data. Friedrich Engels comprobó en 1844 cxactamente las mismas atrocidades y exactamente las mismas vociferaciones pasajeras ssss, propias de la "literatura sensacionalista" [58]. Pero el terrible incremento de las muertes por inanición ("deaths by starvation"
en Londres durante el último decenio, demuestra irrefutablemente el horror creciente que experimentan los obreros por la esclavitud del workhouse [hospicio] tttt 59, ese correccional de la miseria.
[817]
b) Las capas mal remuneradas de la clase obrera industrial de Gran Bretaña
Consideremos ahora la situación de las capas mal remuneradas de la clase obrera industrial. Durante la escasez algodonera, en 1862, se encomendó al doctor Smith, del "Privy Council" [60], que efectuara una investigación acerca de las condiciones alimentarias que prevalecían entre los macilentos obreros algodoneros de Lancashire y Cheshire. Observaciones llevadas a cabo durante largos años lo habían llevado a la conclusión de que, "para evitar las enfermedades causadas por el hambre (starvation diseases)", el alimento diario de una mujer media debía contener por lo menos 3.900 granos uuuu de carbono y 180 granos vvvv de nitrógeno, y el de un hombre medio, por lo menos 4.300 granos wwww de carbono y 200 xxxx de nitrógeno. En el caso de las mujeres, el alimento diario debía encerrar aproximadamente tantas sustancias nutritivas como dos libras yyyy de buen pan de trigo; en el de los hombres, 1/9 más. El alimento medio semanal de los adultos de uno u otro sexo debía contener cuando menos 28.600 granos zzzz de carbono y 1.330 aaaaa de nitrógeno. Sus cálculos se vieron confirmados en la práctica, de manera asombrosa, ya que coincidían con la exigua cantidad de alimento a que su calamitosa situación había reducido el consumo de los obreros algodoneros. En diciembre de 1862 los mismos ingerían 29.211 granos bbbbb de carbono y 1.295 ccccc de nitrógeno por semana.
En 1863, el "Privy Council" dispuso que se efectuara una investigación sobre el estado de miseria en que se [818] encontraba el sector peor alimentado de la clase obrera inglesa. El doctor Simon, funcionario médico del "Privy Council", escogió para esa tarea al ya citado doctor Smith. Su investigación se extiende por un lado a los obreros agrícolas; por otro a los tejedores de seda, costureras, guanteros en cuero, calceteros, tejedores de guantes y zapateros. Las últimas categorías, si exceptuamos a los calceteros, son exclusivamente urbanas. Como norma de la investigación, se estableció la de elegir en cada categoría las familias más sanas y que se encontraran en condiciones relativamente mejores.
El resultado general fue que "sólo en una de las clases de obreros urbanos investigadas la ingestión de nitrógeno excedía levemente de la medida mínima absoluta por debajo de la cual se originan enfermedades debidas al hambre; que en dos clases había una deficiencia (y en una de ellas una deficiencia muy considerable) tanto de alimentación nitrogenada como de la consistente en carbono; que de las familias campesinas investigadas más de un quinto ingería menos de la cantidad indispensable de alimentos que contiencn carbono, más de un tercio menos de la cantidad indispensable de alimentos nitrogenados y que en tres condados (Berkshire, Oxfordshire y Somersetshire) prcvalecía, término medio, una deficiencia con respecto al mínimo de la alimentación nitrogenada" [61]. Entre los obreros agrícolas eran los de Inglaterra la región mas rica del Reino Unido , los peor alimentados" [62]. Entre los obreros rurales la desnutrición era más aguda en el caso de las mujeres y niños, porque "el hombre tiene que comer para poder efectuar su trabajo". Deficiencias aun peores castigaban a las categorías de obreros urbanos investigadas. "Están tan desnutridos que tienen que darse muchos casos de atroz privación" ([exclamdown]"renunciamiento" del capitalista es todo esto!, [exclamdown]renunciamiento a pagar los medios de subsistencia indispensables para que su mano de obra se reduzca meramente a vegetar!), "nociva para la salud" [63].
El cuadro siguiente muestra la relación entre la situación alimentaria de las categorías obreras puramente urbanas [819] mencionadas más arriba y la medida mínima supuesta por el doctor Smith, por una parte, y por otra con la alimentación de los obreros algodoneros durante la época de su miseria más extrema:
Media semanal Media semanal
Ambos sexos de carbono de nitrógeno
Granos Granos
Cinco ramos industriales
urbanos 28.876 1.192
Obreros fabriles desocupados
de Lancashire 29.211 1.295
Cantidad mínima propuesta
para los obreros de Lancashire
(a cantidad igual
de hombres y mujeres) 28.600 1.330 [64]
Aproximadamente la mitad, 60/125 de las categorías de obreros industriales investigadas, no consumía absolutamente nada de cerveza; el 28 % jamás probaba la leche. La media semanal de los alimentos líquidos, en las familias, variaba de 7 onzas ddddd entre las costureras hasta 24 3/4 onzas eeeee entre los calceteros. La mayor parte de los trabajadores que nunca consumían leche la integraban las costureras de Londres. La cantidad de pan o alimentos similares consumida semanalmente oscilaba entre 7 3/4 libras fffff caso de las costureras y 11 1/4 libras ggggg caso de los zapateros , siendo la media global de 9,9 libras hhhhh semanales para los adultos. El consumo de azúcar (melaza, etc.) variaba de 4 onzas iiiii semanales guanteros en cuero a 11 onzas jjjjj calceteros ; la media semanal total para todas las categorías era de 8 onzas kkkkk para los adultos. [820] Media semanal de manteca (grasa, etc.): 5 onzas lllll por adulto. La media semanal de carne (tocino, etc. ) por adulto oscilaba entre 7 1/4 onzas mmmmm tejedores de seda y 18 1/4 onzas nnnnn guanteros en cuero , media global para las diversas categorías, 13,6 onzas ooooo. El costo semanal de la alimentación por adulto arrojaba los siguientes guarismos medios generales: tejedores de seda, 2 chelines y 2 1/2 peniques; costureras, 2 chelines y 7 peniques; guanteros en cuero, 2 chelines y 9 1/2 peniques; zapateros, 2 chelines y 7 3/4 peniques; calceteros, 2 chelines y 6 1/4 peniques. En el caso de los tejedores de seda de Macclesfield, la media semanal era de apenas 1 chelín y 8 1/2 peniques. Las categorías peor alimentadas eran las costureras, los tejedores de seda y los guanteros en cuero [65].
En su informe general sobre la salud, dice el doctor Simon con respecto a la situación alimentaria: "Todo el que esté familiarizado con la asistencia médica a los indigentes o a los pacientes de hospitales, ya se trate de internados o de personas que viven fuera del establecimiento, confirmará que son incontables los casos en que las carencias alimentarias provocan o agravan enfermedades... Sin embargo, desde el punto de visto sanitario se agrega aquí otra circunstancia extremadamente decisiva... Se recordará que la privación de alimentos sólo se tolera con la mayor renuencia, y que por regla general una gran exigüidad de la dieta sólo se presenta si otras privaciones la han precedido. Mucho antes de que la insuficiencia alimentaria gravite en el plano sanitario, mucho antes de que el fisiólogo piense en contar los granos de nitrógeno y carbono entre los que oscilan la vida o la muerte por inanición, la casa se habrá visto privada de toda comodidad material. La vestimenta y el combustible escasearán aun más que la comida. Ningún amparo suficiente contra las inclemencias del tiempo; reducción del espacio habitable a un grado en que el hacinamiento produce o agrava las enfermedades; rastros apenas de enseres domésticos y de muebles; la limpieza misma se habrá vuelto demasiado cara o engorrosa, y si [821] por un sentimiento de dignidad personal se hacen intentos de mantenerla, cada una de esas tentativas representará nuevos suplicios de hambre. El hogar se instalará donde el techo sea más barato: en barrios donde la inspección sanitaria recoge los frutos más mezquinos, donde el alcantarillado es más deplorable, menor la circulación, mayor la cantidad de inmundicia colectiva, más mísero o de peor calidad el suministro de agua; en ciudades donde escasean al máximo la luz y el aire. Son estos los peligros, desde el punto de vista sanitario, a los que inevitablemente está expuesta la pobreza cuando la misma supone falta de alimentos. Y si la suma de estos males constituye un peligro de terrible magnitud para la vda, la mera carencia de alimentos es de por sí algo espantoso... Son, las precedentes, penosas reflexiones, especialmente cuando se recuerda que la pobreza que las motiva no es la merecida pobreza de la desidia. Es la pobreza de trabajadores. En lo referente a los obreros urbanos, no cabe duda de que en la mayor parte de los casos el trabajo con que compran el escaso bocado de alimento se prolonga por encima de toda medida. Y sin embargo, sólo en un sentido muy condicional puede decirse que ese trabajo sirva para mantener a quien lo ejecuta... Y en una escala muy amplia, ese mantenimiento nominal de sí mismo sólo puede ser el rodeo, más o menos largo, que lleva a la indigencia" [66].
El nexo interno entre los tormentos del hambre padecidos por las capas obreras más laboriosas y la acumulación capitalista, acompañada por el consumo excesivo grosero o refinado de los ricos, sólo es advertido por el conocedor de las leyes económicas ppppp. No ocurre lo mismo con las condiciones habitacionales. Todo observador imparcial puede apreciar que cuanto más masiva es la concentración qqqqq de los medios de producción, tanto mayor es la consiguiente aglomeración de obreros en el mismo espacio; que, por tanto, cuanto más rápida es la acumulación [822] capitalista, tanto más miserables son para los obreros las condiciones habitacionales. Es evidente que las "mejoras" (improvements) urbanísticas que acompañan al progreso de la riqueza y que se llevan a la práctica mediante la demolición de barrios mal edificados, la construcción de palacios para bancos, grandes tiendas, etc., el ensanchamiento de avenidas destinadas al tráfico comercial y a las carrozas de lujo, la introducción de ferrocarriles urbanos rrrrr, etc., arrojan a los pobres a tugurios cada vez peores y más atestados. Por otra parte, como sabe todo el mundo, la carestía de las viviendas está en razón inversa a su calidad y las minas de la miseria son explotadas por los especuladores sssss con más ganancia y costos menores que nunca lo fueran las de Potosí. El carácter antagónico de la acumulación capitalista, y por ende de las relaciones capitalistas de propiedad en general [67] 68, se vuelve aquí tan tangible que hasta en los informes oficiales ingleses sobre el particular menudean las heterodoxas invectivas contra la "propiedad y sus derechos". Con el desarrollo de la industria, con la acumulación del capital, con el crecimiento y el "embellecimiento" de las ciudades, el mal ha cundido tanto que el mero temor a las enfermedades infecciosas el contagio no perdona a las "personas respetables" provocó entre 1847 y 1864 la promulgación de no menos de 10 leyes de política sanitaria por el parlamento, y la aterrorizada burguesía de algunas ciudades como Liverpool, Glasgow, etc., tomó cartas en el asunto a través de sus municipalidades. No obstante, el doctor Simon exclama en su informe de 1865: "Hablando en términos generales, los males no han sido controlados en Inglaterra". Por orden del "Privy Council", en 1864 se emprendió una investigación sobre las condiciones habitacionales [823] de los obreros agrícolas; en 1865 sobre las clases más pobres de las ciudades. En el séptimo (1865) y en el octavo (1866) ttttt informes sobre "Public Health" se encuentran los magistrales trabajos del doctor Julian Hunter. De los trabajadores rurales hemos de ocuparnos más adelante. En lo concerniente a las condiciones habitacionales urbanas, anticiparé una observación general del doctor Simon: "Aunque mi punto de vista oficial", dice, "sea exclusivamente médico, los sentimientos humanitarios más comunes impiden que ignoremos el otro lado de este mal. [...] En su grado más alto, ese hacinamiento determina casi necesariamente tal negación de toda delicadeza, una confusión tan asqueante de cuerpos y funciones corporales, tal exposición de desnudez [...] sexual, que más que humano es bestial. Estar sujeto a estas influencias significa una degradación que necesariamente se vuelve más profunda cuanto más continúa su obra. Para los niños nacidos bajo esta maldición, constituye [...] un bautismo en la infamia (baptism into infamy). Y carece absolutamente de toda base la esperanza de que personas colocadas en esas circunstancias se esfuercen por acceder a esa atmósfera de civilización que tiene su esencia en la pureza física y moral" [69].
El primer puesto en cuanto a viviendas atestadas, o incluso absolutamente inadecuadas como morada humana, lo ocupa Londres. "Dos cosas", dice el doctor Hunter, "son indudables: la primera, que en Londres existen aproximadamente 20 grandes nucleamientos, compuestos cada uno de unas 10.000 personas, cuya miserable condición resultado, casi por entero, de sus malos alojamientos supera todo lo que se haya visto nunca en cualquier otra parte de Inglaterra; la segunda, que el hacinamiento y el estado ruinoso de las casas que componen esos nucleamientos son mucho peores que veinte años atrás" [70]. "No [824] se exagera cuando se afirma que la vida, en muchas partes de Londres y Newcastle, es infernal" [71].
Incluso el sector más desahogado de la clase obrera londinense, junto a los pequeños tenderos y otros elementos de la pequeña clase media, cae cada vez más bajo la maldición de esas indignas condiciones habitacionales, a medida que se propagan las "mejoras" y, con ellas, el arrasamiento de calles y casas antiguas; a medida que se amplían las fábricas y se acrecienta el aflujo humano a la metrópoli y, finalmente, a medida que aumentan los alquileres al subir la renta urbana de la tierra. "Los alquileres se han vuelto tan exorbitantes que pocos obreros pueden pagar mas de una pieza" [72]. Casi no hay en Londres una propiedad de casa que no esté recargada por un sinnúmero de "middlemen" [intermediarios]. El precio del suelo en Londres es siempre altísimo en comparación con los ingresos anuales que devenga, puesto que todo comprador especula con la posibilidad de desembarazarse tarde o temprano de la propiedad a un jury price (tasación efectuada por un jurado, en caso de expropiación) o de obtener, por arte de birlibirloque, un aumento extraordinario de valor gracias a la proximidad de alguna gran empresa. Una consecuencia de ello es la existencia de un tráfico regular consistente en la compra de contratos de alquiler próximos a su expiración. "De los gentlemen que se dedican a este negocio puede esperarse que actúen como actúan: que extraigan todo lo que puedan de los inquilinos y que dejen la casa en las peores condiciones posibles a sus sucesores" [73]. Los alquileres son semanales, y estos caballeros no corren ningún riesgo. A consecuencia de la construcción de ferrocarriles dentro de la ciudad, "se vio hace poco, en el este de Londres, cómo muchas familias desalojadas de sus antiguas viviendas vagaban un sábado de noche, cargadas con sus escasas pertenencias terrenales y sin otro paradero posible que el workhouse [hospicio]" [74]. [825] Los workhouses están ya atestados, y las "mejoras" aprobadas por el parlamento se hallan apenas en principios de ejecución. Si se desahucia a los obreros por demolición de sus viejas casas, éstos no abandonan su parroquia, o en el mejor de los casos se establecen en sus límites, o en la más próxima. "Procuran, naturalmente, residir lo más cerca posible de sus lugares de trabajo. El resultado es que la familia, en vez de alquilar dos piezas, debe contentarse con una. [...] Aunque el alquiler sea más caro, la vivienda será peor que aquella, ya mala, de la cual se los desaloja. [...] La mitad de los obreros [...] del Strand [...] ya tiene que viajar dos millas uuuuu para llegar a su lugar de trabajo." Este Strand, cuya principal avenida deja en los extranjeros una impresión imponente de la riqueza de Londres, puede servir de ejemplo del hacinamiento humano londinense. En una parroquia del mismo el funcionario de sanidad contó 581 personas por acre vvvvv, y eso que en el área medida estaba incluida la mitad del Támesis. Se comprende de por sí que toda medida sanitaria que desaloje de un barrio, como ha ocurrido hasta el presente en Londres, a los obreros mediante la demolición de casas inhabitables, sólo servirá para apeñuscarlos en otro, donde vivirán tanto más hacinados. "O bien debe suspenderse necesariamente todo este procedimiento por absurdo", dice el doctor Hunter, "o debe suscitarse la simpatía (!) pública para cumplir lo que ahora podemos llamar, sin exageración, un deber nacional: proporcionar techo a la gente que por falta de capital no puede procurárselo, aunque pueda recompensar wwwww con pagos periódicos a los caseros" [75]. [exclamdown]Admiremos la justicia capitalista! El propietario de terrenos, el casero, el hombre de negocios, cuando las "improvements" [mejoras] como los ferrocarriles, la reconstrucción de calles, etc. obligan a expropiarlo, no sólo recibe una indemnización íntegra; es necesario, además, que Dios y el derecho lo consuelen por su forzado "renunciamiento" suministrándole una abultada ganancia. Al obrero se lo pone en la calle con su mujer, su prole y sus enseres, y si afluye demasiado masivamente [826] a los barrios en que la municipalidad vela por la decencia, [exclamdown]se lo persigue por medio de la policía sanitaria!
Salvo Londres, a principios del siglo XIX no había en Inglaterra una sola ciudad que contara 100.000 habitantes. Sólo cinco pasaban de 50.000. Actualmente existen 28 ciudades con más de 50.000 pobladores. "El resultado de este cambio fue no sólo un enorme incremento de la población urbana, sino convertir a las pequeñas ciudades antiguas, densamente pobladas, en centros rodeados por todos lados de edificación, sin libre acceso del aire por ninguna parte. Como ya no les resultan agradables a los ricos, éstos las abandonan y se instalan en los suburbios, más atractivos. Los sucesores de esos ricos alquilan las grandes casas, a razón de una familia a menudo con subinquilinos por pieza. De esta manera se hacina a una población en casas que no estaban destinadas para ella y que son absolutamente inadecuadas para esa finalidad, en una vecindad realmente degradante para los adultos y ruinosa para los niños" [76]. Cuanto más rápidamente se acumula el capital en una ciudad industrial o comercial, tanto más veloz es la afluencia del material humano explotable, tanto mas míseras las improvisadas viviendas de los obreros. "Newcastle-upon-Tyne", como centro de un distrito carbonífero y minero cuyo rendimiento es cada vez mayor, ocupa, después de Londres, el segundo puesto en el infierno de la vivienda. No menos de 34.000 personas viven allí en viviendas de un solo cuarto. En virtud de que constituían un peligro extremo para la comunidad, las autoridades recientemente hicieron demoler una elevada cantidad de casas en Newcastle y Gateshead. La construcción de nuevas casas progresa muy lentamente, pero los negocios van viento en popa. De ahí que en 1865 la ciudad estuviera más abarrotada que nunca. Apenas se encontraba una pieza ofrecida en alquiler. El doctor Embleton, del hospital de Newcastle para la cura de fiebres, afirma: "Sin ninguna duda, la causa de la continuación y difusión del tifus radica en el hacinamiento de seres humanos y la suciedad de sus viviendas. Las casas en que suelen vivir los obreros están situadas en pasadizos y patios estrechos. En lo tocante a luz, aire, espacio y limpieza, esas casas son verdaderos modelos de insuficiencia e insalubridad, una [827] vergüenza para cualquier país civilizado. Hombres, mujeres y niños yacen revueltos en ellas durante la noche. En cuanto a los hombres, el turno de la noche sucede al del día en una secuencia ininterrumpida, de tal manera que las camas casi no tienen tiempo de enfriarse. Las casas están mal provistas de agua y peor aun de letrinas, son inmundas, mal ventiladas, pestilentes" [77]. El alquiler semanal de esas covachas oscila entre 8 peniques y 3 chelines. "Newcastle-upon-Tyne", dice el doctor Hunter, "brinda el ejemplo de una de las más agraciadas estirpes de nuestros compatriotas, sumida a menudo en una degradación casi salvaje por las circunstancias exteriores de la vivienda y la calle" [78].
A causa del flujo y reflujo del capital y el trabajo, las condiciones habitacionales de una ciudad industrial pueden ser soportables hoy y abominables mañana. O bien, puede suceder que los ediles de la ciudad reaccionen, finalmente, y procuren eliminar los abusos más graves. Pero mañana migra una manga de langostas, integrada por irlandeses harapientos o degradados obreros agrícolas ingleses. Se los esconde en sótanos y desvanes, o se transforma la casa de obreros, antaño respetable, en un alojamiento que cambia tan rápidamente de inquilinos como los acuartelamientos durante la Guerra de los Treinta Años. Ejemplo: Bradford. Aquí el filisteo municipal estaba abocado, precisamente, a la realización de una reforma urbana. En 1861 había aún en aquel lugar, además, 1.751 casas desocupadas. Pero sobreviene la época de los buenos negocios, cacareada recientemente, y con tanto donaire, por el señor Forster, ese tierno liberal y amigo de los negros. Con los buenos negocios, naturalmente, llega también la inundación provocada por las olas del siempre agitado "ejército de reserva" o "sobrepoblación relativa". En las repugnantes viviendas subterráneas y piezas registradas en la lista (ver nota) [79] xxxxx En la 4ª edición se agrega: "George Street, nº 49... 1 pieza 2 familias". [828] que el doctor Hunter obtuvo del agente de una compañia aseguradora, habitaban, por lo general, obreros bien remunerados. Éstos declararon que gustosamente alquilarían viviendas mejores, si las hubiera disponibles. Entretanto, uno tras otro se degradaban y enfermaban, mientras que el melifluo liberal Forster, M. P. [integrante de la Cámara de los Comunes], se enternecía hasta las lágrimas con las bendiciones del librecambio y las ganancias obtenidas por los eminentes varones de Bradford dedicados a la fabricación de worsted [estambre]. En el informe del 5 de setiemhre de 1865 el doctor Bell, uno de los médicos de indigentes de Bradford, declaró que la terrible mortalidad que se producía entre los enfermos de fiebre de su distrito se debía a las condiciones habitacionales en que vivían: "En un sótano de 1.500 pies cúbicos yyyyy [...] habitan 10 personas... La calle Vincent, el Green Air Place y the Leys albergan 223 casas con 1.450 habitantes, 435 camas y 36 letrinas... Las camas y por tales entiendo todo montón de trapos sucios o de virutas albergan una media de 3,3 personas; en no pocos casos ese guarismo llega a 4 y [829] a 6 personas. Muchos duermen sin cama, en el suelo desnudo, con su vestimenta habitual; hombres jóvenes y mujeres, casados y solteros, todos promiscuamente mezclados. ¿Es necesario agregar que estas viviendas son en su mayor parte covachas hediondas y lóbregas, húmedas, sucias, absolutamente inadecuadas para la habitación humana? Son estos los focos de los que brotan la enfermedad y la muerte, las cuales también cobran sus víctimas entre las personas acomodadas (of good circumstances) que permitieron que estos bubones pestíferos supuraran entre nosotros" [80].
Bristol ocupa el tercer puesto después de Londres en cuanto a miseria de la situación habitacional. "Aquí, en una de las ciudades más opulentas de Europa, la mayor de las abundancias [coexiste] con la pobreza más descarnada (blank[est] poverty) y la miseria habitacional" [81].
CAPITULO XXIII
LA LEY GENERAL DE LA
ACUMULACION CAPITALISTA
1. Demanda creciente de fuerza de trabajo, con la
acumulación, manteniéndose igual la composición
del capital a "Los numerosos capitales singulares invertidos en determinado ramo de la producción, presentan una composición que difiere de unos a otros en mayor o menor medida. La media de sus composiciones singulares nos da la composición del capital global en ese ramo de la producción. Finalmente, la media global de las composiciones medias de todos los ramos de la producción, arroja la composición del capital social de un país, y en lo sucesivo nos referiremos, en última instancia, únicamente a esta última."
El acrecentamiento del capital implica el incremento de su parte constitutiva variable, o sea de la que se convierte en fuerza de trabajo. Una parte del plusvalor transformado en pluscapital tiene que reconvertirse siempre en capital variable o fondo suplementario de trabajo. Si suponemos que, a condiciones en lo demás iguales, la composición del capital se mantiene inalterada, esto es, que para poner en movimiento determinada masa de medios de producción o capital constante se requiere siempre la misma masa de fuerza de trabajo, es evideate que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerán en proporción al capital, y tanto más rápidamente cuanto más rápidamente crezca éste. Como el capital [760] produce anualmente un plusvalor, una parte del cual se suma cada año al capital original; como este incremento mismo se acrecienta todos los años con el volumen creciente del capital que ya está en funciones, y finalmente, como bajo un acicate particular del afán de enriquecerse apertura, por ejemplo, de nuevos mercados, de esferas nuevas para la inversión de capital a causa de necesidades sociales recién desarrolladas, etc. la escala de la acumulación se puede ampliar súbitamente sólo con variar la distribución del plusvalor o del plusproducto en capital y rédito, cabe la posibilidad de que las necesidades de acumulación del capital sobrepujen el acrecentamiento de la fuerza de trabajo o del número de obreros, y de que la demanda de obreros supere su oferta, a raíz de lo cual los salarios pueden aumentar . En Inglaterra resonaron quejas, sobre este particular, durante [c] toda la primera mitad del siglo XVIII. Las circunstancias más o menos favorables bajo las cuales se mantienen y multiplican los asalariados, [761] empero, no modifican en nada el carácter fundamental de la producción capitalista. Así como la reproducción simple reproduce continuamente la relación capitalista misma capitalistas por un lado, asalariados por la otra , la reproducción en escala ampliada, o sea la acumulación, reproduce la relación capitalista en escala ampliada: más capitalistas o capitalistas más grandes en este polo, más asalariados en aquél. Como vimos con anterioridad, la reproducción [d] de la fuerza de trabajo que incesantemente ha de incorporarse como medio de valorización al capital, que no puede desligarse de él y cuyo vasallaje con respecto al capital sólo es velado por el cambio de los capitalistas individuales a los que se vende, constituye en realidad un factor de la reproducción del capital mismo. Acumulación del capital es, por tanto, aumento del proletariado 1 e Nota 70 en la 3ª y 4ª ediciones..
La economía clásica comprendía tan cabalmente esta tesis, que Adam Smith, Ricardo, etc., como lo hemos mencionado anteriormente, llegaban incluso a identificar equivocadamente la acumulación con el consumo de toda la parte capitalizada del plusproducto por trabajadores productivos, o con su transformación en asalariados suplementarios. Ya en 1696 decía John Bellers: "Porque si alguien tuviera cien mil acres y otras tantas libras en dinero y otras tantas cabezas de ganado, ¿qué sería ese hombre [762] rico, sin trabajadores, sino él mismo un trabajador? Y así como los trabajadores hacen ricos a los hombres, cuanto más trabajadores, habrá tanto más ricos... El trabajo de los pobres es la mina de los ricos" [2] f Nota 71 en la 3ª y 4ª ediciones.. Y así se expresaba Bernard de Mandeville a comienzos del siglo XVIII: "Donde la propiedad está suficientemente protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, ¿porque quién haría el trabajo?... Así como se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, no debieran recibir nada que valga la pena ahorrar. Si de tanto en tanto una persona de la clase más baja, gracias a una diligencia extraordinaria y apretarse el cinturón, se eleva sobre la condición en que se crió, nadie debe impedírselo: no puede negarse que el plan más sabio para todo particular, para cada familia en la sociedad, consiste en ser frugal; pero a todas las naciones ricas les interesa que la parte mayor de los pobres nunca esté inactiva y, sin embargo, que gasten continuamente lo que perciben... Los que se ganan la vida con su trabajo diario [...] no tienen nada que los acicatee para ser serviciales salvo sus necesidades, que es prudente mitigar, pero que sería insensato curar. La única cosa que puede hacer diligente al hombre que trabaja es un salario moderado: si fuera demasiado pequeño lo desanimaría o, según su temperamento, lo empujaría a la desesperación; si fuera demasiado grande, se volvería insolente y perezoso... De lo que hasta ahora hemos expuesto, se desprende que en una nación libre, donde no se permite tener esclavos, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos. Porque además de ser la fuente inagotable de las armadas y los ejércitos, sin ellos no habría ningún disfrute y ningún producto del país sería valorizable. Para hacer feliz a la sociedad" (que, naturalmente, se compone de no trabajadores) "y para contentar al pueblo aun en su mísera situación, es necesario que la gran mayoría siga siendo tan ignorante como pobre 3. El conocimiento amplía y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos desea [763] un hombre tanto más fácilmente pueden satisfacerse sus necesidades" [4] g Nota 72 en la 3ª y 4ª ediciones. 5. Lo que Mandeville, hombre honesto y lúcido, no comprende aún es que el propio mecanismo del proceso de acumulación, al acrecentar el capital, aumenta la masa de los "pobres laboriosos", esto es, de los asalariados que transforman su fuerza de trabajo en fuerza creciente de valorización al servicio del creciente capital, y que por tanto se ven obligados a perpetuar la relación de dependencia que los liga a su propio producto, personificado en el capitalista. Refiriéndose a esa relación de dependencia, observa sir Frederic Morton Eden en su "Situación de los pobres, o historia de la clase trabajadora de Inglaterra": "Nuestra zona exige trabajo para la satisfacción de las necesidades, y por ello es necesario que por lo menos una parte de la sociedad trabaje infatigablemente... Hay quienes no trabajan y que, sin embargo, tienen a su disposición los productos de la diligencia. Pero eso se lo tienen que agradecer estos propietarios, únicamente, a la civilización y al orden; son criaturas puras y simples de las instituciones civiles 6 h Nota 73 en la 3ª y 4ª ediciones. 7. Éstas, en efecto, han reconocido que también se puede adquirir los frutos del trabajo de otra manera que por el trabajo. [...] Las personas de posición independiente [...] deben su fortuna casi exclusivamente al trabajo de otros [...], no a su capacidad personal, que en absoluto es mejor que la de los demás; no es la [764] posesión de tierras y dinero, sino el poder disponer del trabajo (the command of labour) lo que distingue a los ricos de los pobres... Lo que conviene a los pobres no es una situación abyecta o servil, sino una relación de dependencia aliviada y liberal (a state of easy and liberal dependence) y a los propietarios influencia y autoridad suficientes sobre los que [...] trabajan para ellos... Tal relación de dependencia, como lo sabe todo el que conozca la naturaleza humana [...], es necesaria para la comodidad del obrero mismo" [8] i Nota 74 en la 3ª y 4ª ediciones.. [9] Eden, anotémoslo de pasada, es el único discípulo de Adam Smith que durante el siglo XVIII efectuó algunas contribuciones de importancia [10] m En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: "La gran polvareda levantada por este panfleto obedeció únicamente a intereses de partido. La Revolución Francesa había encontrado defensores apasionados en el reino británico; el <<principio de la población>>, gestado lentamente en el siglo XVIII y luego, en medio de una gran crisis social, anunciado con bombos y platillos como el antídoto infalible contra las doctrinas de Condorcet y otros, fue saludado jubilosamente por la oligarquía inglesa como el gran exterminador de todas las veleidades de un mayor progreso humano. Maravillado por su propio éxito, Malthus se dedicó entonces a embutir en el viejo esquema materiales compilados despreocupadamente y a añadir algunas cosas nuevas, pero no descubiertas sino simplemente anexadas por él". 11 12.
[765] Bajo las condiciones de la acumulación supuestas hasta aquí las más favorables a los obreros , su relación de dependencia con respecto al capital reviste formas tolerables o, como dice Eden, "aliviadas y liberales". En vez de volverse más intensa a medida que se acrecienta el capital, [766] esa relación de dependencia sólo aumenta en extensión; es decir, la esfera de explotación y dominación del capital se limita a expandirse junto a las dimensiones de éste y el número de sus súbditos. Del propio plusproducto creciente de éstos, crecientemente transformado en pluscapital, fluye hacia ellos una parte mayor bajo la forma de medios de [767] pago, de manera que pueden ampliar el círculo de sus disfrutes, dotar mejor su fondo de consumo de vestimenta, mobiliario, etc., y formar un pequeño fondo de reserva en dinero. Pero así como la mejora en la vestimenta, en la alimentación y el trato, o un peculio [13] mayor, no abolían la relación de dependencia y la explotación del esclavo, tampoco las suprimen en el caso del asalariado. El aumento en el precio del trabajo, aumento debido a la acumulación del capital, sólo denota, en realidad, que el volumen y el peso de las cadenas de oro que el asalariado se ha forjado ya para sí mismo permiten tenerlas menos tirantes. En las controversias acerca de este punto se ha dejado a un lado, en la mayor parte de los casos, el hecho principal, a saber: la differentia specifica de la producción capitalista. La fuerza de trabajo no se compra aquí para satisfacer, mediante sus servicios o su producto, las necesidades personales del comprador. El objetivo perseguido por éste es la valorización de su capital, la producción de mercancías que contengan más trabajo que el pagado por él, o sea que contengan una parte de valor que nada le cuesta al comprador y que sin embargo se realiza mediante la venta de las mercancías. La producción de plusvalor, el fabricar un excedente, es la ley absoluta de este modo de producción. Sólo es posible vender la fuerza de trabajo en tanto la misma conserva como capital los medios de producción, reproduce como capital su propio valor y proporciona, con el trabajo impago, una fuente de pluscapital [14] n Nota 76 en la 3ª y 4ª ediciones.bis. Por consiguiente, las condiciones de su venta, sean más favorables o menos para los obreros, implican la necesidad de que se la venda siempre de nuevo y la reproducción continuamente ampliada de la riqueza como capital. Como vemos, el salario, conforme a su naturaleza, implica siempre el suministro por parte del obrero de determinada cantidad de trabajo [768] impago. Prescindiendo por entero del alza de salarios acompañada por una baja en el precio del trabajo, etc., el aumento de los salarios sólo denota, en el mejor de los casos, la merma cuantitativa del trabajo impago que debe ejecutar el obrero. Dicha merma nunca puede alcanzar el punto en el que pondría en peligro seriamente el carácter capitalista del proceso de producción y la reproducción de sus propias condiciones: por un lado de los medios de producción y de subsistencia como capital, por el otro de la fuerza de trabajo como mercancía; en un polo, del capitalista, en el otro, del asalariado [o]. Si dejamos a un lado los conflictos violentos en torno a la tasa del salario y Adam Smith ya ha demostrado que, en sustancia, luego de tales conflictos el patrón siempre sigue siendo el patrón , un alza del precio del trabajo derivada de la acumulación del capital supone la siguiente alternativa. O bien el precio creciente o acrecentado del trabajo va acompañado de un incremento igualmente grande (o mayor) de la acumulación. Sabemos ya que incluso bajo circunstancias en lo demás iguales como el grado de productividad del trabajo, etc. , cuando se acrecienta la masa del capital adelantado puede mantenerse uniforme su incremento absoluto y hasta acelerarse aunque decrezca la tasa de la acumulación; así como en el capítulo IX, en la sección tercera, vimos que la masa del plusvalor puede mantenerse e incluso incrementarse cuando la tasa decreciente del mismo va acompañada de un aumento en el número de obreros explotados simultáneamente. En este caso, decir que la reducción en el grado de explotación de la fuerza de trabajo no perjudica la expansión del dominio ejercido por el capital, es incurrir en una mera tautología [p]. O bien, [769] y éste es el otro término de la alternativa, la acumulación se enlentece tras el acrecentamiento del precio del trabajo, porque se embota el aguijón de la ganancia. La acumulación decrece. Pero al decrecer, desaparece la causa de su decrecimiento, a saber, la desproporción entre el capital y la fuerza de trabajo explotable. El precio del trabajo desciende de nuevo a un nivel compatible con las necesidades de valorización del capital. De esto no se infiere, ni con mucho, que el salario deba descender a su nivel mínimo, y ni siquiera al nivel en que estaba con anterioridad al aumento de precio experimentado por el trabajo [q]. Como vemos, el propio mecanismo del proceso capitalista de producción remueve los obstáculos que genera transitoriamente [r]. Vemos entonces que en el primer caso no es la reducción en el crecimiento absoluto o relativo de la fuerza de trabajo, o de la población obrera, lo que vuelve excesivo al capital, sino que, a la inversa, es el incremento del capital lo que vuelve insuficiente la fuerza de trabajo explotable. En el segundo caso no es el aumento en el crecimiento absoluto o proporcional de la fuerza de trabajo o de la población obrera lo que hace insuficiente al capital, sino que, a la inversa, es la disminución del capital lo que vuelve excesiva la fuerza de trabajo explotable, o más bien su precio. Son estos movimientos absolutos en la acumulación del capital los que se reflejan como movimientos relativos en la masa de la fuerza de trabajo explotable y parecen obedecer, por ende, al movimiento propio de esta última s. Así, por ejemplo, en la fase crítica del ciclo industrial la baja general de los precios mercantiles se expresa como aumento del valor relativo del dinero, y en la fase de prosperidad el alza general de los precios mercantiles como baja del valor relativo del dinero. De esto infiere la llamada escuela de la currency que en el primer caso circula [770] demasiado poco dinero, y en el segundo caso dinero en demasía [t]. Su ignorancia y su comprensión plenamente errada de los hechos [15] encuentran un digno paralelo en los economistas que interpretan esos fenómenos de la acumulación diciendo que en un caso existen menos asalariados que los necesarios y en el otro demasiados asalariados . La ley de la acumulación capitalista, fraudulentamente transmutada de esta suerte [v] en ley natural, no expresa en realidad sino que la naturaleza de dicha acumulación excluye toda mengua en el grado de explotación a que se halla sometido el trabajo o toda alza en el precio de éste que pueda amenazar seriamente la reproducción constante de la relación capitalista, su reproducción en una escala constantemente ampliada. No pueden ocurrir las cosas de otra manera en un modo de producción donde el trabajador existe para las necesidades de valorización de valores ya existentes, en [771] vez de existir la riqueza objetiva para las necesidades de desarrollo del trabajador. Así como en la religión el hombre está dominado por las obras de su propio cerebro, en la producción capitalista lo está por las obras de su propia mano [16]bis.
gravables ascendieron en 1864 a [sterling] 95.844.222 y en 1865 a [sterling] 105.435.787 dddd 47, el número de los contribuyentes fue en 1864 de 308.416 personas sobre una población total de 23.891.009, y en 1865 de 332.431 personas sobre una población total de 24.127.003. El cuadro siguiente ilustra sobre la distribución de esos ingresos en los dos años mencionados:
Año que concluye el Año que concluye el
5 de abril de 1864 5 de abril de 1865 (a)
Ingresos por Ingresos por
ganancias Personas ganancias Personas
Ingresos totales [sterling] 95.844.222 308.416 [sterling] 105.435.787 332.431
De los cuales 57.028.290 22.334 64.554.297 24.075
De los cuales 36.415.225 3.619 42.535.576 4.021
De los cuales 22.809.781 822 27.555.313 973
De los cuales 8.744.762 91 11.077.238 107
a Datos del cuadro corregidos según la 4ª edición.
En 1855, en el Reino Unido se produjeron 61.453.079 toneladas de carbón por un valor de [sterling] 16.113.267; en 1864, 92.787.973 por un valor de [sterling] 23.197.968. En 1855, 3.218.154 toneladas de arrabio por un valor de [sterling] 8.045.385; en 1864, 4.767.951 toneladas por un valor de [sterling] 11.919.877. La extensión de las vías férreas explotadas en el Reino Unido ascendía en 1854 a 8.054 millas eeee, con una inversión de capital de [sterling] 286.068.794; en 1864 la extensión en millas era de 12.789 ffff y la inversión de capital de [sterling] 425.719.613. La exportación e importación total del Reino Unido ascendía en 1854 a [812] [sterling] 268.210.145, y en 1865 a [sterling] 489.923.285. La tabla siguiente muestra el movimiento de la exportación:
1846 gggg [sterling] 58.842.377
1849 63.596.052
1856 115.826.948
1860 135.842.817
1865 165.862.402
1866 190.000.000 aproximadamente hhhh 48.
Estos datos escasos permiten comprender el grito triunfal del director del Registro Civil británico: "Por rápido que haya sido el crecimiento de la población, no se ha mantenido a Ia par del progreso experimentado por Ia industria y Ia riqueza" [49]. Volvámonos ahora a los agentes directos de esta industria, a los productores de esta riqueza: la clase obrera. "Uno de los rasgos más sombríos que presenta la situación social del país", dice Gladstone, "es que mientras se registra una mengua en la capacidad popular de consumo y un aumento en las privaciones y la miseria de la clase trabajadora, al mismo tiempo se verifica una acumulación constante de riqueza en las clases superiores y un constante incremento de capital" [50] jjjj En la 4ª edición el texto de esta cita, al que sigue la referencia " "Times", 14 de febr. de 1843. "Hansard", 13 de febr.", es el siguiente: "It is one of the most melancholy features in the social state of this country that we see, beyond the possibility of denial, that while there is at this moment a decrease in the consuming powers of the people, an increase of the pressure of privations and distress; there is at the same time a constant accumulation of wealth in the upper classes, an increase in the luxuriousness of their habits, and of their means of enjoyment". [Uno de los rasgos más sombríos que distinguimos, sin que sea posible negarlo, en la situación social de este país, es que mientras en este momento se registra una mengua en la capacidad popular de consumo, un aumento en la carga de privaciones y miserias, se opera al mismo tiempo una acumulación constante de riqueza en las clases altas, un aumento en el fausto de sus hábitos y de sus medios de disfrute.]. Así hablaba [813] este untuoso ministro, en la Cámara de los Comunes, el 14 kkkk de febrero de 1843. El 16 de abril de 1863, veinte años después, en el discurso en que presentaba su presupuesto, sostuvo: "De 1842 a 1852, el ingreso tributable de este país aumentó en un 6 % ... En los 8 años que van de 1853 a 1861 se acrecentó, si partimos de la base de 1853, en un 20 %. El hecho es tan asombroso que resulta casi increíble... Ese embriagador aumento de riqueza y de poder... se restringe enteramente a las clases poseedoras, pero... pero necesariamente tiene que ser beneficioso, de manera indirecta, para la población obrera, ya que abarata los artículos de consumo general; mientras los ricos se vuelven más ricos, los pobres, en todo caso, se han vuelto menos pobres. Que se hayan modificado llll los extremos de la pobreza, es algo que no me atrevo a afirmar" [51] mmmm En la 4ª edición se agrega: ""Morning Star", 17 de abril".. [exclamdown]Qué flojo anticlímax! Si la clase obrera sigue siendo "pobre", sólo que "menos pobre" en la proporción en que produce un "embriagador aumento de riqueza y de poder" para la clase propietaria, ello significa que en términos relativos es tan pobre como antes. Si los extremos de la [814] pobreza no se han reducido, han aumentado, ya que lo han hecho los extremos de la riqueza. En lo tocante al abaratamiento de los medios de subsistencia, la estadística oficial por ejemplo los datos del "London Orphan Asylum" [Orfanato de Londres] revela que en los tres años que van de 1860 a 1862 se produjo un encarecimiento medio del 20 % en comparación con los años 1851-1853. En el trienio siguiente, 1863-1865, se registró un encarecimiento progresivo de la carne, la manteca, la leche, el azúcar, la sal, el carbón y multitud de otros medios de subsistencia imprescindibles [52]. El siguiente discurso gladstoniano del presupuesto, pronunciado el 7 de abril de 1864, es un ditirambo pindárico sobre los avances del lucro y de la felicidad popular, moderada por la "pobreza". Gladstone habla de masas que están "al borde del pauperismo", de ramos industriales "en los que no ha aumentado el salario", y resume, finalmente, la felicidad de la clase obrera en las siguientes palabras. "En nueve casos de cada diez, la vida humana es meramente una lucha por la existencia" [53] oooo Debió decir: "de Boileau". 54. El profesor Fawcett, exento de las consideraciones oficiales que ligan a Gladstone, declara rotundamente: "No niego, [815] por supuesto, que los salarios hayan aumentado" (en los últimos decenios) "con ese incremento del capital, pero esa ventaja aparente se pierde en gran medida, ya que muchos artículos de primera necesidad se encarecen de manera constante" (este autor cree que por la baja de valor de los metales preciosos). "... Los ricos se vuelven rápidamente más ricos (the rich grow rapidly richer), mientras que no se percibe ningún ascenso en el confort de las clases trabajadoras... Los obreros se convierten casi en esclavos de los comerciantes minoristas a los que deben" [55].
En las secciones sobre la "Jornada laboral" y la "Maquinaria" el lector se impuso de las condiciones bajo las cuales la clase obrera británica, durante los últimos decenios, ha producido el "embriagador aumento de riqueza y de poder" para las clases propietarias. No obstante, entonces nos ocupábamos preferentemente del obrero dentro del proceso de producción mismo. Para comprender de manera cabal la ley de la acumulación capitalista es nccesario detenernos un momento en la situación del obrero fuera de ese proceso, en sus condiciones de alimentación y vivienda. Los límites de este libro me obligan a ocuparme fundamentalmente del sector peor remunerado de los obreros industriales y agrícolas, que en conjunto constituyen la mayor parte de la clase obrera [56] pppp Nota suprimida en la 3ª y 4ª ediciones. qqqq.
[816] Pero previamente, digamos unas pocas palabras acerca del pauperismo oficial, o sea de la parte de la clase obrera que ha perdido su condición de existencia la venta de la fuerza de trabajo y vegeta gracias a los socorros públicos. El censo oficial de indigentes registraba en Inglaterra [57] rrrr Nota 107 en la 3ª y 4ª ediciones. en 1855, 851.369 personas; en 1856, 877.767; en 1865, 971.433. A causa de la escasez de algodón, alcanzó en los años de 1863 y 1864 los guarismos de 1.079.382 y 1.014.978. La crisis de 1866, que afectó con mayor rudeza a Londres, hizo que en esa sede del mercado mundial más populosa que el reino de Escocia el incremento en el número de indigentes fuera en 1866 del 19,5 % en comparación con 1865, y del 24,4 % con respecto a 1864, registrándose en los primeros meses de 1867 un aumento aun mayor en comparación con 1866. Al analizar la estadística de indigentes, cabe poner dos puntos de relieve. Por una parte, el movimiento descendente y ascendente de la masa de indigentes refleja las alternativas periódicas del ciclo industrial. Por otra parte, a medida que con la acumulación del capital se desarrollan la lucha de clases y, por consiguiente, la conciencia de sí mismos entre los obreros, las estadísticas oficiales se convierten en un índice cada vez más engañoso acerca del volumen real del pauperismo. Por ejemplo, la barbarie en el trato que se da a los pobres en torno a la cual la prensa inglesa ("Times", "Pall Mall Gazette", etc.) ha clamado tan ruidosamente durante los dos últimos años es de vieja data. Friedrich Engels comprobó en 1844 cxactamente las mismas atrocidades y exactamente las mismas vociferaciones pasajeras ssss, propias de la "literatura sensacionalista" [58]. Pero el terrible incremento de las muertes por inanición ("deaths by starvation"

en Londres durante el último decenio, demuestra irrefutablemente el horror creciente que experimentan los obreros por la esclavitud del workhouse [hospicio] tttt 59, ese correccional de la miseria.
[817]
b) Las capas mal remuneradas de la clase obrera industrial de Gran Bretaña
Consideremos ahora la situación de las capas mal remuneradas de la clase obrera industrial. Durante la escasez algodonera, en 1862, se encomendó al doctor Smith, del "Privy Council" [60], que efectuara una investigación acerca de las condiciones alimentarias que prevalecían entre los macilentos obreros algodoneros de Lancashire y Cheshire. Observaciones llevadas a cabo durante largos años lo habían llevado a la conclusión de que, "para evitar las enfermedades causadas por el hambre (starvation diseases)", el alimento diario de una mujer media debía contener por lo menos 3.900 granos uuuu de carbono y 180 granos vvvv de nitrógeno, y el de un hombre medio, por lo menos 4.300 granos wwww de carbono y 200 xxxx de nitrógeno. En el caso de las mujeres, el alimento diario debía encerrar aproximadamente tantas sustancias nutritivas como dos libras yyyy de buen pan de trigo; en el de los hombres, 1/9 más. El alimento medio semanal de los adultos de uno u otro sexo debía contener cuando menos 28.600 granos zzzz de carbono y 1.330 aaaaa de nitrógeno. Sus cálculos se vieron confirmados en la práctica, de manera asombrosa, ya que coincidían con la exigua cantidad de alimento a que su calamitosa situación había reducido el consumo de los obreros algodoneros. En diciembre de 1862 los mismos ingerían 29.211 granos bbbbb de carbono y 1.295 ccccc de nitrógeno por semana.
En 1863, el "Privy Council" dispuso que se efectuara una investigación sobre el estado de miseria en que se [818] encontraba el sector peor alimentado de la clase obrera inglesa. El doctor Simon, funcionario médico del "Privy Council", escogió para esa tarea al ya citado doctor Smith. Su investigación se extiende por un lado a los obreros agrícolas; por otro a los tejedores de seda, costureras, guanteros en cuero, calceteros, tejedores de guantes y zapateros. Las últimas categorías, si exceptuamos a los calceteros, son exclusivamente urbanas. Como norma de la investigación, se estableció la de elegir en cada categoría las familias más sanas y que se encontraran en condiciones relativamente mejores.
El resultado general fue que "sólo en una de las clases de obreros urbanos investigadas la ingestión de nitrógeno excedía levemente de la medida mínima absoluta por debajo de la cual se originan enfermedades debidas al hambre; que en dos clases había una deficiencia (y en una de ellas una deficiencia muy considerable) tanto de alimentación nitrogenada como de la consistente en carbono; que de las familias campesinas investigadas más de un quinto ingería menos de la cantidad indispensable de alimentos que contiencn carbono, más de un tercio menos de la cantidad indispensable de alimentos nitrogenados y que en tres condados (Berkshire, Oxfordshire y Somersetshire) prcvalecía, término medio, una deficiencia con respecto al mínimo de la alimentación nitrogenada" [61]. Entre los obreros agrícolas eran los de Inglaterra la región mas rica del Reino Unido , los peor alimentados" [62]. Entre los obreros rurales la desnutrición era más aguda en el caso de las mujeres y niños, porque "el hombre tiene que comer para poder efectuar su trabajo". Deficiencias aun peores castigaban a las categorías de obreros urbanos investigadas. "Están tan desnutridos que tienen que darse muchos casos de atroz privación" ([exclamdown]"renunciamiento" del capitalista es todo esto!, [exclamdown]renunciamiento a pagar los medios de subsistencia indispensables para que su mano de obra se reduzca meramente a vegetar!), "nociva para la salud" [63].
El cuadro siguiente muestra la relación entre la situación alimentaria de las categorías obreras puramente urbanas [819] mencionadas más arriba y la medida mínima supuesta por el doctor Smith, por una parte, y por otra con la alimentación de los obreros algodoneros durante la época de su miseria más extrema:
Media semanal Media semanal
Ambos sexos de carbono de nitrógeno
Granos Granos
Cinco ramos industriales
urbanos 28.876 1.192
Obreros fabriles desocupados
de Lancashire 29.211 1.295
Cantidad mínima propuesta
para los obreros de Lancashire
(a cantidad igual
de hombres y mujeres) 28.600 1.330 [64]
Aproximadamente la mitad, 60/125 de las categorías de obreros industriales investigadas, no consumía absolutamente nada de cerveza; el 28 % jamás probaba la leche. La media semanal de los alimentos líquidos, en las familias, variaba de 7 onzas ddddd entre las costureras hasta 24 3/4 onzas eeeee entre los calceteros. La mayor parte de los trabajadores que nunca consumían leche la integraban las costureras de Londres. La cantidad de pan o alimentos similares consumida semanalmente oscilaba entre 7 3/4 libras fffff caso de las costureras y 11 1/4 libras ggggg caso de los zapateros , siendo la media global de 9,9 libras hhhhh semanales para los adultos. El consumo de azúcar (melaza, etc.) variaba de 4 onzas iiiii semanales guanteros en cuero a 11 onzas jjjjj calceteros ; la media semanal total para todas las categorías era de 8 onzas kkkkk para los adultos. [820] Media semanal de manteca (grasa, etc.): 5 onzas lllll por adulto. La media semanal de carne (tocino, etc. ) por adulto oscilaba entre 7 1/4 onzas mmmmm tejedores de seda y 18 1/4 onzas nnnnn guanteros en cuero , media global para las diversas categorías, 13,6 onzas ooooo. El costo semanal de la alimentación por adulto arrojaba los siguientes guarismos medios generales: tejedores de seda, 2 chelines y 2 1/2 peniques; costureras, 2 chelines y 7 peniques; guanteros en cuero, 2 chelines y 9 1/2 peniques; zapateros, 2 chelines y 7 3/4 peniques; calceteros, 2 chelines y 6 1/4 peniques. En el caso de los tejedores de seda de Macclesfield, la media semanal era de apenas 1 chelín y 8 1/2 peniques. Las categorías peor alimentadas eran las costureras, los tejedores de seda y los guanteros en cuero [65].
En su informe general sobre la salud, dice el doctor Simon con respecto a la situación alimentaria: "Todo el que esté familiarizado con la asistencia médica a los indigentes o a los pacientes de hospitales, ya se trate de internados o de personas que viven fuera del establecimiento, confirmará que son incontables los casos en que las carencias alimentarias provocan o agravan enfermedades... Sin embargo, desde el punto de visto sanitario se agrega aquí otra circunstancia extremadamente decisiva... Se recordará que la privación de alimentos sólo se tolera con la mayor renuencia, y que por regla general una gran exigüidad de la dieta sólo se presenta si otras privaciones la han precedido. Mucho antes de que la insuficiencia alimentaria gravite en el plano sanitario, mucho antes de que el fisiólogo piense en contar los granos de nitrógeno y carbono entre los que oscilan la vida o la muerte por inanición, la casa se habrá visto privada de toda comodidad material. La vestimenta y el combustible escasearán aun más que la comida. Ningún amparo suficiente contra las inclemencias del tiempo; reducción del espacio habitable a un grado en que el hacinamiento produce o agrava las enfermedades; rastros apenas de enseres domésticos y de muebles; la limpieza misma se habrá vuelto demasiado cara o engorrosa, y si [821] por un sentimiento de dignidad personal se hacen intentos de mantenerla, cada una de esas tentativas representará nuevos suplicios de hambre. El hogar se instalará donde el techo sea más barato: en barrios donde la inspección sanitaria recoge los frutos más mezquinos, donde el alcantarillado es más deplorable, menor la circulación, mayor la cantidad de inmundicia colectiva, más mísero o de peor calidad el suministro de agua; en ciudades donde escasean al máximo la luz y el aire. Son estos los peligros, desde el punto de vista sanitario, a los que inevitablemente está expuesta la pobreza cuando la misma supone falta de alimentos. Y si la suma de estos males constituye un peligro de terrible magnitud para la vda, la mera carencia de alimentos es de por sí algo espantoso... Son, las precedentes, penosas reflexiones, especialmente cuando se recuerda que la pobreza que las motiva no es la merecida pobreza de la desidia. Es la pobreza de trabajadores. En lo referente a los obreros urbanos, no cabe duda de que en la mayor parte de los casos el trabajo con que compran el escaso bocado de alimento se prolonga por encima de toda medida. Y sin embargo, sólo en un sentido muy condicional puede decirse que ese trabajo sirva para mantener a quien lo ejecuta... Y en una escala muy amplia, ese mantenimiento nominal de sí mismo sólo puede ser el rodeo, más o menos largo, que lleva a la indigencia" [66].
El nexo interno entre los tormentos del hambre padecidos por las capas obreras más laboriosas y la acumulación capitalista, acompañada por el consumo excesivo grosero o refinado de los ricos, sólo es advertido por el conocedor de las leyes económicas ppppp. No ocurre lo mismo con las condiciones habitacionales. Todo observador imparcial puede apreciar que cuanto más masiva es la concentración qqqqq de los medios de producción, tanto mayor es la consiguiente aglomeración de obreros en el mismo espacio; que, por tanto, cuanto más rápida es la acumulación [822] capitalista, tanto más miserables son para los obreros las condiciones habitacionales. Es evidente que las "mejoras" (improvements) urbanísticas que acompañan al progreso de la riqueza y que se llevan a la práctica mediante la demolición de barrios mal edificados, la construcción de palacios para bancos, grandes tiendas, etc., el ensanchamiento de avenidas destinadas al tráfico comercial y a las carrozas de lujo, la introducción de ferrocarriles urbanos rrrrr, etc., arrojan a los pobres a tugurios cada vez peores y más atestados. Por otra parte, como sabe todo el mundo, la carestía de las viviendas está en razón inversa a su calidad y las minas de la miseria son explotadas por los especuladores sssss con más ganancia y costos menores que nunca lo fueran las de Potosí. El carácter antagónico de la acumulación capitalista, y por ende de las relaciones capitalistas de propiedad en general [67] 68, se vuelve aquí tan tangible que hasta en los informes oficiales ingleses sobre el particular menudean las heterodoxas invectivas contra la "propiedad y sus derechos". Con el desarrollo de la industria, con la acumulación del capital, con el crecimiento y el "embellecimiento" de las ciudades, el mal ha cundido tanto que el mero temor a las enfermedades infecciosas el contagio no perdona a las "personas respetables" provocó entre 1847 y 1864 la promulgación de no menos de 10 leyes de política sanitaria por el parlamento, y la aterrorizada burguesía de algunas ciudades como Liverpool, Glasgow, etc., tomó cartas en el asunto a través de sus municipalidades. No obstante, el doctor Simon exclama en su informe de 1865: "Hablando en términos generales, los males no han sido controlados en Inglaterra". Por orden del "Privy Council", en 1864 se emprendió una investigación sobre las condiciones habitacionales [823] de los obreros agrícolas; en 1865 sobre las clases más pobres de las ciudades. En el séptimo (1865) y en el octavo (1866) ttttt informes sobre "Public Health" se encuentran los magistrales trabajos del doctor Julian Hunter. De los trabajadores rurales hemos de ocuparnos más adelante. En lo concerniente a las condiciones habitacionales urbanas, anticiparé una observación general del doctor Simon: "Aunque mi punto de vista oficial", dice, "sea exclusivamente médico, los sentimientos humanitarios más comunes impiden que ignoremos el otro lado de este mal. [...] En su grado más alto, ese hacinamiento determina casi necesariamente tal negación de toda delicadeza, una confusión tan asqueante de cuerpos y funciones corporales, tal exposición de desnudez [...] sexual, que más que humano es bestial. Estar sujeto a estas influencias significa una degradación que necesariamente se vuelve más profunda cuanto más continúa su obra. Para los niños nacidos bajo esta maldición, constituye [...] un bautismo en la infamia (baptism into infamy). Y carece absolutamente de toda base la esperanza de que personas colocadas en esas circunstancias se esfuercen por acceder a esa atmósfera de civilización que tiene su esencia en la pureza física y moral" [69].
El primer puesto en cuanto a viviendas atestadas, o incluso absolutamente inadecuadas como morada humana, lo ocupa Londres. "Dos cosas", dice el doctor Hunter, "son indudables: la primera, que en Londres existen aproximadamente 20 grandes nucleamientos, compuestos cada uno de unas 10.000 personas, cuya miserable condición resultado, casi por entero, de sus malos alojamientos supera todo lo que se haya visto nunca en cualquier otra parte de Inglaterra; la segunda, que el hacinamiento y el estado ruinoso de las casas que componen esos nucleamientos son mucho peores que veinte años atrás" [70]. "No [824] se exagera cuando se afirma que la vida, en muchas partes de Londres y Newcastle, es infernal" [71].
Incluso el sector más desahogado de la clase obrera londinense, junto a los pequeños tenderos y otros elementos de la pequeña clase media, cae cada vez más bajo la maldición de esas indignas condiciones habitacionales, a medida que se propagan las "mejoras" y, con ellas, el arrasamiento de calles y casas antiguas; a medida que se amplían las fábricas y se acrecienta el aflujo humano a la metrópoli y, finalmente, a medida que aumentan los alquileres al subir la renta urbana de la tierra. "Los alquileres se han vuelto tan exorbitantes que pocos obreros pueden pagar mas de una pieza" [72]. Casi no hay en Londres una propiedad de casa que no esté recargada por un sinnúmero de "middlemen" [intermediarios]. El precio del suelo en Londres es siempre altísimo en comparación con los ingresos anuales que devenga, puesto que todo comprador especula con la posibilidad de desembarazarse tarde o temprano de la propiedad a un jury price (tasación efectuada por un jurado, en caso de expropiación) o de obtener, por arte de birlibirloque, un aumento extraordinario de valor gracias a la proximidad de alguna gran empresa. Una consecuencia de ello es la existencia de un tráfico regular consistente en la compra de contratos de alquiler próximos a su expiración. "De los gentlemen que se dedican a este negocio puede esperarse que actúen como actúan: que extraigan todo lo que puedan de los inquilinos y que dejen la casa en las peores condiciones posibles a sus sucesores" [73]. Los alquileres son semanales, y estos caballeros no corren ningún riesgo. A consecuencia de la construcción de ferrocarriles dentro de la ciudad, "se vio hace poco, en el este de Londres, cómo muchas familias desalojadas de sus antiguas viviendas vagaban un sábado de noche, cargadas con sus escasas pertenencias terrenales y sin otro paradero posible que el workhouse [hospicio]" [74]. [825] Los workhouses están ya atestados, y las "mejoras" aprobadas por el parlamento se hallan apenas en principios de ejecución. Si se desahucia a los obreros por demolición de sus viejas casas, éstos no abandonan su parroquia, o en el mejor de los casos se establecen en sus límites, o en la más próxima. "Procuran, naturalmente, residir lo más cerca posible de sus lugares de trabajo. El resultado es que la familia, en vez de alquilar dos piezas, debe contentarse con una. [...] Aunque el alquiler sea más caro, la vivienda será peor que aquella, ya mala, de la cual se los desaloja. [...] La mitad de los obreros [...] del Strand [...] ya tiene que viajar dos millas uuuuu para llegar a su lugar de trabajo." Este Strand, cuya principal avenida deja en los extranjeros una impresión imponente de la riqueza de Londres, puede servir de ejemplo del hacinamiento humano londinense. En una parroquia del mismo el funcionario de sanidad contó 581 personas por acre vvvvv, y eso que en el área medida estaba incluida la mitad del Támesis. Se comprende de por sí que toda medida sanitaria que desaloje de un barrio, como ha ocurrido hasta el presente en Londres, a los obreros mediante la demolición de casas inhabitables, sólo servirá para apeñuscarlos en otro, donde vivirán tanto más hacinados. "O bien debe suspenderse necesariamente todo este procedimiento por absurdo", dice el doctor Hunter, "o debe suscitarse la simpatía (!) pública para cumplir lo que ahora podemos llamar, sin exageración, un deber nacional: proporcionar techo a la gente que por falta de capital no puede procurárselo, aunque pueda recompensar wwwww con pagos periódicos a los caseros" [75]. [exclamdown]Admiremos la justicia capitalista! El propietario de terrenos, el casero, el hombre de negocios, cuando las "improvements" [mejoras] como los ferrocarriles, la reconstrucción de calles, etc. obligan a expropiarlo, no sólo recibe una indemnización íntegra; es necesario, además, que Dios y el derecho lo consuelen por su forzado "renunciamiento" suministrándole una abultada ganancia. Al obrero se lo pone en la calle con su mujer, su prole y sus enseres, y si afluye demasiado masivamente [826] a los barrios en que la municipalidad vela por la decencia, [exclamdown]se lo persigue por medio de la policía sanitaria!
Salvo Londres, a principios del siglo XIX no había en Inglaterra una sola ciudad que contara 100.000 habitantes. Sólo cinco pasaban de 50.000. Actualmente existen 28 ciudades con más de 50.000 pobladores. "El resultado de este cambio fue no sólo un enorme incremento de la población urbana, sino convertir a las pequeñas ciudades antiguas, densamente pobladas, en centros rodeados por todos lados de edificación, sin libre acceso del aire por ninguna parte. Como ya no les resultan agradables a los ricos, éstos las abandonan y se instalan en los suburbios, más atractivos. Los sucesores de esos ricos alquilan las grandes casas, a razón de una familia a menudo con subinquilinos por pieza. De esta manera se hacina a una población en casas que no estaban destinadas para ella y que son absolutamente inadecuadas para esa finalidad, en una vecindad realmente degradante para los adultos y ruinosa para los niños" [76]. Cuanto más rápidamente se acumula el capital en una ciudad industrial o comercial, tanto más veloz es la afluencia del material humano explotable, tanto mas míseras las improvisadas viviendas de los obreros. "Newcastle-upon-Tyne", como centro de un distrito carbonífero y minero cuyo rendimiento es cada vez mayor, ocupa, después de Londres, el segundo puesto en el infierno de la vivienda. No menos de 34.000 personas viven allí en viviendas de un solo cuarto. En virtud de que constituían un peligro extremo para la comunidad, las autoridades recientemente hicieron demoler una elevada cantidad de casas en Newcastle y Gateshead. La construcción de nuevas casas progresa muy lentamente, pero los negocios van viento en popa. De ahí que en 1865 la ciudad estuviera más abarrotada que nunca. Apenas se encontraba una pieza ofrecida en alquiler. El doctor Embleton, del hospital de Newcastle para la cura de fiebres, afirma: "Sin ninguna duda, la causa de la continuación y difusión del tifus radica en el hacinamiento de seres humanos y la suciedad de sus viviendas. Las casas en que suelen vivir los obreros están situadas en pasadizos y patios estrechos. En lo tocante a luz, aire, espacio y limpieza, esas casas son verdaderos modelos de insuficiencia e insalubridad, una [827] vergüenza para cualquier país civilizado. Hombres, mujeres y niños yacen revueltos en ellas durante la noche. En cuanto a los hombres, el turno de la noche sucede al del día en una secuencia ininterrumpida, de tal manera que las camas casi no tienen tiempo de enfriarse. Las casas están mal provistas de agua y peor aun de letrinas, son inmundas, mal ventiladas, pestilentes" [77]. El alquiler semanal de esas covachas oscila entre 8 peniques y 3 chelines. "Newcastle-upon-Tyne", dice el doctor Hunter, "brinda el ejemplo de una de las más agraciadas estirpes de nuestros compatriotas, sumida a menudo en una degradación casi salvaje por las circunstancias exteriores de la vivienda y la calle" [78].
A causa del flujo y reflujo del capital y el trabajo, las condiciones habitacionales de una ciudad industrial pueden ser soportables hoy y abominables mañana. O bien, puede suceder que los ediles de la ciudad reaccionen, finalmente, y procuren eliminar los abusos más graves. Pero mañana migra una manga de langostas, integrada por irlandeses harapientos o degradados obreros agrícolas ingleses. Se los esconde en sótanos y desvanes, o se transforma la casa de obreros, antaño respetable, en un alojamiento que cambia tan rápidamente de inquilinos como los acuartelamientos durante la Guerra de los Treinta Años. Ejemplo: Bradford. Aquí el filisteo municipal estaba abocado, precisamente, a la realización de una reforma urbana. En 1861 había aún en aquel lugar, además, 1.751 casas desocupadas. Pero sobreviene la época de los buenos negocios, cacareada recientemente, y con tanto donaire, por el señor Forster, ese tierno liberal y amigo de los negros. Con los buenos negocios, naturalmente, llega también la inundación provocada por las olas del siempre agitado "ejército de reserva" o "sobrepoblación relativa". En las repugnantes viviendas subterráneas y piezas registradas en la lista (ver nota) [79] xxxxx En la 4ª edición se agrega: "George Street, nº 49... 1 pieza 2 familias". [828] que el doctor Hunter obtuvo del agente de una compañia aseguradora, habitaban, por lo general, obreros bien remunerados. Éstos declararon que gustosamente alquilarían viviendas mejores, si las hubiera disponibles. Entretanto, uno tras otro se degradaban y enfermaban, mientras que el melifluo liberal Forster, M. P. [integrante de la Cámara de los Comunes], se enternecía hasta las lágrimas con las bendiciones del librecambio y las ganancias obtenidas por los eminentes varones de Bradford dedicados a la fabricación de worsted [estambre]. En el informe del 5 de setiemhre de 1865 el doctor Bell, uno de los médicos de indigentes de Bradford, declaró que la terrible mortalidad que se producía entre los enfermos de fiebre de su distrito se debía a las condiciones habitacionales en que vivían: "En un sótano de 1.500 pies cúbicos yyyyy [...] habitan 10 personas... La calle Vincent, el Green Air Place y the Leys albergan 223 casas con 1.450 habitantes, 435 camas y 36 letrinas... Las camas y por tales entiendo todo montón de trapos sucios o de virutas albergan una media de 3,3 personas; en no pocos casos ese guarismo llega a 4 y [829] a 6 personas. Muchos duermen sin cama, en el suelo desnudo, con su vestimenta habitual; hombres jóvenes y mujeres, casados y solteros, todos promiscuamente mezclados. ¿Es necesario agregar que estas viviendas son en su mayor parte covachas hediondas y lóbregas, húmedas, sucias, absolutamente inadecuadas para la habitación humana? Son estos los focos de los que brotan la enfermedad y la muerte, las cuales también cobran sus víctimas entre las personas acomodadas (of good circumstances) que permitieron que estos bubones pestíferos supuraran entre nosotros" [80].
Bristol ocupa el tercer puesto después de Londres en cuanto a miseria de la situación habitacional. "Aquí, en una de las ciudades más opulentas de Europa, la mayor de las abundancias [coexiste] con la pobreza más descarnada (blank[est] poverty) y la miseria habitacional" [81].