InicioSalud BienestarCancer (como prevenir los distintos tipos de cancer) Parte 2
Cancer:




El cáncer es un conjunto de enfermedades en las cuales el organismo produce un exceso de células malignas (también conocidas como cancerígenas o cancerosas), con rasgos típicos de comportamiento y crecimiento descontrolado (crecimiento y división más allá de los límites normales, invasión del tejido circundante y, a veces, metástasis). La metástasis, característica de muchos tipos de cáncer, es la propagación a distancia, por vía fundamentalmente linfática o sanguínea, de las células originarias del cáncer, y el crecimiento de nuevos tumores en los lugares de destino de dicha metástasis. Estas tres propiedades (división celular incontrolada, comportamiento aberrante y metástasis) diferencian a los tumores malignos (o cancerosos) de los benignos, los cuales son limitados y no invaden o producen metástasis. La mayoría de los cánceres forman tumores, pero algunos como la leucemia no lo hacen.

El cáncer puede afectar a personas de todas las edades, inclusive a los fetos, pero el riesgo de sufrir los tipos más comunes se incrementa con la edad. El cáncer causa cerca del 13% de todas las muertes. De acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer, 7,6 millones de personas murieron de cáncer en el mundo durante 2007.

Todos los tipos de cáncer son causados por anormalidades en el material genético de las células de esta forma transformadas. Estas anormalidades pueden ser efectos de carcinógenos, como la radiación (ionizante, ultravioleta, etc), de productos químicos (procedentes de la industria, del humo del tabaco y de la contaminación en general, etc) o de agentes infecciosos. Otras anormalidades genéticas que pueden producir cáncer son adquiridas durante la replicación normal del ADN al no corregirse los errores que se producen durante la misma, o bien son heredadas y, por consiguiente, se presentan en todas las células desde el nacimiento (causando una mayor probabilidad de desencadenar la enfermedad). Existen complejas interacciones entre el material genético y los carcinógenos, lo cual es un motivo por el que algunos individuos desarrollan cáncer después de la exposición a carcinógenos mientras que otros no lo hacen. Nuevos aspectos de la genética del cáncer, como la metilación del ADN y los microARNs, están siendo últimamente reconocidos y estudiados como importantes factores a tener en cuenta por su implicación.

Las anormalidades genéticas encontradas en las células cancerosas pueden ser de tipo mutación puntual, translocación, amplificación, deleción, y ganancia/pérdida de todo un cromosoma. Existen genes que son más susceptibles a sufrir mutaciones que desencadenen cáncer. Esos genes, cuando están en su estado normal, se llaman protooncogenes, y cuando están mutados se llaman oncogenes. Lo que esos genes codifican suelen ser receptores de factores de crecimiento, de manera que la mutación genética hace que los receptores producidos estén permanentemente activados, o bien codifican los factores de crecimiento en sí, y la mutación puede hacer que se produzcan factores de crecimiento en exceso y sin control.




CANCER DE VEJIGA


El cáncer de vejiga se produce cuando se desarrollan células malignas en el revestimiento de este órgano.

La orina pasa de los riñones a la vejiga a través de los uréteres que tienen forma de tubo.


La vejiga es una estructura circular musculosa que se abre para dejar paso a la orina. Va adaptando su tamaño a medida que se incrementa el volumen de orina y cuando se llena, envía señales nerviosas al cerebro que transmite la necesidad de orinar.

El cáncer de vejiga es más frecuente en el hombre que en la mujer, como tres veces más. Lo que refleja su estrecha relación con el tabaquismo.

En los últimos años, se ha visto un aumento del número de casos en las mujeres españolas, un fenómeno que se debe principalmente al incremento de las mujeres fumadoras y la incorporación de ésta al mundo laboral e industrial.

Es el segundo en frecuencia entre los cánceres urogenitales, siendo el primero el cáncer de próstata en varones. En la mujer ocupa el primer lugar.

El cáncer de vejiga representa el 2% de todos los cánceres. Es más frecuente en los países industrializados.

CAUSAS

Entre los factores de riesgo implicados en la aparición del cáncer de vejiga destacan los siguientes:

- El consumo de tabaco que es el factor de riesgo individual más fuerte y la causa subyacente de al menos la mitad de todos los casos. Los carcinógenos del humo del tabaco se absorben desde los pulmones a la sangre. Los riñones filtran muchas de estas sustancias, incorporándolas a la orina para excretarlas. Los carcinógenos, concentrados en la orina, permanecen largo tiempo en contacto con la membrana mucosa que reviste la vejiga. Entre un cigarrillo y otro, un fumador realiza muchas inhalaciones de aire limpio que lava sus bronquios, por lo que el tabaco afecta al interior del pulmón sólo mientras dura el consumo del cigarrillo. En cambio, entre dos visitas al cuarto de baño para orinar, es posible que ese mismo fumador haya consumido dos o tres pitillos, al menos. Cuando vacía la vejiga de orina repleta de cancerígenos, no se llena con orina limpia, sino igualmente contaminada. Se calcula que la vejiga de un fumador de medio paquete de cigarrillos está en contacto con orina contaminada por carcinógenos el cien por cien del tiempo.

- La exposición a determinadas sustancias industriales como disolventes y colorantes.

- Algunos trabajos que requieren la exposición o el contacto con determinadas sustancias o materiales como son los tintes y aceites industriales, la industria textil, cuero, caucho, pintores, industrias químicas y trabajadores del aluminio. Todos estos productos entran en el organismo por inhalación, al igual que el tabaco. El cumplimiento de las normas de seguridad en el trabajo en cuanto a ventilación, filtros y mascarillas elimina la mayor parte del riesgo.

- La esquistosomiasis, una infección (rarísima en Europa) producida por parásitos, produce una irritación crónica en la vejiga que puede originar un cáncer.

- Las infecciones urinarias repetidas producen una irritación de la pared de la vejiga que parece que puede ocasionar predisponer al cáncer, aunque esto no está completamente comprobado.

SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO

No existe una sintomatología específica en el cáncer de vejiga aunque la mayor parte de las veces se detecta por la presencia de sangre en la orina.

A veces la sangre no se ve en la orina pero se puede confirmar su presencia con un examen microscópico rutinario de orina.

Otras manifestaciones que pueden aparecer son:

Escozor o dolor durante la micción y la necesidad urgente y frecuente de orinar. Estos síntomas son muy parecidos a los de una simple infección de orina. Incluso pueden surgir juntas estas dos alteraciones, la infección y el cáncer. Se sospechará de cáncer de vejiga cuando no mejoren los síntomas de la infección de orina tras someterse a un tratamiento antibiótico.

También se pueden dar síntomas obstructivos que pueden llegar a la incapacidad de orinar o retención urinaria.

Para el diagnóstico se precisa de las siguientes pruebas:

La citología o examen microscópico de la orina puede detectar la presencia en ella de sangre y células anormales.

La ecografía abdominal permite valorar la presencia de un tumor en la vejiga, localizarlo, comprobar su tamaño y si existe obstrucción en la vejiga.

Una cistoscopia consiste en introducir un endoscopio (tubo con una lámpara eléctrica y un sistema óptico) en el interior de la vejiga, a través de la uretra, para visualizarla. Con esta prueba se visualiza directamente el tumor, su tamaño y situación. Se pueden tomar muestras del tejido de la vejiga distante al tumor, del tumor y de la orina para ver si contiene células cancerosas. Una vez, que se confirma el diagnóstico, tras la biopsia realizada por el patólogo, se puede extirpar el tumor a través del propio endoscopio, si no está demasiado desarrollado.

La tomografía computerizada (TAC o escáner) consiste en una emisión de rayos X desde distintas perspectivas y con la que se puede observar todo el cuerpo. Esta prueba es útil para comprobar la extensión del cáncer a otras zonas.

ETAPAS DEL CÁNCER

Establecer las etapas en las que se encuentra la enfermedad es muy importante pues según sea ésta, así establecerá el médico un tratamiento u otro.

Etapa 0 o carcinoma in situ
El cáncer se encuentra en su estadio inicial. Sólo está presente en el revestimiento interno de la vejiga, es muy superficial.

Etapa I
El tumor se ha diseminado por el tejido interno de la vejiga pero no ha afectado a la pared muscular.

Etapa II
Los músculos de la vejiga están afectados por el cáncer.

Etapa III
El cáncer se ha extendido a la pared muscular de la vejiga, al tejido que la rodea e incluso a los órganos reproductores cercanos. El médico puede palpar una inflamación después de la extracción del tumor.

Etapa IV
Las células cancerosas se han diseminado a la pared del abdomen o a los ganglios linfáticos del área. También se han podido diseminar a otras zonas del cuerpo más lejanas, como los pulmones, el esqueleto o el hígado.

Recurrente
Esta etapa se produce cuando la enfermedad vuelve a aparecer cuando ya ha sido tratada. Puede aparecer en el mismo sitio o en otra parte del cuerpo.

TRATAMIENTO Y PRONÓSTICO

Existen cuatro tipos de tratamientos para el cáncer de vejiga que son:

Cirugía: Consiste en extraer, a partir de una intervención quirúrgica, el cáncer de la vejiga. Se pueden utilizar varios métodos:

- Resección transuretral: se emplea un citoscopio insertado en la vejiga a través de la uretra. En el extremo irá incorporado un sistema que permita cortar el tumor y retirarlo. También puede llevar un sistema con electricidad de alta energía que queme el cáncer. Sólo se puede aplicar a tumores que no son demasiado grandes o profundos y que no están dispersos en varios focos por el interior de la vejiga. Su gran ventaja es que se mantiene la vejiga y se puede seguir orinando de la manera natural.

- Cistectomía segmentada: se extrae la parte de la vejiga donde se encuentra el cáncer. Se utiliza cuando el cáncer se encuentra limitado a una zona de la vejiga, aunque no es un tipo de cirugía muy común.

- Cistectomía radical: se extrae la vejiga y el tejido que la rodea. En mujeres se extirpa el útero, los ovarios, las trompas de Falopio, parte de la vagina y la uretra. En los hombres, la próstata y las glándulas que producen los fluidos que componen el semen y, a veces, se extirpa también la uretra. Los ganglios linfáticos pélvicos también pueden extirparse. Cuando se extirpa la vejiga hay que reconstruir el flujo de la orina de algún modo. La forma más simple y común de hacerlo es derivar los uréteres (los conductos que conducen de los riñones a la vejiga) a un orificio o urostomía practicado en la pared del abdomen. Algunas urostomías manan orina de forma continua, por lo que es necesario llevar una bolsa especial para recogerla. En otros casos, la urostomía es continente, lo que quiere decir que retiene la orina y el paciente ha de aprender a sondar el orificio varias veces al día para extraerla. En otras ocasiones, el urólogo trata de fabricar una vejiga nueva o neovejiga empleando parte del intestino. Así, se evita la urostomía y se sigue orinando por la vía natural. De todos modos, el funcionamiento de la neovejiga jamás es tan perfecto como el de la vejiga original.

-Radioterapia: emplea radiaciones X de alta energía para destruir las células cancerosas. Se utiliza un aparato llamado acelerador lineal que envía los rayos sólo a la zona afectada. Se pueden emplear materiales que producen radiación a través de tubos plásticos delgados aplicados al área donde se encuentran las células cancerosas. En algunas ocasiones se usa como sustituto de la cirugía, para curar el cáncer sin extirpar la víscera; en otras, es un complemento a la operación para disminuir la posibilidad de recaer; por último, la radioterapia puede emplearse como tratamiento paliativo que mejore los síntomas de los casos incurables

-Quimioterapia: consiste en el empleo de medicamentos para destruir las células cancerosas. Estos fármacos se administran por vía intravenosa en forma de goteros. La quimioterapia puede utilizarse después de la intervención quirúrgica para intentar eliminar los residuos microscópicos que pudieran haber quedado y, así, disminuir la probabilidad de recaídas.

-Terapia intravesical: Se emplean dosis pequeñas de quimioterapia o de otros productos biológicos que se introducen en el interior de la vejiga mediante una sonda. Estas instilaciones se repiten varias veces después de las resecciones transuretrales para evitar las recaídas.

PRONÓSTICOS

Más de un 70% de los tumores superficiales suelen dar recidivas locales en los cinco primeros años. Tan sólo hay un 20% de éstos que derivan a un cáncer invasor.

El pronóstico depende del estadio siendo peor en aquellos tumores en los que hay afectación ganglionar o metástasis a distancia. El índice de supervivencia a cinco años, en estos casos, oscila entre el 10-20%



CANCER DE BOCA Y ESÓFAGO


Labios, dientes, encías, mucosa bucal (revestimiento interior de labios y mejillas), el piso de la boca, el paladar y también la pequeña región situada detrás de las muelas del juicio. Todas estas zonas son las que componen la cavidad oral que, junto a la faringe (tercio posterior de la lengua y la garganta, y amígdalas) son las regiones que resultan afectadas por las células malignas. Por otro lado, entre la garganta y el estómago, el conducto por el que transitan, entre otras sustancias, la bebida y el alimento, es el esófago. Éste está localizado justo inmediatamente detrás de la tráquea y en un adulto tiene una longitud que ronda los 25 centímetros.



Los tumores que se localizan en esta zona suelen ser de dos tipos, en función del carácter de las células malignas: carcinomas y adenocarcinomas. Los primeros, carcinomas de células escamosas –por su forma planas y parecida a una escama–, se originan en la capa de células que revisten las paredes internas de la boca y el esófago. En las etapas más tempranas, estos tumores están localizados, y sólo cuando la enfermedad progresa y las células malignas se extienden puede hablarse de cáncer invasivo. Los adenocarcinomas, por su parte, son aquellos tumores que se localizan en las células glandulares (aquellas que segregan líquidos mucosos para el recubrimiento interno de las paredes de los órganos).


Cuando la enfermedad se extiende, las células malignas llegan al sistema linfático, una compleja red de vasos, válvulas, conductos, ganglios y órganos distribuidos por todo el cuerpo que ayudan a proteger el ambiente líquido del organismo mediante la producción, filtración y transporte de linfa, el fluido que contiene las células encargadas de luchar contra enfermedades e infecciones. Las células cancerosas, para su traslado, emplean precisamente los ganglios linfáticos, pequeñas acumulaciones de células defensivas. En el caso del cáncer oral, estos ganglios suelen viajar hasta el cuello, aunque también es posible que alcancen otras partes del cuerpo (hígado, pulmones, cerebro e incluso huesos), igual que ocurre con los tumores originados en el esófago.

FACTORES DE RIESGO

Por el momento se desconoce la causa exacta que provoca el cáncer bucal, aunque los expertos ya han identificado varios factores de riesgo que podrían influir decisivamente en su desarrollo. El tabaco es el principal de ellos. Se sabe que los cigarrillos tienen relación con casi un 70-80% de los casos de cáncer oral. El humo procedente del tabaco, pero también de puros y pipas, irrita las membranas mucosas de la boca, mientras que el tabaco de mascar puede causar irritación debido al contacto directo con estos tejidos. Dejar de fumar es la mejor manera de reducir el peligro, pero éste no desaparece por completo entre quienes han sido fumadores durante muchos años.

El consumo de alcohol o una higiene dental deficiente también son circunstancias que se han relacionado directamente con esta enfermedad. Los expertos consideran que en el caso de las personas que fuman y además beben alcohol, se suman los efectos dañinos. Otro factor que puede aumentar el riesgo es una patología denominada esófago de Barret. Se trata de una afección de las células que recubren la parte interior de este conducto, que son reemplazadas por células anormales que fácilmente degeneran a cáncer. Uno de los problemas que favorece la aparición de esta patología es el reflujo esofágico frecuente y duradero, una condición también conocida como acidez. Algunas sencillas recomendaciones son el control del peso, evitar las comidas pesadas e irritantes antes de acostarse, oagentes cancerígenos como el alcohol, el tabaco, la cafeína...

SÍNTOMAS

El cáncer de esófago no suele presentar síntomas muy claros durante las primeras fases de la enfermedad, de ahí que frecuentemente se diagnostique en fases demasiado avanzadas de la enfermedad como para tener cura. La mejor herramienta para detectar lesiones precancerosas son los chequeos regulares, pero además, a medida que la enfermedad avanza, ésta puede reconocerse por algunos signos que van desde dificultades y dolor al tragar hasta tos persistente, pasando por vómitos, esputos sanguinolentos, ronquera, tos crónica o pérdida repentina de peso. Este tipo de cáncer suele aparecer alrededor de los 45 años, aunque puede desarrollarse en cualquier momento.

En cuanto al cáncer oral, aunque cada paciente puede experimentarlos de forma diferente, algunos de los signos que pueden indicarnos que estamos ante una situación maligna son:

*Una llaga que no acaba de curar
*Un bulto que aparece de repente en los labios o en el interior de la boca
*Una mancha roja que aparece repentinamente en la lengua
*Hinchazón en las mandíbulas
*Dolor de oído
*Cambios en la voz
*Dolor en la zona
*Problemas para masticar y tragar

DIAGNÓSTICO

Para descubrir el origen de los síntomas, el médico evaluará el historial del paciente y llevará a cabo además un examen físico para palpar los nódulos del cuello y tratar de descubrir hinchazón o cualquier otro tipo de anomalía. Generalmente ordenará una radiografía de tórax y otras pruebas, entre ellas la biopsia de la zona sospechosa. Uno de los 'puntos fuertes' del proceso de diagnóstico es la clasificación en estadios, es decir, la determinación de si el cáncer se ha diseminado ya a otras áreas del cuerpo. Esta información permite determinar la fase de la enfermedad y esulta fundamental a la hora de planear el tratamiento. Para ese estadiaje, pueden utilizarse numerosas pruebas y procedimientos.

En los tumores de la boca, la biopsia es la única forma de saber si la lesión es o no cancerosa. Un cirujano será el encargado de extraer una pequeña muestra del bulto o de la zona afectada (generalmente se trata de una biopsia de lengua y otra de la encia) que será examinada al microscopio por un patólogo para comprobar la existencia de células cancerosas. Si esta prueba resulta positiva se llevan a cabo nuevos exámenes para concretar su naturaleza y descubrir si las células cancerosas se han extendido por el organismo o todavía no (estadiaje).

Entre estos, es común la inclusión de una radiografía de los dientes, así como de la cabeza y el tórax. Además, los oncólogos suelen incluir una tomografía computerizada, más conocida como TAC, una serie de varias 'fotografías' seriadas de la zona elegida (cerebro,cuello...) que ofrecen imágenes como los cortes de una pieza de embutido.

Otro de los test que suele encargarse es una ultrasonografía o ecografía, mediante ondas sonoras de alta frecuencia, inaudibles para el ser humano, que 'producen' una imagen de los órganos y tejidos de la zona. Para ello se emplea un gel soluble en agua, como el utilizado durante las ecografías, que sirve para que el médico pueda pasar el transductor, la parte del equipo que lanza las ondas y recoge las imágenes. Se trata de un procedimiento que no causa ningún tipo de molestia.

Si el tumor está localizado en la laringe, se realiza un examen por medio de una sonda (laringoscopio) con una pequeña cámara que permite al médico observar el tumor en la boca y la garganta.

En el caso de los tumores esofágicos es necesario llevar a cabo una observación del interior del conducto mediante una sonda delgada, iluminada. Esta prueba, denominada esofagoscopia, consiste en pasar el esofagoscopio a través de la boca, por la garganta hasta el esófago. Antes de ello se suele aplicar un anestésico local para evitar que el paciente sienta dolor. Además, aunque menos frecuente, se emplea el llamado 'tránsito de Bario' o esofagograma, que permite obtener varias radiografías del esófago después de que el paciente haya tomado una solución que contiene bario, una sustancia que recubre este tubo y permite visualizar cualquier posible cambio en su contorno en la radiografía.

EL TRATAMIENTO Y SUS CONSECUENCIAS

Cáncer oral.



Si el tumor es lo suficientemente pequeño, se recomienda la extirpación quirúrgica. La radioterapia y la quimioterapia se emplean cuando el tumor es grande o se ha diseminado a los ganglios linfáticos en el cuello, aunque no es descartable que sea necesario también acudir a la cirugía cuando se trata de tumores grandes que impiden tragar o dificultan la respiración. Es la denominada cirugía paliativa, capaz de mejorar los síntomas pero no de curar la enfermedad. Es difícil definir con exactitud las reacciones que va a provocar cada tratamiento en cada paciente, porque estos varían considerablemente según cada persona y dependen mucho de la etapa en la que se encuentre el tumor y el área específica que va a ser tratada. Cuando el nódulo tiene un tamaño considerable, el cirujano se ve obligado a extirpar también parte del paladar, la lengua e incluso la mandíbula y las cuerdas vocales (total o parcialmente), algo que además de tener consecuencias prácticas en su vida diaria, puede modificar su aspecto físico. Algunos pacientes suelen necesitar una prótesis artificial o algún tipo de dispositivo para recuperar el habla; otros, requieren terapias de rehabilitación para el lenguaje, para aprender otros modos de comunicarse o bien para mejorar el movimiento, la masticación, la deglución y el habla. En ocasiones es necesario recurrir a la cirugía plástica para reconstruir la zona.

La pérdida de peso es una de las consecuencias más visibles de este tipo de tratamientos ya que la ingesta de alimentos se convierte en una acción extremadamente difícil y dolorosa para el paciente. En este caso, el médico debe sugerir algún tipo de dieta ligera que le ayude a mantener una alimentación sana y variada. Lo más fácil es tomar alimentos blandos, sopas, purés, batidos proteínicos y cualquier cosa que resulte fácil de tragar. Un truco consiste en tomar pocas cantidades de comida, con mayor frecuencia, en lugar de tres comidas más abundantes.

Otro curioso efecto secundario tiene que ver con las dentaduras de estos pacientes. Mientras dura el tratamiento muchos de ellos no podrán seguir usándolas, e incluso después, algunos de ellos se ven obligados a cambiarlas debido precisamente a las transformaciones que han sufrido los tejidos de su cavidad bucal, una alteración que inutiliza los viejos 'dientes'.

Cáncer esofágico.



Éste depende de varios factores como el tamaño y localización del tumor, el estado de salud del paciente etc. Generalmente en esta fase suelen intervenir varios especialistas diferentes, desde cirujanos hasta médicos del aparato digestivo, pasando por oncólogos médicos, radioncólogos, y dentistas, quienes practican al paciente una exhaustiva revisión antes de que comience el tratamiento.

Si la tumoración está localizada y las células enfermas no se han extendido a ninguna otra zona del organismo, la opción elegida es la cirugía. En esta operación, además de extraer el área afectada, los cirujanos conectan el fragmento sano que ha quedado del esófago con el estómago para restablecer así la función de tragar. Una sonda de plástico o un fragmento del intestino pueden servir para realizar ese empalme.

En ocasiones, se utilizan quimio y radioterapia, o bien una combinación ambas, como primera opción y con el fin de facilitar la realización de la cirugía, especialmente cuando el tumor está localizado en un área de difícil 'acceso' para los cirujanos. En los pacientes que no toleran la cirugía o cuando ya existe metástasis, se pueden usar la quimioterapia o la radioterapia para aliviar los síntomas (terapia paliativa); aunque en tales circunstancias, la enfermedad generalmente no es curable.

Otras opciones disponibles son la terapia con láser–que utiliza un potente haz de luz para matar células cancerosas– y la electrocoagulación –que emplea para el mismo fin una corriente eléctrica.



CANCER DE HÍGADO


El hígado, órgano de mayor tamaño del cuerpo humano sin contar la piel, se localiza debajo de las costillas, en lado derecho del abdomen.

Entre sus principales funciones destacan la filtración de la sangre y la eliminación de los desechos tóxicos, así como la fabricación de enzimas que ayudan a digerir los alimentos, convirtiéndolos en sustancias necesarias para el buen funcionamiento del organismo. Algunos nutrientes tienen que modificarse químicamente (metabolizarse) en el hígado antes de que el resto del cuerpo los pueda usar como fuente de energía. El hígado produce algunos de los factores de coagulación que evitan que la sangre esté demasiado líquida y segrega además bilis al intestino para ayudar a absorber los nutrientes.

El hígado se divide en tres lóbulos, el derecho, el izquierdo y uno más pequeño denominado cuadrado, que a su vez se subdividen en segmentos. Al contrario que la mayoría de los demás órganos del cuerpo, recibe sangre de dos fuentes. La arteria hepática suple al hígado con sangre rica en oxígeno mientras que la vena porta transporta sangre rica en nutrientes desde los intestinos. Toda la sangre procedente del tubo digestivo atraviesa el hígado antes de llegar al resto del organismo, lo que lo convierte en una especie de 'aduana' frente al mundo exterior.



FACTORES DE RIESGO

- Hepatitis: Uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar este tipo de cáncer es la hepatitis. Los virus causantes de esta enfermedad, el de la hepatitis B ó C, pueden llegar al organismo por medio de sangre contaminada o bien mediante contacto sexual con otra persona. Los expertos piensan que entre un 10% y un 20 por ciento de las personas infectadas con el virus de la hepatitis B desarrollarán cáncer de hígado, de hecho, se calcula que hay evidencia de infección en casi una cuarta parte de los estadounidenses que tienen este tipo de tumor.

Sin embargo, la relación exacta entre el virus de la hepatitis C y el cáncer de hígado está aún siendo estudiada. En la actualidad se estudian métodos para prevenir o tratar las infecciones por hepatitis antes de que lleguen a causar cáncer, y se han logrado importantes avances en este campo. Según la American Cancer Society, algunas vacunas y tratamientos mejorados contra esta infección pueden prevenir alrededor de la mitad de los casos de cáncer de hígado en todo el mundo.

El cáncer de hígado se desarrolla muchos años después de adquirir la infección viral. Aunque estas infecciones pueden transcurrir sin dar síntomas, los análisis de sangre pueden detectar la presencia del virus en la sangre. En ese caso, el médico recomendará el tratamiento a seguir así como los mejores métodos para evitar que se contagie la infección a terceros.

- Cirrosis: Esta patología se desarrolla cuando muchas de las células del hígado están dañadas y son sustituidas por tejido cicatricial, que no es capaz de desarrollar las funciones hepáticas. Puede deberse al abuso de alcohol o ciertos virus, como los de la hepatitis. Sólo un 5% de los pacientes con cirrosis desarrolla cáncer de hígado. Una buena parte de las cirrosis se llaman criptogenéticas porque se desconoce su causa, aparecen en personas no bebedoras sin infección por hepatitis.

- Aflatoxinas: Estas sustancias estan originadas por ciertos tipos de mohos, y pueden formarse en cachuetes, palomitas y otros granos o cereales. Aunque la venta de productos con elevados niveles de aflatoxinas está prohibida en los países occidentales, la contaminación por esta sustancia sigue siendo un importante problema de salud pública en Asia y África.

- Otros: Ser hombre multiplica por dos las probabilidades de desarrollar tumores hepáticos. Y también se incrementan los riesgos con la edad, así como entre personas con antecedentes familiares de la enfermedad.

TIPOS DE TUMORES

*BENIGNOS:

Uno de los más frecuentes es el hemangioma, una especie de madeja de vasos sanguíneos, igual que las manchas del mismo nombre que aparecen en la piel. La mayoría de los hemangiomas hepáticos no produce síntomas, por lo que no requieren tratamiento, sólo en algunos casos pueden ocasionar hemorragias y requerir una extirpación quirúrgica. Los adenomas hepáticos son otro tipo de tumor benigno que surgen en las principales células del hígado. Tampoco ocasionan síntomas, aunque pueden llegar a producir dolor abdominal o hemorragias.

*MALIGNOS:

- Carcinoma hepatocelular o hepatocarcinoma: Se trata del tipo más común de cáncer del hígado en adultos, de hecho se calcula que aproximadamente el 75% de los cánceres de hígado son de este tipo. Puede comenzar como un tumor pequeño que va creciendo y luego se extiende a otras partes del hígado o bien puede surgir en forma de nódulos en varias partes de este órgano.

- Angiosarcomas o hemangiosarcomas: Se trata de un raro tipo de tumor que comienza en los vasos sanguíneos del hígado. Los angiosarcomas crecen rápidamente de manera que para cuando son detectados generalmente suelen estar muy extendidos, lo que imposibilita la cirugía. Pese al tratamiento con quimioterapia y radioterapia la esperanza de vida de estos pacientes es menor de seis meses.

- Colangiocarcinoma: Este tipo de tumores comienza en los conductos biliares del hígado y suponen alrededor del 13% de todos los cánceres hepáticos. Los cálculos biliares, la inflamación de la vesícula o la colitis ulcerosa incrementan el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Debido a que a menudo son demasiado grandes o se encuentran en una parte del hígado a la que no se puede acceder con la cirugía, la mayoría de los colangiocarcinomas no se pueden extirpar completamente mediante cirugía. El tratamiento de estos tumores se completa con sesiones de quimioterapia y radioterapia.

- Hepatoblastoma: Se trata de un tipo de cáncer infantil que puede afectar a niños menores de cuatro años. El desarrollo de la oncología permite asegurar unas tasas de curación de cerca del 70% con una tasa de supervivencia mayor del 90% para los hepatoblastomas que se detectan a tiempo.

- Metástasis: Los tumores más frecuentes del hígado son las metástasis. Muchos de los tumores de otros órganos se extienden al hígado y en ocasiones se detectan por primera vez en esta zona. Los cánceres de colon, páncreas, melanoma, sarcomas etc. pueden metastatizar a distancia, es decir, abandonar su localización inicial y comenzar a extenderse, siendo el hígado el órgano en el que con más frecuencia se encuentran. Bueno gente, acá termina el post. Hay varios tipos de cáncer que no traté acá, como el de esófago, estómago, todos los ginecológicos y algunos más... pero me parecía demasiada información para absorver toda junta.

Hice este post para prevenir a la gente y ayudar a las personas que padecen cancer, NO HAGAS BARDO



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