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El crimen de Alcàsser

Info6/13/2011


DESIRÉE HERNÁNDEZ



MIRIAM GARCÍA



ANTONIA (TOÑI) GÓMEZ


El 13 de noviembre de 1992, tres niñas de la localidad española de Alcàsser, Valencia, desaparecieron. 75 días después sus cadáveres fueron hallados enterrados en un inaccesible paraje. Habían sido brutalmente golpeadas, torturadas, mutiladas y víctimas de las más espeluznantes aberraciones sexuales post-mortem. Después de todo ello se les disparó un tiro en la cabeza para disfrazar las causas reales de la muerte.





MIQUEL RICART



ANTONIO ANGLÉS

Ricart y Anglés fueron acusados de los crímenes, pero para condenarlos se utilizaron pruebas falsas. Anglés logró huir, mientras que Ricart se encuentra aún encarcelado.



Los asesinos fueron dos adolescentes, primos entre sí, que al momento del crimen tenían 16 y 18 años, padeciendo el menor de ellos el síndrome de Down, el cual, además de ser inimputable por su enfermedad, fue más bien, antes que un coautor, un testigo presencial de la perversidad de su primo.



El 27 de enero de 1993, dos apicultores encontraron los cadáveres de tres niñas semienterrados en las cercanías del pantano valenciano de Tous. Los cuerpos que ya se encontraban en estado de putrefacción porque llevaban tres meses enterrados pertenecían a Miriam García, Antonia (Toñi) Gómez y Desirée Hernández, desaparecidas el 13 de noviembre de 1992 en Alcàsser, cuando se dirigían a una discoteca a la que iban habitualmente en la localidad vecina de Picassent. Al parecer hicieron auto-stop y el coche que les paró llevaba a gente que presumiblemente conocían, según atestigua una vecina que las vio subir al coche con tranquilidad (no forzosamente). Esta mujer fue la última que las vio con vida sin contar a sus asesinos y aún recuerdo la imagen de la señora, asomada a su ventana, señalando con el dedo hacia una calle, dónde fueron recogidas.
Cuando se dio a conocer la terrible noticia del triple crimen de Alcásser, yo no podía creer lo que oía, y tampoco que aquello hubiera ocurrido tan cerca de mi casa. Las niñas asesinadas eran menores que yo, pero ellas habían hecho lo mismo que hice yo años atrás: auto-stop para ir a una discoteca. Era típico hacerlo… a partir de ese crimen abobinable, nadie haría auto-stop en Valencia con tanta ligereza –quizás, incluso, nadie más lo haría-. A mi memoria llegaron imágenes de las veces que subí en coches de gente desconocida, las veces que me arriesgué sin miedo a dejar que un tipo al que no había visto jamás me llevara a la discoteca o de vuelta a casa… tenía la misma edad que ellas cuando fueron asesinadas, pero en aquel entonces no teníamos aún miedo. A partir de entonces, todo cambió.


Toñi, Desirée y Miriam, quinceañeras, eran unas crías con toda la vida por delante: pensar en chicos, acabar los estudios y bailar en la discoteca era lo lógico a su edad. Un día fueron encontradas, y el estado en que se encontraron sus cuerpos provocó los terrores más absolutos en nuestro país, y cuanto más cerca estábamos de Alcásser, más pavor sentíamos. No nos fiábamos de nadie, éramos parados en vigilancias polciales en la carretera (a mí me pararon una noche en que buscaban a Antonio Anglés por mi pueblo), daba miedo tener un cierto aire físico al supuesto asesino de las niñas… En fin, se produjo un pánico y una paranoia general.

Las tres niñas se hicieron famosas, desgraciadamente, por sus fotos, imágenes sin vida. Los culpables –o al menos así se asegura- eran Antonio Anglés (con antecedentes de violencia y penales), su amigo Miquel Ricart
(igualmente delincuente, un atracador entre otras cosas) y algunos familiares más de Anglés (en principio). Pero aquella investigación fue un verdadero lio, un despropósito tras otro, donde igual se culpaba a Anglés y Ricart directamente que se decía que eran ‘tapaderas’ para no descubrir a los verdaderos asesinos de Toñi, Miriam y Desirée.

Antonio Frontela, el prestigioso médico forense que vio los cadáveres de las niñas, no dudó en decir en voz alta que en aquella investigación “se perdían los papeles y las pruebas”. Esto llevó a Fernando, el padre de Míriam, a luchar más activamente por la verdad, pero antes de que nos diésemos cuenta mucha gente ya estaba en contra de Fernando (al que se le acusó de un delito por estafa) y de su mano derecha, un periodista llamado Juan Ignacio Blanco. Ninguno de los dos salieron bien parados. Pero me he ido de nuevo por las ramas, y es que el triple crimen de Alcásser no es sencillo.






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